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Octubre 2019 |Espárrago

Estrategias de control

La suerte del espárrago depende del manejo integrado

A medida que el espárrago fue creciendo en superficie en el país, en los huertos ha ido aumentando la agresividad de ciertas plagas y enfermedades. El control biológico está funcionando mejor para reducir y controlar el ataque de plagas, pero en el caso de las enfermedades, la salida al problema está enfocada en el uso de productos químicos vía aplicaciones foliares.

Marienella Ortiz

Hace más de dos décadas atrás, el entomólogo Guillermo Sánchez recibió en el rectorado de la Universidad Agraria La Molina (UNALM) a un grupo de productores de espárragos de Ica. Recuerda que nunca había brindado asesoría a este cultivo, que ya comenzaba a poblar los terrenos arenosos iqueños. Como venía creciendo en superficie, las esparragueras comenzaban a ser atacadas por algunas plagas y enfermedades, principalmente trips y arañita roja. Fue ese hecho el que determinó su carrera profesional como asesor, especialista en espárragos, donde ha labrado una trayectoria desde la cual puede dar fe de la evolución del manejo sanitario en los campos.

Modalidad de siembra

Existen distintas modalidades de siembra que inciden en la presencia o no de las plagas y enfermedades. Una de estas es la llamada en hilera simple o hilera continua, donde las plantas se instalan una a continuación de otra y no hay mayor problema sanitario. La otra modalidad es la llamada tres bolillos que, según cuenta Guillermo Sánchez, es la más difícil de manejar, porque son prácticamente dos hileras de planta en un solo surco, de donde salen brotes de ambos lados. La planta se cierra y la plaga encuentra el refugio perfecto para su desarrollo. Si se apuesta por esta segunda modalidad es porque en menor tiempo se obtiene los mayores picos de productividad.

Conforme se incrementaban la superficie de espárrago, también se extendía el periodo de cosecha, el cual cubría casi los doce meses. Fue en esa época donde algunos problemas sanitarios fueron asentándose, mientras que otros pasaron a la categoría de ‘dolor de cabeza’ para los productores. Al día de hoy, el ‘top 3’ de ese ránking lo ocupan Prodiplosis longifila, seguido de los trips y la enfermedad de la mancha foliar.

Actualmente, productores pequeños, medianos y grandes tienen claro que el camino para el control de estos problemas es el manejo integrado. Sin embargo, Sánchez resalta que lo primero es partir por un buen manejo del cultivo, lo que, en la práctica significa que no se exija más producción a la planta -sobrecosechar-, a lo que hay que añadir una aecuada estrategia de fertilización y riego. De allí, como parte de un ‘puzzle’, se irá trazando cada pieza complementaria en la estrategia de un manejo integrado del espárrago.

SOBRECOSECHA Y MAL MANEJO DEL RIEGO

Daño de Elasmopalpus picadura.

Hoy en día, que el sector está concentrado en manos de muy pocos grandes productores, que de medianos y pequeños, Sánchez explica que un problema usual es la sobrecosecha en el espárrago, a fin de obtener los mayores rendimientos, sobre todo en años en que los precios registrados en los mercados internacionales han ido a la baja.

“La práctica usual es que si el productor ha proyectado una campaña de 5 t/ha y ve que los precios son bajos, entonces, tratará de obtener 7 t/ha. Tras finalizada la campaña, fertilizará como siempre para, en la siguiente campaña, volver a sacar más toneladas de lo que la planta está preparada. Esa práctica debilita a las plantas, las que están más propensas a los ataques de las plagas”, refiere. No es lo único, ya que como el precio de los fertilizantes ha aumentado, ha habido productores que bajaron su fórmula de fertilización, pero siguieron cosechando los mismos volúmenes de producción.

