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Banano

28 de agosto de 2020
Enfermedad letal y sin tratamiento conocido

La situación del Fusarium Raza 4 Tropical en el banano colombiano

La situación del Fusarium Raza 4 Tropical en el banano colombiano
FOTOS: Cortesía Roberto E. Barnett G. y Carlos Robles.

El comercio mundial de bananas se continúa incrementando, con países americanos y del Caribe como principales zonas de origen de la fruta y países del hemisferio norte como los principales consumidores. Sin embargo, una nueva enfermedad, para la que no existe tratamiento, amenaza a la industria mundial y colombiana del banano de exportación. Fusarium Raza 4 tropical se llama la enfermedad fungosa que amenaza a la industria mundial de este importante alimento y fuente de ingreso para países en desarrollo de zonas tropicales.

Su letalidad es absoluta y no hay tratamiento por lo que todo banano que se infecta termina muriendo; pero además el patógeno queda en el suelo en estado de latencia en espera de cualquier planta de la especie que llegue a sembrarse.

Así se describe la realidad del llamado ‘Mal de Panamá’, ocasionado por el hongo Fusarium Raza 4 Tropical, Foc R4T, del que aún las autoridades de sanidad vegetal de Colombia no han determinado su origen. La alerta por la enfermedad se emitió el 17 de junio de 2019 para los cultivos de banano orgánico del departamento de La Guajira.

Para entender la trascendencia del problema, basta decir que la patología es tan letal como la fiebre aftosa en los bovinos, la influenza aviar H5N1 en las aves, la peste porcina en los cerdos o la viruela en los humanos.

Expertos del sector especulan sobre dos posibles vías de entrada del hongo al territorio nacional: Venezuela y los mismos productores. Indican que la frontera de Colombia con Venezuela, de altísimo flujo de personas que van y vienen a diario en el ejercicio del comercio bilateral (de hogar, pues no hay relaciones comerciales), sumado a los pocos controles fronterizos en cuanto a la entrada de material vegetal, en este caso de especies de la familia musaceae, como los plátanos y los bananos.

La segunda posibilidad apunta a la entrada de material vegetal, por puerto o aeropuerto, en vistas a una práctica común que consiste en traer entre los equipajes, material de propagación (sexual o asexual) de especies vegetales para multiplicación y siembra en las fincas. Incluso, en algunos casos, estas son motivo de orgullo y mostradas como ‘trofeos’, por haber burlado la autoridad sanitaria, y por su origen exótico. Las procedencias son variadas: Israel, Australia, el sureste asiático o las islas del Caribe.

En todos los casos una práctica dolosa ya que es conocido el grave peligro para la sanidad agrícola del país que representa la entrada ilegal de material vegetal. Una tercera vía de contagio la explicó el ingeniero agrónomo Carlos Robles, quien no descartó que el virus haya llegado como consecuencia del cambio climático, por lo que las mismas corrientes de aire serían las culpables de esto (ver aspectos técnicos de la enfermedad en artículo anexo).

Lo que no es tan descabellado, pues en 2016, por ejemplo, se reportó una gran masa de polvo y arena que afectó a las islas del Caribe y los países centroamericanos, traída por los vientos alisios luego de viajar 7.500 kilómetros desde el desierto del Sahara.

Luego, una vez hecha pública la amenaza y dada la alerta a mediados del año 2019, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) ya había puesto en marcha un plan de contingencia que tiene como objetivos el refuerzo en cuatro puestos de control existentes y la implementación de dos nuevos puestos para controlar el transporte de material vegetal desde la zona afectada. En paralelo se activó la verificación del cumplimiento de los protocolos de bioseguridad en las fincas y la puesta en marcha de cuarentenas en cuatro predios de los municipios de Dibulla y Riohacha, que forman parte de la zona productora de banano de La Guajira, así como el estricto cumplimiento de medidas de bioseguridad en los pasos de frontera, puertos y aeropuertos de la zona Caribe.

