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Marzo 2017 | Empresas

Seguro climático en vides, un sistema para protegerse ante lo inmanejable

Recogimos la experiencia de Elías Valdés y sus hermanos en viñas de Peralillo, VI región, quienes lograron sobreponerse a la helada polar de 2013 y a las lluvias en la cosecha de 2016 gracias a la contratación del seguro agrícola. También conversamos con Juan Carlos Sepúlveda, gerente de Fedefruta, sobre la importancia de expandir este modo de protección.

Elías Valdés Fernández, ingeniero agrónomo, gestiona su empresa Agrícola y Ganadera Las Casas de Calleuque, ubicada en Peralillo, VI Región. Su campo proviene de un fundo que se dividió entre siete hermanos. Cada uno trabaja de forma independiente, sin embargo son socios en una octava empresa donde comparten temas como el seguro agrícola, que contratan desde hace alrededor de una década.

Según comenta Valdés, la agricultura es una de las pocas actividades donde existe un factor externo casi 100% inmanejable, como es el clima, “por eso apenas surgió la posibilidad de limitar este riesgo, no dudamos en tomar los seguros. Ellos permiten asegurar un ingreso al menos equivalente al costo, frente a un evento climático que puede ir desde daños leves a pérdida total del cultivo”, explica.

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sany0398-sElías Valdés Fernandez  (Foto de arriba)

 Juan Carlos Sepúlveda (Foto de abajo)

DOS EVENTOS GRAVES EN MENOS DE CUATRO AÑOS

El agrónomo recuerda dos eventos climáticos en los que pudo comprobar la importancia de estar asegurados.

La gran helada polar de 2013 los alcanzó a inicios de brotación de los viñedos, afectando en distinta medida a las diferentes razones sociales que conforman el grupo. En conjunto con la Compañía de Seguros decidieron continuar con la póliza hasta la cosecha para ver la capacidad de las parras de rebrotar con yemas secundarias menos productivas. Terminado el proceso se compararon los kilos asegurados con los volúmenes cosechados. Las empresas que tuvieron diferencias entre los kilos asegurados y lo obtenido, recibieron la indemnización. “El proceso fue fácil y rápido”, atestigua Valdés.

En abril de 2016 cayeron primero 200 mm y siete días después otros 40 mm, cuando todavía no cosechaban ni el 10% de la producción. Las enfermedades fungosas, en especial botrytis, aparecieron rápidamente, sin posibilidad de control químico, por la cercanía de la cosecha. En varios de los predios no se podía ingresar.

“Nos visitó un liquidador, en dos oportunidades. En la primera constató la presencia agresiva de hongos y observó que la calidad de la uva daba para una pérdida total. Pero dado que la industria requería de la materia prima, acordamos hacer el esfuerzo por cosechar en la medida que la empresa compradora nos siguiera recibiendo, de manera que el seguro cancelara la diferencia con lo estipulado en la póliza. Aun así, nos quedó un 30% de la superficie sin cosechar. Por efecto del daño de los hogos en los racimos, con rotura de piel y deshidratación, sumado a la caída de granos por pérdida de firmeza, los rendimientos cosechados cayeron al comienzo de la cosecha a un 70% de lo proyectado y ya a finales de cosecha (principios de mayo) bajaron a un 50%. Además, lo cosechado fue de muy mala calidad. El liquidador presentó los informes a la compañía y estamos en espera de la resolución, pero no tenemos duda de su aprobación, dado que mantuvimos siempre un estrecho contacto tanto con la compañía como con el liquidador”, cuenta el entrevistado.

–¿Vale la pena tomar seguros en momentos de retornos bajos para la vitivinicultura?

–Los productores todavía podemos mejorar en la eficiencia de los costos, y con ello no privarnos de algo tan escaso en la agricultura como es la seguridad. Las tasas actuales de las pólizas son de aproximadamente 5%, y el Estado financia una parte de este valor, hasta un monto de 80 UF de subsidio. Es cierto que la industria vitivinícola pasa por un período de muy estrecha rentabilidad y es ahí donde uno tiene que tomar decisiones. Si uno persevera en el negocio, la gracia es sortear de buena manera los años difíciles a la espera de que la situación se revierta, y un seguro da certeza por el lado del clima. La pérdida total requerirá de muchas buenas temporadas para recuperarla. El seguro presenta una excelente oportunidad, no para ganar dinero sino para al menos salvar los costos.

“OJALÁ ESTUVIERAN ASEGURADAS TODAS LAS HECTÁREAS PLANTADAS”

Juan Carlos Sepúlveda, gerente de Fedefruta, coincide con lo señalado por Elías Valdés en cuanto a la característica distintiva que juega el clima en el negocio agrícola.

–El seguro contra las inclemencias climáticas en las diferentes especies frutales, entre las que está la uva de mesa, es tan necesario porque la empresa está al aire libre y se trata de un factor incontrolable. Tenemos heladas, sequías, lluvias y todos los imponderables, particularmente ahora con el cambio climático, La Niña, El Niño, que producen distorsiones bastante seguidas– explica.

¿Por qué la penetración de los seguros climáticos todavía no llega al nivel de los países desarrollados?

–Muchas veces el tema del costo del seguro tiene una relación directa con el número de asegurados; de eso depende la prima que se cobra. Ojalá estuvieran aseguradas todas las hectáreas plantadas, porque así tendríamos una prima más baja. Es justamente ese el trabajo que hay que hacer.

A través de Weisser Corredores de Seguros y HDI Seguros, Fedefruta se incorporó como Aglutinador de demanda en Agroseguros y sus asociados tienen un 10% adicional de subsidio.

–Mantenemos una relación estrecha con Agroseguros (ex COMSA) y con las empresas de seguros que están participando directamente –comenta Juan Carlos Sepúlveda–. Creemos que hay que difundirlo, no solo el Estado, sino también como gremio. Es un deber informar a nuestros asociados y en general a los fruticultores que existe este instrumento y que es necesario tenerlo dentro de los costos del negocio, justamente por lo que te comentaba inicialmente: este negocio no tiene techo ni ventanas, por lo cual se necesita poder atenuar esta variable o controlarla lo máximo posible.

SEGURO AGRÍCOLA UVA DE VINO/UVA DE MESA

El Seguro Agrícola HDI Seguros permite recuperar el capital de trabajo invertido en el cultivo asegurado de Uvas, en caso de resultar dañado por uno o más de los fenómenos climáticos cubiertos por la póliza. La cobertura básica comprende heladas y granizo; la cobertura full incluye además lluvia, viento y nieve.

El costo varía desde un 3% hasta el 12% del monto asegurado, según zona de plantación, especie y variedad. El subsidio del Estado puede llegar hasta 80UF por póliza. En la comuna de Casablanca, el huerto debe contar con sistemas de control de heladas. El deducible aplicable al monto asegurado es de un 20-25% en uva para vino y 25-30% en vid de mesa.

Para un productor de Uva de Mesa que tiene 30 hectáreas (ha) y un rendimiento estimado de 20 toneladas (t)/ha la producción total será de 600 t. Si su costo de producción es de 15.000 dólares/ha el valor asegurado por tonelada alcanzará en promedio los US$750. Por lo tanto, el monto total asegurado corresponderá a US$450.000.

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