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Mayo 2020 |Uva de mesa

Análisis de la campaña 2019/20

Maniobras detrás de la uva de mesa en el norte

Los números son fríos y al analizarlos la conclusión es que Piura tuvo un descenso de las exportaciones del 3%, aunque hubo campos donde esa caída fue más visible. Finalizada la campaña, casi no hay descanso para planificar la siguiente, la cual se presume estará marcada por los efectos colaterales del Covid-19.

Marienella Ortiz

Han pasado ya cuatro años desde que Piura se encumbró como la principal zona productora de uva de mesa del país, con más de 278,000 toneladas de fruta exportada. Tras ello, hubo dos años en que el Fenómeno El Niño se encargó de que la región diera varios pasos atrás, afectando fuertemente la productividad de una industria que había basado su éxito en la variedad Red Globe. Desde entonces, buena parte de los productores norteños han buscado y apostado por el recambio varietal, sustentado en variedades licenciadas y, cada uno de ellos ha ido trazando su propio proceso de aprendizaje, para afinar un manejo agronómico aún con resultados irregulares y para ir reduciendo los costos de producción.

Pese a las idas y venidas, los productores comentan que el negocio sigue siendo rentable y que proyectan ir cerrando las fórmulas precisas para el manejo de cada variedad, porque como dice Alejandro Carvajal, gerente general de Fegurri, “en Piura necesitas ser muy metódico, porque no te permite ningún error”.

DOBLE PODA. La próxima campaña un fundo de Chiclayo realizará un ensayo para acabar con la doble poda en 60 ha de Sweet Globe.

Piura cerró esta última campaña con una merma productiva de 3%. Pero, ¿qué explica esta caída? Productores de la zona señalan al clima como uno de los culpables, sobre todo a aquel que hubo en invierno, con temperaturas más bajas de lo normal. El asesor Roberto Bezerra también señala al río Piura, cuyas aguas estuvieron más salinas de lo habitual, “afectando a los productores del Medio Piura que toman el recurso del río para mezclarlo con agua de pozo”. Esa característica del recurso hídrico propició problemas en el follaje de los parrones. “Veíamos hojas quemadas”, afirma el asesor. A eso, se añadía un mayor problema de nematodos. “La planta se intoxicó con las sales y con el nitrógeno, porque no podía metabolizar nada. Al ver que la planta no caminaba, se le daba más nitrógeno, más estimulante, pero fue contraproducente para el cultivo, independientemente de la variedad”, explica Bezerra sobre una situación puntual en el Medio Piura, y no así en aquellos fundos que toman agua del canal de Sullana.

Ante esta situación de salinidad, se hizo necesario aprender a combatir los efectos que genera: desequilibrio nutricional, aparición de nematodos y el debilitamiento de la planta, haciéndola más propensa a la infección por hongos de madera. Una vez que se identificó el problema, llegaron a Piura expertos internacionales. El Dr. Prometeo Sánchez fue uno de ellos. Este especialista mexicano en nutrición vegetal llegó a Piura, invitado por una de las empresas de la zona. “Ahora estamos preparados en la zona si esto volviera a ocurrir nuevamente”, apunta Bezerra.

LABORES NECESARIAS. Trabajadores en un campo de Piura realizando arreglo de racimos.

La tercera situación que ocurrió en Piura fue un adelanto mal manejado del cronograma del cultivo. No fue algo generalizado, sino que se dio en aquellos productores que buscaron salir con su fruta entre agosto y septiembre, hacia Centroamérica. “Las primeras podas tuvieron problemas, porque se buscó adelantar las cosechas, pero la planta tuvo menos reposo. La dejaron solo con agua y eso no fue suficiente para almacenar energía. Vimos problemas en huertos donde se habían sacado 4,500 cajas/ha, pero esta campaña el promedio fue de 3,500 cajas/ha”, sostiene el asesor, aunque añade que hubo fundos que no tuvieron problemas, “porque hicieron un monitoreo permanente del nivel de reservas de la planta, evaluándo los niveles de carbohidratos y otros nutrientes, para ir cubriendo las deficiencias encontradas”, precisa.

