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Junio 2021 | Fitosanidad

El éxito o el fracaso se juega fundamentalmente desde pre flor hasta inicio de cuaja

Herramientas para hacer frente al oídio

Debido a la ausencia de variedades de uva de mesa resistentes al oídio, la única herramienta para combatir esta enfermedad es el control químico, con programas que involucran diferentes fungicidas y con aplicaciones realmente efectivas. Siendo necesaria una estrategia preventiva, en el mercado han comenzado a ganar espacio algunos fungicidas ‘cero residuos’ que han demostrado ser eficaces y pueden ser usados como un complemento a los fungicidas convencionales para hacer frente al patógeno.

En Perú, sobre todo en la zona norte, el oídio es por lejos la principal enfermedad que afecta fruta y follaje en la uva de mesa. Para esta enfermedad no existe un control genético basado en variedades resistentes, el control de la enfermedad descansa exclusivamente en el control químico. Esto implica un amplio desafío productivo, en cuanto al manejo de límites máximos de residuos y a posibles desarrollos de resistencia.

Fernando Riveros, investigador independiente y asesor internacional en fitopatología.

En primer lugar, esta es una enfermedad que presenta ciertas características particulares, entre ellas, el hongo es un parasito obligado, es decir que no es capaz de crecer sobre hojas u otras estructuras muertas o en descomposición. Además, tiene muy pocos hospederos, siendo prácticamente el único, la especie vitis; su colonización es por micelio superficial externo, siendo las estructuras vegetativas nuevas de la planta las mas susceptibles, entre ellas las hojas recién brotadas.

Para hablar del agente causal de la fase asexual del oídio de la vid, el investigador independiente y asesor internacional en fitopatología, Fernando Riveros señala al Odium tuckeri, y en la fase sexual menciona al Erysiphe necator. Para Erysiphe necator se identifican tres biotipos o grupos genéticamente diferentes. “Hay un grupo que ha sido denominado grupo I, que está en Europa y Australia, que es el que debería predominar en Perú y Chile, según las características observadas. En Europa y Australia también está el grupo III, pero en nuestros países no estaría presente. El grupo II han sido, básicamente, definido y determinado en India”, explica. La diferencia de estos biotipos es que los del grupo I invernan como micelio y conidias en yemas dormantes. “Esta es una característica que nos hace pensar que nuestras poblaciones de oídio están compuestas por biotipo de tipo genético I”, precisa.

Cuadro 1. Tiempo generacional del Oídio

Cuando hablamos del biotipo del Grupo III, se define genéticamente como aquellos individuos o aquellas poblaciones que invernan como chasmothecios, ex cleistotecios, sobre la corteza. Al ser estructuras de origen sexual, se asume que no estarían presentes en el país. “Si bien es cierto que en Perú no se ha descrito la infección de estructuras de origen sexual, sí estamos rodeados por algunos países vecinos que ya lo presentan y en el caso de Perú, en algún momento, podría aparecer. La importancia de la detección de estructuras sexuales, en el caso del oídio, se relaciona fundamentalmente con la diversidad genética y eso produce individuos con una mayor capacidad de adaptación y otras características”, advierte.

El programa de control se juega desde pre flor hasta inicio de cuaja, que son los estados fenológicos de mayor susceptibilidad.

Además, comenta que este patógeno ha ido variando en algunas de sus características originales. Se ha determinado individuos tolerantes a temperaturas sobre 30°C, como en un inicio se pensaba. “Hoy, en laboratorio, hemos detectado individuos que son capaces de seguir esporulando a 33°C. Eso significa: diversidad genética”, explica. En esa línea, refiere que en su momento se hablaba de que del envero o pinta hacia adelante, no había que preocuparse del oídio, porque no tenía la capacidad de crecer en esos sustratos ricos en azúcares que le podrían ser desfavorable. En la actualidad, es posible que individuos dentro de la población patógena sean capaces de provocar infecciones después del envero.

Como parte de su variabilidad genética, menciona que han comprobado una mayor virulencia. ¿Qué significa esto? Una mayor capacidad de causar enfermedades, incluso en corto tiempo, con explosiones de infección que dañan rápidamente al cultivo. Otro tema adicional de gran importancia es su potencial resistencia a fungicidas, fenómeno que dificultaría enormemente el control de la enfermedad. “No está descrito actualmente, pero hay que prestar bastante atención porque en algún momento se puede presentar”.

