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Noviembre 2020 | Nutrición

Bioestimulantes y biofertilizantes

Minerales, aminoácidos, hormonas, microorganismos y extractos: uso en hortalizas

El especialista en hortalizas Agustín Aljaro Uribe ha recopilado una lista de más de 300 de estos productos que han pasado por el mercado nacional. Hoy han desaparecido más de la mitad, los que han sido reemplazados por otros nuevos, algunos con mejores características, correspondientes a origen biológico, orgánico o químico. Para moverse sin perder el rumbo en esta selva, los categoriza en seis ítems, y analiza las acciones que son capaces de realizar. Resultan útiles para ciertos fines específicos, afirma, pero no son milagrosos.

Agustín Aljaro.

Existe una serie de productos que se utilizan de manera creciente en el cultivo de hortalizas y que, de acuerdo con el asesor Agustín Aljaro, ingeniero agrónomo, M.Sc., pueden agruparse en seis grandes ítems: fitohormonas; aminoácidos; ácidos húmicos y fúlvicos; extractos de algunos vegetales; minerales o nutrientes foliares y organismos biológicos, como algunos hongos y bacterias.

El profesional llama a ponderarlos en su justa medida y desarticula la idea de que la aplicación de uno de estos productos va a provocar por sí solo un impacto “espectacular”.

–Tengo una lista de más o menos 300 productos de este tipo, los que han sido introducido al país o creados acá en Chile. Algunos pasaron como un cometa, mientras otros han perdurado. En orden alfabético empiezan por uno llamado A-5, que es un lactobacillus y terminan en Zoberaminol, un aminoácido.

QUÉ SON ESTOS GRUPOS Y CUÁLES SON SUS EFECTOS

Aljaro nos invita a revisar de qué se tratan exactamente los distintos grupos de los productos indicados, y así comprender los resultados que podemos esperar de ellos.

La definición de bioestimulantes más aceptada es la del investigador Dr. Du Jardin: “un bioestimulante es cualquier sustancia o microorganismo que, al aplicarse a las plantas, es capaz de mejorar la eficacia de estas en la absorción y asimilación de nutrientes, tolerancia a estrés biótico o abiótico, o mejorar alguna de sus características agronómicas, independientemente del contenido en nutrientes de la sustancia”. Por extensión, también se considera como un bioestimulante vegetal a los productos comerciales que contienen mezclas de estas sustancias o microorganismos (Du Jardin, P. 2015. Plant Biostimulants: Definition, Concept, Main Categories and Regulation. Rev. Scientia Horticulturae).

–De las fitohormonas u hormonas de las plantas –explica Aljaro–, las cinco más conocidas son las giberelinas, auxinas, citoquininas, etileno y ácido abscísico. Son mensajeros químicos que gatillan diversas actividades metabólicas; por ejemplo, las auxinas favorecen el desarrollo de las raíces o el etileno acelera la maduración de la fruta.

Las investigaciones avanzaron en el conocimiento de las fórmulas químicas de las fitohormonas, lo cual ha posibilitado reproducirlas artificialmente, permitiendo la comercialización de insumos como el ácido giberélico, que antes debían extraerse de plantas. Hoy en día, tal como se menciona más adelante, algunas hormonas, como las auxinas y citoquininas también son extraídas naturalmente de algunos vegetales, incluso de algunas algas marinas.

–Los aminoácidos –continúa el consultor– corresponden a proteínas reducidas a su unidad mínima, unidad que las plantas son capaces de incorporar. Las cadenas proteicas se cortan dando origen a los péptidos, los que a su vez se dividen para formar aminoácidos y así posibilitar un ingreso al metabolismo vegetal.

Existen muchos productos basados en aminoácidos, algunos de origen vegetal,  animal o marino, como, por ejemplo, los más tradicionales Aminoterra, Terrasorb, Zoberaminol, por nombrar solo algunos de ellos. En el fondo, se trata de un “alimento” que aporta al metabolismo de los vegetales.

Luego están los ácidos húmicos y fúlvicos, formados por descomposición y oxidación de la materia orgánica. Contribuyen al mejoramiento de las características fisicoquímicas de los suelos.

MUCHOS PRODUCTOS COMBINAN ELEMENTOS DE DIVERSOS ÍTEMS

Agustín Aljaro subraya que muchos productos combinan elementos de los diversos grupos. Es lo que pasa de manera natural con el ítem de extractos vegetales, obtenidos a partir de diversas especies, en los cuales aparecen aminoácidos, fitohormonas, minerales y otros componentes químicos, dependiendo de dónde fueron extraídos.

