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Mayo 2020 |Uva de mesa

Producción de uva de mesa en el norte

El tránsito desde la ‘escuela brasileña’ a la ‘escuela chileno-californiana’

La producción de uva de mesa en una zona tropical tiene sus complejidades. Y en los inicios del cultivo en Piura, los productores se hicieron asesorar por especialistas en este tipo de manejos, provenientes de Brasil. Pero, con el correr de los años, son varias las empresas que han apostado por una corriente ‘chileno-californiana’. Frusan Perú es una de ellas, con el objetivo de producir fruta de calidad, pero a un menor costo.

Frusan Perú produce frutas y hortalizas en tres zonas del país. En Ica tienen producción de uva de mesa y granada; en Huarmey manejan 330 ha de espárragos y en Olmos han apostado por el arándano (95 ha y este año incluirán 100 ha más) y uva de mesa (145 ha). De este último cultivo, Andrés Mediano, gerente de operaciones de la compañía, sostiene que “para la uva del norte del Perú, este fue una campaña extraordinaria, algo que también pasó en Copiapó, sobre todo con la fruta que se cosechó en noviembre y diciembre”. Eso, en cuanto a los precios que se ha pagado por el producto, condicionados también por lo que ocurrió en la temporada californiana, donde los productores tuvieron problemas para iniciarla. “Hubo lluvias que condicionaron la producción. Por lo tanto, tuvieron que sacar rápidamente el ‘stock’ que tenían almacenado. Es decir, si ellos tienen un problema de lluvia en flor o cosecha, inevitablemente van a terminar su cosecha temprano, entonces esa ventana de noviembre-diciembre, vuelve a ser atractiva, de mejores precios”, subraya el experto.

VENTANA COMERCIAL. “Nosotros, en particular, estamos tratando de salir un poco más tarde, desde el quince de noviembre al quince de enero”.

Y es que California también ha ido modificando sus fechas de producción. Así por ejemplo, Coachella, la que hasta hace unos años atrás era la zona de producción más temprana (junio) de California, pero hoy en día prácticamente ya no se produce uva de mesa allí. En cambio, sí hay una importante producción en los meses de septiembre y octubre de variedades de variedades tardías, de buena vida poscosecha, que son producidas bajo plástico, para evitar las lluvias. “Mientras esas condiciones persistan, California terminará con importantes volúmenes de guarda, lo que significa que esa ventana temprana de noviembre ya no es tan atractiva ni para Copiapó, ni para Perú. Nosotros, en particular, estamos tratando de salir un poco más tarde, desde el quince de noviembre al quince de enero”, explica el gerente de operaciones.

– Y estas vicisitudes del mercado americano, ¿les obliga a ustedes a pensar en una estrategia bianual o trianual?

– Más que pensar en qué ha pasado, es entender qué eso es lo que ha detenido la inversión en el país. La superficie en el norte no ha crecido significativamente en los últimos dos años. Lo que sí ha habido es un recambio de variedades, pero,  fundamentalmente porque con la nueva realidad de precios no se puede trabajar con variedades que produzcan 1,800 o 2,000 cajas por hectárea, porque a los costos productivos actuales de Perú se está perdiendo dinero. En el sur, la realidad de costos es diferente, es más barata, e incluso pueden cosechar cuando los precios son mejores.

– Y está el tema de la mano de obra.

– Es bastante relativo. Cuando la industria chilena empezó a crecer, había gente de la zona centro que terminó trabajando en el norte. Creo que en Perú va a empezar ese tema de migración. Lo que pasa es que eso tiene un costo, ese costo es sobre todo en capacitación. Eso es necesario, porque un trabajador no capacitado rinde un 30% de lo rinde un trabajador que sí lo está. Ahora bien, esa capacitación debiese estar relacionada con una fidelización. Hay otros temas que se deben resolver en Perú, por ejemplo, la infraestructura necesaria para poder albergar gente foránea, que no está conceptuada en los campos de Perú, todavía. Hay algunos que tenemos infraestructura, pero otros no.

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‘ESCUELA BRASILEÑA’ VERSUS ‘ESCUELA CHILENO-CALIFORNIANA’

– En Olmos poseen arándanos y uva de mesa, ¿es más ‘fácil’ cultivar arándanos?

– No te quepa la menor duda. Además, el costo de producir uva es mucho más alto que el costo de producir arándanos, donde realizas muy pocas labores. ¿Qué hacemos? Poda, despuntes de brotes y cosecha. El resto son labores comunes de ambos cultivos. Pero en uva son muchas más labores, más aún si tienes dos periodos de producción, donde tienes el de formación de madera. Eso es una barrera para quienes quieren entrar a la producción de uva de mesa. Un tema que no debemos descuidar es cómo se manejan las reservas o, mejor dicho, cómo evolucionan las reservas en una condición tropical. Además, está todo el manejo de luz del parrón, el tema de los 140,000 brotes por hectárea para las variedades blancas, por ejemplo.

