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Septiembre 2021 | Arándanos

Antonio Gaete Covarrubias, asesor, especialista en producción orgánica

«Muchas veces el error está en decidirse por pasar a orgánico el predio, sector o el cuartel más malo, productivamente hablando»

Hacer agricultura orgánica hoy en día es muy diferente a como se hacía hace veinte o diez años, ya que, actualmente lo que se busca es lograr un mejor diferencial de precios, sin descuidar los altos rendimientos productivos, ni tampoco la calidad y condición de la fruta, que es lo que permite acceder a los mercados actualmente.

Rodrigo Pizarro Yáñez

La agricultura orgánica que se está planteando hoy por hoy en fincas, en gran parte del planeta difiere mucho de aquella que se hacía hace dos décadas atrás. Y es que esa agricultura orgánica más visceral y espontánea, ha dado paso a una agricultura que busca responder a las exigencias de los mercados de destino y sus consumidores, sin descuidar la calidad, productividad, sanidad y rentabilidad. “En el caso de los arándanos, los sistemas de producción orgánica en su mayoría se concentran en el mercado norteamericano, que tiene una normativa mucho más práctica que el mercado europeo.”, comenta Antonio Gaete, asesor internacional, especialista en agricultura orgánica.

Antonio Gaete, asesor internacional, especialista en agricultura orgánica.

En base a lo anterior, los agrónomos tenían claro que debían usar muchas herramientas, con el objetivo de no poner en riesgo los rendimientos productivos de un huerto que hacía su transición a la producción ecológica u orgánica. “son tres años difíciles, donde se necesitan alternativas para sustituir, por ejemplo, unidades de nitrógeno de forma eficiente y responsable. La idea es que el huerto no quede expuesto a patógenos oportunistas, como también, a diferentes plagas que durante años el predio manejaba de forma convencional. Por tal motivo, el plan de manejo orgánico en este período de transición es fundamental, logrando cubrir todos los puntos críticos que no pueden ser cubiertos bajo un modelo convencional. Se deben implementar estrategias tempranas de monitoreo y evaluación constante para poder mantener un manejo adecuado. Nuestra gran ventaja era que teníamos un diferencial de precio altísimo”, explica el asesor.

– ¿El objetivo era no bajar los rendimientos?

– Claro, comenzamos a usar herramientas para tener rendimientos atractivos, sin perder ese diferencial de precios y, sin poner en riesgo una probable mortandad de plantas. Esas producciones dejaron de ser de “nicho” y los agricultores se dieron cuenta de que podían hacer cerezos, avellanos o uva de mesa orgánica, ya que, durante los últimos ocho años logramos evaluar y desarrollar herramientas que pudieran dar una seguridad en manejos de fertilización, manejo de enfermedades y plagas en producción orgánica con nuestro I+D.

«En la agricultura orgánica, si bien se busca nutrir a la planta, esto se hace a través de la fertilización del suelo. Por lo tanto, cuando los suelos son en su mayoría pobres, les costará mucho llegar a esa fertilización».

– Y la agricultura orgánica ya no es vista como una cosa de jipis?

– Siempre nos molestaba que nos dijeran jipis en los directorios o en reuniones gerenciales. Hasta ese momento, la agricultura orgánica no tenía datos duros para decir: “con esta unidad de fertilizante se logra esta tasa de crecimiento radicular o esta tasa de crecimiento vegetativo”,  o incluso decir que determinados microorganismos, por ejemplo, un hongo o una bacteria, tienen impacto para solubilizar el fósforo que es uno de los elementos más complejos de poder incorporar en los planes de manejo de fertilización en agricultura orgánica.  Esto logramos con investigación y desarrollo durante las últimas ocho temporadas. Eso ya no era hippismo, debíamos sentarnos muchas veces con un directorio, con gerentes agrícolas y explicarle con bases científicas por qué era recomendable hacer tal o cual manejo y la necesidad de que los arándanos orgánicos pasaran el umbral de 25 t/ha para lograr esa rentabilidad que era esquiva en el proyecto convencional.

– Este diferencial de precios, si bien no es tan alto como hace dos décadas atrás, sigue manteniéndose. ¿Eso significa que se hace una buena comunicación de lo que es la agricultura orgánica?

