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Julio 2017 |Uva de mesa

Mejores costos y productividad

Las ventajas de la mecanización en viñas viníferas

Una sola máquina puede cosechar 150 toneladas y hacer las tareas de 300 personas en un solo día, a un valor de casi un tercio por kilo en comparación al trabajo a mano. Y si bien el precio de una máquina vendimiadora puede sobrepasar sin problemas los € 200.000, el retorno sobre la inversión sería de tres años y medio o menos. Y todo sin afectar la calidad de la uva: las nuevas tecnologías permiten graduar las cosechadoras para no afectarla.

  Jorge Velasco Cruz

El uso de maquinaria para las labores agrícolas en viñas ha dejado de ser un anhelo utópico y se ha convertido en una alternativa que, si bien requiere de una importante inversión inicial, es rentable en el mediano plazo y presenta importantes aumentos en la productividad, sin afectar la calidad de la uva.

Marcelo Lorca, Gerente agrícola de Aresti Chile Wine

“Hay mucha tecnología en mecanización que los productores agrícolas han ido a conocer al extranjero y que se ha adaptado a la condición nacional. Pero la gran diferencia con los proyectos que se han llevado a cabo en Europa y Estados Unidos, es que estos comienzan con el objetivo de ser mecanizados. En Chile, sin embargo, por lo general se ha tratado de adaptar la máquina a la condición de los viñedos que ya están diseñados. Por eso, ha habido una pérdida de tiempo importante y algunos fracasos. Para el futuro, todos los proyectos nuevos deben ser pensados de acuerdo al objetivo productivo del viñedo y si este precisará del uso de máquinas. Esto también implica la elección de variedades, tipo de estructura y ancho entre hileras. Adaptar el viñedo después de haberse plantado, es difícil”, comenta Marcelo Lorca, Gerente agrícola de Aresti Chile Wine (ACW), grupo vitivinícola nacido en 1951 que cuenta con 1.150 hectáreas, de las cuales 350 hectáreas están en producción en el Valle de Curicó. Comercializa en más de 40 países sus vinos Aresti, Espíritu de Chile y Montemar.

En los últimos años el alto valor y la baja disponibilidad de mano de obra han sido dos de las restricciones más importantes para esta industria y uno de los motivos para incentivar su mecanización, especialmente de la cosecha. Durante la última década, su valor ha aumentado al menos un 30%: se trata de un importante factor a considerar, toda vez que la mano de obra implica entre el 50% y el 70% de los costos directos de producción. Y el futuro no se ve muy alentador. “Por las políticas laborales que hay en este momento, competencia con otros rubros y la disponibilidad de mano de obra, su precio debería ir subiendo”, afirma Marcelo Lorca. 

Una de las razones para la falta de mano de obra es la migración campo-ciudad, debido –entre otros motivos- al aumento de empleos menos exigentes físicamente, como aquellos ofrecidos por el retail en los centros comerciales. Según cifras del Banco Mundial, si en 1960 la población urbana en Chile era del 69%, para 2015 llegaba al 90%. A esta escasez, que afecta a todo el mercado agrícola, se suma la competencia entre los distintos rubros, puesto que durante la cosecha (tres primeras semanas de marzo en blancos, y desde fines de marzo a mayo en tintos) las viñas deben disputar la mano de obra con plantaciones que entregan sueldos más atractivos, como arándanos y cerezos.

Cosecha Mecánica para Todas las Calidades

Pero el poco y caro personal disponible para efectuar las labores agrícolas, principalmente en la cosecha, no es la única razón para alquilar o comprar maquinaria. Las ventajas económicas pueden ser importantes.

Marcelo Lorca explica que, en un viñedo promedio con una productividad de 15 toneladas por hectárea, el costo del kilo cosechado a máquina llega a $12-$14, mientras que aquel recogido a mano se empina a $30-$33. Y eso que hay que considerar que, a mayor productividad del viñedo, el valor mecánico por kilo vendimiado desciende, puesto que no se necesita usar un mayor número de máquinas por cada hectárea. A su vez, las máquinas para cosechar uva plantadas en espaldera pueden llegar a un promedio de 150 toneladas en una jornada de ocho horas, lo que equivale al trabajo de 300 personas.

