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Junio 2021 | Nogales

En producción orgánica

Liberación de controladores naturales para tener a raya a dos de las principales plagas que atacan al nogal

Las hembras de Goniozus legneri tienen una misión muy importante en un huerto de nogales. Son ellas las que vuelan y se encargan de buscar y paralizar a las larvas de dos de las plagas más importantes que afectan al cultivo: Cydia pomonella y Ectomyelois ceratoniae. Un proyecto del INIA trabajó en comprobar la efectividad de este insecto benéfico en huertos orgánicos.

Banyeliz Muñoz

Lo orgánico es más que una moda: es una necesidad demandada en el mundo, sobre todo en países desarrollados. Cada vez son más los consumidores que valoran este tipo de alimentos que no utiliza ningún tipo de insumo sintético. En Chile son varios los agricultores que están apostando por este tipo de producción más saludable en distintos rubros y productos: la nuez no es una excepción. Y para enfrentar problemas comunes que se pueden suscitar –como el ataque de las plagas- se hace uso de insectos benéficos que puedan combatir y destruir a estos agentes detrimentales.

Un proyecto del INIA, liderado por un equipo multidisciplinario de especialistas, y financiado por Corfo, estuvo a cargo de producir un protocolo de producción orgánica de nogales en un predio ubicado en San Bernardo, que en una de sus partes consideró evaluar y analizar las plagas que lo atacan, e introducir alternativas de control y manejo para mejorar y obtener buenos rendimientos en el cultivo, evaluándose además, cubiertas vegetales, fertilidad, y manejo de enfermedades.

Polilla de la manzana atacando nuez cosechada.

INSECTOS GOBERNADOS POR LAS TEMPERATURA: CICLO ESTACIONAL INICIA EN PRIMAVERA

Son dos las especies claves que atacan al nogal: la polilla de la manzana (Cydia pomonella), que llegó hace más de 100 años a nuestro país, y la polilla del algarrobo o de la nuez (Ectomyelois ceratoniae), que lleva ocasionando daños a los productores desde hace unos 35 años. “Ambos insectos se comportan como plaga en nogal. Tienen ciclos biológicos muy parecidos. Son insectos que están gobernados por las temperaturas. Su ciclo estacional se inicia con sus vuelos desde fines de septiembre, iniciándose el apareamiento y ovipostura con temperaturas que rondan sobre los 13 grados. Sus ciclos están sincronizados con los hospederos a los cuales ataca. En el caso del nogal, comienzan a volar cuando aún no hay nueces. Pero de igual forma ellas pueden reproducirse en las hojas o brotes”, explica el entomólogo del INIA, Ernesto Cisternas.

Los ciclos de ambas plagas son relativamente cortos, concretamente entre 40 y 60 días, dependiendo de las temperaturas, pluviometría y hospedero, con lo cual estas polillas presentan entre tres y cuatro generaciones al año. Abarcando todo el periodo productivo, hasta la cosecha de las nueces. “En este periodo un productor de nogales convencionales tiene que hacer aplicaciones de productos químicos para controlarlas. Dependiendo de la residualidad de los pesticidas o biopesticidas y la zona (número de generaciones), el número de aplicaciones  oscilará entre cinco y siete aplicaciones por temporada”.

El inicio de las aplicaciones dependerá del vuelo de las polillas y si usa o no el biofix (modelo que permite predecir el momento que la plaga se presentará en el estado biólogico: huevo, larva, crisálida y adulto, y de esa manera aplicar la estrategia y tácticas su manejo). “Lo que con regularidad ocurre en la zona central es que las primeras aplicaciones se realicen desde mediados de octubre en adelante; la segunda entre fines de noviembre y primeras semanas de diciembre; la tercera, entre la segunda y tercera semana de enero; y la cuarta a mediados de febrero”.

¿Es un costo que los productores tienen asumido? “Sí, es un costo que debe estar considerado en los programas de manejo convencional u orgánico, salvo que el huerto no tenga el problema, lo cual se comprueba a través de las capturas en trampas de monitoreo con feromonas y niveles de daño o ataque en nueces”.

En un huerto orgánico, añade, se pueden utilizar feromonas sexuales para interrumpir el apareamiento, y la aplicación de productos biológicos”.  De hecho, en sus evaluaciones se aplica la confusión sexual con la instalación de difusores de feromonas, que es una estrategia de manejo fundamental en los huertos orgánicos.

Estas plagas están distribuidas en casi todo el país, donde ambas tienen otros hospederos, además del nogal. “Por ejemplo, Cydia pomonella en Manzano, membrillo, peral (asiático y europeo), damasco, nectarino, ciruelo, duraznero) y Ectomyelois ceratoniae en algarrobo, tamarugo, naranjo, limonero, castaño, almendro”.