Los bioestimulantes pueden contribuir a la recuperación de daños por heladas en hortalizas, dentro de ciertos márgenes.

Un caso típico, agrega, es el bioestimulante y fertilizante natural llamado Pholus, un extracto de quillay que estimula la nutrición, el desarrollo vegetativo y radicular de las plantas debido al aporte natural de carbono orgánico, potasio, nitrógeno, boro y silicio, además de flavonoides, ligninas, aminoácidos y azúcares.

Después el especialista agrega los nutrientes foliares, que aportan pequeñas cantidades de calcio, zinc, boro, magnesio, fierro, nitrógeno, potasio, etc. Por ejemplo, el calcio reduce la necrosis apical del tomate, pimientos y algunas cucurbitáceas, el magnesio acentúa el desarrollo de la clorofila, la intensidad del color verde en algunas hortalizas de hojas. Por otra parte, el boro y zinc hacen su aporte al crecimiento del tubo polínico, importante en la formación de las semillas.

Aquí Agustín Aljaro invita a reflexionar:

–Una hectárea de tomate –cuantifica– para producir más o menos 100 toneladas de fruto necesita del orden de 200 unidades de nitrógeno (200 kg del elemento N). Así también la gran mayoría de los cultivos se ubica en el rango de requerimiento de 100 hasta unas 300 unidades de N. Por su parte un nitrógeno foliar contiene más o menos un 10% de N o poco más y se aplica en dosis de 2 litros por hectárea, se estaría aportando 0,2 kg de N en cada aplicación. Si se necesitan 200 unidades, significa que para fertilizar con este nutriente foliar debiera ser aplicado muchas veces para cosechar 100 t de tomate, lo que resulta ilógico. Sin embargo, el uso de los minerales de aplicación foliar corresponde a pequeñas dosis que podrán activar otras acciones en la fisiología de las plantas y no satisfacen por sí solos directamente aquello que les está faltando.

DEFINICIÓN DE BIOFERTILIZANTES DEL SAG

Para comparar con la definición de bioestimulantes del Dr. Du Jardin que se entrega en el artículo, la Ley N°18.755 Orgánica del Servicio Agrícola y Ganadero que busca establecer normas sobre composición, etiquetado y comercialización de los fertilizantes, contiene la siguiente definición para los  biofertilizantes:

Son aquellos preparados que contienen células vivas o latentes de cepas microbianas, fijadoras de nitrógeno, hongos micorrízicos, hongos solubilizadores de fósforo, y en general, microorganismos potenciadores de diversos nutrientes o productores de sustancias activas, que se utilizan para aplicar a las semillas o al suelo con el objetivo de incrementar el número de estos microorganismos en el medio y acelerar los procesos microbianos o fisiológicos de tal forma que se aumenten las cantidades de nutrientes que pueden ser asimiladas por las plantas o que se hagan más rápidos los procesos fisiológicos que influyen sobre el desarrollo y el rendimiento de los cultivos.

El sexto grupo, de organismos microbianos, incluye bacterias y hongos. Es el caso, por ejemplo, de las micorrizas, que se asocian con las raíces de los cultivos, generando una simbiosis o beneficio mutuo. También están los Trichoderma spp, que ayudan a la protección contra enfermedades y a la captación de nutrientes. Asimismo, se emplean bacterias tales como los Bacillus thuringiensis y subtilis, al igual que algunas Pseudomonas, las que hacen su aporte a la protección fitosanitaria y en ciertos casos a la reducción de efectos ambientales estresantes. En este ítem, adicionalmente se dan diversas combinaciones de productos que incluyen distintas especies de microorganismos benéficos. Se pueden mencionar, por ejemplo, entre varios otros, Mycoup, BETK, Vitabión.

–¿Y cuál es tu recomendación?

