icon-category icon-close icon-closequote icon-down icon-download icon-evento icon-facebook icon-instagram icon-lang icon-linkedin icon-lupa icon-menu icon-next icon-openquote icon-paper icon-pluma icon-popular icon-prev icon-send icon-share icon-twitter icon-ultimo icon-video icon-youtube share-facebook share-gplus share-linkedin share-mail share-twitter

Enero 2021 | Aguacates

Productora de aguacate Daniela Canessa

“Marcamos plantas por varios años para seleccionar las más productivas”

La ingeniera agrónoma Daniela Canessa produce aguacate en dos fincas antioqueñas, una en la zona de El Peñón y la otra en la de Sonsón. El proyecto de los Canessa en Colombia comenzó hace poco más de ocho años, pero en Chile la familia es dueña de Viveros Limache, empresa que ha abastecido de plantas a la industria del aguacate chilena por ya casi 45 años. Viveros Limache fue socio del proyecto que desarrolló en Chile los portainjertos clonales de aguacate. Todos los viveros que producen plantas clonales en Chile, hoy tienen vendida su producción a dos años plazo. En base a su gran experiencia en el frutal, tanto en Chile como en Colombia, Canessa nos señala las ventajas y desafíos del cultivo del aguacate de exportación en Colombia.

Daniela Canessa se define como parte de una familia de agrónomos. “La mayoría somos agrónomos. Tres hermanos somos agrónomos tal como nuestro padre, más dos hermanas que también trabajan en la empresa familiar”. La empresa familiar a la que se refiere Canessa corresponde a un vivero que desde hace casi 45 años trabaja propagando aguacates, entre otros frutales, desde los inicios del desarrollo de la industria del aguacate chilena. Desde antes de que apareciera Hass y dicho país se subiera al carro de la exportación de esta fruta, hoy global, que en la actualidad se desarrolla también en los cerros de los Andes colombianos.

Canessa ya se había vinculado emocionalmente con el paisaje y el entorno antioqueño y del Eje Cafetero colombiano. “Hice un viaje mochileando desde México hasta Colombia. El último país del recorrido fue Colombia y fue el que más me gustó. Desde entonces me quedó la idea de que teníamos que hacer algo en Colombia”, explica la gerenta comercial y de producción de Viveros Limache, región de Valparaíso, Chile. La principal región productora de aguacate en este país sureño.

La oportunidad de realizar su idea se le presentó hace cerca de 10 años. Cuando la investigadora, especializada en aguacate, Claudia Fassio (chilena), la contactó con Gilma Orrego, hoy día gerente técnico de Wetsfalia Colombia. “Gilma me invitó a ir a Colombia, a conocer lo que estaban haciendo allá, aunque me advirtió que todavía era muy incipiente. Sin embargo, ella ya había entendido que había un potencial importante. Había aguacate, pero muy poco Hass. Me invitó diciéndome, ‘mira, acá hay una buena oportunidad para hacer un vivero de aguacate’”.

En aquel tiempo, el cultivo del aguacate era casi inexistente en las zonas que hoy son productoras de la fruta en Colombia. Sin embargo, cuando Daniela Canessa llegó a Colombia, Gilma Orrego y Pedro Aguilar (hoy gerente general de Westfalia Colombia), ya habían seleccionado tres o cuatro fincas cerca de la zona de El Peñón. Canessa fue a conocer esos terrenos junto a Aguilar y a Orrego. “Creo que los seleccionaron por su cercanía a Medellín, por el precio de la tierra… pero no sabíamos con certeza si servían para el cultivo del aguacate. En aquel tiempo el principal cultivo que se veía en la zona era el frijol. No había mucho dato agronómico, pero, Gilma y Pedro ya tenían algo de experiencia en aguacate de exportación”, señala Canessa.

Eligieron el terreno que hoy corresponde a Agrícola Los Paltos. Tiempo después Orrego y Aguilar vendieron su parte de la inversión y los Canessa invitaron al asesor internacional, experto en el cultivo del aguacate, Marco Mattar, a participar como socio en el proyecto. La finca de Agrícola Los Paltos, en la zona de El Peñón, hoy está completamente plantada y en plena producción.

