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Junio 2021 | Noticias

Desarrollado por investigadores de la Universidad de O´Higgins

Proyecto capacitó y preparó a productores de la sexta región ante la llegada de la Drosophila suzukii

Durante dos años, investigadores de la Universidad de O´Higgins entregaron a los productores frutícolas claves y recomendaciones para combatir el impacto de la Drosophila suzukii en sus predios frutales. La plaga está presente en la región desde febrero de 2019, y a través de esta capacitación ejecutaron acciones preventivas mitigando los daños en la fruta.

Desde su llegada a Chile, en 2017, este insecto también conocido como mosca de alas manchadas logró expandirse rápidamente por distintos lugares del país. Hoy está presente entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos, convirtiéndose en una verdadera amenaza para la producción de cerezas, frambuesas y arándanos, las más afectadas este último tiempo.

Las pérdidas económicas en la producción son significativas, afecta la relación calidad-precio- volumen. En los mercados donde no existe presencia de la plaga hay restricciones fitosanitarias, en otros rechazan por abundancia, daño y calidad de la fruta o por límites máximos de residuos. Además, aumentan los costos de producción por las acciones de manejo y nuevas aplicaciones de productos químicos para su control. De hecho, algunos países que no tomaron las medidas necesarias reportaron pérdidas de hasta un 90%. 

Por esa razón, un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3), de la Universidad de O´Higgins, liderado por la Dra. Paula Irles, a presentaron un proyecto que pudiera alertar y preparar a los agricultores de la región para la inminente llegada de la plaga a la zona central de Chile. Y es así como junto al Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), al Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y al Centro de Evaluación Rosario (CER), lograron el financiamiento para la iniciativa, proveniente del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de O’Higgins y su Consejo Regional, enmarcado en la Estrategia Regional de Innovación. 

“La idea fue promover un sistema de manejo autónomo de la plaga por parte del productor, para lo cual se realizaron jornadas de difusión y capacitación, además de transferencia de herramientas de manejo integrado de plagas”, indicó Irles, coordinadora del proyecto. 

CARACTERÍSTICAS DE LA FRUTA AFECTADA

La investigadora comenta que “a través de distintos talleres de capacitación, lo primero que hicimos fue mostrarles a los productores cómo podían reconocer los síntomas y signos que presenta la fruta dañada por esta plaga, cosa que ellos pudieran detectar si la mosca había ingresado a sus huertos”.

La fruta afectada presenta ciertas características, explicó la Dra. Irles: «una pequeña depresión o punteadura sobre la superficie, exudación desde el orificio de ovipostura, espiráculos encima o justo debajo de la epidermis y/o daños indirectos por infecciones secundarias como hongos y bacterias”.

Originaria de Asia, esta plaga representa una gran amenaza para la fruticultura nacional ya que la hembra tiene una alta fecundidad (coloca una gran cantidad de huevos, más de 300), sus ciclos reproductivos son muy cortos (hasta 13 generaciones anuales), tiene tolerancia al frío y es muy polífaga (con una gran diversidad de hospederos). En Chile ha infestado cultivos de berries tales como frambuesas, arándanos, frutillas y moras; también frutales de carozo: cerezas, ciruelas y duraznos, y  especies silvestres como el arrayán, la rosa mosqueta y la zarzamora, entre otros.

Claudio Moore, encargado regional y forestal del SAG O´Higgins explicó que el daño que provoca la larva de esta mosca es muy agresivo. “La hembra tiene un ovopositor que es como una sierra que le permite romper la cutícula o la epidermis de una fruta por gruesa que sea, e inserta los huevos. Esos huevos dentro de la pulpa eclosan en una larva y la larva empieza a alimentarse de la pulpa de la fruta, hasta provocarle una pudrición tan grande que después colonizada por microorganismos como bacterias y hongos se pudre totalmente” indicó.

MEDIDAS DE MANEJO

Uno de los principales problemas que tiene el control de la Drosophila suzukii es que todavía no se cuenta con todas las herramientas de manejo disponibles, como enemigos naturales que puedan combatirla, por lo que se ha enfocado en medidas de control químico, principalmente. “La mosca de alas manchadas llegó para quedarse, la única solución es un adecuado manejo del huerto y eso es lo que pudimos transmitirles a los productores antes de su ingreso”, comenta Paula Irles.

Las recomendaciones implementadas  por los productores en sus huertos son variadas: desde recolectar y destruir la fruta no cosechada, sobremadura y caída al suelo hasta la instalación de trampas de monitoreo.

Además, se les orientó en realizar prácticas de poda a las plantas, con el fin evitar condiciones de sombra y humedad; eliminar malezas que pudieran servir de refugio a la plaga; utilizar insumos y maquinarias limpias, sobre todo si provienen de otro huerto. También, que hicieran uso eficiente del riego, para evitar formar pozas de agua o lugares con alta humedad y establecer un sistema de monitoreo en el huerto con instalación de trampas.

“La información obtenida en este proyecto es muy valiosa, dado el desconocimiento existente sobre el comportamiento de la plaga en el país, y en especial en la zona central, por su reciente llegada y quedará disponible para todos”, señala la especialista.

ESFUERZO MANCOMUNADO

Esta iniciativa surgió en la Mesa Regional público-privada de Drosophila suzukii donde se manifestó la necesidad de generar proyectos para mitigar los posibles daños y evaluar la tecnología disponible para su control, tanto desde las autoridades como del sector productivo. Este grupo fue el primero que se formó en el país y permitió que las instituciones de investigación regional como la Universidad de O’Higgins, el Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) y el Centro de Evaluación Rosario (CER) se alinearan potenciando sus capacidades; y en conjunto con el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) llevaran a cabo este proyecto.

“Nosotros como CEAF contribuimos en el apoyo de la identificación de la Drosophila suzukii en muestras de huertos agrícolas tomados desde la región. Actualmente nos estamos validando como laboratorio autorizado para la identificación taxonómica y también desde el punto de vista molecular de estados inmaduros a través de la técnica PCR”, comentó Michelle Morales, investigadora línea de agronomía del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura.

El rol del Centro de Evaluación Rosario en este proyecto fue establecer de una crianza de la Drosophila suzukii, “con la cual hemos hecho tres estudios de eficacia de insecticidas en frambuesas, cerezas y uvas”, explicó Giancarlo Frigerio, investigador del departamento de Sanidad Vegetal del CER. “Lo que buscamos es demostrar cuáles de estos productos son más o menos eficaces para las condiciones agroclimáticas de la región”, indicó.

Si bien este proyecto finalizó en mayo pasado, los investigadores comenzarán a trabajar para dar continuidad a esta primera iniciativa, pero ahora buscando implementar un programa de manejo integral de la plaga a largo plazo, para los distintos hospederos en la Región de O´Higgins, con los mínimos residuos e impactos ambientales.