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Paltos

24 de marzo de 2022
Análisis del riego y nutrición

Cómo enfrentar la creciente salinidad del agua en los huertos de palto de alto rendimiento

Cómo enfrentar la creciente salinidad del agua en los huertos de palto de alto rendimiento

Diversas cuencas hidrográficas de la zona central han visto un aumento en la presencia de este soluto, lo que afecta a los paltos. El especialista Bernardo Lira propone una serie de manejos de riego y nutrición que permiten superar este problema de manera eficiente en términos de costo por kilo de palta producido y del uso del agua.

Equipo Redagrícola

De acuerdo a la literatura, las sales en el agua de riego tienen un efecto considerable en la productividad de los paltos Hass. El aumento de la concentración salina en el suelo incrementa la presión osmótica, de manera que el agua se halla menos disponible para las raíces. Adicionalmente el agua absorbida por la planta contiene iones que generan quemado de hojas y muerte de raíces, disminuyendo la acumulación de reservas del árbol e induciendo añerismo. Los efectos de las sales varían según el portainjerto y la variedad. No obstante, en la zona central de Chile con un manejo apropiado se logran buenos rendimientos en condiciones de alta conductividad eléctrica. Así lo afirma Bernardo Lira, ingeniero agrónomo, MBA, quien gestiona la producción y operación de diversos campos de Agrícola Polpaico (grupo Westfalia Fruit) y es consultor en producción de palta bajo condiciones limitantes.

El profesional toma el caso de las precipitaciones en el embalse El Yeso, que abastece a Santiago, las cuales muestran una caída notable en los últimos 20 años (figura 1). Esto, plantea el consultor, no solo significa un problema en cantidad de recurso hídrico, sino también en su calidad, porque el mismo volumen de soluto se concentra en mucha menos agua.

Figura 1. Precipitación embalse El Yeso 2000-2021.

Por otra parte, se han registrado olas de calor que han llevado a inusitados registros de evapotranspiración de hasta 12 mm diarios, lo cual seguramente se va a repetir en los próximos años. Buena parte de los sistemas de riego fueron diseñados para satisfacer 8 mm/día, de manera que no son capaces de entregar lo que en algunos momentos está pidiendo la planta. Pero además no es lo mismo regar al 70-80% de bandeja con agua limpia que con agua cuyos niveles de conductividad eléctrica llegan a 2,5 decisiemens por metro (dS/m).

Lira también da cuenta de la evolución de las aguas del Mapocho, como una muestra de lo que está ocurriendo en la zona central. En noviembre de 2012 tenía un pH de 7,67, una conductividad eléctrica de 1,37 dS/m y una concentración de cloruros de 4,8 miliequivalentes por litro (meq/L). En 2021 las cifras el mismo mes eran: pH 8,21, 1,86 dS/m (36% de aumento) y 6,8 meq/L (63% más). “Yo recuerdo que ya en 2012 se decía que las condiciones resultaban complejas para palto; bueno, ponerse en las situaciones actuales es mucho más complejo”, comenta.

LA PROGRAMACIÓN DEBE SER FLEXIBLE PARA ADAPTARSE A LOS CAMBIOS

En términos generales las aguas presentan concentraciones crecientes de cloruros y sodio (Na). La concentración de calcio (Ca) supera por mucho a la de otros cationes muy necesarios para el palto, como magnesio (Mg), potasio (K) o zinc (Zn), lo que se profundizará más adelante. En distintos meses e incluso semanas ocurren cambios en la capacidad de intercambio catiónico (CIC), lo cual incide en la disponibilidad de ciertos nutrientes y exige modificar el programa de fertilización para suplementar aquellos más afectados. Algunos campos también tienen problemas de carbonatos.

Una muestra de las variaciones que ocurren en las aguas se aprecia en la estadística del río Maipo en 2018. Los sulfatos (SO4) superan los 390 mg/L en meses como abril y junio, mientras de noviembre a enero no llegan a 290 mg/L. Inversamente, el sodio (Na) es muy alto en verano, sobre 70 mg/L en diciembre-enero, mientras en invierno-comienzos de primavera (junio-octubre) no alcanza a 20 mg/L. Cumplir a rajatabla un programa planificado anualmente parece menos aconsejable que tomar decisiones mes a mes, de acuerdo a lo que se va observando en el huerto, postula Lira. La comparación de dos análisis de agua realizados a solo dos semanas uno del otro (cuadro 1) asimismo revela cambios importantes en variables como pH, carbonatos, cloruros y sulfatos, lo que comprueba la necesidad de revisar y medir frecuentemente la forma en que se riega.