SITUACIÓN ACTUAL EN COLOMBIA

Hasta mediados del 2019 el llamado ‘Mal de Panamá’, ocasionado por la especie de hongo Fusarium Raza 4 Tropical, Foc R4T, no se había reportado en Colombia. Hoy, pese a llevar casi un año en el país, se ha mantenido confinado a 175 hectáreas del área rural de la ciudad de Riohacha (La Guajira), las que forman parte de un área de producción de 3.000 hectáreas. En total, el departamento de La Guajira presenta 14.000 hectáreas cultivadas con banano orgánico.

Se sabe que las 175 hectáreas afectadas por el virus no producen y están en estricta vigilancia, mientras que el área circundante -de 3.000 hectáreas- que no se han reportado como afectadas se mantiene en la misma condición, conteniendo el problema.

El brote, comenta el especialista Carlos Robles, ha sido calificado como ‘fuerte’ y para contrarrestarlo las comercializadoras y los diferentes grupos de sanidad vegetal de la cadena bananera crearon los cargos de ‘jefes de bioseguridad’ (con varios especialistas a cargo) que dan seguimiento a todas las estrategias puestas en marcha.

La realidad en el foco de la enfermedad indica que se han hecho erradicaciones de plantaciones de banano, aunque no se sabe si fue por iniciativa de los empresarios afectados o fue por decisión de la autoridad sanitaria colombiana, en este caso el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA); situación que hasta ahora no ha sido claramente informada a la prensa.

Dicha entidad ha implementado acciones con el fin de prevenir la diseminación del hongo a otras zonas bananeras, entre otras, la prohibición de entrada de material vegetales de banano, plátano y heliconias ornamentales, provenientes de países con presencia de la plaga; la inspección en los puertos, aeropuertos y pasos fronterizos del material de propagación que ingresa al país y actividades de educación y comunicación dirigidas a los productores, para que estén informados y realicen las actividades de vigilancia, monitoreo y prevención en sus cultivos.

Otra de las líneas de acción ha sido la cuarentena cerrada, para continuar la inspección de este material y seguimiento hasta su lugar de establecimiento en el campo, vigilancia fitosanitaria en zonas bananeras de exportación -donde se siembra principalmente banano Cavendish- como Urabá, Magdalena y La Guajira; vigilancia en el resto de áreas productoras de banano y plátano del país, principalmente en zonas fronterizas; y el envío de muestras sospechosas al laboratorio Nacional de Diagnóstico Fitosanitario del ICA y otros laboratorios externos, para descartar la presencia de la plaga.

En cuanto a la comercialización de la fruta al exterior, los compradores no la han rechazado, puesto que es un problema de las plantaciones y los suelos donde están instaladas, no de la fruta, aunque una de las primeras consecuencias de la enfermedad es la reducción de la producción, ya que se obtienen menos bananos por racimo.

Un aspecto en el cual Colombia sí ha perdido es en la venta de material de siembra, pues los mercados internacionales han cerrado sus fronteras a estos insumos.

Los especialistas consultados indicaron que, para el futuro inmediato, la producción bananera de las áreas afectadas y las del vecindario continuará, pues cuentan con el apoyo del ICA, de las comercializadoras y de los mismos propietarios de las fincas para mantener las medidas de bioseguridad que se exigen en estos casos.

También colaboran en esta labor agentes de la industria de los insumos agrícolas, tales como los proveedores de los productos y servicios requeridos para que las fincas funcionen.

Por último, algo de lo que no se ha tenido en cuenta es que, al parecer, no se habría analizado con el suficiente rigor científico a las flores ornamentales exóticas que provienen de las musáceas como las llamadas Heliconias, Bastón del Rey, Ave del Paraíso, Candelabrillo y Platanillo, entre otras musáceas y que actualmente se exporta hacia mercados como el de los Estados Unidos. Estas se producen hoy en las zonas del Eje Cafetero, Putumayo, Antioquia y Cundinamarca.