Para Carvajal, cada año es más complicada la producción de uva de mesa en Piura. “Piura no permite cometer errores. Cualquier aplicación errada, se refleja en la fruta. Entonces, el manejo es muy metódico. Trabajamos con un número determinado de plantas por hectárea y con un número de cargadores, yemas, racimos, bayas por racimo; para que tu fruta sea uniforme y la fruta termine bien”, explica y replica: “En Piura hay mucho desconocimiento del manejo, lamentablemente”.

VOLÚMENES MENORES EXPORTADOS

Y continúa la crítica: “Cuando hay cambios de temperaturas, hay fundos en los que se sigue regando igual que el año anterior. Si hay temperaturas bajas, lo correcto es regar menos, pero eso no ocurre y pasa la cuenta cuando se realiza el balance de la producción”, refiere. Si bien el total de la caída fue de un 3%, hubo empresas cuya producción bajó un 22%.

En Ecosac, el descenso, según su dirección comercial, Gerd Burmester, fue de un 5%. “Es una baja no significativa. A comienzos de campaña haces un pronóstico, según la fertilidad, pero puede suceder que no se llegue al estimado. No te puedo dar una razón precisa. Puede ser que el clima haya afectado”, explica.

Un poco más al sur, en Jayanca, en el fundo de Proserla hubo dificultad para llegar a los volúmenes que se habían estimado antes de la campaña. “La cosecha terminó el 10 de enero y esta fue una campaña bastante difícil. Hemos sacado de 207 contenedores, sin embargo, habíamos pronosticado enviar 212. No es que haya faltado fruta. Al parecer fue el friaje del invierno que hizo que a la fruta le costara llegar a los grados Brix adecuados. Hubo atrasos en todas las variedades. Desde la poda a la cosecha nos tardamos 144 días, pero esta campaña necesitamos 165”, refiere Alonso Puga, gerente agrícola y precisa que hubo fruta que estuvo lista en la última semana de diciembre e hicieron los envíos contra el tiempo, para evitar las lluvias del verano.

PRODUCTIVIDAD. “Al lado de una Crimson, la Allison puede ser hasta tres veces más productiva”, afirma Alejandro Carvajal.

Puga atribuye el atraso a las bajas temperaturas de invierno. En un año normal, las mínimas llegan a los 15ºC, pero esta campaña hubo descensos y días con 9ºC. Pero hay empresas que sí crecieron en producción. Fegurri es una de ellas, que cerró 2019/20 con un 10% más de fruta. El Complejo Agroindustrial Beta es otro ejemplo de lo anterior. “Al final, se enviaron 1.8 millones de cajas versus 1.2 millones de la campaña anterior. La razón es que tuvimos más huertos en plena producción. Veamos qué pasará en la próxima”, refiere Alex Romano, gerente agrícola de la zona norte de la compañía.

LA SUPERFICIE NO CRECE, SOLO SE RENUEVA

Si bien hubo buenos resultados para algunas empresas, la respuesta a los problemas de los últimos años ha llevado a que la superficie no esté creciendo al ritmo de años anteriores, al menos en Piura. La mayoría se ha centrado en el recambio varietal, y algunos todavía están ensayando cuáles son los mejores manejos para estas variedades. “Esto ha acelerado la concentración de la producción de uva de mesa en un número de productores grandes”, comenta Carvajal. Incluso, hay empresas que evalúan incursionar en otros cultivos, para diversificar los riesgos frente a los problemas climáticos que se han vuelto recurrentes. Al menos en el caso de Fegurri esa es la opción y adelanta la próxima puesta en marcha de 50 ha de paltas y 50 ha de cítricos, principalmente de limón Tahití.

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Eficacia, el tema presente en la agenda

El gran reto en Piura es ser eficientes, puntualiza Gerd Burmester de Ecosac. “Si vemos lo que ha pasado con la industria de la uva en Chile, cuando la oferta llega a un volumen importante, además de tener una fruta de calidad y buenos canales de venta, no queda más que ser eficientes en el campo y en el empaque, ese es el gran reto”.