Cuadro 1. Análisis de aguas provenientes del río Mapocho.

Otro aspecto relevante: los caudales de los ríos y sus canales bajan en enero, y más considerablemente en febrero-marzo. Esto no afecta tanto a especies como cerezo u otras de hoja caduca, que se cosechan antes o están a punto de ser cosechados, pero en palto la exigencia hídrica después de enero es altísima, se juega el proceso de división celular y por consiguiente el calibre de la temporada. Y en presencia de sales, los lavados son vitales.

BUSCAR LA SOLUCIÓN ECONÓMICAMENTE MÁS EFICIENTE POR KILO PRODUCIDO

Dado que el manejo de la salinidad se relaciona directamente con el riego y la fertilización, se debe tener presente que la energía, los fertilizantes y la mano de obra de riego representan un 40% de los costos de operación en palto Hass, o sea unos 2.800 a 4.200 dólares por hectárea. Este porcentaje es mucho más alto que en frutales como cerezo, ciruelo, nogal o almendro, de ahí la necesidad de trabajar dichos aspectos de la mejor manera posible:

“Dependemos mucho del valor del dólar, de los combustibles, cosas que no podemos manejar –recalca el consultor–. Sin embargo sí podemos decidir cuándo y cuánto aplicar, podemos estar monitoreando para evitar inyecciones excesivas de fertilizantes, así como también tomar medidas a tiempo cuando nos falten. El seguimiento nutricional es clave”.

Síntomas de salinidad.

La condición ideal de conductividad eléctrica (CE) del agua de riego para el palto no debe superar los 1,2 dS/m, bien por debajo de la salinidad existente en muchos sectores en la zona central. La medición de la CE no solo se hace en el agua de riego, también corresponde efectuarla en el perfil del suelo y en la solución de fertilizantes. El punto está en cómo resolver el tema para aumentar la producción sin que los costos perjudiquen el resultado económico. En opinión de Bernardo Lira, la forma correcta de abordarlo no es mirando el costo/ha sino el costo/kilo producido. “Tenemos que ser lo más eficientes en riego y nutrición para que cada kilo sea más barato: maximizar el rendimiento al menor costo posible y con la menor cantidad de agua”.

CONSIDERACIONES PARA HACER UN BUEN LAVADO DE SALES

El punto de partida del manejo de las sales es el coeficiente de uniformidad (CU) del riego en los huertos. Las publicaciones científicas postulan que un CU sobre 94% es excelente; 86-94%, bueno; 80-86%, aceptable; 70-80%, pobre, e inferior a 70%, inaceptable, porque significa que algunas plantas están recibiendo mucha más agua y fertilizantes que otras. “Es muy fácil caer en el rango inaceptable, especialmente cuando los huertos y sus sistemas de riego tienen muchos años”, advierte Lira. Solamente con un CU en los rangos superiores se pueden dar los pasos siguientes en la solución del problema.

Luego, hay que definir las láminas de fracción de lavado de acuerdo a la condición específica de cada huerto. Como cada vez llueve menos, se debe regar prácticamente todo el año. Si se produce una lluvia consistente, de 20 mm o más, ocurre un lavado natural de sales; aun así hay que verificar la CE para ver si esa precipitación efectivamente produjo su efecto en el área radicular. Con lluvias menores suele generarse un desplazamiento de sales en el perfil de suelo hacia el sector donde se encuentran las raíces, lo cual se revisa mediante sondas o calicatas para seguir regando.

La determinación de la fracción de lavado debe considerar la textura: por lo general resulta más fácil lavar una arena que una arcilla. La compactación juega en contra del lavado, porque el agua tiende a escurrir en lugar de penetrar en profundidad.