ALERTA A LA PRESENCIA DEL PATÓGENO LA FASE SEXUAL

Los conidióforos son las estructuras que están soportando o produciendo las conidias, y se forman en oscuridad.

En Chile, refiere, a partir del 2004 se han encontratado estructuras del origen sexual (chasmotecios). “Estas inicialmente eran detectadas al final de la temporada. Hemos desarrollado numerosas investigaciones al respecto, pero no hemos podido documentar hasta el momento el desarrollo de infecciones a partir de estas estructuras. Es decir que no ha sido posible establecer el ciclo sexual de la enfermedad”, dice.  En todo caso, sugiere a los productores peruanos buscar este tipo de estructuras en el cultivo y estar pendientes de lo que podría ocurrir a partir de ello.

Por el momento, señala que tanto en Perú como en Chile, se sigue pensando que la principal estructura para la propagación de la enfermedad son las conidias, para infecciones primarias y secundarias. “Esa es la estructura que a nosotros nos define el tipo de mecanismo que tiene el patógeno para propagarse y distribuirse, y eso claramente está descrito y obedece a poblaciones que son del grupo genético I, descrito en la literatura”, apunta.

Independientemente del tipo de grupo que este presente en el país, ya sea con estructuras sexuales o sin estructuras sexuales, explica que el efecto ambiental es el elemento más preponderante para determinar la marcha de las infecciones. En particular, el factor temperatura es el que comanda la velocidad de reproducción y establecimiento del oídio sobre la planta. En segundo lugar, la humedad atmosférica juega un papel bastante importante.

Susceptibilidad varietal

Históricamente, siempre se identificó como las variedades más susceptibles la Crimson y Superior, pero en la actualidad las variedades nuevas presentan al menos un nivel de susceptibilidad similar o superior. ¿Por qué? Porque todas ellas son muy vigorosas y presentan una gran cantidad de racimos. “Cuando hablo de protección en flor, con las nuevas variedades, tengo por lo menos cuatro generaciones de racimos en la misma planta, en plena flor. Eso nos ha dificultado bastante los programas de control. Hemos tenido que acortar mucho los intervalos de floración”, explica.

Entonces, cuando se habla de las nuevas variedades, estas presentan bastante desarrollo de estructura vegetativa que le juega en contra, porque todos los días crecerá tejido susceptible nuevo. Asimismo, presentan floraciones largas y desuniformes, muchas generaciones de racimos y una alta producción de racimos y pámpanos. “Los racimos imperfectos que van quedando colgados nos ofrecen una permanente fuente de inóculo”, advierte. En especial, en la zona norte del Perú, todo esto se observa por la alta tasa de crecimiento.

En un ensayo que se hizo en laboratorio con poblaciones chilenas, comparadas con las californianas, no había  diferencias en el impacto de la temperatura en las generaciones de oídio. En base a ese ensayo, el experto precisa que todas las poblaciones, cuando las sometían a temperaturas artificialmente controladas de 8°C, demoraban 25 días en desarrollar una nueva generación de esporas. En tanto, cuando la temperatura se encontraba en el segmento entre los 23° y 30°C, todas las poblaciones tuvieron una similar respuesta: cada 5 o 6 días desarrollaron una nueva generación. “Lo que pude determinar, particularmente en Piura, es que la velocidad de reproducción que presenta el patógeno está relacionado al número de horas que están expuesto los tejidos de las plantas a temperaturas entre 23° y 30°C. Además, está el tema del tejido vegetativo en Piura, donde la tasa de crecimiento que tiene la planta por la combinación de humedad relativa y temperatura determinan la aparición de tejido susceptible todos los días”, apunta tras agregar que en Ica esto al parecer sería diferente.

En todo caso, indica que el número de horas y el rango de temperaturas definirán la velocidad de multiplicación del patógeno. En un principio, se consideraba que el patógeno no le era favorable la humedad y que solo progresaba más rápido en los sectores más húmedos del corte, que eran los que se veían más infectados. Sin embargo, algunos estudios en Chile y en otras partes, demuestran que la humedad relativa es muy importante.

La exposición de la luz también juega un papel importante en las infecciones. Los conidióforos, las estructuras que están soportando o produciendo las conidias, se forman en oscuridad. En tanto, la formación de conidios o esporas si son dependientes de la luz.

Por consiguiente, para la formación de estas estructuras, son tres elementos a tomar en cuenta: la temperatura, el principal; la humedad relativa, que determina la tasa de germinación que presentan las conidias; y la luz que va a interactuar para la formación de conidióforos y la formación de conidias.

