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Marzo 2021 | Aguacates

En diferentes zonas de Colombia

Aradura y control de arvenses, claves en el cuidado del suelo para implementar cultivos de aguacate

Antes de instalar un huerto de cualquier cultivo, es necesario hacer una preparación del suelo y considerar todas sus características para verificar si es productivo o no. A partir de ahí será necesario establecer una serie de cuidados que se deben tener en cuenta.

Si el cultivo a implementar es de aguacate, Deivis Suárez, ingeniero agrónomo de la Universidad Agraria de Colombia, indica que cualquier suelo que vaya a ser destinado a este tipo de plantaciones requiere de una adecuada preparación, que innegablemente viene subordinada a determinadas circunstancias, destacando la topografía del terreno, dado que en suelos accidentados se dificulta la preparación del mismo.

“Se requiere de labores de aradura profundas con descompactación, normalmente tres labores de aradura, permitiendo realizar un control de las arvenses presentes en el terreno y limitando así la competencia. Es de resaltar que, dado que el marco de plantación del aguacate es muy amplio (dependiendo de la variedad), puede realizarse una asociación con otros cultivos, principalmente con leguminosas, para tener ingresos mientras se llega al pico productivo de la plantación establecida. Asociar cultivos con el aguacate lleva no solo a mejorar el suelo y su fertilidad, sino que se convierte en un aliado importante en el manejo de plagas y enfermedades”, explica el agrónomo.

Suárez también señala que, si se tiene en cuenta que la planta de aguacate desarrolla un amplio y profundo sistema radicular (raíz típica o pivotante) y que este es considerado un cultivo permanente, es evidente que se requerirán cualidades del suelo que le permitan desarrollar a plenitud su longevidad y corpulencia. Por ello, se consideran factores limitantes del desarrollo de la raíz aquellos suelos compactos y los que sean clasificados como muy húmedos.

BUEN DESARROLLO EN SUELOS PROFUNDOS, PERMEABLES Y FÉRTILES

“Este cultivo podrá desarrollarse muy bien bajo condiciones tales como suelos profundos con gran permeabilidad natural, suelos fértiles con pH que fluctúe entre 6 y 7.5, dependiendo del grupo varietal. Por otra parte, las condiciones del relieve deben ser tenidas en cuenta, así, relieves ligeramente accidentados generalmente son buenos para estos cultivos dado que difícilmente se inundan”, destaca el experto.

El ingeniero agrónomo también indica que, para este cultivo, como en cualquier otro, es esencial implementar una nutrición equilibrada que incluya macro y micronutrientes para poder obtener los mejores resultados, tanto de crecimiento vegetativo como reproductivo, lo que se traduce en rendimiento.

“Cada nutriente juega un papel específico en la producción de aguacate y por ello se requiere, desde su establecimiento en campo, posterior a la etapa de vivero, realizar una fertilización, de ser posible orgánica, a fondo de hoyo”, dice Suárez y sostiene que dentro de los nutrientes más destacados están el nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca), magnesio (Mg), sodio (Na), cloruros (Cl), hierro (Fe), cobre (Cu), manganeso (Mn), zinc (Zn) y boro (Bo).

Es de destacar que la absorción y movilidad de estos elementos en formas asimilables por la planta en la matriz de suelo estará en gran medida determinada por el pH del sustrato. “Tener un suelo con un contenido moderado alto de macro y micronutrientes no necesariamente quiere decir que sea fértil, pues pueden estar presentes en forma no asimilable y limitados por el pH. Asimismo, cada nutriente participará activamente de una u otra forma en los procesos de crecimiento, desarrollo, floración y fructificación de la planta”, agrega.

PRÁCTICAS QUE SE DEBEN EVITAR PARA NO AFECTAR EL SUELO


De acuerdo con Suárez, en la medida de lo posible, se debe evitar la realización de fertilización y aplicación de pesticidas (herbicidas, fungicidas, plaguicidas, etc.) de forma indiscriminada o sin tener en cuenta la necesidad real. “Refiero a necesidad real de aplicación a mantener monitoreo sobre agentes patógenos que permitan justificar, si estos se aproximan al nivel de daño económico en la plantación, aplicaciones de los pesticidas. Además, se debe monitorear anualmente la fertilidad del suelo, incluidos el pH y conductividad, dado que ello se convierte en el insumo principal para el establecimiento de planes de manejo de fertilización”, explica.