El lavado no resulta viable en napas colgantes o ante afloramientos de agua –a veces de altísima carga eléctrica– frecuentes en cerros donde el agua se acumula hacia abajo. La presencia de estratas duras o toscas impermeables puede provocar embanques y terminar generando anoxia radical. Conviene localizar los puntos del campo donde sucede este tipo de problemas.

La determinación de la fracción de lavado se hace por ensayo y error, explica Bernardo Lira. Se define a qué profundidad deseamos que llegue el agua, luego se riega una cierta cantidad de horas –se aplica cierta cantidad de milímetros– y se revisa la información de las sondas o se hace una calicata para saber cuándo el agua alcanza la profundidad deseada. Esto se corrobora en distintas oportunidades hasta definir la estrategia. “Nosotros establecemos una lámina fija –manifiesta Lira– y vamos variando la frecuencia”.

En el ajuste de la frecuencia corresponde tomar en cuenta la asfixia radicular. El control de la humedad con sondas o calicatas permite evitar la saturación permanente de las raíces. Lo anterior requiere especial atención en arcillas, pero puede ocurrir incluso en algunos tipos de suelos arenosos.

Asimismo es relevante utilizar calicatas para saber dónde se encuentra el volumen radicular. A veces revisando la entrehilera se descubre que está llena de raíces. Por ejemplo en texturas arcillosas fácilmente se encuentran distribuidas lejos de los goteros. Esta verificación permite dirigir más adecuadamente el lavado de sales.

Durante el invierno se realiza la mantención de muchos canales y se suspende el suministro de agua hasta por varios meses. Se trata de un tema complejo en paltos y otras especies sin receso invernal, especialmente cuando no ha llovido. Ante ello, una buena estrategia consiste en aumentar las reservas de los tejidos en otoño, haciendo un seguimiento nutricional.

CONDUCTIVIDAD ELÉCTRICA COMO MEDIDA DE SALINIDAD

La salinidad de un suelo o agua se refiere a la cantidad de sales presentes en solución. Se determina indirectamente mediante la medición de la conductividad eléctrica (CE). La CE corresponde a la capacidad de una materia o sustancia para dejar pasar una corriente eléctrica a través de ella. El valor de CE es influenciado por la concentración y composición de las sales disueltas. A mayor salinidad, el valor de la CE se incrementa. Todos los fertilizantes inorgánicos son sales y por lo mismo tienen un efecto directo sobre la CE. La conductividad eléctrica se mide en siemens por metro (S/m), en el caso del agua y del suelo normalmente se expresa en decisiemens por metro (dS/m). Un dS/m equivale a 0,1 S/m.

No es lo mismo tener una CE de 1,8 dS/m con 100 ppm de Cl que la misma CE de 1,8 dS/m con 250 ppm de Cl, ambos casos fáciles de encontrar en la zona central de Chile. En el segundo caso el efecto será más perjudicial: no es solo un tema de CANTIDAD de sales sino también de CALIDAD de ellas.

Hass sobre portainjerto Nabal.

 

LO QUE NO DEBE SUCEDER NUNCA

Se da el caso de agricultores que, frente a una severa falta de agua, optan por tratar de salvar todo el huerto y, en vez de la frecuencia óptima –por ejemplo, una vez a la semana–, distancian considerablemente el riego, a una vez cada dos semanas, por seguir el ejemplo. En zonas con problemas de sales, esta no es una buena alternativa. Resulta preferible regar bien la mitad del campo para lograr una buena producción, y atoconar el resto, aconseja el consultor. De lo contrario se producirán niveles altísimos de cloruro, generando calibres pequeños, caída de fruta y un deficiente rendimiento por hectárea. Los efectos de este mal manejo se mantienen al menos por dos a tres temporadas.

Tampoco se debe aplicar el programa de nutrición de manera muy concentrada, sin preocuparse de la conductividad eléctrica, porque eso redundará en una sequía fisiológica como consecuencia de una alta presión osmótica. Si los fertilizantes no llegan a tiempo, la solución no consiste en aplicar el programa del mes en la semana que queda, como suele verse. La situación inversa, la aplicación de los nutrientes muy diluidos, aparentemente apropiada, resulta en verdad inconveniente cuando hay concentraciones altas de Ca, Na, sulfatos y carbonatos. Concentraciones bajas de Zn o de K, por ejemplo, no serán absorbidas por el árbol dada la abundancia de cationes que compiten con ellos.

