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Uva de mesa

11 de mayo de 2022
En uva de mesa

¿Es posible eliminar la resistencia a fungicidas?

¿Es posible eliminar la resistencia a fungicidas?

Independiente de la especie frutícola, cada vez es más corto el listado de moléculas químicas para realizar un manejo fitosanitario. Esto complica el diseño de programas de control para hacer frente a ciertas enfermedades de gran agresividad en uva de mesa, como es el oídio en Perú. Consultamos a dos expertos para que analizaran este tema y pudieran entregar recomendaciones que todo productor debiese tener en cuenta para eliminarlas, o bien, reducir su efecto.

Por Marienella Ortiz

En algunas campañas se reportan hasta treinta aplicaciones de fungicidas, en especial en el norte del país, donde las altas temperaturas exacerban la presencia de una enfermedad muy temida para los productores, como es el oídio. Ese número, antes citado, refleja lo complicado que es para un agricultor diseñar un programa fitosanitario, más aún si debe tener en cuenta la rotación de ingredientes activos, para evitar la resistencia a los fungicidas.

Dr. Walter Apaza Tapia.

“En el Perú, las oidiosis es una enfermedad de hongos que tiene una gran incidencia y que dificulta el manejo de la uva de mesa, porque se ha adaptado a condiciones áridas, convirtiéndose en muchos casos en enfermedades endémicas”, sostiene el Dr. Walter Apaza, investigador del Departamento de Fitopatología Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM). Y este escenario se complica con las restricciones a límites máximos de residuos (LMR) en los mercados de destino. Pero eso no es todo, porque también están las exigencias de los propios supermercados y otros clientes que, en muchos casos son más restrictivas, exigiendo a los productores el uso, por ejemplo, de solo cinco o cuatro moléculas químicas como residuos en el producto cosechado o incluso reducen los LMR a un tercio de lo permitido en la legislación de los países destino.

El oídio es la enfermedad que más incidencia tiene en Perú, sin embargo, no es la única, porque, en mayor o menor medida, también tienen presencia e incidencia en otras como botrytis y mildiú, que pueden generar resistencia a fungicidas, como ha ocurrido ya en algunos momentos.

Marcela Esterio.

“El primer fungicida que generó resistencia a oídio fue Benomyl, en 1977. Después hubo otros con los que pasó lo mismo: Quinoxyfen, en 2002 y, posteriormente, Thiophanate-Methyl en 2005. En el caso de las estrobilurinas, las primeras detecciones de resistencia fueron con Azoxystrobin en 1999 y Trifloxystrobin el 2002”, grafica la fitopatóloga (Mg. Cs.), Marcela Esterio, investigadora responsable del Laboratorio de Fitopatología Frutal y Molecular de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile que, en términos generales, explica que la resistencia es un sistema de adaptación del hongo frente a un compuesto que con lleva un cambio genético, por lo tanto, es un cambio heredable. “La mutación va a bloquear el punto de acción del fungicida «el blanco», y puede generar que sea más o menos virulento o que el hongo sobreviva más o menos”, explica.

Por ello, ambos investigadores plantean algunas claves importantes que pueden ayudar a los productores a lidiar con el riesgo de generar resistencias a los funguicidas en un contexto mundial que pone cada vez más límites al uso de agroquímicos.

Antes de elaborar el programa fitosanitario, los productores deben tener claro cuál es el nivel de sensibilidad de las poblaciones fúngicas predominantes en sus predios a los fungicidas disponibles en el mercado y conocerlas, porque la población existente en sus predios es el resultado de todos los tratamientos y manejos que ha recibido el cultivo en las temporadas anteriores. “Las poblaciones de un predio cualquiera serán distintas a las de un huerto vecino. Incluso, puede darse que en un mismo predio haya distintos cultivares reaccionando de forma diferente. Es decir, a lo mejor en un sector hay una población de mayor sensibilidad a una molécula que en otro sector del mismo huerto”, apunta.

Para medir el nivel de sensibilidad existen distintas técnicas ‘in vitro’ y algunas moleculares, que no terminan de brindar una información del todo exacta y, sobre todo, oportuna para las necesidades del productor. Porque, por ejemplo, la recuperación de una población representativa de aislados en forma pura, y las etapas posteriores de obtención de biomasa para realizar todos los procesos moleculares y el análisis de sus resultados pueden tardar 23 o más días. “Con los periodos de producción cortos que hay en Perú, eso es muy tarde para el productor, porque no se puede reaccionar en forma oportuna y conseguir un buen resultado en la temporada, advierte la especialista de la Universidad de Chile, casa de estudios donde se diseñó una técnica mediante la cual, en tan solo 48 horas tras haber tomado una muestra de flores o bayas de vid en campo, se puede ofrecer al productor información más precisa del comportamiento de sensibilidad de poblaciones de Botrytis a carboxamidas y a hydroxyanilidas, que hasta el momento junto a la mezcla cyprodinil & fludioxonil y a otros fungicidas o mezclas de fungicidas, constituyen la base de los programas de control de Botrytis.