REDUCIR LOS COSTOS PRODUCTIVOS. “El norte del Perú se desarrolló siguiendo el modelo de la ‘escuela brasileña’, donde los costos de producción son muy altos”.

Eso es parte de los manejos que la ‘escuela brasileña’ realiza en un huerto del norte del país, donde sus consejos técnicos están muy arraigados. Pero, ¿qué es lo que pasa cuando se dejan 140,000 brotes? “Que con esa cantidad llegamos a la cosecha con el parrón absolutamente sombreado, que no tiene buena fruta terminada.  Entonces, el manejo de la fertilidad y de terminación de fruta en condiciones tropicales es más complejo”, explica.

MANO DE OBRA. “Creo que en Perú va a empezar ese tema de migración. Lo que pasa es que eso tiene un costo, ese costo es sobre todo en capacitación”.

– El reto está en producir con la menor cantidad de labores posible.

– Sí, y no es tan fácil. En eso tenemos una ventana, porque el norte del Perú se desarrolló siguiendo el modelo de la ‘escuela brasileña’, donde los costos de producción son muy altos. Como compañía hemos intentado producir de manera completamente diferente, llamémosle ‘escuela chilena’ o ‘escuela californiana’ o escuela ‘chileno-californiana’, donde hay menores costos de producción.

– ¿Ustedes trabajan diferente en Frusan Perú, en Olmos?

Sí, por ejemplo, vamos evolucionando hacia un mejor control de brotes. Pero, lo que pasa es que en esas condiciones no es tan fácil controlarlos. ¿Cómo controlamos el vigor del brote? Puede ser con agua. Sí, pero en la etapa de la división celular de la uva, cuando está recién cuajada, no podemos restringir el agua porque estaríamos afectando el calibre. Entonces, entramos en una suerte de contradicción. No se han hecho trabajos con reguladores de crecimiento para mantener el brote detenido. Mejor dicho, se han hecho muchos, pero con moléculas que no podemos usar hoy en día porque terminamos con residuos en una fruta que no se podrá exportar. Hay productos que se aplican mucho antes de haber fruta y hay residuos.

– ¿En Piura se están metiendo a trabajar siguiendo a esta escuela ‘chileno-californiana’?

– Hace cinco o seis años la única escuela que había era la brasileña, y eso es natural y lógico. Si quiero producir en una zona tropical, ¿a quién voy a ir a buscar? Al que ha producido en zonas tropicales. Y eso era Brasil, pero, hoy día, que ya hemos ido entrando un poco más en el mercado, hay gente que ya está virando hacia esa escuela ‘chileno-californiana’.

– ¿Ves diferencia importante entre lo que hace en Olmos y Piura?

– No veo diferencias importantes, porque las condiciones son similares. Lo único es que Piura tiene un periodo de lluvias más largo que el de Olmos.

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La necesidad de un estudio sobre el acuífero

Cada una de las empresas que producen en el Proyecto Olmos reciben 9,032 m3/ha/año, pero en la época de estiaje (noviembre-diciembre) el recurso es más escaso, y estas empresas deben buscar alternativas para contar con el recurso. El agua subterránea es una de ella. Y sí hay. De hecho, todas las empresas están perforando pozos, la mayoría de ellos a más de 200 m de profundidad. “Lo que no hay es un estudio que respalde el potencial del acuífero. Hay quienes dicen que es un acuífero muy grande, pero no hay ningún estudio que respalde eso. Hay cultivos que resisten la salinidad del agua subterránea, como la uva de mesa, pero el arándano no. Y eso pasa con el agua en Olmos, que tiene conductividad de 1.5, el triple de lo que necesita. Eso, para la uva de mesa no es un problema, porque en Ica regamos con aguas de 3.5 de conductividad. La uva bajo estas condiciones sale más crocante y más firme. No es un dicho, es la realidad”, sostiene Andrés Mediano.  Por ello es que las empresas que forman parte del Proyecto Olmos, deben hacer frente a los diferentes episodios de sequía o escasez que se puedan presentar.

“Antes del Fenómeno El Niño vivimos un año de sequía En ese periodo nos llegaron 0.15 l/s/ha/día. Entonces, en un minuto dijimos que si esto pasaría con frecuencia, deberíamos hacer un gran almacenaje de agua para que los meses que nos sobra agua podamos llenar este reservorio. Cuando sacamos la cuenta para las 500 ha, teniendo todo plantado, necesitábamos almacenar 600,000 m3 de agua. Entonces, en los periodos de lluvia, cuando el rio llena el Limón y sueltan toda el agua, podemos aprovechar para llenar el reservorio de 600,000 m3. El tema es que no tienen la posibilidad de entregarte ese agua, porque todos los ductos, cañerías…si todas las empresas hacen ese mismo pedido entre marzo y mayo, no existe la infraestructura para suministrar el recurso”, explica el gerente.

PORTAINJERTOS: MUCHO TRABAJO POR HACER

– ¿Cuáles son los portainjertos para nuevas variedades en Olmos o en norte de Perú?