 

Universidades y centros de investigación, en Colombia y el mundo, con las mayores capacidades fitopatológicas en banano

En Colombia. La universidad del Magdalena tiene dos maestrantes (Laureano Ordoñez y Antonio González) desarrollando investigación en fusarium. En cuanto a centros de investigación a nivel nacional solo se da en Cenibanano y Agrosavia.

Y en el mundo. Existe mucho liderazgo en la universidad de Queensland y el tecnológico de Queensland, también en Taiwan está el TBRI, en África esta la UNISA (Universidad de Sudáfrica), Embrapa como centro de investigación en Brasil y en países bajos la universidad de Wageningen

CARACTERÍSTICAS DE LA ENFERMEDAD Y POSIBLES SOLUCIONES

La raza 4 tropical del hongo que causa el Mal de Panamá, forma estructuras de reproducción resistentes a condiciones ambientales adversas y mediante las cuales puede garantizar su sobrevivencia en el suelo y en residuos de plantas afectadas por varias décadas.

Cuando se siembran plantas susceptibles en un campo contaminado por el hongo, las estructuras de sobrevivencia del hongo estimulan su desarrollo y atacan e invaden todo el sistema vascular de la planta, impidiéndole la absorción de agua y nutrientes, trayendo como consecuencia final la muerte de los vegetales.

El hongo continúa desarrollándose y reproduciéndose en la planta afectada y se pasa a las plantas vecinas, dejando gran cantidad de estructuras de sobrevivencia en el suelo, convirtiéndose en un foco de infección para todo el huerto. Entre las formas de dispersión del hongo se tienen el material de propagación y residuos de plantas infectadas, así como el suelo adherido al calzado, herramientas, maquinaria y vehículos, todo lo cual puede transportar estructuras del hongo.

También se propaga por el agua de lluvia o proveniente de escorrentía o de riego, la que puede arrastrar estructuras del hongo de un sitio a otro. Incluso se puede diseminar mediante artesanías, confeccionadas con material vegetal de banano, plátano, heliconias y otras musáceas, a veces provenientes de terceros países.

Una solución, adoptada por los cultivadores de musáceas de la zona del Ariari (Meta), apunta al cambio del sistema de producción en vistas a la enfermedad del Moko, causada por la bacteria Ralstonia solanacearum. En esa zona se utiliza la práctica llamada ‘Siembre, coseche y tumbe’, donde se usa un solo material vegetal para lograr una cosecha; una vez se recolecta la fruta, se erradica la totalidad del área plantada con el fin de que la bacteria no encuentre un hospedero fijo donde quedarse.

Esta práctica también es popular en el cultivo de plátano, donde se puede comercializar fruta de diferentes características, sin importar el tamaño, por ejemplo, algo imposible en banano, pues el mercado mundial exige diámetros de fruta y calidades específicas. Además, el costo de la plantación haría inviable el negocio.

Para solucionar el problema de las zonas de producción de banano de exportación, varios centros de investigación y productores de meristemos de diferentes países, implementaron líneas de investigación para buscar material resistente al ataque del patógeno. Vale la pena señalar que dichas investigaciones solo han llegado, en algunos pocos casos, a la fase de tolerancia, no de resistencia, pero aun solo en ambientes controlados, o sea, en laboratorio. Sin embargo, estos materiales no pueden ser ingresados en Colombia, pues el comercio de este tipo de productos se cerró como consecuencia de la enfermedad; al igual que el material vegetal de Colombia no puede salir hacia el exterior. Se sabe que el ICA está trabajando en un protocolo sanitario para la importación de ese material vegetal al país.

DESCRIPCIÓN DEL ‘MAL DE PANAMÁ’

Es una enfermedad causada por el hongo Fusarium oxysporum f.sp. cubense, que desarrolla en el suelo y afecta las plantas de la familia de las musáceas como el plátano y el banano. Las plantas atacadas manifiestan un amarillamiento en las hojas más adultas, desde los bordes hacia la nervadura central y las hojas afectadas se doblan por la base quedando colgadas en la planta, luego se secan y mueren. En algunos casos se produce rajamiento en la base del pseudotallo.

