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Nutrición

22 de marzo de 2017
Suelos más sustentables

Efectividad de ácidos húmicos y otras enmiendas

Efectividad de ácidos húmicos y otras enmiendas

Hallar suelos buenos y aptos para la actividad agrícola no es fácil en Chile. “(Hoy) Se requiere de mucha suerte para encontrar un suelo de buena calidad”, afirma Óscar Seguel, investigador de la Universidad de Chile, quien ha estudiado el impacto en el suelo de los ácidos húmicos y otras enmiendas orgánicas, para controlar erosión, corregir propiedades físicas o problemas químicos y así mismo para mitigar contaminación por metales pesados. El experto ha encontrando evidencias concretas de su beneficio aunque advierte que su persistencia es de corto plazo, por lo que se requiere de aplicaciones anuales.

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Cada temporada hay menos suelos nuevos para incorporar a la agricultura. En concreto, el porcentaje no supera el 7% en Chile, cuando en otros países de la región esa cifra es mucho mayor. Sólo en el pequeño Uruguay se dispone de un 70% de tierras aptas para ser aradas e incorporarlas a la agricultura. Y es que el impulso por transformar a Chile en potencia alimentaria ha llevado a agotar la disponibilidad de un recurso que es escaso. Por ello es que desde hace un tiempo se están mejorando suelos de baja calidad agrícola para incorporarlos a la producción de alimentos.

Históricamente, en Chile ha habido ejemplos de procesos de degradación de suelos. Se han usado de mala manera, como ocurrió con la llamada ‘fiebre del oro’ cuando se produjo cereales en la cordillera de la costa de las regiones VI, VII y VIII. También ha habido una sobre explotación agrícola debido a un exceso de laboreo que ha provocado pérdida de estructura e incluso se tienen problemas por mal manejo del agua de riego.

Todo ello provoca una disminución de la superficie agrícola, a los que hay que sumar las pérdidas por contaminación debido a la actividad minera o incluso por el crecimiento de las ciudades, ya sea porque la tierra agrícola se ha perdido bajo el pavimento o por la extracción de áridos. 

Por lo tanto, hallar suelos buenos no es fácil. “Hay que tener mucha suerte para encontrar un suelo de buena calidad”, afirma el ingeniero agrónomo Óscar Seguel (Ph. D.), profesor de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile, quien señala que habrá que estar atento a las condiciones que impone el suelo para poder suplir sus deficiencias. Pero, ¿hasta dónde se puede usar la tecnología sin caer en el abuso? “Claramente hay que hacer muy eficiente el sistema mediante adecuadas tecnologías de riego, fertilización y la adaptación de perfiles de suelo cuando éstos están estratificados, a través de la construcción de camellones”, afirma.

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Según el profesional, a veces se confía en exceso en la tecnología y se olvidan las señales que envía el suelo, básicamente porque son silenciosas. Por ello es que surgen las enmiendas húmicas como un apoyo al reciclaje habitual que se debe inculcar a los agricultores. En este contexto, “es importante el reciclaje de la materia orgánica, componente que tenemos que devolver porque es la condición natural del suelo”, precisa el académico. En los trabajos realizados por la Universidad de Chile han visto que los ácidos húmicos se pueden orientar a cuatro grandes áreas de manejo: control de erosión, corrección de propiedades físicas del suelo, corrección de problemas químicos y contaminación por metales pesados.


Control de la erosión

El valle de Apalta, en la VI Región, es una zona donde ya no hay buenos suelos agrícolas. Es una de las mejores zonas del país para la producción de cepas tintas en la parte alta, mientras que la parte baja, hacia Chépica, está cubierta de maíz y de viñedos de cepas blancas. “Se ha desmontado la parte alta de las laderas, ya que en temporada de lluvias suele haber mucho arrastre de granito, por ello es que hay que tomar las medidas preventivas para evitar esa pérdida de suelo”, sugiere Seguel. A modo de entender el fenómeno se establecieron parcelas de control de erosión aplicando como tratamiento una emulsión orgánica líquida comercial y el clásico mulch de residuo vegetal. “Las aplicaciones de la emulsión en dosis comerciales no resultó ser tan efectiva ni se potenció con el uso del mulch, sino que fue el mulch el que generó mejores resultados. Sin embargo, en estas condiciones en particular, cualquier mecanismo mínimo de control está generando una mejora”, explica el especialista de la Universidad de Chile. 

