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Noviembre 2019 |Agtech

Lidera el uso de esta tecnología en América Latina

Brasil: Potencia agroindustrial y también en el uso de la agricultura de precisión

Las cifras dan cuenta de Brasil como una potencia alimentaria. Su industria agrícola es el motor de la economía, representando casi el 50% de las exportaciones y el 23% del PIB.

Se trata de un sector que se ha vuelto global, como también importante para la economía local, que incluso se ha vuelto inmune a las vicisitudes de la región. El mayor ejemplo se pudo ver en 2016, cuando el país enfrentó una recesión que redujo el PIB nacional en 3.3%, pero el sector agroindustrial creció un 3%.

Pero, ¿qué ha motivado la expansión de la agroindustria brasileña? Para muchos la respuesta hay que buscarla en la utilización de tecnología. Sin ella, hubiese sido casi imposible que Brasil hubiese superado a Australia y Canadá para posicionarse como el segundo mayor exportador del mundo de alimentos.

Embrapa, establecido en 1973, es un centro de investigación moderno y de referencia en América Latina que, en más de 45 años ha desarrollado importantes trabajos de investigación en beneficio de los agricultores locales, entre ellos, el que se estima es el más importante: la transformación de la región del Cerrado, que hasta hace unas décadas atrás era una superficie de miles de hectáreas semiáridas, las cuales hoy son cultivadas.

Otra institución importante para la industria agrícola local es la prestigiosa Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (ESALQ) de la Universidad de São Paulo, una de las cinco mejores universidades de ciencias agrarias del mundo, junto con Wageningen (Holanda), UC Davis y Cornell (EE UU) y la Universidad Agrícola de China.

PIRACICABA, EL GRAN POLO AGTECH DE AMÉRICA LATINA

ESALQ ha ayudado a transformar la ciudad de Piracicaba, en Sao Paulo, en el pilar clave del ecosistema agtech brasileño, que se prevé, se convertirá en uno de los líderes del planeta. Aquí tiene su sede AgTech Garage, el que según los entendidos es el centro agtech más importante de América Latina, donde trabaja un nutrido grupo de especialistas. No es el único, ya que ESALQ tiene su propio parque científico e incubadora de ‘startups’. Precisamente en esa ciudad tiene sede Pulse, una aceleradora agtech, fundada por Raízen (el grupo azucarero y productor de etanol más grande del mundo) junto a SP Ventures y la aceleradora argentina NXTP Labs.
Este ecosistema agtech brasileño no hubiese sido posible si no se hubiese producido una mejora de la infraestructura tecnológica, de la conectividad, la penetración móvil y la alafabetización digital. Eso, ha sido clave para el desarrollo del ecosistema agtech en el país.

A LA VANGUARDIA EN AGRICULTURA DE PRECISIÓN

Ya antes, a mediados de los años noventa del siglo pasado, se habían iniciado los primeros ensayos con agricultura de precisión (AP) en el país, cuando se trajeron las primeras cosechadoras que incluían un monitor de productividades. Tras más de veinte años, el segmento que más crece es el piloto automático, que está disponible para tractores, pulverizadores y cosechadoras. Esto produce ganancias inmediatas para el agricultor con la eliminación de la superposición y lagunas en la siembra en hileras. Además, posibilita una reducción en el consumo de combustible y un aumento en la eficiencia operativa. El mapeo de la productividad usando sensores en las cosechadoras también es popular.

Muchas tecnologías digitales a menudo son suministradas por empresas nuevas y algunas investigaciones recientes han demostrado que aproximadamente el 33% de las fincas utilizan tecnologías digitales para la gestión, monitoreo y control del transporte, aumentando al 70% en la región sureste de Brasil. Una empresa global como John Deere realizó hace un par de años dos grandes inversiones en el país: la compañía inauguró un nuevo y moderno Centro Innovación en Agricultura de Precisión y amplió su planta de cosechadoras de caña de azúcar. Ambas inversiones involucraron US$550 millones.

Para un mayor desarrollo de la AP es clave realizar una mejora de la conectividad. Si se contase con banda ancha en zonas rurales, se expandiría el uso de sensores, drones e inteligencia artificial; que permitirían duplicar el PIB agrícola en 15 años.