Luego de cinco años cultivando en El Peñón, la sociedad Canessa y Mattar, decidió buscar otro terreno, el que encontraron en la zona antioqueña de Sonsón. Esa finca, de alrededor de 70 ha, en la actualidad está siendo plantada en base a material propagado en un vivero propio, el que hoy solo tiene fines de autoabastecimiento. “Es un vivero que instalamos para plantar Agrícola Los Paltos y para -posteriormente- vender plantas, pero que, en un principio, no nos funcionó. Lo cerramos y nos dedicamos a plantar y a producir. Pero el vivero es un proyecto que ahora estamos retomando”, manifiesta la agrónoma.

DISPONIBILIDAD Y CALIDAD DE PLANTA

– ¿Es difícil propagar aguacate en Colombia? Por ejemplo, ¿más difícil que en Chile?

– No sé si es más difícil. Pero hay que conocer muy bien el clima, las temperaturas con las que se trabaja, los tiempos de producción, los tiempos en que están listos los materiales vegetales y además, trabajar de manera muy limpia. Creo que es algo que con el tiempo se va aprendiendo. Entendí que no es llegar y hacer en Colombia lo que hacemos, por ejemplo, en Chile. De hecho, la técnica de injertación chilena, con la que comenzamos injertando en Colombia, acá no sirve, por lo que pronto incorporamos la metodología local. En principio tratamos de meter mucho de lo chileno, pensando que era más eficiente, pero, la realidad es que las condiciones son muy diferentes y uno tiene que conocer, experimentar y entender lo que se hace localmente. Luego, una vez que ya conoces los fundamentos de lo que se hace en el país, puedes decir ‘esto se pueden mejorar, pero esto otro hay que seguir haciéndolo así’.

– ¿En ese tiempo ya había poca disponibilidad de plantas?

– No había plantas, los viveros que había eran pocos y de no muy buena calidad. Entonces, hicimos un vivero que ni siquiera en Chile teníamos el vivero que desarrollamos acá. Un vivero espectacular, era hermoso y llegamos a un nivel en que la producción se nos daba muy bien, pero, después de la injertación, teníamos muchas pérdidas. Hicimos dos ciclos, pero luego decidimos continuar solo con la producción de fruta. Hasta hace cerca de un año comprábamos plantas a un vivero en Sonsón, porque ya terminamos de plantar la finca de El Peñón. Sin embargo, desde hace casi un año nuevamente estamos haciendo nuestras propias plantas. Principalmente estamos trabajando Hass sobre Hass, que es con lo que hemos tenido los mejores resultados en estos ocho años.

– ¿Cuál es el propósito de injertar sobre la misma variedad? ¿El pie corresponde a una planta mejor aclimatada a un piso térmico determinado? Por ejemplo.

– Siempre hay que injertar. Se injerta para tener un material maduro más rápido y adelantar la entrada en producción de los árboles (precocidad). Si siembras directamente una semilla de Hass, puedes demorarte siete años en entrar en producción. Además, se busca homogeneizar la variedad injertada y eventualmente, aportar al huerto alguna característica interesante que presenten los patrones, como puede ser la tolerancia a algunas enfermedades o a limitaciones de suelo. En tanto que cuando se injerta sobre criollo, muchas veces se busca que la planta que origina el patrón provenga de un entorno semejante al de la finca en que se va a cultivar, para que el sistema radical esté bien adaptado. Pero en el caso de Hass, la altitud en que se da Hass en Colombia presenta un rango bastante limitado. Más o menos desde los mil seiscientos hasta poco más de los dos mil cien metros. En nuestro caso, estamos trabajando con fruta de Hass de descarte, o sea, con la fruta que no califica para exportar. La fruta con rasset, por ejemplo, nosotros la destinamos al vivero. Ese es el origen de nuestras semillas y nos ha funcionado bastante bien. Sin embargo, es más difícil la propagación en base a Hass que en base a criollo. Es un poco más complicado porque el tiempo de desarrollo de Hass, desde la germinación hasta que logra el diámetro para injertación, es mucho más largo que en el caso de utilizar un portainjerto nativo o criollo.

