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Abril 2020 |Arándanos

La gestión del proyecto tras 5 años de haber sido puesto en marcha

Olmos: Los desafíos que implica un proyecto agrícola de 38,000 hectáreas en medio del desierto

Las ‘tierras nuevas’ de Olmos han sufrido una rápida transformación, pasando de ser un desierto a un territorio 100% productivo, sembrado con cultivos altamente rentables. Se estima que a fines de este año habrá casi 25,000 hectáreas (ha) cultivadas y en 2023 se calcula que se llegará al 100% del área cultivable. Esta y las siguientes páginas muestran los desafíos que deben enfrentar usuarios, centrándolo en uno de los cultivos principales de la zona: el arándano.

Rodrigo Pizarro Yáñez

Como si fuese un gran condominio. Así es el Proyecto Olmos, en Lambayeque. La gran diferencia es que este es un ‘condominio agrícola’, en el que los ‘habitantes’ o usuarios tienen una serie de temas en común en este territorio de 38,000 ha, que hoy luce un sembrado con caña de azúcar, paltos, arándanos, uva de mesa, espárragos… sumando 23,350 ha, según los datos más actuales, de enero de 2020. La previsión es que el área ya instalada se irá multiplicando este año hasta llegar a las 24,680 ha en diciembre próximo.

Las tierras siguen siendo atractivas, toda vez que se ha comprobado que dos de los cultivos más rentables, paltos y arándanos, se han establecido con éxito en ellas. Eso ha abierto el apetito de algunas empresas ya establecidas a comprar terrenos a los propios vecinos. Así es como Agrovision se ha hecho con 1,000 ha que pertenecían a Chimú. Obviamente los precios de los lotes han ido cambiando con el correr de los años. Así, si en 2009, una hectárea del ‘valle viejo’ costaba unos S/.2,500, cuando se inició la subasta del ‘valle nuevo’ estos habían subido a US$2,000/ha. En esa primera subasta del 2012, el valor promedio de la hectárea era US$5,200, pero hoy esa cifra ya se ha multiplicado por más de tres, llegando a US$16,000.

ESTABLE. La superficie de uva de mesa se mantendrá estable de cara a la próxima campaña.

En solo cinco años, el Proyecto Olmos ha experimentado un gran desarrollo. Con tal de que se pudiesen poner una serie de temas sobre la mesa y tratarlos en común entre las 20 empresas representadas en este proyecto de irrigación, es que en 2015 se crea ProOlmos, una asociación formada por todos los propietarios, con el objetivo de manejar temas de forma colectiva. Así, ProOlmos trabaja a nivel de comités. De hecho, actualmente son cinco los que están en funcionamiento: sanidad, infraestructura, seguridad, recursos hídricos y recursos humanos y relacionamiento comunitario; convocando reuniones periódicas para tomar decisiones o bien para realizar coordinaciones necesarias en algún tema en particular.

INFRAESTRUCTURA VIAL, UN TEMA FUNDAMENTAL

En una superficie de tal tamaño, conviven cultivos altamente rentables y muy demandantes de mano de obra, como son el arándano y la uva de mesa; con otros muy mecanizados como la caña de azúcar. Son miles los trabajadores que diariamente llegan hasta el ‘valle nuevo’ a trabajar en diferentes labores agrícolas. A esa gente hay que transportarla todos los días, lo que genera un costo extra que se debe sumar al costo productivo de cultivar cada una de las especies. Pero no queda más remedio, y las empresas deben añadir 15 soles diarios por trabajador. El tráfico de combis y autobuses es un sin parar, a primera hora de la mañana y a partir de las seis de la tarde, con destino a Olmos, una ciudad distante a poco más de 20 km, pero que, con un camino en malas condiciones, los viajes pueden tardar más de una hora.

EN AUMENTO. Se calcula que en la campaña 2020/21 de arándano, en la época pico, se necesitarán unos 28,000 trabajadores en labores de cosecha.

No es extraño, entonces, ver en los propios fundos vehículos aparcados ocho horas esperando que el personal retorne a sus hogares. “A los choferes les sale más a cuenta quedarse aquí, que ir y volver”, cuenta un ingeniero agrónomo. “Durante el día se dedican a conversar entre ellos, escuchan radio, ven tele, almuerzan e incluso juegan fútbol en una cancha que tenemos en el fundo”, añade. Además, así se evitan el ir y venir por un camino que muchos tildan de ‘infernal’.

Es el único que está así. El resto de caminos principales está en perfectas condiciones, a pesar de estar en medio del desierto. H2Olmos es la empresa concesionara y, como tal, es responsable del mantenimiento de los bienes de la concesión: infraestructura hidráulica (canal, bocatomas, tuberías…), caminos y electricidad.

