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Frutales Exóticos

18 de octubre de 2021
En busca de una nueva alternativa productiva

Pitahaya, un dragón asoma entre los campos del Perú

Pitahaya, un dragón asoma entre los campos del Perú

Debido a su creciente demanda, bajo requerimiento hídrico y condiciones ambientales favorables, la pitahaya es un cultivo que viene ganando atractivo entre los productores locales. Germán Caballero, especialista en el cultivo de pitahaya, destaca como etapas claves para la producción la selección del material genético, el sistema de conducción adecuado y la realización de aplicaciones nocturnas. Debido a su alta demanda en Europa, su buena vida postcosecha y su adaptabilidad en la costa y selva peruana; sugiere la siembra de la variedad de pitahaya amarilla Palora.

Miriam Romainville Izaguirre

El ingeniero agrónomo Germán Caballero ha sido testigo de los inicios del desarrollo de pitahaya en el Perú. Durante cuatro años formó parte de una de las empresas pioneras en la exportación del llamado ‘fruto del dragón’: la firma de capital colombiano Agrokaru. “El 2013 fuimos a Ecuador y logramos introducir en el país la variedad Palora. También teníamos una variedad de Israel y una de Chachapoyas. Iniciamos el manejo técnico, la etapa de aprendizaje y logramos el 2017 exportar por primera vez a Europa”, recuerda Caballero, quien es uno de los cocios fundadores de Epic Farms, que asesora, comercializa y procesa pitahaya para empresas agroexportadoras como Berries del Perú.

Hoy la pitahaya es un cultivo que se asoma con más fuerza en los campos peruanos, principalmente porque es atractivo no solo en términos de demandar menos recurso hídrico y no requerir muchas aplicaciones, sino por su precio y alta demanda en el mercado interno. “Se está incrementando la demanda de la fruta. Es un cultivo que logra tener buenos rendimientos en el tiempo”, destaca Caballero. Si bien las exportaciones han disminuido —en el 2018 se alcanzó un pico al registrarse envíos por 17 toneladas, en el 2020 el volumen se redujo y se ubicó en 0.842 toneladas—, se prevé que con la apertura de nuevos mercados como EEUU nuevamente tomarán impulso. En su momentos los envíos disminuyeron principalmente porque era más atractivo comercializar la fruta en el mercado local, debido a los precios.

“El Perú tiene la ventaja de ser un invernadero natural. Aquí podemos producir pitahaya de calidad sin tantas aplicaciones, y es un cultivo apto para zonas con baja disponibilidad de agua”, anota Caballero. Agrega que a la pitahaya se le atribuyen varios beneficios nutricionales. Es fuente de antioxidantes naturales, lo que ayuda a reducir la proliferación de radicales libres en el organismo, que son los responsables de la aparición de tumores cancerígenos y otras enfermedades graves. Contiene vitamina C, previene gripes y resfriados; entre sus propiedades también destaca su contenido de captina, sustancia que funciona como tonificante natural del corazón y contribuye a relajar el sistema nervioso. Además, cuenta con riboflavina (vitamina B2), vital para la producción de glóbulos rojos.

Alternativas de material genético .

PASOS CLAVES PARA LA PRODUCCIÓN

Existen algunos requisitos básicos que se deben cumplir para empezar a cultivar la pitahaya que demanda una inversión inicial de US$27,000 el primer año. “La idea hacer un buen análisis de suelo, de los recursos hídricos, de la conductividad eléctrica (CE), que no debe ser muy alta, lo ideal es que esté entre 0.5 a 2.5”, explica y añade que este cultivo tiene problemas de desarrollo en suelos muy salinos.

El tamaño del esqueje ideal debe ser de 1 m. Además debe presentar brotes maduros y vigorosos.

Otro aspecto importante es realizar una adecuada selección del material genético a utilizar. “Yo recomiendo para el Perú la variedad Amarilla Palora, es muy buena”, afirma Caballero. Se trata de una variedad que posee pocas brácteas y tiene una alta demanda en Europa debido a su buena vida de poscosecha. “Tiene 20 días en anaquel”, subraya. Otras alternativas de variedades que existen en el país son la American Beauty y Undatus, ambas de piel roja. “El problema es que no tienen buena vida de poscosecha”, aclara. Por esa razón, el experto espera que estas variedades serían óptimas para exportar a EE UU, cuyo tránsito vía marítima es de once días.

La semilla ideal debe ser de 1 m de largo. Algunos parámetros de selección a considerarse son los siguientes: tamaño de esquejes de 1 m, deben ser brotes maduros, brotes vigorosos, tener un color verde intenso, no presentar enfermedades y tener un grosor de más de 15 cm de falsa hoja. “En los viveros actuales de Perú están vendiendo de 30 a 40 cm. La idea es que el brote o el esqueje sea el más largo que se pueda”, precisa.

Al momento de hacer la instalación es clave realizar labores de preparación de suelo. “En la costa siempre recomiendo el subsolado, también se puede hacer camellones”, sostiene, tras agregar que se debe aplicar enmiendas al suelo o hueco de la planta. Se sugiere aplicar 15 kg/planta de materia orgánica, 25 g/planta de basacote y 50 g/planta de tierra diatomea.  Además es vital considerar el sistema de conducción más idóneo, que en el caso de la pitahaya vendría a ser la estructura que considera poste de cemento.