– Completamente, tanto así, que recientemente Whole Foods una de las cadenas más importantes en Estados Unidos realizó una encuesta entre sus consumidores sobre las tendencias de los productos que desean consumir para los próximos años y la tendencia número uno es la “agricultura orgánica regenerativa”. Es decir, los consumidores piden que todos los productores que estén en el supermercado tengan bases de agricultura orgánica. Eso da la clave de cuán efectiva ha sido la comunicación de la agricultura orgánica, y no solo en EE UU.

«Si un agricultor me dice que no pondrá mulch, indudablemente tendrá meses complicados por delante, porque habrá una competencia muy difícil de soportar».

Esa “agricultura orgánica” está enfocada principalmente a la recuperación del suelo y a darle vida. El concepto “suelo vivo” no es una moda, sino una necesidad, tanto así que en la Unión Europea se suscribió a un acuerdo “Pacto Verde” de que al 2030, el 75% de los suelos tengan la calidad de ‘suelo sano’ debiendo estar certificado como tal. “Hoy se está trabajando en ese sentido. Lo único que falta a la agricultura orgánica es el impulso de ese diferencial de precios. El tema es que un huerto convencional no puede transformarse en un huerto orgánico regenerativo, ya que antes, necesariamente debe ser orgánico. Para ello, existen empresas certificadoras que están ofreciendo dichas certificaciones”, precisa Gaete.

– ¿Es más costoso hacer una ‘agricultura orgánica’?

– No, para nada. Los agricultores deben tener en cuenta que hay ciertas etapas: primero, lo que llamamos nosotros “desintoxicarlo” que para las casas certificadoras es el proceso de transición. Es un proceso donde no debemos poner en riesgo los sistemas productivos, ya que debemos quitar en muchos casos las fuentes de nitrógeno convencional, como es el caso, de nitratos. También, es necesario buscar alternativas a algunos insecticidas y funguicidas, donde se establece un plan de acción, que muchas veces es una sustitución de insumos. Son tres años críticos donde debemos estar monitoreando todo, plagas en sus diferentes estadios, malezas, enfermedades, condiciones ambientales y sobre todo la eficacia de las estrategias establecidas en el plan de manejo orgánico. Tras ese período, comenzamos a intervenir en la segunda etapa, incorporando herramientas propias de la agricultura orgánica, por ejemplo, microorganismos, materias orgánicas en cobertera o compostajes, liberación de enemigos naturales, etc. Incluso, al quinto año, ya con un productor maduro, podemos hacer agricultura biodinámica. ¿Por qué? Porque el diferencial de precios es incluso mayor.

A LA BÚSQUEDA DEL DIFERENCIAL DE PRECIOS

– El concepto es buscar ese diferencial de precios.

– Así es, lamentablemente los valores actuales en los retornos finales de fruta comercializada bajo un modelo de producción convencional nos impulsan para poder mejorar la rentabilidad del proyecto. Ese es nuestro concepto, no hay otro. Muchos nos dicen que no es el concepto, que esa no es la esencia de la agricultura orgánica, pero creemos que existe un impacto al iniciar un proceso de conversión orgánica en un sistema de producción convencional es mucho más sencillo cuando existe un diferencial de precio en el valor final del producto, que va a generar un impacto en la rentabilidad del proyecto. Ningún agricultor o empresario se querrá cambiar de una agricultura convencional a una orgánica si sabe que además va a bajar su rendimiento, va a existir un riesgo en un aumento de plagas y que no va a saber cómo controlarlas. Y que además de eso, el diferencial de precios no es tan alto. Por lo tanto, no convendrá bajar el rendimiento. Tenemos que minimizar ese riesgo, ¿cómo? Aumentando los rendimientos productivos y estableciendo estrategias responsables.

– ¿De cuánto es ese diferencial de precios hoy en día?

– Hay semanas o meses donde la fruta orgánica tiene, al menos, un diferencial de precios importante. Es una muy buena rentabilidad, siempre y cuando se logre un rendimiento importante. Es lo que buscamos, que nuestros clientes pasen el umbral de 15, 20 o 25 t/ha, y eso es algo que hacemos en la mayoría de las especies: establecer una mixtura de que esa fruta se puede exportar en fresco, pero también el descarte se puede enviar a la industria.