 

La sanidad, un tema clave

A medida que ha ido aumentando la superficie cultivada, se ha ido comprobando una mayor presión de plagas y enfermedades. Por ello, por ejemplo, ProOlmos realiza un intenso trabajo con Senasa para el monitoreo de mosca de la fruta. No es la única que está siendo monitoreada. Una plaga que ha causado (y sigue causando) daños es paranomala (Paranomala undulata peruviana), que tiene a la caña de azúcar como principal hospedero. “Pero, no se trata de ‘satanizar’ la caña. Lo que ocurre es que le hemos puesto un ‘buffet’ que, sumado a condiciones climáticas óptimas, se ha comenzado a reproducir y a causar daños en diferentes cultivos”, sostiene Lecaros. A través del comité de sanidad se comenzó a compartir información, por ejemplo, del tipo de trampa que podría ser más efectiva.

Otro problema importante fueron las langostas que, tras el último Fenómeno El Niño, se comenzó a formar una colonia grande en el desierto, que viajó de norte a sur. “Coordinados con el Senasa y a través de fumigaciones, hicimos una barrera para evitar su entrada. Y funcionó”, resalta. “Somos responsables cuando hacemos este tipo de fumigaciones porque a través de la deriva, hay productos que podrían caer accidentalmente en las plantas, árboles y frutos; y podría haber rechazos de fruta que es exportada a otros mercados”, precisa.

Como ProOlmos, hemos hecho una inversión, aparte del pago que normalmente se hace a la concesionaria, para el mantenimiento de los caminos”, cuenta José Lecaros, gerente general de esta asociación. En concreto, la contribución se ha traducido en la compra de cloruro de calcio, que se emplea como estabilizador de caminos. “Lo hacemos porque la concesionaria tiene unos estándares de mantenimiento que a nosotros se nos queda corto. Para poder mantener el camino en las condiciones que nosotros requerimos, es necesario que esté totalmente estabilizado”, añade. Es por ello que, desde hace dos años, y cada diez meses, se ha incluido una capa de cloruro de calcio. “Este año también lo volveremos a hacer”, confirma el gerente.

Sin embargo, el camino que va del territorio irrigado hasta Olmos no puede ser intervenido, por ser un camino público. Entonces, ¿cómo se ha actuado para mejorar esta vía? “Hemos hecho un trabajo conjunto con la municipalidad y el gobierno regional, donde ambas entidades nos apoyaron con maquinaria e hicimos un mejoramiento, pero ya toca volver a hacer otro y ya estamos en contacto con las autoridades”, explica Lecaros sobre una vía por la que diariamente circulan cientos de vehículos y miles de personas.

Actualmente, en ProOlmos están destinando recursos para financiar un expediente técnico que permitiría asfaltar en un futuro esta vía. Sin embargo, eso involucraría una inversión millonaria. “Si son 25 km, estamos hablando de una inversión mínima de 30 millones de soles. Y eso escapa a nuestras posibilidades”, sostiene Lecaros, aunque vaticina que, de concretarse, esto significaría un impacto positivo para los trabajadores.

TRABAJOS DE MANTENIMIENTO. En plena faena de mantención del alumbrado en el Ramal Sur.

MANO DE OBRA, 28,000 COSECHEROS EN LA CAMPAÑA ‘PEAK’ DEL ARÁNDANO

Y es que la mano de obra es un gran tema en el valle. José Lecaros calcula que en la campaña 2020/21 del arándano, en su momento pico, en los meses de septiembre y octubre, se llegará a necesitar 28,000 cosecheros. “Hay gente, pero cada vez habrá competencia”, sostiene Álex Romano, gerente agrícola de la zona norte del Complejo Agroindustrial Beta. “La mano de obra especializada poco a poco la vamos consiguiendo”, añade Carlos Saavedra, gerente de operaciones de Pampa Baja, sobre un valle donde hasta cuatro años nunca se había plantado un palto, ni menos un arándano. Eso, ha motivado a algunas empresas a traer gente desde Trujillo, donde estos cultivos llevan más tiempo establecidos, y tienen más experiencia con ellos.

Así, los trabajadores locales van aprendiendo y desarrollando las mismas capacidades de aquellos que sí tienen conocimiento con los cultivos. Si bien la palta y el arándano son complementarios en cuanto a la mano de obra, también compiten con otros. El espárrago es uno de ellos. “Esa va a ser la realidad”, sostiene Renan Rafaile, ingeniero agrónomo de CAO. “Pero cosechar un arándano es más atractivo para un trabajador. Aquí, como el espárrago crece muy rápido, se debe cosechar hasta las 5 de la tarde, mientras que la recogida de los arándanos no se extiende más allá de las 3. Esa es una de las ventajas”, añade. La otra competencia se genera con la uva de mesa. “La mano de obra nos ha reventado en la cara”, grafica Roberto Flores, ingeniero agrónomo de CAO. “Cuando se desarrollaba Chavimochic, en los primeros años se acercaba gente a las garitas buscando trabajo. Aquí hemos visto lo mismo, pero solo el primer y segundo año, luego hemos tenido que salir a buscar trabajadores”, continúa.