La pitahaya es un fruto que tiene una alta demanda en ciertos países europeos.

“Nosotros probamos varios sistemas de conducción. Iniciamos con espaldera simple. Vimos que no nos convenía espaldera simple, ya que llegaba a cortar a la planta y no soportaba tanto el peso. El tipo parrón sudafricano soportaba bien la planta, pero se quiebra el poste. La estructura con reja me pareció interesante, pero era un sobrecosto innecesario. No lo recomiendo. Vimos también el clásico poste y llanta, una estructura que todavía no valido bien. De ahí encontré la estructura postrado sobre piedras, pero lo que yo recomiendo es el poste de cemento”, explica el experto.

El poste de cemento debe ser de 2.4 m de altura y la distancia entre ellos debe ser de 0.85 m. “Esta estructura soporta bien el peso, tiene buena resistencia y no se quiebra. Recordemos que una planta de pitahaya puede llegar a pesar desde 300 a 800 kilos cuando está adulta”, y continúa, “la idea es evitar errores, ya que hablamos de un cultivo que te va a durar unos 20 años”.

En esta etapa también es necesario realizar una selección del sistema de riego. El experto sugiere que se use cinta de riego o manguera. “Es importante el caudal de goteo de 2 a 3 l/h. También es fundamental que el gotero caiga en la planta porque la raíz de la pitahaya amarilla no es tan densa”, comenta. Anualmente se recomienda un riego de 2,000 a 3,000 m3/año. Cabe destacar que un exceso de riego puede provocar problemas de raíz.

Respecto al manejo fitosanitario, el especialista anota que se puede aplicar el mismo programa tanto en variedades de pitahaya amarilla como rojas. No obstante, advierte que la variedad Palora sufre mucho más con ataques de nematodos. La pitahaya presenta como problemas fitosanitarios a enfermedades como Botrytis spp. y Dothiorella sp..

Recomendación de riego.

DERRIBANDO MITOS EN LA COSTA PERUANA

La pitahaya amarilla de la variedad Palora se ha acentuado en la zona costera de Motupe, Lambayeque, tras pasar por un periodo de ensayo y error. “Hay un mito de que la variedad Palora no puede producir bien en la costa, que tiene problemas de cuajado de fruta, de producción”, sostiene el especialista, pero afirma: “En Agrokaru logramos producir Palora en la costa hace seis años. Fuimos los primeros y tuvimos producciones muy buenas”. Para el experto, la clave fue realizar aplicaciones nocturnas, agoste, recurrir a la fitohormona CPPU con el objetivo de estimular la floración y poner las plantas bajo una sombra del 70%. Además, recuerda que al inicio cometieron el error de realizar las aplicaciones de día. Posteriormente se identificó que la planta cactácea asimilaba mejor los productos en la noche, ya que en ese momento se abrían los estomas.

La pitahaya es un cultivo que logra tener buenos rendimientos en el tiempo. Requiere de un cuidado en la instalación para que soporte el peso de la planta.

“Nosotros cometimos errores, aplicar de día y no de noche. Es importante las aplicaciones puntuales de aminoácidos, algas, microelementos, ya que los suelos peruanos son pobres la mayoría. Es importante la nutrición para lograr calibres mayores a 350 gr”, sostiene. Se recomienda que el programa de fertilización incluya concentración de nutrientes (N, P, K, Ca, B y Zn). Por ejemplo, al cuarto año 45 kg/ha de N, 30 kg/ha de P, 40 kg/ha de K, 4 kg/ha de Ca, 5 kg/ha de B y 7 kg/ha de Zn.

Caballero manifiesta que debido a que en el Perú los suelos son franco arcillosos, limosos y muy pesados, se recurre a la técnica del agoste, es decir, ir reduciendo el agua para que los nutrientes de la planta en la parte aérea lo acumule la raíz, al reducir el agua generas un estrés y eso la planta lo entiende como tengo que producir semillas. “Vas reduciendo los litros de riego semanal hasta que la planta se empiece a deshidratar, de ahí rompes el agoste y  empiezas a regar.  Luego con el CPPU, que es una citoquinina concentrada, lograbamos incentivar los botones florales”, explica y destaca que para tener una fruta de buen tamaño es necesario evaluar la cantidad de botones florales que emitirá la planta, para proceder posteriormente a la poda de formación. “Cada brote nuevo va a producir 1.5 frutas por rama. Uno tiene que calcular según el año para tener fruta mayor a 350 gr, es decir, fruta de categoría 1”, expresa.

Mientras el interés por la pitahaya crece, aumenta a la par la disponibilidad de conocimientos para atender un cultivo que se pinta como promisorio para el Perú. Sentar unas buenas bases que consideren aspectos como la instalación de sistemas de conducción, de riego y adecuado manejo agronómico serán cruciales para conseguir cultivos de calidad de exportación, a la espera de nuevas oportunidades comerciales.

Programa de fertilización.

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