– Entonces, eso de que los rendimientos productivos de la agricultura orgánica son menores, ¿es un mito?

– Absolutamente. En algún minuto había que derribar mitos como este y eso lo hicimos haciendo ciencia, es decir, ensayos, estudios y logramos esto con nuestro I+D. Hoy tenemos ocho temporadas de ensayos con distintas empresas que tienen, al menos, un producto dedicado a la agricultura orgánica. Todos los ensayos los publicamos en nuestra página web, para que los productores puedan revisar y analizar cuál es la mejor alternativa. Tenemos productores que logran tener, por ejemplo, en arándanos, rendimientos de 40 t/ha y, en promedio, las producciones están entre 20 y 25 t/ha.

«Ha habido temporadas en las que se ha dado un mejor precio para el congelado orgánico, Entonces, era mucho más conveniente mecanizar la cosecha para industria de congelado», explica Gaete.

– ¿Y un arándano orgánico para la industria los rendimientos son mayores que un arándano orgánico para fresco?

– Al manejar un cultivo orgánico de arándanos se debe pensar que entre un 60 y 70% debe enviarse como fruta fresca de exportación. Hoy en día, la decisión de enviar a industria es más marcada, debido a la escasez de mano de obra. El arándano tiene una gran ventaja que la cosecha se puede mecanizar y los costos variables desde el punto de vista de la cosecha bajan considerablemente. Esas variaciones son las que incentivan finalmente a decidir, por ejemplo, como vamos a podar Blue Ribbon para fresco, con una productividad de 25 t/ha, mientras que Legacy la podaremos para un rendimiento de 40 t/ha y vamos a cosechar con máquina. La estrategia es manejar cuarteles por variedad, destino y rendimiento.

– ¿Exclusivamente por eso?

– Nada más, ni por clima ni por nada. Hemos tenido cuarteles completos cuya cosecha se ha mecanizado, principalmente por el factor mano de obra en Chile en la ultima temporada.

– ¿Y la industria también está pagando un precio bueno para el arándano orgánico?

– Absolutamente. Hoy existen empresas que se dedican a comprar fruta con certificación orgánica para la industria de congelado y jugo. El arándano orgánico para industria es un rubro que está muy desarrollado. Si hubiésemos conversado de esto hace diez años hubiese dicho todo lo contrario. Y se ha desarrollado, en buena medida, porque los alimentos para los niños no deben tener trazas de insecticidas ni residuos. Por ejemplo, debido a esto es que han surgido proyectos muy interesantes como la alianza entre Alifrut y Hortifrut. En Chile, también la empresa AMA se ha dedicado a desarrollar y potenciar una línea de jugos orgánicos.

«En macetas, los errores quedan al descubierto al día siguiente», afirma Antonio Gaete.

LA PARTIDA DEL CULTIVO ES LO QUE MARCA LA DIFERENCIA

– ¿Y qué es lo que te marca la diferencia de costos pensando en una agricultura orgánica versus una convencional?

– La partida. Muchas veces el error está en decidirse por pasar a orgánico el predio, sector o el cuartel más malo, productivamente hablando. Sin embargo, es todo lo contrario. Debiéramos tener el mejor sector o cuartel para pasarlo a orgánico porque, si usamos el peor, nos demoraremos más. Si no pudiste levantar un huerto de forma convencional no lo vas conseguir desde el punto de vista orgánico en el corto plazo, no porque una estrategia sea más mala que otra, sino porque los productos que se usan en agricultura orgánica también tienen un diferencial de precios. Si el huerto tiene una deficiencia desde el punto de vista nutricional, se debe corregir antes, porque es más económico corregir con una herramienta convencional que con una orgánica. Lo mismo si hay algún problema sanitario. La recomendación es corregirlo y después pasar el sector a producción orgánica. Entonces, lo más difícil es cuando nos llegan proyectos y el agricultor ya tomó la decisión de ser orgánico e incluso ya está siendo certificado. Muchas veces hemos tomado las decisiones de reiniciar el proyecto, con el objetivo de evitar un impacto desde el punto de vista productivo y presupuestario.

«Las enmiendas sólidas que se aplican al suelo tienen un comportamiento muy distinto en arena», advierte Gaete.

– Y en el caso de un agricultor que ya ha decidió ser orgánico, ¿qué es lo más costoso para hacer esa transición?

