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Uva de mesa

06 de diciembre de 2021
Diferentes estrategias, el mismo objetivo

Redoblar esfuerzos para encontrar nuevos focos de crecimiento

Redoblar esfuerzos para encontrar nuevos focos de crecimiento

Los productores de uva de mesa de Piura saben muy bien que este cultivo, al menos en esta zona productiva, requiere de una adaptación contante al clima, a la escasez de agua, a los requerimientos de los mercados y a nuevas estrategias de manejo para lograr un producto de calidad con el que se pueda conseguir el mejor precio posible. Los planes comerciales varían según la compañía agrícola, pero el objetivo de fondo es el mismo: aprovechar las ventajas de cada compañía para continuar creciendo. Esto, en un entorno más competitivo y en el que se exigen mayores estándares de calidad.

La producción actual de uva de mesa en Perú se parece poco y nada a lo que había hace unas campañas, sobre todo porque desde diferentes mercados llegaban mensajes inequívocos, que pronosticaban algo impensado hasta el momento: ya nadie quería comprar ciertas variedades. La industria lo entendió e inició un rápido recambio varietal, tanto así que en pocos años ya hay más de cincuenta variedades en producción en el país. Pero, ¿y ahora qué?

Frente a mercados más exigentes, todo indica que la estrategia pasa por la diferenciación y el aprovechamiento de las ventajas competitivas, sobre todo porque en Piura se pronostica un incremento en la superficie productiva —hoy se calcula que hay unas 10,000 hectáreas (ha)— con un marcado protagonismo de las variedades licenciadas. Así, por ejemplo, Complejo Agroindustrial Beta llegará a las 1,000 hectáreas (ha) en Piura en los próximos dos años, casi el doble de las 562 ha que manejan hoy en la región.

Sin embargo, las empresas que aún mantienen superficies extensas de variedades tradicionales, apuntan a sacarles el máximo provecho en términos de volumen. En Dole Perú, por ejemplo, en esta campaña esperaban una buena fertilidad para Crimson, lo que se traduciría en mayores cajas de uva de mesa. De tener un promedio histórico de 1,800 cajas/ha, se pasaría en 2021/22 entre 2,800 y 3,000 cajas/ha. En la empresa entienden que apuntar a una mayor productividad, sin descuidar la calidad de la fruta, es importante para atender los requerimientos de los mercados de destino.

Las variedades verdes están ganando protagonismo en los campos piuranos. En la imagen, huerto de Autumn Crisp.

APUESTA POR DOS NICHOS: ORGÁNICO Y VARIEDADES ESPECIALES

Las empresas exportadoras tienen claro que la diferenciación no pasa solo por tener una variedad licenciada, sino también por otros aspectos. Ante la expansión que ha habido del consumo orgánico, sobre todo en mercados desarrollados de Europa, hay agroexportadoras que han tomado cartas en el asunto y han decidido apostar por la producción ecológica, que requiere una serie de ajustes en los manejos de la uva y de las labores que se realizan en los huertos. Si bien es un nuevo reto, los productores apuntan a conseguir un sobreprecio por una fruta que cuenta con una serie de atributos que demanda un grupo de consumidores.

No es el único nicho de mercado que están intentando explotar las empresas piuranas, porque al igual que otras del sur del país, hay quienes han asumido el reto de producir variedades especiales. Cada una de ellas es un mundo aparte, con las que se además se pueden conseguir altos precios en diferentes mercados. Para muchos, el objetivo es mantener esos altos valores. Pero, ¿cómo no caer en la tentación de seguir plantando, si es que la variedad es exitosa? La respuesta sería acotar las superficies destinadas a este grupo varietal. “No se puede llegar y plantar 500 hectáreas de una variedad particular”, advertía en una entrevista a Redagrícola el gerente comercial de Agrícola Don Ricardo, Arturo Hoffmann, sobre el riesgo de ‘masificar’ variedades de características especiales.

A la hora de hablar de palabras claves, la primera es calidad. La segunda calidad. Y la tercera calidad. Y es que, sin esa característica parece cada vez más imposible acceder a ciertos mercados, ni tampoco a buenos precios. En un recorrido por campos piuranos, se pudo comprobar lo anterior. Y es que la calidad no se transa, porque con fruta de calidad se está asegurando la sostenibilidad del cultivo y del negocio, en un mundo cada vez más competitivo, en el cual ya no existen las ventanas comerciales y, donde hacerse un hueco, es cada vez más complicado. Por ello, quienes lo logran, buscan mantenerse a toda costa.

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