–Todas estas herramientas se pueden recomendar, ya que por lo general serán un aporte si son aplicadas en la oportunidad correcta y si se constituyen como un integrante adicional a alguna formulación más compleja que sugiriera aplicar. No voy a desarrollar un tomate bajo invernadero solamente en base a la aplicación de una hormona para que el fruto aumente de tamaño. Necesito un contexto general que incluya el adecuado clima para cada etapa del desarrollo de las plantas, el agua en la correcta cantidad y calidad, los fertilizantes, los controles sanitarios y otros elementos que configuran un todo integral. Basta que falle uno de estos y el cultivo comenzará a sufrir o debilitarse. Por lo tanto, cuando uno recomienda un bioestimulante, tiene que estar contextualizado dentro de la demanda integral de los diversos factores que la planta requiere para estar satisfecha, sin estrés de ningún tipo. En mi parecer, es un error promover su uso sugiriendo que solo con eso se va a obtener grandes aumentos de rendimiento. La experiencia y el trabajo de investigación en el que participé por décadas, me han enseñado que es prácticamente imposible que una hectárea de tomates, o de la especie que sea, por ponerle una o varias veces dos litros de un producto de este tipo, va a pasar de 100 a 120 t/ha.

Efecto de la aplicación de un bioestimulante de crecimiento de raíces a plantines de lechuga antes de su transplante. Las lechugas de la izquierda, en ambas fotos, recibieron el tratamiento; las de la derecha, no tuvieron aplicación.

–Como investigador actualmente participo en la Estación Experimental AyS Lab y además como asesor en hortalizas debo dejar en claro –enfatiza– que hay un sinnúmero de factores encadenados en la producción que conducen al rendimiento deseado. Los llamados bioestimulantes son únicamente un jugador más dentro del equipo y de la estrategia a aplicar en un cultivo cualquiera.

–¿Qué grado de impacto pueden tener, entonces?

–No pienses que estoy despreciándolos. El aporte de un mineral, un aminoácido, una auxina o un microrganismo, por nombrar algunos, puede ser lo que está faltando para una mejora del sistema radicular o para que el fruto exprese su potencial. Pero, como mencioné antes, los efectos no se deben en forma exclusiva a ese producto, sino a su integración al equipo en el que lo hacemos participar.

LA REACCIÓN ESPERABLE ES MUCHO MAYOR EN PLANTAS ESTRESADAS

–¿Su incidencia es igual en un cultivo hortícola con problemas que en uno en buenas condiciones?

–Si tengo una planta vigorosa, que se está desarrollando bien, bajo el clima favorable del verano, por ejemplo, con buenos riegos, buena tierra y bien fertilizada, aunque le aplique un cóctel de productos como los nombrados, probablemente va a tener una respuesta escasa o más bien nula. Sin embargo, si se trata de una planta en un ambiente de meses de invierno, tipo junio o julio, cuando las raíces están paralizadas porque la temperatura del suelo está en 4 o 5°C (se necesitan sobre los 12 a 15°C), o si está estresada porque se exageró en la dosis de un herbicida o porque el terreno tiene características muy difíciles y esa planta está francamente bajo su potencial, la reacción esperable es mucho mejor. Resulta lógico, piensa en tu organismo: ¿para qué te vas a poner un golpe vitamínico en enero o en febrero? Es probable que el efecto sea menor que si lo utilizaras en invierno, cuando probablemente te va a favorecer más. Entonces, la posibilidad de un resultado exitoso del uso de los bioestimulantes aumenta cuando la planta se encuentra sometida a estreses climáticos, bióticos o abióticos. Lo he comprobado en muchos ensayos con estos tipos de productos.

Es prácticamente imposible que una hectárea de tomates, o de la especie que sea, por ponerle una o varias veces dos litros de un producto de este tipo, va a pasar de 100 a 120 t/ha.

–¿Entonces hay que asociar su utilización a los estreses?

–En su justa medida, porque, por ejemplo, frente a una helada intensa la única protección total es contar con un invernadero calefaccionado. Sin embargo, las aplicaciones adecuadas del producto correcto probablemente aminoren los efectos del fenómeno climático. Si después de un estrés mezclo un aminoácido con una auxina y un fertilizante mineral foliar, seguramente será un aporte que se podrá verificar. Es interesante también mencionar el efecto estimulante de algunas estrobirulinas, componentes de algunos fungicidas, como por ejemplo el Comet o Bellis.

HAY CASOS EN QUE EL USO DEL BIOESTIMULANTE PUEDE SIGNIFICAR UN IMPACTO MUY DIRECTO

–Pero también hay usos que son muy incidentes en el resultado final, por ejemplo, el “hormoneo” en tomates.

–Sí. ¿Cuál es más exacta de estas dos opciones: “un tomate grande tiene muchas semillas” o “muchas semillas producen un tomate grande”?

–¿La primera alternativa: “un tomate grande tiene muchas semillas”?