La buena noticia es que, actualmente, todo esto se logra sin perjudicar la calidad del vino, gracias a las innovaciones tecnológicas, la oportunidad de cosecha que entrega y a la posibilidad de responder frente a una condición climática adversa, como las lluvias producidas en abril de 2016.

“Antiguamente, la máquina estaba acotada a viñedos de calidad media-baja (varietales y algunos niveles reserva) y la cosecha manual se privilegiaba para niveles de alta gama. Pero, en el último tiempo, se ha logrado introducir la mecanización en la vendimia en forma independiente de la calidad. Con la máquina se tiene la oportunidad de cosechar en el momento en que se necesite y hacerlo de noche con bajas temperaturas. Esto favorece enormemente a la uva antes de que llegue a la bodega, especialmente de las blancas, ya que minimiza sus reducciones y oxidaciones en el trayecto. Además, permite hacer la selección de la cosecha por tamaño, color e impurezas. Y, en tercer lugar, le tecnología ha aumentado bastante, por lo que la limpieza en la cosecha ha mejorado mucho. Hoy la máquina está cosechando niveles de alta gama también”, comenta Marcelo Lorca.

En Espaldera

Los dos tipos de viñedos en los que se cosecha en forma mecánica son los parrones y las espalderas convencionales, los cuales precisan de herramientas diferentes. Para los primeros, en Chile se usan principalmente las máquinas Puccinelli, mientras que para los segundos se emplean equipos Pellenc y New Holland.

Los Puccinelli ofrecen un flujo de cosecha de dos hectáreas por jornada de ocho horas, lo que equivale a unos 60.000 kilos, puesto que la carga de uva en esta estructura es alta. Sin embargo, estos viñedos entregan una calidad inferior del fruto en relación a aquellos instalados en espalderas, donde se puede plantar todo tipo de calidad de vides. En espalderas, las máquinas pueden cosechar una hectárea por hora, lo que en una jornada de ocho horas equivale a 150.000 kilos, aproximadamente.

Un modelo de máquinas que ha sido relevante en la mecanización en Chile y en específico para la Viña Aresti, ha sido Braud, de New Holland. El costo de cada uno oscila entre los € 210.000 y € 240.000, dependiendo de la potencia de los motores (lo que permite, por ejemplo, desempeñarse mejor en laderas) y la capacidad de la tolva, lo que otorga menor o mayor autonomía de cosecha. El primero es un modelo más básico, con 128 HP de potencia, cuatro cilindros y 2.800 litros de carga. El segundo, en tanto, es de 150 HP, seis cilindros y 3.200 litros. Uno de los aspectos diferenciadores más importantes entre ellos, es que el más grande permite realizar otras funciones. Al sacarle el cabezal de cosecha, queda como un tractor que se puede equipar para llevar a cabo otras labores agrícolas durante el año.

Según indica Marcelo Lorca, la adquisición de una unidad de este tipo se justifica con 250 hectáreas plantadas, considerando que esa es su mínima capacidad de cosecha en una temporada. “Según los estudios económicos que hemos hecho, al comparar la adquisición de una máquina en relación al servicio de tercerizado, porque también hay mucha oferta de alquiler de vendimiadoras que cobran por hectárea cosechada, a las tres vendimias y media se recupera la inversión”, afirma.

El servicio de arriendo tiene un costo que varía entre $ 200.000 y $ 220.000 por hectárea, lo que equivale a $ 55.000.000 por temporada, si se realiza la vendimia en un predio de 250 hectáreas. En tanto, el valor de adquisición de las máquinas va de $ 160 millones (€ 210.000) a $ 183 millones (€ 240.000), aproximadamente. Y eso sin considerar los beneficios de la multifuncionalidad que ofrecen las unidades más avanzadas, que permitirían usarse durante todo el año y amortiguar la inversión más pronto.

Otras Tareas Mecanizadas

Poda: se utilizan sierras horizontales o verticales que se montan sobre tractores o en los equipos Braud.

Prepoda: un equipo va montado sobre un tractor, con sierras que siegan el material vegetal para dejarlo a una altura de corte que permita repasar la poda en forma manual.

Chapoda: corte de los ápices de arriba del viñedo.

Deshojadora: por sistema de succión y corte, deja descubierta de hojas la zona de los racimos, para que estos tengan una mayor exposición a la luz y más ventilación.