Lograr la eficiencia en el manejo en campo y en los costos de producción son dos temas que vienen trabajando las empresas, cada cual con sus propias estrategias. Romano comenta que en Beta están trabajando el tema de la luminosidad de la planta, para que cuente con la luz adecuada y las yemas sean fructíferas y no vegetativas. Para ello, utilizan la ‘app’ Canopy, que ayuda a determinar el porcentaje de luz que está pasando por el parrón hacia el suelo. “Cada variedad de uva tiene un porcentaje de luminosidad que necesita y que determinó Breno Lacourt. Entonces, respetamos ese porcentaje en cada etapa del cultivo. Si tenemos que deshojar, despuntar feminelas, hay un rango para cada variedad”, menciona tras referir que el rango establecido de distanciamiento fluctúa entre un 20 y 30% del área foliar. Estos porcentajes también son diferentes en cada zona.

En el Medio Piura hay mayor luminosidad y quizá requiera otros rangos, a diferencia de los campos que están en el Alto Piura, como es el caso de Beta. Agrega que esto les ayudó a mejorar el porcentaje de fertilidad del parrón. “Siempre hay un problema para medir la luminosidad, porque cada ingeniero tiene un ojo distinto. En un campo de 550 ha tenemos diez ingenieros y cada uno tendrá una visión diferente. Lo mismo ocurre con la zona de riego, cada ingeniero ve la tierra en la calicata y precisa cuánta agua necesita. Con la sonda de capacitancia tenemos todos los mismos criterios para regar. La idea es que todos tengamos la misma lectura”, dice. Hilando más fino, comenta que trabajan con fotos satelitales del cultivo para medir el vigor y su biomasa productiva. Para Carvajal, el mayor reto para lograr la eficiencia es la capacitación del personal. “Si no tienes preparado a tu jefe de sanidad, te traerá problemas serios. Si no está capacitado el encargado de riego, te traerá la muerte de las plantas, sea por hongo de madera o nematodos, porque quizá está regando mucho y no se da cuenta. Si no tienes personal calificado para el manejo de uva los resultados siempre van a ser negativos, ya sea en riego, sanidad y de fertilización”, sostiene. Además, afirma que deben ser eficientes a la hora de entregar una pauta de laborales al personal contratado, para que tenga claro el trabajo encargado. “De esta manera vas a subir tu ratio por persona y una poda que ocupaba 20 jornales/ha, ahora significa 15; entonces tienes ahorros de 20 a 25% en personal”, concluye.

VARIEDADES QUE DESPUNTAN EN EL NORTE

Si de variedades se trata, Roberto Bezerra no tiene dudas en señalar a las que mejor se han adaptado a Piura: “Allison y Sweet Globe. Allison está desde 2015 y los productores le han tomado confianza, porque es muy fácil de producir y se llega a rendimientos de 4,000 cajas/ha, sin mucho esfuerzo”. Y hay otras que se están explorando. Sweet Favors es una de ellas. Bezerra señala que esta variedad negra de IFG ha demostrado ser muy productiva, con rendimientos de hasta 5,000 cajas/ha. Más al sur, en Chiclayo, hay plantaciones de Jack’s Salute. “En Ica no anduvo bien, pero en Chiclayo sí ha funcionado y está ganando la atención de los productores. El año pasado hubo una empresa que sacó 6,000 cajas/ha de esta variedad”.

 Fegurri espera concretar este 2020 100 ha de nuevas variedades para llegar a un 80% de su superficie con variedades licenciadas. “Al lado de una Crimson, la Allison puede ser hasta tres veces más productiva, y también es tres veces más fértil”, precisa Carvajal. En etapa de formación, según el gerente de Fegurrri, han debido eliminar racimos para no sobrecargar a la planta.

Por su parte, Ecosac ha apostado por Sweet Globe y Autumn Crisp. En rojas, si bien continúan con una superficie importante de Crimson, han incluido también Jack’s Salute, Sweet Celebration y Scarlotta. “Cada variedad tienes que aprender a usarla, pese a que te dan ciertas indicaciones o pautas. En cada variedad vas encontrando el manejo correcto, para tener la mayor productividad, la mejor vida poscosecha, la mayor eficiencia en los diferentes procesos implicados. Ninguna variedad viene con el manual de instrucciones”, comenta Burmester.