“El problema que hemos estudiado es en las nueces orgánicas. En aquellos predios de producción convencional, con el uso de insecticidas de síntesis química, la incidencia de estos insectos es menor al 1%. Sin embargo, en aquellos predios que tienen una baja o nula aplicación de insecticidas, la población y presión de la plaga será mayor, por  la sobrevivencia de sus estados invernantes, población que hay que combatir biológicamente en un huerto orgánico”, precisa.

Nueces en crecimiento con ataque de polillas.

EFECTOS DE LOS DAÑOS QUE PROVOCAN LAS POLILLAS

El desarrollo del fruto es desde noviembre hasta marzo, cuando comienzan las cosechas. Es decir, el insecto ataca en todo el periodo en que la planta tiene frutos, indistintamente si este es pequeño o grande, incluso cuando estos caen al suelo.

¿Cómo las ataca? “De los huevos puestos por las polillas emergen larvas de 2 mm que se introducen en el fruto, dejando marcas características (perforaciones y fecas), cuando los frutos  son pequeños, la reacción del árbol es abortar (produciendo etileno, creando una zona de abscisión), y por ello caen tempranamente. Cuando los frutos son de mayor tamaño, se puede apreciar perforaciones, fecas en el pelón, y larvas al interior de la nuez, pero el fruto que no siempre cae. Los daños también pueden ser considerables, ya que el insecto es capaz de entrar a la nuez. Y como consecuencia deja de ser un producto exportable. El ataque de las polillas es bastante fuerte si es que no se les controla, produciendo pérdidas superiores al 30 y 40% cuando no hay control”, añade el experto.

Nuez atacada por polilla previo a la cosecha.

El problema es evidente para quien está inserto en este sector y, por lo general, los agricultores pueden reconocerlo de inmediato. “El productor que conoce su cultivo es capaz de seleccionar la fruta atacada de la sana: se notan manchas y también hay perforaciones que son evidentes”, precisa. Por lo mismo, lo que están haciendo es implementar un programa de control biológico con un enemigo natural presente naturalmente en el campo. En concreto, el objetivo es aumentar las cantidades del parasitoide liberándolo al campo.

“Tratamos de aumentar la población para que de esta forma logre un muy buen control de las larvas del insecto durante la etapa de producción, e incluso en la etapa de  postcosecha. Estamos hablando de un periodo en que existen nueces remanentes y larvas invernantes en el campo durante el otoño e invierno”, explica el investigador.

En concreto, la propuesta del INIA pasa por controlar la plaga con el uso de las feromonas (confusión sexual) como base de manejo, por ejemplo, Isomate C+, que tiene una efectividad comprobada para interrumpir el apareamiento de las polillas, con la aplicación de productos biológicos, y con la liberación de Goniozus legneri, como un programa de control biológico aumentativo. De hecho, este insecto benéfico ya es usado en otros países. “Argentina lo utiliza como control biológico en nogales, manzanos y perales. Lo que hicimos fue incorporarlo en el programa de manejo de estas plagas en nogales. Asimismo, es un insecto que puede ser utilizado en otros cultivos, como manzano, perales, ciruelas, almendros, membrillos, damascos, durazneros: donde hay ataques de polillas”, explica y hace hincapié en que las aplicaciones químicas que realizan productores convencionales. “Si ellos aplican insecticida, y liberan Goniozus, van a matar al insecto parasitoide”, advierte y subraya que el trabajo que han ejecutado tiene como foco a aquellos productores orgánicos y biodinámicos.

“Es importante que este parasitoide pueda establecerse en los lugares silvestres de los campos. Una de las características de este insecto que estamos promoviendo para su uso es que es bastante generalista  (puede reproducirse sobre varias especies).  Se puede desarrollar en larvas de muchos otros insectos lepidópteros, por lo que se puede implementar también en otros cultivos”, explica sobre una forma de cultivo (y producción) que es altamente valorada por una serie de mercados, sobre todo de países desarrollados, especialmente en Europa. “Por ello, es muy importante crear un protocolo de producción orgánica de nueces para hacer una diferenciación de nuestros productos y poder optar a mercados de nicho, lo cual nos aseguraría la venta de nuestros productos. Existe un mercado para los productos orgánicos en el mundo”, remarca.

ES LA HEMBRA LA QUE ATACA AL AGENTE DESTRUCTOR

En los estados larvarios es cuando parasita el Goniozus, y es la hembra la que detecta la larva de la plaga, inyectándole un veneno que la paraliza sin matarla, y comienza a poner sobre su piel los huevos. “Sus larvas, en dos o tres días, dependiendo de la temperatura, introducen su aparato bucal bajo la piel del insecto y comienzan a alimentarse de esa larva que está adormecida por el veneno, matándolas al finalizar su desarrollo”, precisa el investigador del INIA. Todo el procedimiento toma entre 45 y 60 días, dependiendo de las temperaturas y la época del año. El ciclo va a ser más largo a principio de primavera, es decir, entre noviembre y diciembre, y más cortos en el verano, entre diciembre y marzo.