Al disponer de manera oportuna de esta información, el productor según el resultado obtenido, podrá ajustar su programa, posicionando  los fungicidas de acuerdo al nivel de sensibilidad de las poblaciones fungosas analizadas. De esta forma, será posible diseñar programas adecuados a la condición específica del predio, aplicarlos oportunamente y obtener una mayor eficacia de control. La iniciativa que ha permitido desarrollar esta nueva técnica de diagnóstico de resistencia tiene como Slogan: “Saber ahora para aplicar mañana” y se está desarrollando con el apoyo de FIA PYT-2020-0208, FEDEFRUTA F.G. y de importantes empresas de agroquímicas presentes en Chile.

Las oidiosis es una enfermedad de hongos que tiene una gran incidencia y que dificulta el manejo de la uva de mesa. Requiere de un gran número de aplicaciones.

POSICIONAMIENTO Y  APLICACIONES TEMPRANAS

“No sacamos nada con aplicar los fungicidas si los posicionamos en épocas inadecuadas. Necesitamos evitar que esas conidias germinen y que se elonguen”, subraya Esterio. En el caso concreto del oídio, explica que es necesario partir desde muy temprano, cuando el cultivo se encuentra en estado de yema algodonosa, al inicio de la brotación, porque este hongo tiene la capacidad de sobrevivir en las brácteas de las yemas como conidias o micelios latentes.

“Si nosotros dejamos pasar el tiempo y partimos con un brote líder de 10 a 15 cm, estamos partiendo tarde”, advierte y precisa que el programa contra oídio es básicamente preventivo. “Además, hay que tener en cuenta que muchos fungicidas de gran eficiencia no controlan en oídio y en botrytis, la germinación conidial. Un aspecto importante es que el posicionamiento adecuado del fungicida evitará con el tiempo la pérdida de sensibilidad de la molécula o el inicio de resistencia”, explica la investigadora.

ROTAR PRODUCTOS EN CICLO  PRODUCTIVO Y VEGETATIVO

Como otra estrategia para evitar la resistencia, el Dr. Apaza recomienda emplear algunos triazoles y estrobilurinas que tienen LMR permitidos en el ciclo de producción. Además, se pueden usar moléculas con mayor residualidad en la etapa vegetativa, cuando no hay racimos.  “Es importante que esta rotación se realice con productos que no tengan los mismos mecanismos de acción (o códigos FRAC diferentes)”, subraya.

De acuerdo a Marcela Esterio, al inicio de la campaña de uva de mesa se deben aplicar aquellas moléculas ‘más fuertes’ o las que resulten más eficaces para la población determinada, como por ejemplo las carboxamidas de última generación. “Son muy efectivas, y la mayoría de éstas tienen efecto sobre oídio y sobre botrytis”, cuenta. “El problema más grande con estas nuevas carboxamidas es en aquellos cultivos con tiempos cortos de producción, entre flor y cosecha, porque es probable que el fruto llegue con residuos a cosecha, por ello se sugiere aplicarlas muy tempranamente previo a la flor o al inicio de caliptra rajada”, dice.

Por otro lado, indica que también es cierto que algunas de estas nuevas carboxamidas por los registros y tolerancias adquiridos en los principales mercados de destino, pueden ser aplicados más tarde, incluso en envero. Ahora bien, independientemente de cómo sean las condiciones climáticas imperantes de la temporada, la segunda aplicación en Chile como en Perú, debe ser la mezcla cyprodinil & fludioxonil, mezcla que aún después de más de 20 años de uso sigue mostrando resultados óptimos de control para Botrytis.

Por otro lado, explica que existen otros formulados fungicidas en base a mezclas de IBEs y estrobilurinas que también son importantes cuando se posicionan bien. Y por supuesto actualmente en el medio se dispone de formulados de acción fungicida naturales y que no dejan residuos en la fruta, que permiten recuperar la sensibilidad de las poblaciones, o sea frenar o disminuir el riesgo de resistencia al incorporarlas de manera intercalada en los programas de control, protegiendo la vida útil, eficacia de los fungicidas de síntesis. Al respecto, adelanta que próximamente entregaran mayor información de los resultados obtenidos en las dos últimas temporadas de estudio.

Hace una década, los productos biológicos casi no existían en las estadísticas anuales de fitosanitarios, mientras que hoy en día se estima que representarían el 15% del mercado de fungicidas, convirtiéndose en una buena estrategia para la rotación de fungicidas, “teniéndolos como un complemento”, sostiene el investigador de la UNALM, sobre productos donde destacan los extractos de plantas o algunos microorganismos y sus metabolitos que ya se comercializan y que se pueden aplicar entre un químico y otro. “En extractos vegetales, tenemos los de cítricos, orégano y algunas de las plantas del té. Igual está el azufre en distintas formulaciones que se usa mucho antes de flor. Todos son buenos mecanismos de rotación y son muy útiles para una estrategia anti resistencia.”, indica.

Los programas de mejoramiento genético se han enfocado en la calidad de la fruta. La mayoría de las variedades tienen piel delgada y son muy susceptibles a hongos.