De acuerdo a Alonso Puga, los campos de Proserla se dividen en un 50% con variedades tradicionales y el otro 50% con licenciadas. “Todavía es temprano para nosotros saber cuáles son las variedades que se adaptarán mejor. De las que hemos visto con buen desempeño destaco a Sweet Globe y Sweet Celebration. No hemos probado aún tantas, pero tengo buenas referencias de la Sugar Crips y Allison”, sostiene y añade que aún hay que experimentar, sobre todo por un tema climático. “La más mínima lluvia puede poner en jaque la operación y tienes que cosechar apuradamente, para evitar que se produzca algún nivel de pudrición. Una lluvia de 2 milímetros puede traer problemas a algunas variedades con º Brix altos y de sabores especiales, como son Cotton Candy, Savoy o Arra 15”, indica.

La expectativa es que más adelante puedan seguir evaluando las nuevas variedades que vayan saliendo al mercado. “Todavía hay muchas otras variedades por indagar. Todos los años salen nuevas. Esto es como el Iphone 10: estamos con la verde productiva, pero luego viene otra verde productiva que resiste a lluvias; y, seguidamente, una verde productiva que resiste a lluvias y que además tiene buena producción. Año a año estaremos adoptando nuevas variedades, según las necesidades”, grafica.

LAS TRADICIONALES SIGUEN EN EL JUEGO

La Red Globe y otras variedades tradicionales como la Thompson y Crimson aún se mantienen en la parrilla de oferta de un gran número de empresas exportadoras, sobre todo aquellas con más años de existencia en el norte. “La Red Globe la tenemos desde hace 16 años y uno no termina de aprender. Todos los años tiene un ingrediente nuevo. Hemos encontrado una situación de estabilidad, sabemos qué esperar de esta variedad. Los parrones rinden todos muy parejos, cercanos a las 4,000 cajas/ha y con un 92% de volumen exportable”, refiere Puga.

No es el único que ya tiene un manejo maduro de la variedad y sigue rentabilizándola año a año. Las 550 ha que menaje Beta en Piura están concentradas en Red Globe, Crimson y Thompson. Para Romano las variedades tradicionales siguen siendo rentables. “Estamos sacando unas 4,500 cajas/ha de la Red Globe, mientras que de Thompson y Crimson estamos entre 3,000 y 3,500 cajas/ha. Con los costos que manejamos son variedades que todavía resultan rentables. No sabemos cómo se manifestará el mercado en mediano y largo plazo, pero por el momento son un buen negocio para nosotros”, explica.

Con la asesoría de Breno Lacourt, dice que encontraron el mejor manejo para estas tres variedades. El salto más grande fue con Crimson, donde en algunos lotes se han estabilizado en 4,000 cajas/ha. “Ya tenemos más de 10 años en el norte y eso se ve traducido en productividad y calidad de estas tres variedades. Es fruta que es aceptada en los mercados”, dice.

Pese a esta apuesta por las tradicionales, la empresa instaló 70 ha de variedades licenciadas. Arra 15 es una de ellas, de las cual hay 20 ha. “Antes de crecer con esta variedad debemos afinar unos temas de manejo. Es bastante productiva: en la segunda campaña se programaron 2,800 cajas/ha, pese a que había mucha más fruta”, comenta Romano. Asimismo, han instalado Sweet Globe, Sweet Celebration, Allison, Ivory y Jack’s Salute. “Tenemos 100 ha para sembrar y ya hemos hecho el pedido a los programas de mejoramiento. Queremos crecer en las que han mostrado un mejor desempeño en el norte: Sweet Globe, Ivory, Sweet Celebration y Allison.

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OTRAS PRUEBAS: DOBLE COSECHA Y UNA SOLA PODA

La tradicional doble cosecha que se hace en Petrolina, Brasil, se emulará esta campaña en Chepén, en Chiclayo. De acuerdo a Roberto Bezerra, uno de los fundos de esta zona realizó una doble cosecha con Sugar Crisp. La primera de ellas ya se realizó entre octubre y noviembre, mientras que la segunda se programó para abril. “En la primera se obtuvo 4,000 cajas/ha y en la segunda esperan 3,000 cajas/ha”, sostiene.

PODAS. Las empresas están investigando en el norte con algunas variedades para evitar la doble poda. Estiman que cuando lo logren será necesaria la poda de formación cada dos o tres años.