Al examinar la planta internamente, se observan coloraciones marrones o rojizas en los tejidos del cormo y del pseudotallo. El hongo puede sobrevivir hasta por más de 30 años en el suelo y en los restos de las plantas infectadas, gracias a que forma estructuras de resistencia llamadas clamidosporas.

El hongo entra en la planta a través de las raíces e invade el sistema vascular xilemático del cormo y del pseudotallo, donde continúa moviéndose, desarrollándose e iniciando nuevas infecciones. Esto trae como consecuencia la obstrucción y taponamiento de los haces vasculares que reducen el movimiento de agua y nutrientes en la planta.

En estados más avanzados de la enfermedad, el hongo produce grandes cantidades de estructuras reproductivas -como conidias y clamidiosporas- las cuales retornan al suelo cuando la planta muere y permanecen en dormancia durante años. El ciclo se repite cuando las clamidiosporas germinan e infectan nuevamente la planta.

Esta especie de hongo presenta varias razas. La ‘Raza 1’ se encuentra en Colombia y fue la causante de la epidemia que destruyó 80.000 hectáreas de cultivos sembrados con la variedad Gross Michel, entre los años 1890 y 1960, el principal banano de exportación de esa época. Esto obligó a reemplazar dicha variedad por los cultivares del subgrupo Cavendish (como Valery, Gran Enano y Williams), catalogados en ese momento como resistentes.

Cuando se creyó que el problema estaba resuelto, apareció en Taiwán la llamada ‘Raza 4 Tropical’ (R4T) de Fusarium oxysporum f.sp. cubense, considerada como la más agresiva y con capacidad de afectar los cultivares del subgrupo Cavendish, las más cultivadas en Colombia y en gran parte del mundo, tales como Valery, Gran Enano, Williams y Giant Cavendish, así como también afecta a los Gross Michel y los plátanos comestibles como Manzano, Bluggoe (Burro, Cuatro filos, Popocho, Cachaco), entre otros.

MEDIDAS DE PREVENCIÓN Y MANEJO

Con el objetivo de prevenir la introducción y propagación de esta enfermedad al país, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) publicó en su página de internet una serie de recomendaciones para las personas que tienen relación directa con la industria bananera y platanera del país, con recomendaciones de prevención como las de abajo.

No ingresar al país material vegetal de plátano, banano y heliconias ni artesanías fabricadas con esos materiales.

No ingresar a fincas en Colombia con la misma ropa, calzado, gorras, sombreros, mochilas u otros objetos, con los cuales haya estado en fincas o empresas procesadoras y empacadoras de banano, plátano y heliconias en otros países.

Si va a visitar fincas y/o empresas procesadoras y empacadoras de banano, plátano y heliconias en Colombia, siga todos los pasos de desinfección y procedimientos de bioseguridad que le indiquen en cada sitio.

Inspeccionar periódicamente sus plantaciones de banano, plátano y heliconias, y reporte oportunamente al ICA la presencia de los síntomas, especialmente si su cultivo es de variedades Cavendish.

No tomar muestras ni movilizar material vegetal y suelo de sitios sospechosos.

El comercio mundial de la banana ha mostrado un crecimiento permanente y varios países del continente americanos y del Caribe aparecen como los principales productores de esta fruta de exportación. Sin embargo, esta nueva enfermedad, para la que todavía no existe tratamiento, representa la principal amenaza fitosanitaria de la industria mundial y colombiana del banano. Hasta hoy, vigilancia, monitoreo y prevención aparecen como las únicas medidas de control del Fusarium Raza 4 Tropical, enfermedad fungosa que amenaza a la industria mundial de este importante alimento, el que representa una fuente de ingreso clave para varios países en desarrollo de zonas tropicales.

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