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Mango

19 de octubre de 2022
Dolor de cabeza para los agricultores

Alarma de un año lluvioso, alarma de Antracnosis

Alarma de un año lluvioso, alarma de Antracnosis

En años secos su incidencia en casi nula, pero todo cambia cuando hay lluvias tempranas y en exceso. Esas son las condiciones favoritas para la aparición de Antracnosis, la principal enfermedad de poscosecha que afecta al mango piurano que, con una adecuada estrategia de manejo, se puede mantener a raya y evitar que el problema se manifieste al arribo de la fruta a destino.

Renato Manrique

Enero es un mes crítico para el mango piurano. En plena época de lluvias, cuando estas comienzan temprano o son muy intensas, aparece un problema que ningún agricultor quiere tener en su fruta: Antracnosis. Causada por el hongo Colletotrichum gloeosporioides, se convierte en la principal enfermedad de poscosecha que afecta a esta especie. “Hay que tener en cuenta que este patógeno tiene un periodo de incubación de 5 días y es policíclico, es decir, sus ciclos de vida son sucesivos”, refiere el Dr. Javier Javier Alva, fitopatólogo e investigador de la Universidad Nacional de Piura, sobre un problema que, en cada ciclo, se produciras grandes cantidades de conidias, que harán que la enfermedad pase rápidamente diferentes niveles de epidemia y va a ser muy difícil su control, siendo los principales afectados los frutos.

Kent es una variedad muy afectada porque si bien su cosecha se inicia a partir de la primera semana de noviembre, puede prolongarse hasta la segunda semana de enero. “Si las lluvias son muy tempranas se va a afectar la producción que coincide con los periodos de lluvia, va a ser inmanejable la enfermedad”, puntualiza.

Esto sucede en años muy lluviosos, pero en años normales, con lluvias moderadas, se puede manejar con labores culturales y aplicaciones de productos para su manejo, “siempre y cuando estén permitidos en el mercado”. Y en años secos, como ha ocurrido en las últimas campañas, la Antracnosis pasa por desapercibida.

El patógeno, si bien es cierto no es un parásito obligado, está escondido o sobrevive en estado latente con sus estructuras de conservación en ramillas secas o con ramas débiles o frutos que se han caído al suelo, “ahí permanece como saprofito hasta que se den las condiciones adecuadas”, sostiene.

Las manchas negras son uno de los síntomas evidentes de la Antracnosis.

Si bien en el caso que el año sea lluvioso ese patógeno no solo va a afectar las frutas, sino también producirá una infección latente. “Sabemos que 15 mm de lluvia acumulados en los meses del desarrollo del fruto: septiembre y octubre, son suficientes para que el fruto que se está desarrollando se infecte de manera latente por este patógeno, que es un proceso que se lleva a cabo porque hay gotas de agua por más de cuatro o cinco horas en el fruto en las madrugadas. Y hay un chorreo de las ramas donde está el patógeno”, profundiza el Dr. Javier.

Por lo tanto, el patógeno germina y produce una estructura llamada apresorio que se adhiere a la superficie del fruto. Esto es algo que puede ocurrir en años secos, con un periodo de incubación entre tres y cuatro semanas, porque estará colonizando a la fruta que está verde, con un alto contenido de fenoles antagónicos. “Cuando empieza el proceso de maduración, empieza a colonizar debido a los azúcares que hay en el fruto”, precisa el especialista. Y luego la mancha por Antracnosis puede aparecer en el mercado de destino, porque cuando la fruta sale del país, lo hace sin la manifestación de algún síntoma.

ACTRACNOSIS FRENTE A OTROS PROBLEMAS FISIOLÓGICOS

Es importante no confundir esta mancha de Antracnosis con las manchas en el fruto debido a otras causas, que pueden ser varias. Una de ellas podría ser la aplicación de un herbicida que manchó la fruta, pero eso se ve también en el campo o a veces si la fruta estuvo mucho tiempo en la planta antes de pasar a frío o antes del procesado.

