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Uva de Mesa

01 de agosto de 2022
Estudio de AIN Consultores:

Proyecto dirigido a esclarecer la detención de crecimiento de brotes

Proyecto dirigido a esclarecer la detención de crecimiento de brotes

Se han postulado muchas explicaciones para este fenómeno que impacta sobre el rendimiento y calidad de la uva de mesa. Con el propósito de que los números hablen sobre el camino a seguir, el equipo del asesor Rodrigo Sapiain ha logrado sumar a viveristas, empresas genetistas, exportadoras y productores, en un proceso donde se evaluarán sistemáticamente las posibles causas. Aunque la recolección de datos ya se inició, todavía está abierta la posibilidad de sumarse.

Por Francisco Fabres y Miguel Patiño

El desorden fisiológico conocido como “detención del crecimiento de brotes”, “crecimiento retardado” o “retraso en el crecimiento de primavera”, provoca un fuerte impacto en el vigor de las plantas, un lento desarrollo de los brotes, escasa producción de masa foliar en floración y una recuperación tardía del crecimiento a inicios del verano. Esta situación afecta directamente tanto la productividad como la calidad de la fruta y ha generado un serio dolor de cabeza para los productores.

La brotación detenida ha ocurrido de forma transversal con la mayoría de las variedades injertadas, pero varía dependiendo de la zona y el clima. En Atacama el problema se presenta en los sectores más cercanos al río Copiapó, mientras que en Aconcagua y la Región Metropolitana tiende a ser más crítico en las partes bajas de los valles, aunque hay campos afectados en la parte alta de los mismos. En la Región de O’Higgins el fenómeno también ocurre, pero es mucho menos frecuente.

La situación descrita ha llevado a AIN Consultores, dirigida por el asesor Rodrigo Sapiain, a impulsar un proyecto de investigación que permita identificar los factores que inciden en la ocurrencia del problema y los manejos que posibiliten minimizarlo. La empresa se dedica a consultorías, investigación y desarrollo, con más de 40 proyectos ejecutados en dos años de funcionamiento. Su enfoque apunta a gestionar soluciones conjuntas a problemáticas comunes de la industria.

La incorporación de viveros, casas genéticas de las nuevas variedades, exportadoras y productores, ha constituido el fundamento del proyecto. “Colaboración, ciencia e innovación son las palabras claves –pregona el asesor–. La información que salga y las conclusiones a las que lleguemos se basarán en interpretaciones de datos y análisis. Acá no se trata de lo que creamos; antes de especular acerca de “soluciones”, que los números hablen sobre el camino a seguir”.

MUCHAS HIPÓTESIS QUE DEBEN SER PROBADAS

Rodrigo Sapiain, director y fundador de AIN Consultores.

Rodrigo Sapiain puntualiza que “Chile por mucho tiempo produjo uva de mesa en plantas francas; cuando se extendió el uso de portainjertos, empujado por el recambio varietal, este problema pasó a ser mucho más frecuente”.

Más que retardarse, la brotación tiende a detenerse, explica el asesor de uva de mesa para Chile y Perú. El inicio del proceso muchas veces se ve normal, pero cuando el brote alcanza 10 a 20 cm, la tasa de crecimiento cae, en algunos casos cesando completamente. El problema es que el racimo sigue su desarrollo y se llega a floración con un brote de escaso desarrollo, en algunos casos de no más de 40 a 50 cm. Posteriormente hay huertos que “despiertan” y retoman el crecimiento vegetativo, pero ya es muy tarde pues el brote crece en periodo de maduración de fruta, resultando en vides de mala calidad.

La detención en el crecimiento limita la capacidad fotosintética de la planta, lo que provoca un desequilibrio, y en muchos casos se ha reportado alzas en los niveles de amonio, afectando brotes y racimos. La cuaja de la fruta sufre un impacto, siendo común encontrar intoxicaciones por amonio, sobrerraleo y pérdida de racimos. Además, es más frecuente observar desuniformidad de bayas y menos potencial de calibre. Otro desorden que se hace más recurrente es el palo negro.

Al momento de la cosecha, es probable además encontrar desuniformidad en la maduración, más desgrane, pardeamientos, entre otros defectos. “El problema limita la cantidad, pero también la calidad de la fruta, de manera que se trata de una de las dificultades mayores que enfrentan los productores”, comenta Sapiain.

Se ha planteado una diversidad de razones para explicar el desorden fisiológico, sin embargo, ninguna de ellas ha podido ser confirmada. Una de esas posibilidades se relaciona con los portainjertos, “que pueden tener hábitos distintos a los requerimientos de las zonas, o cuya entrada en receso difiere de la variedad”, señala Sapiain. No obstante, hay realidades que rompen un poco la regla, porque los síntomas no se dan en forma pareja en los huertos con un mismo patrón e injerto. “Diferencias de suelo en un mismo predio, sectores más arenosos o pedregosos o arcillosos, hacen pensar que las variaciones tendrían que ver con el drenaje, la fertilidad o la física del suelo, siendo el problema más frecuente en suelos pesados”, refiere el experto.

Desuniformidad de calibre y uvillas en huerto con detención de crecimiento.

En general, las partes altas de los campos se ven menos afectadas que las partes bajas. Por lo tanto, mucha gente sostiene que el origen se encontraría en las heladas. Los datos no son concluyentes al respecto: “hay zonas igual de frías que no presentan el problema», constata Sapiain. Por ejemplo, hay áreas de la Región de O’Higgins, con las mismas variedades injertadas que en las zonas de más al norte, donde el desorden fisiológico simplemente no ha aparecido.

Un planteamiento alternativo se relaciona con el cambio climático o, más específicamente, con la sequía. “Entre las ideas comunes de quienes trabajamos en agricultura está la de que a los inviernos lluviosos corresponden años con brotaciones buenas. La verdad, en los últimos diez años no llovió casi nada, salvo en algunas buenas zonas productivas de la VI Región, coincidentemente las zonas con menos problemas” comenta el director de AIN Consultores.

“Las muchas hipótesis sobre las causas del problema, han significado también la propuesta de herramientas o manejos para enfrentarlo. Hasta el momento sin éxito”, afirma Sapiain. Una de las prácticas más habituales consiste en no regar las plantas en otoño para “forzar” la senescencia. Este manejo común, que algunos agricultores repiten año a año, no ha sido una solución efectiva y, por el contrario, se ha evaluado que el alto estrés hídrico asociado a una falta de riego puede aumentar las dificultades más que disminuirlas.

Los expertos coinciden en que la etapa de poscosecha juega un rol clave para “cargar las baterías” y acumular almidón con el fin de asegurar una mejor brotación en el siguiente ciclo de crecimiento. En dicho periodo los estreses limitan la fotosíntesis y, por lo tanto, la acumulación de reservas. Lo mismo pasa con las prácticas que buscan defoliar las plantas de manera prematura.

Brote con detención de crecimiento en periodo de cuaja, durante diciembre.

Y de ahí surge otra clave posible: “dentro de las hipótesis se señala que el problema está asociado a reservas de almidón en cargadores. Según esto debemos determinar qué factores son los que afectan su acumulación, ahí los portainjertos y el manejo agrícola pueden ser determinantes”, plantea Sapiain.

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