Asimismo es inapropiado esperar el análisis foliar anual en enero-febrero para tomar decisiones, cuando ya ha pasado la floración y la cuaja, y nada más se puede hacer por ellas. La clave está en evaluar con frecuencia el agua de riego y el nivel nutricional de hojas.

 

“Tenemos que ser lo más eficientes en riego y nutrición para que cada kilo sea más barato: maximizar el rendimiento al menor costo posible y con la menor cantidad de agua”

Bernardo Lira.

PROGRAMA DE NUTRICIÓN PARA MANEJO DE SALES

Las situaciones nutricionales son muy distintas de un campo a otro e incluso dentro del mismo campo. Por ejemplo, la demanda de nutrientes no es la misma si se sacan 10 t/ha que si se obtienen 20 t/ha, ni cosechar en septiembre es igual que hacerlo en marzo. También los patrones generan diferencias sustantivas en cuanto a estos requerimientos, pero no se debe pensar que, por ejemplo, un patrón enanizante va a necesitar más de todo: hay que estudiar caso a caso. La exposición norte y la exposición sur conducen a evapotranspiraciones distintas, por ende, a demandas hídricas y de fertilización diferentes. Suelos fértiles y profundos con mejor CIC muy probablemente precisen menos fertilización que suelos delgados y pedregosos. Un año muy lluvioso con gran lavado de sales y suelos muy limpios variará respecto de un año seco. En consecuencia, no es posible definir un solo programa nutricional y de manejo de sales para todos los casos. Hay que medir, conocer el huerto, tener buenos equipos de trabajo, mantener un contacto estrecho con la gente que está en terreno viendo lo que pasa todos los días. Personas como el casetero o el encargado de hacer las calicatas brindan valiosas informaciones.

Por supuesto la nutrición para manejo de sales es más intensa en brotación, floración y generación de reservas, que en invierno. Como principio, no se riega para fertilizar, sino que se fertiliza cuando se riega. Es aconsejable evitar fertilizantes y enmiendas poco solubles: si bien podrían tener excelentes efectos en el campo, darle problemas a la caseta de fertirrigación terminará afectando negativamente, estima Bernardo Lira.

El especialista promueve el antagonismo iónico con nitratos en la mayor cantidad de riegos que se pueda. Pero la teoría dista de la práctica, y reconoce que en bastantes riegos no se tiene la capacidad de hacerlo. “A menudo cuando aplicamos nitrato, queda almacenado en el área de raíces y eso permite algún nivel de antagonismo al siguiente riego”.

Hass sobre portainjerto Ziffrin 99.

Como el agua tiene importantes concentraciones de algunos minerales, hay que tratar de no aplicar juntos todos los cationes o todos los aniones, pues siempre saldrá desfavorecido el que se encuentra en menor concentración:

“Aplicar un poquito de Zn y K compitiendo con altos niveles de Na y Ca en el agua, es como tirar dinero a la basura. Hay que comparar los miliequivalentes de los distintos cationes, de los distintos aniones, y asegurarse de que el que quiero en la planta alcance al menos una relación 1:2 respecto a los otros de mayor concentración. También fijar una CE tope para trabajar”.

Lira propone medir semanalmente 1) la CE del agua de riego, 2) la de la solución después de la inyección de fertilizantes y 3) la del perfil de suelo a profundidad de raíces. Si hay una diferencia marcada entre la CE de 1 y 2, significa que se está usando el fertilizante en forma muy concentrada. Si existe una diferencia significativa entre 2 y 3, posiblemente el lavado no está funcionando o hay un problema de suelo.

CONSIDERAR EL pH AL MOMENTO DE FERTILIZAR

En la actualidad el pH del agua se ubica fácilmente en torno a 7,5 – 8 o un poco más. En esas circunstancias, por ejemplo, el sulfato de zinc no es absorbido incluso a concentraciones altas. Por tanto hay que recurrir a otras fuentes, como podría ser nitrato o quelato de zinc, que funcionan mejor con pH alcalino. Siempre se debe medir y considerar este factor, manejando vías alternativas de fertilización, sobre todo en el periodo actual de fuertes problemas de llegada a Chile.

