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Cítricos

29 de abril de 2022
Pese a estrechez hídricas y mayores exigencias del mercado

La resiliencia de las mandarinas y clementinas en Limarí

La resiliencia de las mandarinas y clementinas en Limarí

El valle del Limarí ofrece a los productores de mandarina la posibilidad de ampliar la ventana de comercialización de la fruta, con cosechas tempranas y también muy tardías. Por ello, hay campos que están introduciendo variedades que hasta ahora no se veían en este territorio.

Por Miguel Patiño A.

El valle de Limarí se ha transformado en el centro de producción más importante de mandarinas y clementinas de Chile, con una gracia única: por el efecto que genera su producción, que va del llano a la altura a una escasa distancia, los productores del valle pueden ofrecer una fruta muy temprana (última semana de abril) y también otra tardía (a finales de octubre), que les permite tener una ventana de comercializando bastante amplia.

Desde la introducción de estos cítricos al valle en los años 90, -que hoy cuenta con 4.000 ha de mandarinas y clementinas-, hoy vive una nueva transformación debido a que algunos productores de uva de mesa, ante la presión por la escasez hídrica, la pérdida de rentabilidad y también de la competencia de Perú, optaron por los cítricos para mantenerse en la actividad agrícola. Y los que siguen con la uva, han optado por trabajar con nuevas variedades. Y quienes dieron el paso de sumarse a la citricultura tienen el reto de llegar con una fruta que conquiste a los mercados internacionales.

Lisardo Álvarez, especialista en cultivos de cítricos y paltos.

En Limarí se dan las condiciones para que así sea. “Las condiciones agroclimáticas de esta zona permiten que se obtenga una fruta con una muy buena presentación”, sostiene Lisardo Álvarez, asesor, especialista en cítricos, destacando las bondades del valle, por sobre otras zonas productoras de la región. “En Argentina o Uruguay tienen el problema de las lluvias, tanto en primavera y verano. En Perú, la fruta debe pasar por tratamientos de frío por temas cuarentenarios”, cuenta.

En Limarí, las condiciones agroclimáticas son especiales para el desarrollo de este cultivo, que han  permitido a los productores mantenerse competitivos, pese a la estrechez hídrica que atraviesa esta provincia y la crisis directa e indirecta que ha generado la pandemia. “La falta de mano de obra y el alza de costos e insumos han sido difíciles de sortear”, precisa. Respecto a los mercados de destino, destaca EE UU, que compra el 90% de esta fruta chilena, aunque lo que sí han visto es que desde las últimas temporadas ha ido creciendo la exigencia por frutas de mayor calibre, fenómeno que también se ha replicado en el mercado interno.

“Si el objetivo es entrar a los ‘programas de marcas’ en EE UU, con etiquetas publicitarias de dibujos animados, por ejemplo, el estándar de calidad que se exige es alto y se debe cumplir con la madurez interna y tener una fruta de muy buen nivel. Si la fruta no tiene esas características, irá a un mercado de un nivel más bajo, donde la fruta irá en una caja o bolsa genérica, sin marca”, explica, sobre un tema de marketing que es importante para las empresas americanas, que desean acercar la fruta a los niños.

“Son productos saludables, fáciles de pelar y sin necesidad de utensilios como un cuchillo. Además, para la seguridad de los niños, no tienen semillas y se pueden comer por gajos. Esas características ayudan a pensar que puede seguir teniendo una demanda creciente”, grafica el experto.

‘SYSTEMS APPROACH’ PARA EL INGRESO A EE UU

Una de las ventajas de Chile y del Valle del Limarí es que para ingresar a EE UU cuenta con el programa ‘Systems approach’ para Brevipalpus chilensis, lo que permite ingresar a ese mercado sin necesidad de fumigar, cuando los huertos son certificados como libres o de baja prevalencia de este ácaro, a diferencia de otras frutas que sí están obligadas a ser fumigadas, desmejorando la calidad y la posibilidad de guarda de esos frutos.

Pero, ¿cómo se mide la calidad de un cítrico? Para Álvarez, se debe hacer una clara diferencia entre la calidad interna y externa del fruto. “En la calidad externa está el calibre y la presentación. En general, nuestra fruta no sobresale por calibre, como sí lo pueden hacer una fruta peruana o uruguaya. Sin embargo, en el tema cosmético, es decir, color y calidad de piel, nuestra fruta es realmente sobresaliente”, sostiene el experto.