– La estrategia y un plan de manejo que no cuente con la revisión de los puntos críticos que presenta el proyecto, principalmente nutricionales y sanitarios. Eso es lo más costoso, es decir, si la estrategia está mal definida deberás pagar los errores, porque muchas veces los errores se cometen al pensar que se debe llegar al mismo nivel que una unidad convencional. En una agricultura convencional constantemente se está fertilizando a la planta. Sin embargo, en la agricultura orgánica, si bien se busca nutrir a la planta, esto se hace a través de la fertilización del suelo. Por lo tanto, cuando los suelos son en su mayoría pobres, les costará mucho llegar a esa fertilización. Entonces, debemos tomar una ‘carretera de alta velocidad’, tratando de hacer una sustitución de insumos y de aplicar elementos para fertilizar la planta en formato de rápida entrega. Asimismo, se debe volver hacia una nutrición mucho más equilibrada, que trate de nutrir al suelo, por ejemplo, aplicando enmiendas, haciendo compostaje o incorporando herramientas para activar ese suelo. Hoy en día, en ciertas zonas (Perú o en Ovalle en Chile, por ejemplo) es mucho más económico aplicar una materia orgánica líquida que hacer compostaje.

– ¿Un productor convencional se pasa a orgánico por un tema de precios?

– La mayoría de las veces es por eso, porque se dan cuenta que el negocio de la agricultura convencional se está estrechando y cada temporada se hace más difícil. Son agricultores que en algún momento tuvieron información sobre la agricultura orgánica y nos contactan. Pero el gran miedo que tienen es apostar por algo nuevo. Y, ¿qué es lo que normalmente se escuchaba sobre la agricultura orgánica? El gran mito es que los rendimientos bajan y también se pone en riesgo el cultivo por problemas sanitarios. Lo mejor y más concreto en casos de escepticismo es que puedan conocer en terreno otras experiencias. Hay un tema y es que el agricultor que se pasa a agricultura orgánica tiene que cambiar el ‘switch’, porque no existe ninguna herramienta que pueda resolver una situación de apuro. Por lo tanto, esos agricultores deben estar monitoreando constantemente su cultivo.

– Prediciendo problemas.

– Absolutamente. Los agricultores deben predecir situaciones complejas para poder resolver con anterioridad para así, por ejemplo, no tener un impacto negativo desde el punto de vista del manejo fitosanitario o nutricional. Es pasar a un nivel de mucho más estudio y analítica y de estar permanentemente revisando situaciones.

LA CALIDAD DE LA FRUTA, OTRO MITO QUE SE HA DERRIBADO

– Además de los rendimientos, ¿qué otro mito se ha ido derribando?

– Las calidades. Si te fijas, la mayoría de los programas de fruta de exportación en importantes cadenas de supermercados, piden que la fruta convencional debe llegar con dos, tres o cuatro moléculas; entonces se han visto en la obligación de sumar herramientas mucho más sustentables y que no registren un residuo en precosecha, por ejemplo, extractos vegetales, microorganismos benéficos, Bacillus subtilis, Trichodermas o levaduras. Son herramientas que en la agricultura orgánica se utilizan desde siempre y que la agricultura convencional ha ido incorporando debido a las exigencias del mercado. Entonces, no porque usemos esas herramientas no vamos a poder llegar bien a los mercados de destino. Otro mito es la calidad de arribo, nos hemos enfocado principalmente en que la condición y calidad en destino sea igual o mejor que una fruta convencional, porque hoy nos están mirando y midiendo bajo la misma métrica en destino, básicamente porque estamos compitiendo con frutas de otros orígenes que tienen menores tiempos de viaje que la fruta chilena o peruana. Por lo tanto, debemos llegar con más piernas y mejor calidad que lo que se está arribando por ejemplo con la fruta de México que, en menos de un día está en la góndola del supermercado.