–Error. Muchas semillas hacen que el tomate crezca, porque su presencia provoca en la planta la generación de hormonas tales como las auxinas, giberelinas y citoquininas. Si no hay semillas, el fruto se va a quedar chico. Dentro de los invernaderos no tienes viento, nada mueve las plantas ni las flores, entonces el polen no vuela de una flor a otra, y por lo tanto la polinización necesaria para formar la semilla fallará. Una opción es meter insectos polinizadores, como abejas, abejorros o ciertos tipos de moscas. La otra posibilidad que ocupa una parte importante de los productores, a falta de formación natural de semillas, es aplicar hormonas artificiales, o complementar ambas alternativas. Entonces, no te olvides: las dos afirmaciones son correctas, pero la relación causa efecto es que muchas semillas que se formen en un tomate o en una cucurbitácea, van a terminar en un fruto de mayor tamaño. De manera que aquí tienen un caso en el cual el efecto del uso de bioestimulantes es directo: si no tienes polinizadores y no aplicas hormonas artificiales dentro de un de un invernadero, los tomates quedan chicos como cherries. Otro ejemplo es la aplicación de giberelinas y auxinas en las uvas sin pepas (seedless). Si no las aplicas, las bayas no crecerán.

El profesional agrega un aspecto importante de considerar: algunos de estos insumos precisan de cuidados especiales para poderlos fabricar, almacenar, distribuir y llegar finamente al agricultor en buenas condiciones.

–Me refiero en especial a aquellos que corresponden a microorganismos como bacterias u hongos. Son seres vivos; por lo tanto, si en el campo sobró media botella, no se puede sencillamente dejarlo en la bodega para ocuparlo meses más tarde ni menos al año siguiente. Asimismo, no solo el nombre del organismo que contiene es de gran importancia; también la formulación, la estabilización a la que es sometido y el manejo que recibió, por lo general en refrigeración hasta llegar al usuario, quien debiera guardarlo de la misma forma. No son un mineral para aplicar como fertilizante foliar; tienen fecha de vencimiento. Por tanto, normalmente los productos biológicos vienen en envases pequeños, de manera que el producto sobrante no tenga un almacenamiento prolongado. O sea, tienen fecha de vencimiento corto.

“DETALLES” A LOS CUALES CONVIENE PONER MUCHA ATENCIÓN

Una recomendación adicional de Agustín Aljaro se vincula a las mezclas con otros productos en el estanque de la máquina aplicadora. A menudo se agregan a algún fitosanitario para no incurrir en los costos de un doble trabajo de pulverización, y hay que tener muy en cuenta las instrucciones específicas de cómo hacerlo.

Muchas semillas que se formen en una cucurbitácea van a determinar un fruto de mayor tamaño.

–Un caso bien particular es la saponina, una especie de detergente, componente del Pholus, el extracto de quillay mencionado antes. Este producto debiera ser el último que se vierta al estanque. Caso contrario se llenará de espuma. No se trata de incompatibilidad en este caso, sino de la secuencia para ir agregando los componentes de una pulverización. No obstante, hay otras mezclas que producen “cortocircuitos”; por ejemplo, uno de los productos se precipita y se forma un sarro que tapa las boquillas de la barra pulverizadora. Tampoco debes combinar un fungicida con un Trichoderma u otro tipo de hongo, porque lo va a matar; ni un antibiótico con un Bacillus, obviamente…

También es importante no aplicar uno de estos insumos en un agua de pH alto, ya que reducirá su acción significativamente. Casi todos los productos, bioestimulantes, biopesticidas, así también insecticidas y fungicidas, funcionan mucho mejor con aguas de pH entre 5 y 6. Sin embargo es común que las aguas de pozos o canales estén en pH de 7,5 y 8, por lo tanto, tienen que arreglarse (acidularse), para que los productos funcionen.

–Finalmente, ¿cuál crees que debiera ser la actitud prudente, frente a estos más de 300 productos, de un agricultor interesado en aprovechar las ventajas que ofrezcan, de un modo razonable, racional y oportuno?

–Lo primero, centrar las expectativas. No son productos milagrosos. Segundo, en la selección de productos, entender los seis ítems que describí, estudiarlos y conocerlos para poderlos administrar y no aplicar, como he visto que ocurre, por ejemplo, dos aminoácidos de acción muy similar solo porque tienen nombres diferentes. Y sí hacer buenas combinaciones, como podría ser en alguna circunstancia un fertilizante mineral con una auxina y un aminoácido.