 

Lecciones aprendidas tras El Niño

“Cuando se entregaron los lotes, para algunos bastaba nivelarlos y sembrar. Pero eso no bastaba, ya que en algunos casos se necesitaba hacer drenes. Algunos lo hicieron, pero no le dieron mayor importancia, porque estas eran pampas desérticas donde siempre había llovido y como se trataba de suelos arenosos, estos filtraban rápidamente. Indistintamente si había drenes o no dentro del lote, El Niño donde más nos afectó fue en los accesos a las ‘tierras nuevas’. Hubo daños internos, sí, y hubo campos que perdieron sus cultivos y producciones. Sin embargo, el mayor daño fue que no se podía entrar a los fundos. No se podía entrar a hacer las labores, ni tampoco podían llegar camiones con insumos. Tras este episodio, la concesionaria hizo muchas mejoras, tanto a nivel hidráulico, como en el mejoramiento de los caminos, con el objetivo de que no vuelva a pasar algo así. ¿Funcionarán o no esas mejoras? Hay que esperar para saberlo”, explica José Lecaros.

Y esa búsqueda ha sido en Olmos, pero también en los caseríos cercanos y poblados que están más alejados, como Morrope, encareciendo el costo del transporte. “Estamos muy lejos de los poblados”, apunta Rafaile. Y ese es un costo que deben asumir las empresas. Así, si el jornal está a 39 soles, deben añadirle 15 soles diarios, solo por el ítem del transporte.

CIUDAD CHARLES SUTTON, EL SUEÑO QUE ESPERA SER UNA REALIDAD

Para eso se ha planificado la ‘ciudad nueva’ o ‘ciudad Charles Sutton’ en honor al ingeniero geógrafo estadounidense, que fue jefe de la Comisión de Irrigación de Piura y Lambayeque (Conocida como Irrigación de Olmos). Ya hace siete años se presentaba como un proyecto innovador donde se crearía un programa urbanístico que nacería con todos los servicios de agua, desagüe, calles, veredas, energía eléctrica, señalética… Eso, en 2020 está. Es lo único de una ciudad que, se piensa, podría albergar a más de 60,000 personas. ¿Cuándo? Aún no hay fecha, aunque se tiene claro que habría cierto interés en la subasta de los lotes.

“Creo que primero ha venido el desarrollo de los privados y vamos a tener que, de alguna forma, también, acompañar o acelerar esas inversiones. Creemos que hay interés y que habrá un desarrollo progresivo”, sostiene Lecaros.

Mientras eso ocurre, y como suele pasar con regularidad en cualquier sector económico, las inversiones privadas van a una velocidad diferente que las inversiones públicas. En Olmos también, ya que hay varias empresas que han construido campamentos en los propios fundos, destinados a recibir a la fuerza laboral en época de cosecha, evitándose así los desplazamientos diarios.

LA NECESIDAD DE UN ESTUDIO URGENTE DEL ACUÍFERO

Si bien el suministro de agua se cumple, hay problemas en la época de estiaje, cuando el caudal del río Huancabamba disminuye ostensiblemente. Ello ha llevado a que las empresas hayan enfrentado esa escasez del recurso de dos formas: la construcción de pozos y de reservorios de distinto tamaño. “Lo que necesitamos con urgencia es un estudio en profundidad del acuífero”, sostiene Lecaros. El estudio más ‘actualizado’ data de los años sesenta del siglo pasado. “H2Olmos hizo unos pozos exploratorios, pero a la fecha no existe ningún estudio formal de todo el acuífero que nos diga cuál es su capacidad. Se han hecho sondajes, pero nada que nos dé una idea exacta de lo que tenemos debajo de nosotros. Lo ideal es que incluya Morrope y Piura”, explica Lecaros.

Pero, ¿existe la intención de hacerlo? “Justamente la idea es empezar a monitorear pozos. Esa sería la primera información, básica y muy útil, para luego continuar con un estudio macro”, responde el gerente de ProOlmos, quien calcula que hoy debe haber entre 60 y 70 pozos activos en el valle. Solo así se tendrá la real dimensión del acuífero, imprescindible hoy y para el futuro, más aún cuando se habla de una segunda y tercera del Proyecto Olmos. “Mi lectura es que primero debemos consolidar y demostrar que la primera etapa es un éxito”, sostiene Lecaros.

– ¿Y está siendo exitoso?

– Sí, al menos, en general, ese es el sentir de los usuarios, que consideran que ha sido un éxito. Hay empresas a las que les ha ido muy bien. Quedó demostrado que cultivos como el palto y arándano se dan bien aquí. Hay algunos temitas que son mejorables: caminos, servicios y drenajes. Se han mejorado, pero teniendo asegurado dos temas claves como son el vial y la dotación del agua, podríamos hablar de una consolidación de la etapa uno del Proyecto Olmos. La segunda etapa comprende la sobre elevación de la presa y la ampliación de la frontera agrícola. Entonces, el cliente natural de esa segunda etapa son las empresas que ya están en la primera, y hay muchos que estarían interesados en la segunda.