MULCH Sí O SÍ

“Todas las producciones actualmente están desarrollando su establecimiento en camellones. A esa superficie le debemos poner mulch, que corresponde a una malla de polipropileno, y que, dentro de la normativa, debe estar libre de PVC y hoy la mayoría de los mulch están certificados. Por lo tanto, el manejo de malezas es mucho más sencillo cuando se utiliza esta herramienta, porque el 95% de la superficie del camellón está cubierta. Si un agricultor me dice que no pondrá mulch, indudablemente tendrá meses complicados por delante, porque habrá una competencia muy difícil de soportar. Además, estará gastando tres veces más en control de maleza (manual o mecánico). No resiste análisis, nosotros lo hemos medido de todas las formas”, explica Antonio Gaete.

NUEVAS VARIEDADES: FRUTA MÁS FIRME Y CON MEJOR CONDICIÓN

– Es decir, ¿una fruta orgánica llega igual de firme y crocante que una convencional?

– La gran ventaja es que los desarrollos varietales han estado enfocados en obtener fruta con una mejor condición y calidad. Cuando contamos con buena genética, el manejo es distinto y se hace más sencillo, ya que, el genetista se ha enfocado precisamente a eso: en tener una mejor condición y calidad en el arribo de la fruta, en comparación a la genética más antigua, que buscaba mejores rendimientos.

– ¿Hay variedades que sean más fáciles de manejar orgánicamente?

– Existen variedades que son mucho más fáciles de manejar que otras, principalmente por temas de susceptibilidad al ataque de patógenos o plagas, como también a rendimientos por hectárea. Actualmente la mayoría de las nuevas variedades tempranas tienen muy buen calibre, muy buen desarrollo vegetativo, muy buena productividad. Lo único es entrar al detalle fino para decidir con cuál quedarnos, de acuerdo con la condición agroecológica del lugar donde está cada predio. En variedades de media estación hay que verlas en detalle también porque hay algunas que son mucho más susceptibles a las enfermedades de madera.

«Al estar produciendo sobre un sustrato inerte, debemos preocuparnos por la conductividad eléctrica, del drenaje, de la humedad y de la masa microbiana…», sostiene el experto.

– ¿Hay diferencias en hacer agricultura orgánica en suelo que en maceta?

– Absolutamente. Lamentablemente el tema de las macetas está solamente autorizado por EE UU y Canadá. No en Europa, donde es considerado como hidroponía. Por ejemplo, en Chile, específicamente en Ovalle, se justifica el uso de macetas porque desde el punto de su estructura físico-química, ese suelo no es favorable para poder tener el potencial productivo del cual informa el genetista de una determinada variedad. Al estar produciendo sobre un sustrato inerte, debemos preocuparnos por la conductividad eléctrica, del drenaje, de la humedad y de la masa microbiana… En un cultivo en suelo directo, los errores los podemos ver la campaña siguiente, sin embargo, en macetas, los errores quedan al descubierto al día siguiente. Si nos equivocamos en aplicar la fertilización, probablemente las plantas darán alguna señal al respecto.

PROYECCIONES EN CHILE Y PERÚ

– ¿Cómo ves tú la proyección del arándano orgánico en Chile y Perú?

– En Perú, creo que es difícil pensar que, desde el punto de vista de los volúmenes convencionales, no vaya a haber un impacto en los precios, a pesar de que el diferencial de precio que existe en esa ventana particular que ellos tienen, es muy interesante. He visto ciertos inconvenientes técnicos, ya que, no se puede replicar lo que se vio o escuchó en una situación exitosa. Por ejemplo, las enmiendas sólidas que se aplican al suelo tienen un comportamiento muy distinto en arena. Lo mismo pasa en términos de microorganismos, materas orgánicas liquidas y aminoácidos. Creo que el éxito de la producción de arándanos orgánicos en Perú dependerá de cómo se haya obtenido información y cómo está siendo aplicada para sacar el mayor provecho. Otro tema es que hay una presión sanitaria alta, donde se debe establecer una estrategia, planes de monitoreo y revisión contantes de los programas de aplicación. Por su parte, Chile tiene la gran ventaja de tener una potente agroindustria en torno al arándano, jugo y congelado, que le permite descansar en ella cuando los precios del fresco no son los mejores, algo que ha ayudado en las últimas tres temporadas. Hoy la producción de arándanos orgánicos es muy interesante en Chile, pero el único tema es que para ser rentables se debe producir un mínimo de 15 a 20 t/ha. Hoy por hoy, nuestra apuesta es que los agricultores, productores y empresarios con los que trabajamos obtengan sobre las 25 t/ha.