En la IV región también se probaron las enmiendas húmicas y no se logró establecer diferencias en lo que es escorrentía de sedimentos, pero sí en los factores de enriquecimiento de carbono y arcilla. “Los ácidos húmicos sí estarían protegiendo micro agregados, evitando la pérdida de partículas más finas y de la materia orgánica”, aventura el experto.

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Corrección de las propiedades físicas del suelo

“Cualquier enmienda que se aplique al suelo traerá beneficios”, afirma Seguel. Eso lo comprobó tras trabajar en un huerto de paltos de la IV Region, con camellones de suelo arcillosos a los que nunca se les había aplicado materia orgánica. El ensayo consistió en aplicar diferentes alternativas, como por ejemplo compost, pero este solo se quedó en la superficie y no se logró incorporar en el camellón, sin embargo, “aun así tuvo un efecto”, apunta.

Por su parte, los húmicos de aplicación líquida fueron fácilmente incorporados por el agua de riego, con un requerimiento de menor dosis respecto de otras enmiendas clásicas. Así mismo aplicaron una poliamida a base de espinas de pescado con residuos orgánicos y cultivos de cobertura. “Todos lograron una disminución de la densidad aparente, situación que implica una mayor porosidad, logrando también una mejor calidad de los poros en el suelo. En el testigo había pocos poros gruesos, siendo que en un cultivo como el palto, que es sensible a la falta de oxígeno, un 15% de porosidad debiese ser una condición mínima óptima, condición que se logró con cualquiera de las enmiendas que se utilizaron”, explica Seguel. Asimismo, se comprobó que el efecto de los ácidos húmicos se potencia cuando van mezclados con algún rastrojo o con la materia orgánica nativa del suelo.

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En otro ensayo con camellones, pero esta vez en cítricos, también en la IV Región, al momento de construir los camellones se les agregó residuos de trigo de la temporada anterior, aplicando además un ácido húmico (tratamiento 4, ver gráfico nº3). “La acción del rastrojo de trigo con el ácido húmico generó un efecto benéfico por sobre los demás tratamientos, y su aplicación continua, por hasta tres años, mantiene la misma tendencia”, afirma el experto de la Universidad de Chile.

Los expertos estudiaron además la densidad aparente, que se traduce en una mejor distribución con mejores tamaños de poros para almacenar mayor agua aprovechable. Incluso encontraron que se tenían menores requerimientos de riego, permitiendo aumentar la frecuencia a 20 días, con una mayor cantidad de agua aprovechable. “En suelos arcillosos aún no logramos encontrar la explicación. Tenemos capacidad de campo, el punto de marchitez permanente (PMP), como la zona de almacenamiento de agua, en la que el ácido húmico baja el PMP. Es decir, van expandiendo a los poros ultra finos, transformándolos en poros de retención de agua”, explica Seguel.

 

¿Cómo saber cuál es el mejor?