NO HAY VARIEDADES RESISTENTES AL PATÓGENO

Desde el hospedero, comenta que en la actualidad no hay variedades resistentes al patógeno. Incluso, algunas variedades son más susceptibles que otras y dentro de ellas hay estados fenológicos que presentan una mayor susceptibilidad, “sobre todo a la floración e inicio de cuaja”, precisa.

En un estudio que se realizó sobre diferentes variedades de vid se determinó que los estados fenológicos de alta susceptibilidad en todas las variedades estudiadas fueron floración e inicio cuaja, según comenta. En ese estudio comparamos una protección completa, desde brotes de 30 cm hasta la pinta. “En esos años, cuando empezábamos a restar las aplicaciones de brotes de 30 cm, no determinaba un mayor efecto. Tampoco había un impacto importante en los niveles de infección si no se incluia la pre-flor. ¿Qué pasaba cuando restábamos la aplicación de flor?  Inmediatamente, incrementaba el nivel de infección y, cuando sumábamos floración e inicio de cuaja, la infección era extremadamente severa e incontrolable”, explica.

Entonces, el éxito o el fracaso del programa de control se juega fundamentalmente desde pre flor hasta inicio de cuaja, que son los estados fenológicos de mayor susceptibilidad.  Si se comete algún error, alguna mala elección de fungicidas o no tomar en cuenta estos estados fenológicos, esto es irreversible, advierte el especialista.

Igualmente, resalta que resulta fatal llegar a la floración con una alta densidad de inóculo, porque es muy probable que el programa de control va a estar extremadamente exigido y será imposible no cometer algún error.

UNA ESTRATEGIA BASADA EN EL CONTROL PREVENTIVO

Las conidias serían la principal estructura para la propagación de la enfermedad.

Las estrategias de control de oídio son absolutamente preventivas en base al control químico, porque la idea es mantener protegido el tejido sano, cuando empiecen a caer las primeras esporas de oídio. El objetivo es evitar parar una infección en curso, puesto que resulta muy difícil, muy incierto y costoso,  y se necesitarían de muchas aplicaciones en corto tiempo. “Esto genera problemas de costo, porque se tendrá que programar aplicaciones que están fuera de nuestro programa de control”, apunta.

En esa línea, la expectativa es lograr una aplicación efectiva, que permita al productor alcanzar el mayor nivel de cobertura posible de todo el tejido que deba proteger. Como parte de ello, el experto recomienda utilizar una maquinaria adecuada con equipos regulados, para alcanzar esos altos niveles de cubrimiento. Lo primero que suele fallar en este caso es la regulación del equipo, que puede estar relacionado con la presión o la velocidad con que el operador hace trabajar el tractor. Explica que la aplicación efectiva se logra con una velocidad del tractor de 3.5 km/h, como la más adecuada para alcanzar los mejores cubrimientos. Además, hay que tener definida la presión, los ramales, el tipo y estado de la boquillas, agrega. Lamentablemente, comenta, las aplicaciones se suelen hacer a una velocidad de 6-7 km/h y eso no alcanza para cubrir todos los tejidos que se deben proteger.

Si bien en el mercado existe una gran oferta de fungicidas que son específicos para el control de la enfermedad, estos, según subraya Riveros, han mejorado mucho. Por ejemplo, en el caso del polvo mojable, este ha sido transformado en gránulos más uniformes con un tamaño de partículas adecuado para proteger mejor los tejidos. Detalla que existen algunas tecnologías a través de las cuales uno puede medir la granulometría que se necesita para la formulación, no solamente en cuanto al tamaño de partículas, sino a la uniformidad de las suspensiones concentradas, polvo mojable, emulsiones y otros.

LA IMPORTANCIA DE TENER EN CUENTA EL MODO DE ACCIÓN

Asimismo, se han venido incorporando nuevas moléculas que son altamente eficaces para el control de la enfermedad, y ello es un tema importante. En las estrategias de control químico hay que conocer el modo de acción que presenta cada formulación.

En cuanto a las diferentes etapas que tiene el proceso de infección, menciona el  crecimiento del tubo germinativo, formación del apresorio, comienzo del crecimiento del micelio y colonización y la colonización total de los tejidos. “Una vez que el patógeno penetra en el tejido, se multiplica y se distribuye ya subcuticularmente”, refiere.