“Algunos de los mejores fertilizantes para manejo en sales no están en el mercado o llegan atrasados. Por ejemplo, el sulfato de amonio está escaso y es conveniente tener una opción, o asegurarse de que no falte fósforo a fines de primavera, cuando se vuelve clave. Si hay algún talón de Aquiles, como puede ser el Zn para algunos de nosotros, K en otros huertos, o boro (B), conviene hacer no solo aplicaciones vía riego sino también foliares para llegar a los niveles que requiere el árbol”.

Bernardo Lira sigue una estrategia de sinergismo, utilizando cationes como K, Mg, amonio y Ca junto a nitrato. Frente a antagonismos o competencia, evita la mezcla de cationes y aniones; por ejemplo, aplica los fertilizantes de Zn solos y a mayores concentraciones.

El agua aporta algo de Mg, pero si se necesita adicionar una cantidad extra, debe hacerse a concentraciones cercanas a la de Ca y de Na.

“En el caso nuestro, lejos el catión que viene más concentrado en el agua es Ca. Cuando queremos ingresar otro catión a la planta, en la fertilización tenemos que lograr una relación 1:2 en términos de miliequivalentes respecto al Ca. En general se recomienda llegar al menos a la mitad de la concentración del catión más abundante en el agua para aumentar la probabilidad de que la planta absorba otro nutriente”.

Cuando se quiere aprovechar los antagonismos para evitar que ciertos iones entren a la planta, como cloruro, la aplicación de nitrato es una buena opción, señala:

“Nosotros aplicamos en una relación de 2:1, o sea cada 2 meq de cloruro utilizamos 1 de nitrato. También se puede emplear los fosfatos cuando la concentración de sulfato es muy alta”.

Para el manejo del Na, que presenta altos contenidos en el agua de riego, que desagrega las partículas del suelo y a largo plazo facilita la compactación del suelo, Lira incluye ácidos húmicos y fúlvicos en sus programas, y favorece la microbiología del suelo.

PROPIEDADES QUÍMICAS DE LOS FERTILIZANTES

El cuadro 2 entrega información de pH, conductividad eléctrica, solubilidad y reacción química de algunos fertilizantes de uso común. Aunque los datos pueden sufrir variaciones de acuerdo al proveedor y al país, se mantienen rangos similares, de modo que puede considerarse como una referencia.

Cuadro 2. Fertilizantes: pH, conductividad eléctrica, solubilidad y reacción química.

Los productos más salinos, como los marcados en amarillo en el cuadro, pueden hacer que se alcance rápidamente el límite máximo de CE que se desea en una solución. Por lo tanto, Lira aconseja utilizar aquellos de menor salinidad.

Mientras menor sea el pH, mayor disponibilidad de iones habrá en la solución de suelo. Asimismo hay que considerar el pH del agua; por ejemplo cuando queremos que ingrese un catión como el Zn, habrá que bajar el pH si es muy alcalino.

Bernardo Lira expone sus preferencias entre las diversas opciones de fertilizantes para cubrir las necesidades de los nutrientes principales en palto:

“Usamos bastante nitrato como fuente de nitrógeno (N) todo el año. La urea es barata y nos gusta, pero solo en verano, por la temperatura del suelo. El ácido nítrico se comporta de manera muy eficiente para una rápida asimilación de nitrato por las raíces, pero es más caro. El fosfato monoamónico da buenos resultados en fósforo (P) y también el ácido fosfórico, que hemos utilizado en diversas ocasiones. Del fosfato monopotásico, menos usado en Chile, he escuchado buenas referencias. Para K usamos nitrato de potasio preferentemente; aunque el precio es un poco más alto, también aporta nitrato. Lo mismo hacemos con nitrato de magnesio. En B hemos tenido buenos resultados con octaborato de sodio, tanto vía riego como foliar. Evitamos el sulfato de zinc por su pH, utilizamos nitrato de zinc, a veces junto a quelato de zinc: la literatura indica que este último tiene un rol complementario, no para ser usado solo. Sin embargo hemos ensayado en huertos comerciales por al menos cinco años aplicaciones solo a base de quelato de Zn vía riego y los niveles foliares son más que adecuados. Adicionalmente aplicamos vía aérea en forma de sales acomplejadas. No fertilizamos con Ca porque el agua lo provee de manera abundante”.

