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Mayo 2020 |Noticias

Investigación del INRAE

Plantas: sensibilidad a la gravedad les permite adaptarse y mantener posición vertical

La capacidad de las plantas de corregir su crecimiento para extenderse verticalmente responde a depósitos de estatolitos. Estos pueden además condicionar el crecimiento de la planta si hay presencia de viento.

Investigadores del Instituto Nacional de Investigación de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de Francia (INRAE) encontraron nueva evidencia que confirma que las plantas son sensibles a la gravedad gracias a un sistema compuesto por depósitos de estatolitos (gránulos de almidón microscópico). Estos proporcionan un punto de referencia que guía el crecimiento de la planta y que garantiza su posición vertical.

Lejos de lo que se pudiera crear, las plantas realizan movimientos imperceptibles para extenderse verticalmente y son conscientes de su propia forma (propiocepción). “No somos conscientes de esos movimientos, que son demasiado lentos para nosotros. Pero incluso si una planta está inclinada puede recuperarse en unas pocas horas”, explicaron los investigadores en un reporte.

Los investigadores anotaron que los estatolitos también permiten a la planta oscilar conforme al viento, lo que puede llegar a condicionar el crecimiento de la planta. Así, la planta puede optar por reducir su crecimiento en altura, aumentar el diámetro de sus tallos y acentuar el anclaje de la raíz. El equipo además demostró que las plantas son capaces de distinguir el viendo corriente del viento inusual, este último se genera cuando existe riesgo de tormenta.

Desde el INRAE ahora se buscará evaluar el efecto del viento en las plantas. Al respecto, previamente Alberto Golberg, investigador de la Universidad Nacional de Cuyo de Argentina, recopiló evidencia científica que prueba que el viento influye en el crecimiento de órganos y de la planta, y además puede disminuir la temperatura foliar, produciendo un descenso del déficit de presión de vapor (DPV) en la capa límite de la hoja, y consecuentemente reduciendo la tasa transpiratoria.

Golberg remarcó que el viento tiene importantes efectos morfogenéticos sobre las plantas, que están asociados con el fenómeno denominado tigmomorfogénesis. Este fenómeno hace referencia a la respuesta de las plantas frente a los estímulos mecánicos evidenciados por la alteración de los patrones de crecimiento. “Desde este punto de vista el viento ejercería su acción a través de los estímulos mecánicos percibidos por los órganos del vegetal, transferidos por medio del mecanismo de transducción de la señal y visualizado mediante cambios de sus patrones de crecimiento y desarrollo, los cuales producen cambios en la morfología de las plantas”, anotó.