– ¿A qué origen corresponde un criollo?

– Hay de todo, de todo y con distintos tipos de frutas. Pero, sabemos que un criollo es un antillano que crece en una cierta altitud y que la fruta tiene una semilla grande. Así se identifica. En Colombia debiésemos empezar a diferenciar y a seleccionar entre los criollos. Algo ya se está haciendo. Hace ocho años solo se hablaba de criollo, pero ahora ya se están haciendo categorías. Lo importante es evaluar esas herramientas y ese es un camino largo que deben recorrer los viveros, las empresas y ojalá los centros de investigación y las universidades, como se ha desarrollado la investigación en otros países.

– ¿Se está investigando en aguacate en las universidades en Colombia?

– Creo que ahora, por lo potente que está el aguacate, tendría que empezar a tomar fuerza la investigación. He visto estudios, pero más de parte de organismos estatales, como Agrosavia, que de universidades. Pero las universidades ya debieran empezar a hacer estudios de largo plazo. Por ejemplo, para determinar la productividad de Hass injertado sobre los distintos portainjertos.

LOS PRINCIPALES ERRORES QUE SE HAN COMETIDO EN COLOMBIA

– En base a tu experiencia como viverista en Chile, donde trabajas con clonales. ¿Son los clonales una alternativa para el aguacate en Colombia?

– Yo creo que son una alternativa. Pero, de nuevo, tenemos que probarlos. Hoy algunas empresas exportadoras que están trabajando con clonales. Pero están empezando. Hay un vivero que partió trabajando hace varios años con clonales, aunque no en forma masiva. Sin embargo, la calidad de la planta puede influir en el resultado en campo. Y eso es súper importante separarlo. O sea, si queremos probar un clonal en campo, lo primero es que la planta tiene que ser de excelente calidad, porque de otra forma el resultado va a ver influenciado por la calidad de la planta del vivero.

– ¿Es posible encontrar en la zona aguacatera de Colombia terrenos grandes de buen clima para el cultivo?

Daniela Canessa, Jorge Ramírez (jefe de campo), Paula Vallejo (administradora del campo) y Marco Mattar (extremo derecho) en una de las fincas en Colombia.

– En Colombia, a diferencia de, por ejemplo Perú, los campos ya plantados más grandes que he visto son de no mucho más de 200 ha. En las condiciones de Colombia, uno de los errores en que se incurre es buscar terrenos que permitan trabajar a gran escala, en vez de priorizar la calidad edafoclimática del sitio respecto del cultivo. Es decir, buscar lugares que permitan cultivar en grandes superficies, como en Perú, sin darle la importancia que tiene al clima. En Colombia hay que fijarse mucho en las condiciones climáticas y de suelo del sitio en que se va a instalar el aguacate. Cuando con Marco Mattar estuvimos en Sonsón, nos impresionó que el aguacate se veías en las casas o en parcelas pequeñas con una gran cantidad de fruta en el árbol, pese al poco cuidado y a la poca dedicación. Es un lugar que se eligió muy bien. Tiene un suelo espectacular y está precioso ese campo. Parece plantado con material clonal. El cultivo se instaló con planta de vivero y con plantas nuestras. Llevo ocho años produciendo en Colombia y no he visto, ni Marco ha visto, otro huerto tan homogéneo y con tan poca pérdida de plantas.

– ¿Lo normal es que se pierda mucha planta en el proceso de instalación de los huertos?

– Hay mucha perdida, mucha pérdida. Ya sea por calidad de la planta, porque se tuvo problemas durante la plantación, porque no llovió en el momento necesario o llovió mucho o plantaron mal. Estamos hablando de un treinta o cuarenta por ciento de pérdida. Nosotros fuimos disminuyendo las pérdidas y en los últimos bloques tuvimos muy poca pérdida, a nivel de unas cuantas plantas por bloque.

– ¿En base a tu experiencia, qué errores se han cometido o se suelen cometer en Colombia?