 “La clave sobre la elección correcta de un ácido húmico pasa por buscar el producto adecuado para el problema que se desea atacar”, sostiene Seguel. Comercialmente, los precios varían de US$6 a 12/kg, dependiendo del agente activo que contengan y también de las dosis que recomiendan los fabricantes. Pero, según el especialista, existen diferencias de calidad. Actualmente en el mercado hay productos que son fabricados en Alemania, España o China, con claras y obvias diferencias de calidad. “La empresa alemana, cuando fabrica un producto, le realiza un tratamiento térmico para generar un cambio en la leonardita, lo que genera más grupos reactivos y eso hace que tenga una acción un poco más efectiva, pero los productos chinos no vienen con ese tratamiento. Tienen una acción que no es inmediata y ni tan potente como respuesta”, precisa. Ante la pregunta de qué usar y cómo usarlo, Seguel es claro: “Es un tema de honestidad de quien recomienda un producto u otro y le dice al agricultor ‘este es tu problema y este producto podría responder bien’. Yo prefiero dejar los consejos y que cada persona tome la decisión”.

Corrección de problemas químicos 

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Históricamente, el ácido sulfúrico se ha usado con carbonatos, y en vista que mejoraba la infiltración de agua se siguió recomendando. “Hemos visto que con un menor riesgo ambiental y una baja dosis de aplicación, el ácido húmico puede igualar o superar en algunas propiedades al ácido sulfúrico”, indica el especialista.

Para el caso de suelos salinos o suelos con problemas de salinidad realizaron un estudio con un porcentaje de sodio intercambiable del 40% (PSI). “Considerando que suelos sódicos están por sobre el 15%, éste suelo tenía mucho sodio en los sitios de intercambio y además tenía problemas de salinidad, de 4 decisiemens por metro”, precisa.

Tres meses después de haber hecho diferentes aplicaciones de enmiendas (el clásico yeso, compost, óxido de calcio y ácido húmico), se logró bajar el índice de salinidad y el porcentaje de sodio intercambiable, “donde el compost y el ácido húmico estarían actuando más bien de un modo físico, mejorando las condiciones estructurales para facilitar el lavado de sales. Las enmiendas químicas como el yeso y óxido de calcio tienen una estrategia más química, por lo que su acción es mucho más rápida, reemplazando el sodio dentro de los sitios de intercambio para poder facilitar el lavado; mientras que el calcio –por su parte- ayuda por su efecto estructurante”, explica Seguel.

Asimismo, el óxido de calcio fue mucho más rápido y al primer mes se habían notado los efectos. Sin embargo, el calcio genera un efecto negativo por exceso de resistencia. Por ejemplo, “un poroto para germinar no debe tener más de 30 Newton de resistencia y en este caso se supera ese nivel. La diferencia está en las enmiendas, que logran un buen efecto y, en general, todas ellas mejoran la velocidad de infiltración”, destaca Seguel.

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Contaminación con metales pesados

Los trabajos de Seguel y su equipo se han centrado en un ácido húmico que tiene un efecto quelatante, que inmoviliza al cobre y no lo deja lixiviar. “Hemos encontrado que hay ácidos fúlvicos que favorecen su movilización, y que pueden usarse como estrategia durante el año para recuperar suelos, para hacer fito estabilizaciones o fito extracciones. A nivel productivo hemos visto que no hay resultado en los aspectos de suelo, aunque la planta sí responde”, explica Seguel. Por ejemplo, en un huerto de cítricos con tres años de aplicación de enmiendas húmicas, hay mucha mayor producción de raíces finas respecto de un control sin tratamiento. 

Además, en un trabajo conjunto desarrollado con el Centro de Estudios de Zonas Áridas (CEZA) han encontrado que los ácidos húmicos ayudan a mejorar la eficiencia de uso de agua, permitiendo aumentar el agua disponible dentro del suelo para que la planta la use con una mayor eficiencia, es decir, produciendo más materia seca, ya sea en la hoja o en la fruta. “Existen evidencias concretas del beneficio de los ácidos orgánicos sobre las propiedades del suelos, sin embargo, su persistencia es de corto plazo y se requieren aplicaciones anuales”, finaliza Seguel.

Entender la naturaleza de los ácidos húmicos y su modo de acción facilitará su uso en los huertos en las dosis correctas. Ya sea solos o asociados a otro tipo de enmiendas son útiles para solucionar problemas específicos.

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