– Mira, yo diría que en términos de portainjertos todavía hay mucho trabajo por hacer. Hoy día el grueso se está haciendo sobre Salt Creek, principalmente porque es el más resistente a nematodos. En Piura, los primeros desarrollos se hicieron con Harmony, Salt Creek, MGT, Paulsen… Sin embargo, los ataques de nematodos fueron muy significativos y los más afectados fueron Harmony, MGT y Paulsen; y fueron saliendo del mercado. Y, prácticamente, hoy en día el grueso está desarrollando en Salt Creek, pero no tengo la claridad de cuál es el portainjerto más adecuado. Creo que se debe seguir trabajando

– ¿Los nematodos son la principal limitante del suelo?

– No solo ellos. Si no riega bien, hasta el mejor suelo puede ser limitante.

– Esos riegos de alta frecuencia, ¿también llegaron de la mano de la ‘escuela brasileña’?

– Soy de la opinión de la escuela brasileña no sabe manejar el riego. Ese es su  problema, ¿por qué no saben manejar el riego? Porque se han preocupado poco de lo que pasa del suelo hacia abajo. Ellos, en su estrategia de manejo están muy preocupados, y son mucho más de mirar la planta en el ‘peak’. Sin embargo, las estrategias de riego deben ser más sustentables, que permitan mantener los esquemas radiculares. Cuando llegas a Piura y ves los primeros 20 cm de raíz, ves nematodos, pero el grueso de las colonias está de esos 20 cm hacia abajo. En la estrategia de control de nematodos, de regar esos 20 cm, donde llegan los nematicidas, estaré administrando el problema. Por eso digo que el tema de los portainjertos no está cerrado. El problema de Salt Creek, es que tiene una baja emisión de raíces nuevas. Debido a eso, la posibilidad de nutrir bien a la planta cuando hay poca emisión de raíz nueva, es más fácil, porque no todos los nutrientes se absorben en ‘peaks’ de crecimiento de raíces nuevas. Se debe entender que el control de nematodos es una inversión y no un control anual.

Una particularidad del norte de Perú es que no se puede manejar el agua, porque hay un periodo marcado de lluvias. “Podríamos decir: vamos a podar en la fecha que necesito”. Sin embargo, cuando viene un periodo de lluvia, en esas condiciones climáticas del norte, el rebrote es inevitable. Hemos hecho análisis de yemas, terminada la cosecha y, efectivamente, en aquellas variedades con alta fertilidad, yo podría decir: “para qué voy a hacer un periodo de formación de madera”, si con esta fertilidad puedo restringir y mantener esto sin rebrotar y sin crecer, podría extenderme entre cuatro y cinco meses, podar y así podremos irnos dándonos vuelta”, explica Mediano.

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– ¿Así todos los años?

– Todos los años.

– ¿Y no hay desgaste o pérdida de reserva?

– ¿Sabes lo que pasa? Que debemos pensar en lo siguiente: de una u otra manera, si uno compara la realidad chilena con la realidad peruana, en estas condiciones tropicales, la gran diferencia es que en Chile tienes un periodo de vegetación que dura siete u ocho meses en la zona central, está brotando desde septiembre hasta abril. Pero en mayo cae una helada y se acabó el asunto. En el norte del Perú hay siete meses de vegetación y después se pierde la hoja y hay que mantener las raíces sin que el asunto se transforme en un problema que nos vaya a bajar la productividad en el tiempo. Evidentemente, hay otras características que, en el fondo, debemos manejar, porque siempre tenemos la presión del clima, que es favorable para la brotación, a diferencia de lo que pasa en Chile. Pero si lo manejamos, podríamos hacerlo.

CONTROL DE BROTES. “Vamos evolucionando hacia un mejor control de brotes. Pero, lo que pasa es que en estas condiciones no es tan fácil controlarlos”.

– ¿Dónde tú estás más cómodo desde el punto de vista de la producción?

– En el sur, evidentemente. Es más fácil y más controlado. Ahí puedes hacer lo que quieras. Es más manejable, y se tiene la ventaja de que se puede cosechar en la época que se quiera. La gran ventaja es que puedes hacer un ciclo y manejarlo, lo que permite disminuir costos. Poniéndolo en perspectiva, en la medida que van creciendo los volúmenes, los precios de retorno van disminuyendo y ahí es donde debemos ir ajustando. Por decirlo de algún modo, el desafío de esta fruta peruana, pasa por  acostumbrarse a un retorno normal.

– Y ser competitivos.

– Sí, ser competitivos con retornos normales. Si hace cinco o seis años se le podía decir a un inversor que la expectativa de retornos era de entre US$20,000 o US$25,000 por hectárea, hoy en día se tienen que ir acercando a una realidad que va entre US$6,000 y US$8,000 por hectárea.

– ¿Existen todavía los productores chicos y medianos?

– En Piura existen. Pero, serán solo un 10% del volumen que exporta Piura. Es decir, no es significativo.