En lo que se refiere a la calidad interna de la fruta, que está relacionada a las relaciones de azúcares y acidez, el asesor señala que somos bastante competitivos. “Probablemente no somos los mejores, pero somos bastante competitivos; no decepcionamos”, aludiendo a los grados Brix de la fruta, que le otorgan un buen dulzor, una característica importante para el mercado objetivo como los niños.

Pero así como hay ventajas importantes para la zona, también hay desafíos, siendo el principal problema que enfrentan la escasez de agua, ya que de acuerdo a Álvarez, la menor disponibilidad hídrica podría significar una disminución importante en la producción, del orden de un 20%, para la próxima temporada, que ya se están manejando con diversas medidas, como podas agresivas, para enfrentar la situación.

UNA NUEVA PALETA VARIETAL

En el valle, en una zona temprana y de ‘altura’ como Monte Patria tienen cabida variedades tempranas, mientras que en zonas bajas, como pueden ser Tabalí o Cerrillos de Tamaya, se produce fruta tardía (en clima fresco costero). Un intermedio es la denominada fruta de enlace, que corresponde a variedades tempranas puestas en clima fresco costero, o variedades tardías puestas en clima cálido interior. En zonas tardías, como por ejemplo, en un huerto de 20 ha de Agrícola Peñuelas, 80% está plantado con  W. Murcott y 20% con Orri. La producción de este campo está enfocado para el final de la temporada del hemisferio sur, y su producción entrega un volumen de enlace con la primera producción del hemisferio norte.

“Esta proporción se da por una apuesta hacia Orri que, como producto, tiene buenas características, pero productivamente todavía hay que resolver algunos manejos para poder tener una consistencia productiva”, comenta Álvarez, sobre un huerto que fue plantado en octubre de 2020 y que ya cuenta con su primera e incipiente producción.

En esta primera horneada de Orri, Álvarez comenta que ya están realizando ciertos manejos para el control de ‘splitting’ (partidura), o ciertos problemas de cuaja. Así, hay algunos manejos como el anillado, pero detalla que están tratando de llevar el manejo con acciones menos invasivas. Por ejemplo, uno de los manejos que están realizando es la conducción con alambres visibles, algo que solo realizan con Orri.

SISTEMA DE CONDUCCIÓN. A diferencia de la variedad Murcott, la receta que encontraron con la variedad Orri es una conducción con alambres. Álvarez señala que esta variedad israelita tiene desafíos como educar sus brotes, ángulos y aberturas, “para que lo vegetativo se transforme en productivo”.

“W. Murcott es mucho más dócil en términos productivos y puede tener productividades del orden de 50 o 60 toneladas por hectárea; no es difícil hacerla producir, pero Orri sí tiene un desafío, que es que hay que educar los brotes, ángulos, sus aberturas, para una arquitectura de copa ordenada, todos manejos que permitan transformar lo vegetativo en productivo”, sostiene. No es lo único, ya que están afinando la ‘receta’ para controlar su vigor. Para el especialista, “se deben construir las curvas de calibre, para de alguna forma tener en tiempo real la información para hacer las proyecciones y poder llegar a los calibres que hoy día comercialmente el mercado nos está pidiendo”. La idea es, finalmente, transformar ese vigor en productividad.

Ante esta apuesta por Orri, Álvarez comenta que es importante que Chile busque alternativas varietales para ir desarrollando en el país. “Hoy la mandarina es prácticamente monomercado, ya que cerca del 90% de la fruta se va a EE UU, pero también tenemos la posibilidad de exportar al mercado chino, aunque para ese mercado debemos tener otras variedades, que son las que gustan al consumidor chino. Esta apuesta por Orri es precisamente por eso, que sea una variedad de alta calidad para consumo, alto contenido de grados Brix, y una buena poscosecha”, explica. Y es que la carrera de los productores pasa por hacer crecer los árboles lo más rápido posible para llegar rápido también a la plena producción, “aunque es importante convivir con manejos que no desequilibren el árbol a tal punto de que tengamos lindos árboles pero mala productividad”, sostiene.