La figura 2 muestra la evolución de los niveles de cloruro en un huerto de palto Hass a cargo de Bernardo Lira. En la situación inicial, con niveles foliares de N de 2 a 3%, se llegaba hasta 6.000 ppm de cloruro, evidenciándose daños importantes en las hojas. En 2021, con cambios en el régimen de lavados y el uso de nitratos como estrategia de antagonismo tratando de acercarse a la proporción 2:1, los niveles foliares de N se ubicaron en el rango 2,5-3%, y los cloruros se mantuvieron entre 2.500 y 3.000 partes por millón (ppm) durante la temporada.

Figura 2. Evolución de niveles de cloruro en huerto regado con aguas del río Maipo debido a un adecuado manejo de lavados y antagonismo.

OTROS FACTORES QUE INCIDEN EN UN MEJOR DESEMPEÑO FRENTE A LA SALINIDAD: VIGOR Y PORTAINJERTO

No solo la fertilización y el riego inciden en la respuesta del palto a la salinidad, remarca el especialista. Considera clave la renovación de la madera frutal a través de la poda, ya que las sales adelantan el envejecimiento de los tejidos. Por otra parte, hay que tratar de diluir al máximo los cloruros que logran ingresar al árbol, a lo cual contribuye el abundante crecimiento derivado del vigor que se logra con esta práctica. “Aquellos brotes donde están los frutos no se ven afectados por toxicidad cuando hay otros brotes que la absorben y la diluyen en el resto del árbol. El manejo de sales implica contar con plantas sanas, con vitalidad, no sirven los árboles frenados, con madera golpeada por sol, exceso de flores y caída de hojas”.

Para fomentar el desarrollo vigoroso, Lira usa reguladores de crecimiento en distintas épocas del año y emplea la técnica del anillado.

Degania 117 hasta ahora se ha comportado bien con niveles de conductividad eléctrica de 2 dS/m.

Los portainjertos antillanos son los más resistentes a salinidad, responden mejor a los antagonismos y absorben menos cloruros, constata el consultor. Degania 117, por ejemplo, hasta ahora se ha comportado bien con niveles de CE de 2 dS/m, obteniendo producciones consistentes y sin añerismo. Sin embargo, continúa, los antillanos tienen menor tolerancia a las heladas y estreses por condiciones de frío, lo que se refleja en problemas de follaje que finalmente redundan en golpe de sol y afectan tanto la producción como el calibre.

También los vigorosos portainjertos Nabal, Velvik, Ziffrin 99 y Dusa (clonal) muestran buen comportamiento frente a la salinidad.

Inversamente, Mexícola, Zutano y el clonal Duke 7 son los más sensibles ante altas conductividades eléctricas.

DESAFÍOS DE LOS PRÓXIMOS AÑOS

Bernardo Lira indica que alrededor de un 15 a 20% de su producción se cosecha después de enero. En un escenario de salinidad creciente, esto representa un alto riesgo, por lo tanto se precisa investigar y realizar ensayos con fruta que pasa más de 18 meses colgando en el árbol. Los resultados serán importantes tanto en lo técnico como en lo comercial.

Los mercados exhiben una creciente demanda de fruta orgánica, por lo cual el desarrollo de manejos con aguas de alta salinidad resulta desafiante.

Se deberá enfocar la huella del agua. En el caso de palto, teniendo en cuenta la incidencia del volumen de recurso hídrico necesario para no impactar sobre la productividad ni las reservas del año siguiente, el enfoque debe ir hacia el consumo de agua por kilo producido. Una cantidad mayor de kilos/ha con el mismo consumo de recurso hídrico permitiría bajar la huella de agua por kg.

En términos nutricionales, el precio de los fertilizantes ha aumentado, pero la opción no va por el camino de usar productos más baratos en reemplazo de los que tienen un mejor comportamiento frente a la salinidad. “Creo que hay que ser consistentes con las estrategias, debemos hacerlo de mejor manera, con un buen seguimiento nutricional a fin de evitar aplicaciones excesivas y así lograr un ahorro”, finaliza el experto.

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