MANEJO CULTURAL INDISPENSABLE

Para frenar el ataque fúngico, el Dr. Apaza recalca que es necesario fijarse mucho en los detalles del manejo de la uva de mesa. Uno de ellos se centra en un buen manejo cultural del parrón, en especial, en lo referido a la iluminación de este. “La oidiosis, al no tener pigmentos, es muy sensible a los rayos ultravioleta. Por lo tanto, el manejo de la canopia y de la luz son claves”, advierte, sobre un manejo que no es exclusivo del oídio, sino también de otros patógeneos.

Las labores culturales son importantes y se deben realizar a tiempo, por ejemplo, el deshoje y el penduleo, para exponer los racimos a las aplicaciones. “Siempre, detrás de un quiebre, de un daño muy fuerte de oídio, hay un productor que ha dejado de hacer las labores o no ha planificado bien las labores que son claves” refiere el especialista.

Para la fitopatóloga de la Universidad de Chile, antes de realizar el deshoje (uno o dos días antes) recomienda la aplicación de algún producto biológico como, por ejemplo, un extracto de planta con propiedades fúngicas. “Se ha podido comprobar que cuando entran los trabajadores para hacer algunas labores, se produce una gran liberación en el aire de esporas. Si voy a hacer deshoje, entonces, voy a mover aire, conidias y esporas”, explica.

HACER UNA LÍNEA DE BASE

Cuando se realizan las primeras aplicaciones con una molécula fungicida que se está introduciendo en una zona o localidad, en las poblaciones de hongos que existen sobre la planta, Marcela Esterio señala que la mayoría van a ser sensibles al fungicida y muy pocos van a comportarse como resistentes (aislados naturalmente resistentes, genéticamente resistentes). Sin embargo, explica que “a medida que vamos aplicando, los pocos aislados resistentes se van a ir con el tiempo incrementando, porque no son controlados por ese fungicida y vamos a tener también la generación de aislados no resistentes pero sí menos sensibles, lo cual se traducirá con el tiempo, en un incremento de la población resistente ”, destaca.

De allí que sea importante cuando se introduce un fungicida, indica la investigadora, determinar la línea base de sensibilidad de la población fungosa a esa nueva molécula, porque puede ocurrir que en esa población exista de manera natural un gran número de aislados resistentes. “Entonces, no es que el fungicida sea malo o que no esté funcionando, sino que no es tan efectivo para esa determinada población en el campo”. De esta manera, con el tiempo y a medida que se va utilizando un fungicida, señala que se ira observando cómo va cambiando el comportamiento de esa población a ese fungicida (incrementos en los valores EC50). “Y estos cambios son el alerta para, con medidas de manejo antirresistencia, tratar de recuperar la sensibilidad de las poblaciones del patógeno a esa molécula y por ende alargar la vida útil de la misma”, explica.

¡ATENCIÓN!: NO TODO ES RESISTENCIA

Un tema que deben tener claro los productores de uva de mesa es que, si un fungicida deja de funcionar, en muchas ocasiones no se debe a que creó una resistencia, sino que se gatillaron otros problemas. Podría ocurrir que simplemente no fueron aplicados a tiempo. Asimismo, podría darse el caso de que el equipo aplicador no estaba funcionando adecuadamente, por lo que, el producto que se estaba tratando de aplicar, no llegó a la zona afectada.

En la línea del control fitosanitario, el Dr. Apaza subraya que la mayoría de variedades nuevas de alta fertilidad, cuyos programas de mejoramiento están enfocados en la calidad de la fruta, son muy susceptibles a hongos, porque sus cutículas son muy delgadas.

“Todas estas variedades licenciadas tienen cada vez un mejor sabor. Es impresionante el trabajo de los genetistas, pero evidentemente la gran mayoría de esas variedades es susceptible a oídio. La razón es que se caracterizan por tener una epidermis con paredes celulares y con cutículas más delgadas. Y eso tiene que ver con una cuestión de paladar, pues los consumidores prefieren esas uvas a otras variedades, que pueden tener paredes y cutículas más gruesas”, expone.

Para Apaza, un productor que no hizo un buen manejo de la luz, con una mala planificación, sin control sobre las aplicaciones, puede usar una misma estrategia de control que otro productor sin los mismos resultados. “No es que hayan grandes secretos. La clave está en tres palabras:  orden, supervisión y planificación”, concluye.

¿ES POSIBLE ELIMINAR LA RESISTENCIA A LOS FUNGICIDAS?

Si, señala la especialista, pero depende de varios factores, en primer lugar del tipo de fungicida (si actúa sobre un único sitio o es multisitio, si está asociado a un solo gen o a varios), del patógeno asociado (si tiene múltiples ciclos durante la temporada de crecimiento activo y en receso o tiene muy pocos ciclos, si tiene fase reproductiva sexual y asexual, si es específico o muy polífago, del nivel de variabilidad genética de la población predominante, y de factores de manejo agronómicos relacionados con su manejo). “La resistencia No es fácil de eliminar pero, sí se puede frenar o disminuir el riesgo de incrementos de resistencia y mantener la eficacia de los fungicidas de síntesis”, dice.

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