“Otras manchas que se pueden producir son aquellas producidas, por ejemplo, por Alternaria, así como las pudriciones de pedúnculo por Aspergillus, Lasiodiplodia, Penicillium o Rhizopus que son hongos que están en el ambiente”, afirma el Dr. Javiero, aunque reitera que el principal problema en producción sigue siendo la Antracnosis.

Sin embargo, el experto explica que en la zona muchas veces se tiende a confundir la Antracnosis con otros problemas derivados por el manejo de la fruta. “Por ejemplo, las variedades más susceptibles son el Criollo de Chulucanas, el Chato de Ica y el Rosado de Ica. Siguiendo en ese orden el Edward, el Kent y el Tommy Atkins, pero creo que hay mucha confusión y todos lo quieren tratar como si fuera Antracnosis”, precisa, añadiendo que a veces se trata de alguna mancha ocasionada por la picadura de algún insecto o algún raspado que hace que la fruta tenga un color negro. En esa línea, apunta que todo tiene que ser en base a diagnósticos precisos, pues recuerda que en Piura esta enfermedad está presente desde 1998.

Para disminuir el potencial de inóculo se deben eliminar ramillas y ramas secas.

MANEJO Y CONTROL OPORTUNO DE LA ENFERMEDAD

Para el control, los agricultores deben tomar precauciones, ya que incluso en un año seco se deben hacer las labores de poda, para que entre luz a las plantas. “Es clave regular el ingreso de luz, no exageradamente tampoco y eso asegura en cierta manera una mejor pigmentación de la fruta y eso tiene una relación inversa con infección por Antracnosis. Las podas de entresaque, las labores culturales es lo básico”, resalta.

Añade que, si se pretende controlar un patógeno solo con aplicaciones, es un error, pues hay que conocer las fuentes de inóculo. “Si vemos que se alberga en las ramas o ramillas secas que están en el suelo, habrá un mayor potencial de inóculo”, describe. Por ello, es crucial disminuir el potencial de inóculo, eliminando ramillas, ramas secas, mejorando el flujo de luz. “Es decir, regulando con poda”, advierte. “Tras eso, pensaremos en productos químicos que sean permisibles o en productos biológicos”, agrega, sobre una estrategia de manejo que continua tras las labores de poda.

Por ejemplo, se aplican fungicidas cúpricos tras la poda y un mes antes del inicio de la floración. “Luego ya no se aplican porque los frutos y las flores son sensibles al cobre, pudiendo causar daño”. Después, mensualmente se recomienda iniciar un programa de aplicaciones de productos permitidos por el mercado de destino. Al respecto, el Dr. Javier señala que los productos biológicos recomendables son los extractos vegetales y productos químicos a base de cobre, pero ensayando previamente si es que afecta o no a la fruta. “Ese sería un buen manejo, pero de ahí a que se haga o no depende de cada agricultor”, puntualiza.

Las floraciones tardías son muy afectadas por el oídio.

MONITOREO PREVIO A LA MADURACIÓN

Los agricultores saben que es imprescindible hacer un monitoreo y cosechar frutos antes de madurar, que posteriormente se lavarán cuidadosamente, eliminando el pedúnculo para envolverlos en papel y someterlos a un proceso acelerado de maduración con etileno. “Cuando maduran los frutos se examinan y ahí se verá si aparecen las manchas negras”. De esta forma, explica que de 3 a 4% de ensayos que ha realizado en estudios la universidad con tesistas, en un año seco normalmente puede tener entre 2 o 3% de frutos con infección latente de cada 100 frutos que se cosechan. Eso va a depender también de la zona, de la variedad, de cómo están manejando la sombra o las fuentes de inóculo del patógeno, siempre y cuando lo manejen bien culturalmente. “Y claro que aumentará si es que no se ha hecho bien”, advierte el experto.