Otro hecho que se suma al debilitamiento de las esparragueras es que en muchos campos se ha restringido el uso del agua, ya sea por un tema de accesibilidad o de costos. “Por ahorrar agua no se riega adecuadamente el espárrago, pero este es un cultivo que demanda una gran cantidad de agua, que bordea entre los 10,000 y 12,000 m3/año, aunque hay casos en que se puede llegar a los 15,000 m3/año. Regar menos significa la extinción del cultivo porque va perdiendo vigor”, advierte y subraya que sin una buena fertilización y adecuado riego, la planta no alcanzará los 10 años de producción.

EVOLUCIÓN DE LAS PLAGAS Y ENFERMEDADES

“Las primeras plagas que empezaron sin mayor importancia fueron los trips y la arañita roja. Conforme el cultivo se fue incrementando en extensión es que apareció, primero, en la Pampa de Pisco, lo que ahora se llama la Copitarsia corruda; luego, en el norte apareció otro lepidóptero que se llama Chloridea virescens; y, más tarde, la Prodiplosis longifila y la enfermedad de la mancha foliar. Este escenario no se ha modificado mucho, salvo que la Prodiplosis se ha convertido en un insecto bien agresivo, una plaga muy severa en el norte y en la costa central en ciertas épocas del año”, refiere el experto.

Para los productores, la convivencia con Prodiplosis ha sido complicada, básicamente porque, si bien Perú cuenta con un clima apropiado para el cultivo, también lo es para las plagas y enfermedades. Entonces, conforme fue creciendo el área, ya no solo se cosechaba una o dos veces al año, sino que prácticamente es un cultivo que permanentemente se está cosechando. Es decir, hoy Prodiplosis tiene el alimento para sobrevivir de manera permanentemente, migrando de un campo a otro. Hoy, no hay forma de romper el ciclo. A ello se debe sumar que es un insecto sumamente pequeño, que mide entre 2 y 3 mm y que es más activo durante la noche. “Es difícil de ver y difícil de tratar por más que uno haga muy buenas aplicaciones”, precisa el asesor.

Los trips persisten en los últimos años gracias a que algunas especies se han adaptado muy bien a los meses de más frío. Para Sánchez, es un problema difícil de controlar. Para hacerlo, algunos productores aplican lavados, mientras que otros insecticidas en la época que no corresponde a la cosecha. Una salida que se está explorando es el lavado de poscosecha con equipos especiales en las plantas de procesamiento, para retirar las posturas y también las que ponen ciertos lepidópteros.

Desde hace algunos años atrás, ha aparecido una nueva plaga que se llama Elasmopalpus lignosellus, un barrenador que perfora el tallo hasta secarlo y comprometer la corona del espárrago. “La mayor parte de espárrago está en suelos arenosos, entonces, cuando se riega con sistemas por goteo, el agua no se expande por toda la superficie. Ocurre que aquellas plantas que están muy separadas o alejadas de las cintas de riego no tendrán la humedad suficiente a la altura del cuello, zona en que infesta este insecto. Una medida de control es el riego pesado, pero en suelos arenosos es poco probable”, explica. Esta plaga también se presenta en la cosecha, cuando el turión está saliendo a la superficie. Se trata de un insecto que hace una perforación a la altura del cuello del turión, para posteriormente doblarlo y dejándolo inhabilitado para su exportación.

Daño por larvas de Prodiplosis longofila.

Entre las enfermedades más nocivas está la mancha foliar, presente en los meses de más frío y, sobre todo, cuando hay lloviznas. El agua que se acumula en la superficie de la hoja sirve para la penetración del hongo en los tejidos. Por ello, los agricultores realizan aplicaciones de fungicidas, para evitar una defoliación severa y que la planta deje de guardar reservas. “En muchos casos, deben hacer aplicaciones continuas de fungicidas sistémicos, sobre todo, cuando está lloviznando, lo que suele ocurrir entre los meses de junio a agosto”.