Fumigación de bajo volumen: “Lo importante es aplicar kilos de ingrediente activo por hectárea y no agua. De esta manera, una fumigación de 800 litros por hectárea se puede reducir a 150 litros. Se ocupa el agua en la medida justa”, dice Marcelo Lorca.

Multifunción: Máquinas que se adaptan para ejecutar más de una labor en forma simultánea. En el caso de las Braud, se puede sacar el cabezal de vendimia para instalar adelante una chapodadora, mientras que, al mismo tiempo, fumigue o azufre desde atrás. En tractores se pueden agregar otras funciones, como el rastraje o cultivo de suelos. “Lo que uno busca es tratar de ingresar lo menos posible al campo, por costos y eficiencia. Las combinaciones que se puedan hacer dependen de la potencia de los equipos: deben ser las adecuadas para efectuar dos labores hidráulicas en paralelo”, afirma Lorca.

Condiciones de Mecanización

De todas formas, al plantar en espaldera se deben establecer algunas condiciones mínimas –condición del terreno, formación de la planta, estructura- para el mejor funcionamiento de las máquinas.

“Lo principal es la condición del terreno y del viñedo para mecanización. Esto se debe a que el operador que va arriba de la máquina tiene que estar preocupado de cosechar y no de andar haciéndole el quite a los hoyos o de sortear otras situaciones. Cada máquina pesa unas tres toneladas y puede llevar otras tres en fruta y cualquier impacto puede tener consecuencias importantes”, dice Marcelo Lorca. Por eso, el terreno tiene que ser lo más plano posible y sin desniveles, con una inclinación frontal máxima de 30% y 15% lateral en contrapendiente.

En cuanto a la formación de las plantas, el experto recomienda que estas se sitúen lo más alineadas que se pueda en la sobrehilera. Sin embargo, el tipo de cepa no tiene mayor relevancia, puesto que solo se necesita regular el cabezal de cosecha para adaptarlo a cada variedad.

En relación a la estructura, la distancia mínima mecanizable entre hileras debe ser de 1,8 metros, aunque las tendencias actuales oscilan entre los 2,2 hasta los 3,0 metros. “Esto permite el ingreso de tractores más robustos que incluso pueden realizar dos labores en paralelo y sin sacrificar kilos por hectárea, logrando rendimientos de hasta 30 toneladas, gracias al uso de materiales clonales de alta producción. De esta manera, ya no interesa tanto tener muchos individuos dentro de la unidad productiva, sino que cada uno produzca una alta cantidad de fruta”, explica el gerente agrícola de ACW.

Asimismo, aconseja preocuparse de que no haya postes quebrados o alambres sueltos que perjudiquen el accionar de la cosechadora. Los postes tienen que alcanzar una altura sobre el suelo de 1,9 metros, ya que la canopia llega hasta arriba. También tiene que haber caminos anchos al término de las hileras, que permitan girar a las máquinas para así ingresar a la siguiente hilera.

A ello se suma la buena calificación del operador. “La persona que anda arriba de la máquina es clave en el éxito de la vendimia. Ella genera todo el flujo de cosecha: si la máquina falla, también lo hacen los camiones y la bodega”, afirma Lorca. La vendimiadora debe funcionar 10 horas seguidas para pasar a un periodo de dos horas de mantención, cambiar al operador y retomar por otras 10 horas de cosecha.

Por eso es fundamental contar con un servicio de asistencia que no falle: si es una máquina comprada, una adecuada postventa; y si se trata de un alquiler, de una buena plataforma de mantenimiento. “No se puede parar la máquina en plena vendimia, porque hay todo un flujo de vendimia que queda detenido. Ahí está la clave del operador: uno bien calificado va a cuidar la máquina y va a saber qué puede o no hacer”, dice el especialista de Aresti Chile Wine.

Finalmente, la logística de la vendimia también es esencial. “Esto implica entrar a cosechar a la hora en que hay que hacerlo y en los cuarteles que corresponde. La bodega, a su vez, debe estar preparada para recibir un cierto flujo de cosecha diario. Dependiendo del momento de la vendimia, se puede cosechar hasta 24 horas al día, que es lo que hacemos con los tintos en ACW. Los blancos se cosechan solamente de noche, por temas de temperatura”, comenta Marcelo Lorca.