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Octubre 2020 | Empresas

Un sistema radicular interactuando en un suelo vivo, es sustentable en el tiempo

Cuando pensamos en sustentabilidad productiva, sin duda alguna pensamos en las raíces. ¿Pero qué hacemos al respecto?: ¿Que estrategias definimos para optimizar el status de éstas? ¿Incorporamos analítica a nivel radicular para diseñar una estrategia productiva? ¿Trabajamos en proporcionar condiciones mínimas para su desarrollo exitoso?

Alvaro Azancot Rebolledo

Foto: Gentileza Dra. Viviana Escudero

Sin duda estamos todos muy conscientes de que la sustentabilidad radicular es sustentabilidad productiva y lo que hagamos por mantener su capacidad de explorar, almacenar y exportar tendrá una implicancia directa en la calidad y condición del producto. Mantener potencial productivo del suelo es mantener potencial productivo de la especie que lo habite.

Uno de los atributos dinámicos que más se pierde con el paso de los años es la calidad de aireación de los suelos y por lo tanto, su vida. Si hablamos de suelo productivo, hablamos de una buena capacidad de infiltración de agua y por ende aireación en profundidad de ese suelo. Bajo sistemas de producción intensivo tradicional, vamos perdiendo actividad biológica, afectando la dinámica en su química y alterando la normal resiliencia de los suelos y dando lugar a suelos compactados, inertes y vulnerables. Eso es perder potencial productivo.

Entonces la apuesta es mantener ese potencial de suelo vivo. Un objetivo primario es flocular. Podemos flocular de diversas formas, pero es una acción necesaria en la mayoría de nuestros suelos. Como mantener el efecto floculador, es papel de una materia orgánica interactuando. Si debemos de agregarla, que esa agregación sea eficiente y en un volumen que probablemente supere con largueza lo recomendado en etiquetas cuando la promesa viene en forma de bidón. Compost, Humus de lombriz, ácidos húmicos y fúlvicos, guanos maduros, leonardita y una lista larga de mejoradores de suelo van a funcionar muy bien si se agregan en un volumen que tenga un efecto real en el perfil. El uso de una cobertera vegetal es recomendable como parte integrante de una estrategia de recuperación o mantención de suelo, así como el uso de “mulching”, ambas muy estudiadas y reportadas como sustentabilizadores de suelo y actividad biológica.

Cuando hablamos de rizósfera, hablamos de interacción en el perfil. Esta interacción, es la relación natural que se establece entre los distintos agentes bióticos y abióticos presentes en el sitio. Mientras más rica sea la relación de la raíz con este sistema complejo, la posibilidad de que se estrese, enferme o pierda potencial productivo es mucho menor. Los sistemas productivos tradicionales se empobrecen por la pérdida de la comunidad biológica. Esto termina afectando la sanidad radicular en toda su dimensión.

Desde hace muchos años, el estudio de la actividad biológica del suelo nos habla de la extraordinaria forma en que las plantas manejan el estrés a través del establecimiento de relaciones estrechas y permanentes con hongos del suelo. Comenzamos a reconocer, que estos hongos que llamamos Micorrizas, establecen relaciones simbióticas con las raíces de la mayoría de las plantas conocidas. Esta relación le permite a estos hongos obtener productos de las plantas que éstos no pueden producir. Las plantas por su lado y gracias a esta relación, ganan un segundo sistema radicular, por lo que decimos que las micorrizas son las raíces de las raíces. Sin el establecimiento de esta relación hace más de 400 millones de años, las plantas no habrían podido colonizar la superficie terrestre.

En las endomicorrizas arbusculares las hifas se introducen inicialmente entre las células de la raíz y luego penetran en el interior de éstas, formando vesículas alimenticias y arbúsculos, de ahí su nombre.

Es aquí donde se lleva a cabo el intercambio de nutrientes, minerales y agua: el hongo absorbe agua y minerales que luego transloca hacia la planta y en retorno la planta le provee azúcares y otros productos de la fotosíntesis al hongo.

La morfología radical y el micelio externo de los hongos arbusculares determinan la utilización de iones de baja velocidad de difusión como fósforo, zinc y molibdeno. Aunque básicamente está descrito que la enorme red de hifas aumentará además la absorción de nitrógeno, magnesio, calcio, manganeso, cobre y otros. Estas hifas pueden absorber nutrientes en toda su extensión a diferencia de las raicillas que lo hacen desde sus ápices.

Si bien nutricionalmente es importante esta relación, las vesículas de la endomicorriza son capaces de almacenar agua y minerales para mejorar el manejo del estrés en las plantas en momentos en que éstos falten. Bajo condiciones de alta salinidad son capaces de “aislar” cationes y iones salinos en sus vesículas manteniendo el buen funcionamiento del hospedero.

En resumen, la simbiosis micorrízica aumenta de forma marcada la absorción de nutrientes como el nitrógeno, el potasio, el calcio, el zinc, el magnesio y especialmente el fósforo; mejora el transporte y la absorción de agua en el vegetal, así como la resistencia de la planta huésped a la sequía (Merryweather y Fitter, 1996; Alkaraki y Clark, 1998; Rivas, 1997 y Alkaraki, 1998). (Thompson, 1993; Parniske, 2008; Smith et al., 2011; Baum et al., 2015; Berruti et al., 2016). Zhao et al., 2015  remarca el papel antiestrés por sequía al mantener la producción de azúcares.

Se plantea en numerosas publicaciones, que las hifas del hongo estarían mejorando también la estructura de suelo a través de exudados como la glomalina, una glicoproteína que acomplejaría y estabilizaría los agregados de partículas del suelo, optimizando aireación y consiguiente actividad biológica. (Smith and Read, 2008; Leifheit et al., 2014)

Esto es fundamental cuando queremos mantener la calidad de infiltración de agua y oxigenación en profundidad de los suelos. La buena noticia es que este sistema hifal, es una fábrica de agregadores de suelo permanente, está vivo.

Otro de los aspectos fundamentales, es el aporte de las micorrizas en preparar a la planta para defenderse de estrés biótico como el ataque de hongos, bacterias y nemátodos (Whipps, 2004; Pozo and Azcón-Aguilar, 2007; Veresoglou and Rillig, 2012; Yang et al., 2014). La cantidad de información es abrumadora y concluyente respecto a que las micorrizas arbusculares pueden considerarse como un efectivo agente biocontrolador actuando a nivel de activación génica  proteica (Cordier et al., 1998; Dumas-Gaudot et al., 2000; Pozo et al., 2002; Zhu and Yao, 2004; Li et al., 2006)...

Con toda la evidencia que tenemos, podemos constatar que esta simbiosis es una herramienta fundamental como parte de una estrategia de sustentabilidad productiva al estar por un lado potenciando el sistema raíz/ planta y por otro, manteniendo el potencial productivo de los suelos.

Sumitomo Chemical registró en Chile su producto Endofuse, endomicorrizas arbusculares del phylum Glomeromycota y que contiene en su formulación 4 especies: Glomus mosseae, Glomus intraradices, Glomus aggregatum y Glomus etunicatum. Esta rica mezcla de especies asegura un establecimiento rápido y eficiente de los hongos. Estas especies han sido seleccionadas, caracterizadas, aisladas y propagadas desde distintos eco-sitios, lo que asegura un establecimiento seguro y exitoso en nuestras plantaciones y siembras. Estas cuatro especies suman una amplia gama de atributos que van desde facilitar la adaptación de plantas a suelos salinos hasta mejorar su comportamiento bajo condiciones de sequía.

MÁS INFORMACIÓN:

www.sumitomochemicalchile.com