LA ÚNICA SALIDA, EL MANEJO INTEGRADO

El manejo integrado es el camino que están tomando de manera efectiva los campos esparragueros, entendiendo que su efectividad depende de un trabajo coordinado por valles y no solo por empresas. Para Sánchez, el control biológico funcionando mejor para reducir y controlar el ataque de plagas. Sin embargo, en el caso de las enfermedades la salida al problema está enfocada en el uso de productos químicos vía aplicaciones foliares.

En el caso del control etológico, las trampas de luz, ubicadas en los bordes del campo a manera de una barrera, son las más usuales para capturar adultos de lepidópteros. Incluso, estas han evolucionado y captan energía de fuentes solares, pero lo usual es la eléctrica que implica un cableado especial para enterrarlo, a fin de que no esté expuesto.

Larva de Prodiplosis longifila.

Según el asesor, la mejor trampa es la que usa luz ultravioleta porque los insectos son atraídos por ella, aunque la mayoría utiliza luz blanca fluorescente que, igualmente, funciona. “La Prodiplosis y todos los lepidópteros son nocturnos. Entonces, esta trampa de luz se usa durante la noche para atraerlos”, precisa. Adicionalmente, es necesario establecer un periodo de duración de este tipo de trampa, es decir, que no es para toda la campaña. Por ejemplo, luego de la floración no sería necesario su uso porque ya no hay brote tierno, ya no hay necesidad de capturar adultos de ninguna de las plagas que dañen el cultivo. La distribución de las trampas dependerá de los sectores de aquellos sectores donde la infestación sea mayor o siguiendo la dirección de los cercos o cortinas a manera de una barrera.

Claro está que es un arma de doble filo, porque atraerá insectos de todos lados y es necesario que los campos vecinos también utilicen esta misma trampa de manera coordinada. Algo similar ocurre con las trampas de feromonas, ya que estas no funcionarán si no es en conjunto con los productores de los alrededores.

Daño de larva de Spodoptera ochrea.

Las trampas de agua y melaza son complementarias para la captura de lepidópteros, como el Elasmopalpus. La melaza junto con el agua funcionan como un atrayente alimenticio para los adultos que requieren de soluciones azucaradas. La melaza actúa como un atrayente, debido a que no es líquida, sino pegajosa. Su efectividad, según el consultor, depende de muchos factores, como el viento, por ejemplo, pues puede llevar el olor a otro lugar distinto del propio campo.

También es necesario un trabajo de mantenimiento constante, porque la solución, que es la mezcla de melaza y agua, se va perdiendo y se vuelve muy densa. Esto significa una inversión en personal para que haga la renovación de la mezcla cuando sea necesario y también para ir sacando a los insectos que van cayendo en la bandeja. En cambio, para los huevos de trips se utilizan las trampas plegables con sacos de polipropileno negro. Una vez que el adulto deja la postura, se revisa la trampa y se eliminan manualmente.

OTRAS ALTERNATIVAS EN LABORATORIO

Un grupo creciente de empresas está instalando sus propios laboratorios de control biológico, en especial, para la crianza de algunos insectos benéficos. Algunas empresas han estado liberando parasitoides de huevos o de larvas pequeñas que se desarrollan para el espárrago. El que más se ha usado es un parasitoide de huevos del género trichogramma, una micro avispa muy diminuta, que se come los huevos de los lepidópteros, sobre todo de Copitarsia y Chloridea virescens, dos de los fitófagos presente en el espárrago.

Guillermo Sánchez, asesor, especialista en espárragos.

Igualmente, el manejo integrado involucra el uso de bacterias benéficas, para la elaboración de insecticidas biológicos en base a Bacillus thuringiensis o el virus de nombre Poliedriosis nuclear, para el control de larvas de lepidópteros, tanto durante el ciclo del cultivo como en la cosecha.

También existe una serie de fuentes orgánicas, como los bioles, que generalmente se inyectan vía sistema de riego, básicamente, para el desarrollo del sistema radicular. Como otras medidas referidas, el consultor explica que el uso de los bioles no es determinante si no complementario al uso, por ejemplo, del nitrógeno.