“El macho cumple la única función de apareamiento. Si tenemos un campo, y no tenemos el insecto plaga, al año siguiente, cuando se inicia el ciclo productivo, vas a tener infestaciones naturales migrantes de los lugares de alrededor del huerto. Siempre la plaga va a venir de un lugar a otro, no respetando fronteras prediales”, explica el experto.

Respecto a cómo conseguir el Goniozus, Cisternas indica que puede ser que exista naturalmente en el campo, o si quiere aumentarlo, puede comprar el insecto. “Hay una empresa: Biobichos, de Chillán que está multiplicando este parasitoide para ser utilizado en polilla de la manzana o del algarrobo”. Con Biobichos, actualmente INIA solo tiene una relación comercial (compra de parasitoide o depredadores para su evaluación en proyectos específicos). “Esperamos tener una relación técnica a través de proyectos de I+D (investigación/ desarrollo) en un futuro cercano”.

En concreto, Goniozus legneri está distribuido naturalmente entre las regiones de Valparaíso y Maule. Se desarrolla en los huertos sin manejo químico, en los árboles que son aislados, en los huertos de las casas que tienen nogal, o un manzano, peral, membrillo o durazno. También se pueden encontrar en huertos convencionales con una baja carga de pesticidas.

En este proyecto que ejecuta el INIA se liberaron el 2020 unos 5.000 individuos por hectárea en nogales, logrando subir al doble el parasitismo. Este año en particular volvieron a realizar pruebas demostrativas, pero con  intensidades de liberación mayores: 5.000, 10.000 y 20.000 Goniozus por hectárea. “También estamos haciendo otros experimentos con el insecto a nivel de laboratorio, y con liberaciones inoculativas en el campo en duraznos, manzanos, y almendros orgánicos. El objetivo es ver el establecimiento de Goniozus para tener alternativas complementarias para  productores de producción orgánica”, precisa el especialista.

Las liberaciones esta temporada se realizaron durante el período estival (diciembre a marzo), momento oportuno para conseguir una adecuada sincronización entre las polillas plaga y el parasitoide. En esta temporada el programa se cumplió con seis liberaciones para cada uno de los tres tratamientos. Una vez que los insectos se producen en laboratorio son llevados al campo en cajas enfriadas. Aquí se preparan las cápsulas de liberación donde se introducen los parasitoides (alrededor de 50 pupas o coccones de Goniozus) y se distribuyen colgados en el área de liberación.

¿Cómo se hizo? Se obtuvo los adultos del campo y se estableció una pequeña colonia en laboratorio multiplicada sobre larvas de una polilla distinta a las plagas. Concretamente, los investigadores del INIA usaron la polilla de la cera (Galleria mellonella L) como hospedero, sobre todo porque se trata de una polilla de fácil crianza en laboratorio. El uso de la polilla de la cera como hospedera para la multiplicación en laboratorio es una técnica utilizada en otras partes del mundo por su facilidad para ser criada bajo condiciones controladas.

¿Cuáles han sido los resultados? “Si uno libera insectos de buena calidad en el momento oportuno, sincronizas bien la liberación con la presencia de las larvas de la plaga en el campo: es seguro que tienes el establecimiento del parasitoide. Luego va a depender de las labores y cantidades que liberes para poder obtener resultados en la temporada. Si liberas en diciembre, y cosechas en marzo, ya vas a poder encontrar el parasitoide actuando sobre la plaga en marzo. O sea, es casi inmediato. El parasitoide encontrando su larva huésped la va parasitar”.

Tras esto, ¿qué sigue? “Las primeras evaluaciones mostraron resultados alentadores, en un sector natural (sin liberación) se determinó una incidencia menor al 20% de parasitismo en larvas y en el tratamiento donde se liberó 5000 Goniozus/ha se obtuvo casi un 50% de larvas parasitadas. Lo que sigue es desarrollar el escalamiento comercial de multiplicación en laboratorio, como también desarrollar pruebas de densidades, épocas y técnicas de liberación. El mercado para Goniozus es más amplio que solo el nogal orgánico, considerando los distintos cultivos orgánicos y convencionales que atacan estas polillas y otras polillas huésped del parasitoide. Su desarrollo recién comienza y la superficie es amplia, si consideramos nogal, manzano, cítricos, durazneros, vides, entre otros”.

5 CENTROS DEL INIA INVOLUCRADOS

El proyecto finaliza en mayo y reunió un equipo de destacados expertos de cinco centros regionales de investigación: María Cecilia Céspedes León (INIA Quilamapu); Viviana Barahona y Soledad Espinoza Troncoso (INIA Raihuén), Gamaliel Lemus (INIA Rayentué); Carlos Ovalle Molina, Ernesto Cisternas Arancibia y Ana Morales (INIA La Cruz), Fernando Rodríguez y Matías Quiroz (ex INIA La Cruz) y, Giovanni Lobos Lobos (INIA Intihuasi).