– Principalmente, tratar de hacer todo muy rápido. Como cualquier país que empieza a acelerar sus plantaciones porque ven que hay un buen negocio. Entonces, lo que encuentro lo planto o planto un portainjerto para injertarlo después. Todo muy rápido. De esa forma hay mucha perdida de material y de tiempo porque, finalmente, muchas de esas plantas no llegan. Hay que cambiarla y ya perdiste un año o dos años. Creo que ha sido muy precipitado en el sentido de que da lo mismo el tipo de planta o su calidad, por ejemplo.

– ¿Como cuando se planta una finca grande o varias fincas al mismo tiempo, comprando plantas en diferentes viveros?

– Claro, finalmente la consecuencia de eso es heterogeneidad. Que el material provenga de distintos viveros lleva a que, finalmente, el portainjerto sea heterogéneo. Ya sea de Hass o de una semilla criolla que no sabemos a qué variedad corresponde. Generalmente compran las semillas, ni siquiera se compra la fruta en los viveros, se compra la semilla. Eso ya es heterogeneidad y después la variedad Hass así mismo proviene de distintos campos y también es heterogénea. No sabes si ese Hass produce o no produce, si es mal productor o es buen productor.

– ¿Qué hacen ustedes en sus fincas?

– Por ejemplo, ahora estamos marcando las plantas. Todo el año estamos marcando. Esta planta fue productiva, un color. La de al lado no fue productiva, otro color. Para hacer un seguimiento de tres años al nivel de productividad de cada planta. Este material no es bueno, saquémoslo. Es bueno, reproduzcámoslo en el vivero. Eso lo hacemos hoy para nuestro campo. Eso es importante porque si es un palto de semilla, tendrá alta heterogeneidad. Se puede llegar a tener un treinta por ciento de plantas que producen muy poco o que son muy añeras. ¡El treinta por ciento del campo, imagínate! Por eso apuntar a una planta clonal, por ejemplo, es súper interesante, primero, como ya establecimos, aumentas la precocidad y además, en un clonal al segundo año ya estás produciendo. Al menos eso es lo que vemos en Chile. Todavía no tengo experiencia con clonales en Colombia. Pero, en general se apunta a precocidad, a homogenizar planta, a mayores calibres por hectárea o por planta, calibres mucho más parejos, tolerancia a problemas de asfixia o a Phytophthora, situaciones que he visto con frecuencia en Colombia.

– ¿En Colombia cuál es la principal variabilidad entre zonas productivas?

– Primero tienes grandes diferencias de altitud en Colombia, con grandes diferencias, principalmente, en la cantidad de lluvia. Hay quienes producen a mil quinientos metros sobre el nivel del mar y otros a más de dos mil cien.  Eso también influye en los rangos de temperatura en que se produce. Más alto es más frío y más bajo es más caluroso. Como consecuencia, en una zona más baja hay una mayor carga de plagas y enfermedades. Por lo tanto, uno debe pensar en un portainjerto que sea más tolerante a esa condición de plagas y enfermedades si te vas a instalar en una zona más baja. Después, en ocasiones los suelos son un poco más pesados, suelos en que encuentras arcilla a los cincuenta o sesenta centímetros. Ahí vas a tener que trabajar con portainjertos que toleran mejor la asfixia radicular. Volviendo al desarrollo de portainjertos clonales, todavía no se sabe cuál sería el mejor clon para cada tipo de suelo en Colombia o para determinada altitud o zona agroecológica. Se puede pensar en clonar un criollo que funciona bien en determinada zona y puede ser que funcione bien en el lugar donde lo encontraron, pero si lo llevan a otra zona, incluso cercana, el mismo clonal puede que no funcione.

PREPARACIÓN DE SUELO Y NUTRICIÓN

– ¿En Colombia se trabaja adecuadamente el suelo antes de plantar?

Ingeniera Agrónoma Daniela Canessa en Viveros Limache, Chile.

Ingeniera Agrónoma Daniela Canessa en Viveros Limache, Chile.

– No se trabaja mucho, se trabaja más bien de manera superficial y solo en la tasa de plantación. No a nivel de subsuelo. Por ejemplo, en lugares que no tienen tanta pendiente, trataría de subsolar en vez de hacer tantos drenajes. Se podría subsolar el terreno cada dos o tres metros para siempre tener una salida del agua. Lo propuse en algún momento y todos me miraron extrañados. Les pareció absurdo.