Frente a ello se cuenta con una serie de fungicidas y el experto refiere que se deben tomar en cuenta los modos de acción para establecer una secuencia técnicamente. “Cuando se menciona que en el oídio es necesario el control preventivo es porque se debe aplicar en el tejido sano para evitar el crecimiento del tubo germinativo de la conidia”, apunta.

Cuadro 2. Principales fungicidas y su modo de acción

Riveros indica que la mayoría de los fungicidas o casi todos los fungicidas, tienen un modo de acción preventivo. Allí figuran las quinolinas (quinoxifeno) junto a las benzofenonas (metro fenonas, pyriofenonas) y carboxamidas que trabajan preventivamente. También están las estrobilurinas con el kresoxy metal, trifloxystrobin, y Azoxystrobin.

En el segmento curativo, está representado por un solo grupo de fungicidas, que son los inhibidores o triazoles, cuya capacidad consiste en detener una infección en el periodo de incubación. Añade que igual esto puede ser difícil porque en la incubación  no se ven síntomas, pero la vid está infestada. Refiere que el periodo de incubación de cualquier enfermedad es el periodo que pasa entre que cae la espora y se ve los primeros síntomas. En el caso de oídio, pueden ser no menos de siete ni más de diez días. Como Triazoles se encuentran el tebuconazole, difenoconazole y penconazole. En el caso de productos con modo de acción de contacto o preventivos, figuran el azufre, metrofenona, ciflufenamida, quinoxifeno, meptil dinocap, proquinazid. Todos ellos con una alta eficacia.

LA IMPORTANCIA DE UNA AMPLIA PARRILLA Y LA TENDENCIA POR LOS FUNGICIDAS CERO RESIDUOS

El contar con diferentes opciones de fungicidas se debe a que la estrategia está basada solamente en el control químico y se debe evitar la pérdida de sensibilidad. “Todos los años debemos hacer numerosas aplicaciones, las poblaciones van mutando y se van haciendo resistentes o van perdiendo la sensibilidad a ciertos grupos de fungicidas”, destaca.

Menciona que en Chile se realizan monitoreos constantes de cómo va la sensibilidad de las poblaciones y cómo es la eficacia de los productos. Agrega que se ha observado con mucho pesar que estrobilurinas es uno de los grupos químicos a los cuales el patógeno se ha ido haciendo menos sensible. Si bien se continuan usando, se evita su uso en los estados de mayor susceptibilidad a la enfermedad.

Una de las características que deben cumplir estos programas de control químico, es que tienen que cumplir tolerancias a un cierto número de activos, sobre todo del mercado europeo que es muy exigente. Por ello, Riveros indica que algunos ingredientes activos están siendo cuestionados y, por tanto, se ha comenzado a dar mayor peso a los fungicidas cero residuos. “Los considero una interesante alternativa, porque tienen potencial bastante alto, pero deben ser utilizados dentro de un programa de control que les permita expresar su máximo potencial”, afirma. Así, por ejemplo, comenta que no es lo más recomendable su uso para proteger floraciones o inicio de cuaja. Esto especialmente cuando las nuevas variedades de vid presentan diferentes generaciones de racimos y floraciones largas y desuniformes. Probablemente, agrega que en ese momento sería un riesgo extraordinariamente alto.

Entre los productos ‘cero residuos’ están los microbianos (seres vivos) o no microbianos. En el caso de los microbianos, están la Trichoderma harzianum, pero cuando hablamos de no microbiano, figuran algunos elementos que son sintetizados a partir de microbianos o de alguna bacteria, como es el caso de extractos en base a Bacilus subtilis. En el caso de oídio, los aceites también son elementos ‘cero residuos’, pero tienen alguna limitación en su uso. En la actualidad, refiere que existen por lo menos 140 productos que están basados en microorganismos a nivel del mercado mundial.

“Ahora insisto, esto no ha sido fácil, hemos seleccionado durante muchos años las mejores formulaciones cero residuos, en ese lapso se han descartado muchas por su pobre acción contra la enfermedad, para poder estar seguros de su uso. En muchos casos ha tomado hasta cinco temporadas, para poder tener el mejor ajuste y la mejor formulación.  Lo que hemos seleccionado y utilizado dentro de los programas de control, no es una cosa que haya sido prueba y error si no que básicamente han sido elementos que han demostrado bajo diferentes condiciones, programas y variedades, una serie de características positivas “, comenta y añade que las estrategias de control son cada vez más exigentes, con más desafíos importantes relacionados al patógeno y a las nuevas variedades de vid.