Esa técnica se puede aplicar fácilmente en campo y no solo permite determinar la infección latente por frutos que están afectados por Antracnosis y que no muestran síntomas. También permite determinar frutos que podrían estar infectados de manera latente por el hongo de Lasiodiplodia theobromae. “Este hongo que invade por el pedicelo, va internamente por el pedicelo y luego avanza rápidamente hacia todo el fruto. Es diferente, o sea nos vamos a dar cuenta y nosotros podemos decir estamos encontrando frutos afectados en un porcentaje de infección latente por Lasiodiplodia, por Colletotrichum y otros no conocidos”, enfatiza.
En ese escenario, el experto apunta que de esta forma sabe lo que sucederá, pues se puede monitorear o tomar acción en esos momentos, pero se tornará difícil cuando ya la enfermedad en ciernes, es decir la Antracnosis ya manifiesta en campo. “Esto es porque si llueve, el hongo se diseminará rápidamente y puede adquirir niveles de epidemia e incluso afectar hasta el 100% de la producción”.

El decaimiento y muerte de árboles es un problema observado en muchos campos.

OIDIO, OTRA SERIA AMENAZA

En cuanto a otras enfermedades, el oídio es una enfermedad endémica, que se presenta todos los años con mayor o menor intensidad. Y su intensidad está en relación de acuerdo a como se haya manejado el follaje. En variedades de floración temprana (abril-mayo) no hay ningún problema con este patógeno, pero en floraciones tardías (agosto-septiembre) son muy afectadas por el oídio y ocasiona una pérdida en el cuajado de los frutos, estando estos recién están cuajados. “Ya cuando el fruto tiene más de un mes ya no ataca, pero si ocurrió en el momento del cuajado, entonces los frutos se van a caer, se van a ver afectados, de tal modo que se dañará la calidad”, precisa.

En floraciones tardías en una variedad como Kent, está enfermedad se hace muy persistente porque hay una acumulación de inóculo. Hay algunas floraciones tardías en Edward que se deben proteger contra el oídio y tener un programa de aplicación. Caso contrario ocurre con las floraciones de Edward en el mes de abril, pues los agricultores no deben preocuparse por el oídio, solo podar y dar el flujo de luz necesario. “Pero si después hablamos de la población de inoculo de un patógeno policíclico, si explota alcanza niveles de epidemia”, refiere el Dr. Javier.

Ante ello el manejo tiene que ser preventivo, “pues ya sabemos nosotros que el patógeno es endémico, y que se intensifica en agosto-septiembre”, apunta. Entonces -puntualiza- se deben dejar aplicaciones preventivas cuando se observa que en la medida que sube la temperatura el crecimiento de la panícula será más rápido, “o a veces en campo hay árboles que tienen más frutos y tienen otro flujo de floración, entonces ahí ya está el problema del oídio”.

Para las aplicaciones se recomiendan los productos químicos permitidos como los azufres, desde el primer indicio de la enfermedad, “no esperar panícula abierta porque son productos preventivos, que protegen a la panícula en ese estado de desarrollo”. Si la panícula al día siguiente creció 2 cm más ya no será efectiva la protección, “por eso es que ahí las aplicaciones se hacen cada seis o siete días, pudiendo llegar a hacerse hasta tres o cuatro aplicaciones”, finaliza

Patrones enanizantes, ¿una real posibilidad?

La influencia de los patrones en el rendimiento cuantitativo y cualitativo del mango es un tema relevante que viene siendo investigado por instituciones como la National Mango Board (NMB). En ese sentido, el Dr Javier señala que sería ideal que los productores puedan contar con patrones enanizantes. “Hay ensayos, pero si queremos tener mayor densidad de árboles tenemos que pensar en patrones enanizantes y mejorar la producción con mayor densidad de árboles. Ese podría ser el futuro digamos más cercano de la producción de mango en Piura, aumentar la densidad, pero con patrones enanizantes”, enfatiza y añade que, si se estudian los patrones enanizantes, el crecimiento del follaje va a ser lento y podrán tener mayor densidad de árboles por hectárea, ya no 150 o 200, de repente hasta 800. “Así mejoraríamos la producción y la calidad de la fruta porque la vamos a poder manejar mejor. Y además el manejo de enfermedades siempre deberá ser preventivo, pues las labores culturales son claves para enfrentar este tipo de problemas”, sostiene.

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