Si conviene o no tener dos producciones en el año, explica el asesor, también dependerá de la demanda del mercado, pues existe la expectativa de que hay una ventana corta (tres a cuatro semanas) en EE UU, entre fines de abril y comienzos de mayo, en que los productores podrían obtener buenos precios. El asesor subraya que justo esas semanas, en los mercados se registraron precios de hasta US$30/caja.

Otro desafío en el norte es eliminar la poda de formación. Bezerra cuenta que ha hecho ensayos con Ivory y ha caminado bastante bien. “El prescindir de la doble poda ha demostrado que no hay muerte de yemas, no hay rebrote, no hay una hidrólisis fuerte de reservas. Repetiremos la experiencia la próxima camapaña”, dice. Para ello, refiere que son necesarias ciertas aplicaciones para reducir la senescencia de hojas. El problema de no hacer una doble poda es que las yemas envejecen y se comienzan a partir y oxidar. Sin embargo, algunas variedades no estarían mostrando esa problemática.  Otro importante fundo de Chiclayo va por su segundo año de pruebas, con el fin de prescindir de la doble poda de formación. El año pasado hicieron la prueba en 35 ha, en huertos de Sweet Sapphire, Ivory y Allison; “obteniendo resultados bastante aceptables”, subraya Bezerra. Y estos fueron de 3,500 cajas/ha como promedio. Este año continuarán los ensayos, en un lote de 60 ha de Sweet Globe.

En los campos de Fegurri aún se viene investigando este tema. En la campaña anterior hicieron pruebas con una variedad roja patentada, pero los resultados fueron negativos. En esta oportunidad, harán lo propio con Allison, debido a que es una variedad con buena fertilidad. Hasta que no haya algo definitivo, explica Carvajal, continuarán con la doble poda. “Para realizar una sola poda deberíamos tener una producción de acuerdo a nuestras expectativas, es decir, que se debería asegurar al menos 3,500 cajas/ha, como promedio; incluso, se necesitaría un mínimo 3,000 cajas. Menos de ello, no sería un negocio rentable”, explica tras referir que los costos de poda bajarían de US$8,000/ha a US$6,000/ha. Este ahorro los acercaría a los costos de producción de Ica.

Sin embargo, hace hincapié que no es una decisión que se deba tomar tan rápidamente, porque se corre el riesgo de tener una planta desgastada, con poco vigor y pocos racimos. Igualmente, comenta que si en algún momento funciona, se hará la poda de formación un año sí y el otro no; de lo contrario, al segundo año la madera crecerá y se alejará del eje central de la planta y eso la debilitará, generando problemas de condición en la fruta (grados Brix, color y tamaño).

INCERTIDUMBRE EN LA CAMPAÑA 2020/2021

En esta época del año, entre mayo y junio, la mayoría de empresas del norte comienzan la etapa de poda de producción, que necesita de la movilización de un gran número de cuadrillas de trabajadores en el campo. La preocupación se centraba en el actual escenario de pandemia del COVID- 19, que establece una serie de restricciones en la movilización de las personas. Otra inquietud se centra en los precios que recibiría la fruta una vez que arribe a destino.

CORONAVIRUS. Las podas de producción se realizan entre mayo y junio. Las empresas tienen que cumplir con las medidas sanitarias, para evitar el contagio de coronavirus.

Desde el lado de los campos, Puga afirma que técnicamente sería una buena campaña, debido a que “la fertilidad viene bien, hubo buena insolación y pocas lluvias. Lógicamente no se puede confirmar nada hasta luego de la poda de formación y ver cuántos frutos se obtienen”, apunta. De una opinión similar es Roberto Bezerra, quien agrega que las temperaturas estuvieron estables, con poca lluvia en verano, lo que ha ayudado a tener plantas equilibradas.

Álex Romano añade que ha sido un año seco sin lluvias, lo que ha repercutido en un mínimo ataque de mildiú. Respecto a los mercados, en efecto, comenta que es difícil aventurar cuál será la respuesta. “Lo que haremos es lo de siempre, hacer bien el trabajo en campo, tener un buen volumen de producción, buena calidad y a un menor costo. Esa fruta se podrá colocar y siempre te dejará la posibilidad de tener una rentabilidad”, finaliza.