– Cuando se fertiliza al boleo, con mezclas de fertilizante sólidos y dependes de la lluvia, ¿no es potencialmente de una tremenda ineficiencia?

– Digamos que el sistema de fertilización en base a productos granulados para que se incorporen por lluvia, que no sabemos cuándo va a ser o no sabemos cuánto va a llover, no es idóneo. Porque puede ser un gran volumen, ochenta milímetros o ciento veinte milímetros en un día o trescientos milímetros en tres días. Es muy probable que solo quede el veinte o veinticinco por ciento de lo que aplicaste. Todo lo demás se lavó y se perdió. Entonces, como es ineficiente, generalmente tienes que fertilizar más veces y en mayor cantidad para que la planta tome lo que tenga que tomar en vista a los niveles productivos, que se espera sean altos.

– ¿Se recurre a análisis nutricionales de hojas para intentar monitorear el nivel nutricional de las plantas?

– Hacer análisis foliares es obligado. Sin embargo, en función de la nutrición, nosotros estamos haciendo algunas pruebas con sistemas de riego para determinar qué diferencia hay entre una planta con riego y otra sin riego. La que cuenta con sistema de riego se puede fertirrigar y además regar cuando se requiere, ya que pueden pasar quince días sin lluvia en un momento importante. Por ejemplo, durante amarre de fruta tener agua es súper importante. Entonces, estamos comparando las dos situaciones para determinar si vale la pena para amarrar más fruta o para determinar si la planta mejora su nivel nutricional con el fertirriego.

LAS FORTALEZAS DEL AGUACATE COLOMBIANO

Entre las principales fortalezas de la producción de aguacate en Colombia, Daniela Canessa destaca la ventana comercial a la que se puede optar en base a la producción principal, la que califica de “muy interesante”. Además, indica que de existir añerismo (alternancia, vecería), este sería muy atenuado. “Entre el año on y el año off la diferencia no es tan marcada como lo que se observa en muchas plantaciones en Chile, por ejemplo. Acá en Colombia las diferencias de producción entre una y otra temporada no son tan altas. Puede ser que en un año, por ejemplo, un lote produzca veinticinco mil kilos y al otro año produzca dieciocho o diecinueve mil kilos. Eso no es añerismo propiamente tal”, señala.

Pese a que la fecha de producción en base a la flor traviesa, entre julio y agosto, aparece como menos interesante, “después, con la principal, tenemos una ventana grande gracias a las distintas zonas de producción. Hay zonas que parten cosechando en octubre y otras zonas que terminan cosechando en febrero o marzo. Entonces, tenemos una ventana amplia de dos o tres meses muy importantes que solventan en parte el consumo de Europa. Esa ventana en cuanto a precios es muy, muy importante a nivel comercial”, precisa Canessa.

En los aspectos más agronómicos, relativos a la producción en campo, la experta destaca el clima privilegiado para la producción de aguacate Hass. “Muchas veces le comento a la gente de otros países que nosotros acá no tenemos riego, no usamos reguladores de crecimiento y que así y todo producimos más que en Chile. Me dicen, ‘qué impresionante’. O sea, no tenemos clonales, usamos portainjerto criollo a lo más Hass sobre Hass. Entonces, son fortalezas que todavía hay que seguir descubriendo. Sin embargo, creo que debemos trabajar mucho la genética. Eso sí que es muy importante”, enfatiza.

Otro aspecto que sorprende a quienes no están habituados a las condiciones en que se cultiva el aguacate Hass en Colombia, es que no se incorporan agentes polinizantes, ya sean vectores, como las abejas europeas, o variedades de aguacate que aportan polen. “No usamos polinizantes, sin embargo, advierte Canessa, tampoco debemos cerrar los ojos y conformarnos. Creo que todavía queda un camino largo por recorrer. Quizás con polinizantes podemos aumentar la producción, la calidad de la fruta, el calibre, etc.”, señala la viverista chilena, productora de aguacate en Colombia.