¿Qué es lo que buscan los programas genéticos de cítricos? Los principales objetivos están en poder avanzar con materiales resistentes a sales, a la sequía, en índices de productividad, enfocado también en lo que el mercado está pidiendo en términos de calidad de consumo (o lo que en inglés se denomina ‘eating quality’). Además, es importante contar con variedades resistentes a enfermedades y la creciente necesidad de usar menos pesticidas para una agricultura un poco más sustentable.

Respecto a W. Murcott, sobre todo en la parte baja del valle, se usan mallas perimetrales para proteger los árboles y frutos del viento, una práctica muy común en Limarí, y que puede generar estrés en la planta e incluso dañar la parte cosmética de la fruta. “En condiciones como estas, sí es importante generar un buen control de viento , porque la participación de la velocidad del viento en la evapotranspiración potencial es muy significativa para el ahorro de agua”, comenta el experto y añade que hay huertos que la temporada pasada produjeron 30 t/ha en tercera hoja, y el desafío para la próxima campaña es lograr una productividad mayor, en torno a 35 t/ha y 40 t/ha, con el reto de conseguir mejores calibres, sobre todo porque el mercado está más exigente con este requerimiento. “Hoy estamos tratando de sacar del sistema a los calibres menores”, afirma, aunque la temporada pasada fue difícil de conseguir debido a la condición climática del valle, que ocasionó ciertos problemas de producción y de calibres.

PROTECCIÓN. Variedad Murcott rodeada por mallas perímetrales en la parte baja del valle, para proteger a los árboles del viento.

MALLAS CON SEGUNDO USO. Un segundo uso de las mallas es como ‘mulch’, para evitar la pérdida de evaporación directa desde la parte superior del camellón.

“La suma de esos factores hizo que sobrara mucha fruta, que se perdió o que terminó en el mercado interno a precios muy bajos”, sostiene Álvarez sobre una experiencia que ningún agricultor quiere vivir este 2022. “Es un gran tema, porque hay pocos estímulos hormonales que se pueden usar, y las alternativas hoy son los bioestimulantes naturales, sumado a que el uso de agua hoy tiene restricciones importantes”, principalmente por la crisis de agua. “Por eso es que las podas y las regulaciones de carga ha sido uno de los caminos más recurrentes en las líneas técnicas que hoy día conviven en el valle”, comenta.

En específico, respecto a los bioestimulantes, el experto sostiene que hay productos que han dado resultados, como aquellos en base a algas. Además hay otros, como mejoradores de suelo y consorcios de microorganismos que, según afirma, “han sido capaces de mover la aguja”. Por ello, dice que hoy, dadas las condiciones, es una ‘obligación’ buscar herramientas que permitan mejorar la productividad, porque “los márgenes se estrechan y los costos suben”, añade.

MANEJOS AGRESIVOS ANTE LA CRISIS HÍDRICA

No es ningún misterio que el país vive una sequía por más de una década, y las condiciones también golpean a esta zona. Para Álvarez, lo esencial es ser muy disciplinados. “Para tener fruta de buen calibre hay que regar bien, pero el recurso no nos sobra, y el regar bien implica mucha precisión, sobre todo porque no nos sobra ningún metro cúbico”, advierte.

Por ello es que en huertos de Monte Patria se trabaja con plataformas de riego y se han instalado sondas a distintas profundidades, para el control de la humedad y salinidad, tecnologías que han sido un apoyo para racionalizar el uso.

En una empresa de la zona que maneja 80 ha, varios cuarteles fueron podados casi en su totalidad en el mes de enero. Esa poda agresiva que se realizó en Monte Patria, se hizo como un manejo para mitigar las condiciones de sequía. “Renunciamos a la producción, pero salvamos el árbol”, comenta y añade: “Cuando uno hace un balance hídrico, lo peor es regar todo mal, entonces es mejor regar bien una fracción de tu unidad, que usar el agua en todo y que todo quede deficitario”.

ÁRBOLES JÓVENES. Variedad Orri se plantó en octubre de 2020, en la parte baja de Limarí, y ya registró su incipiente primera producción.

PODA AGRESIVA. Para hacer frente a la estrechez hídrica del valle, se realizan podas agresivas. “Cuando uno hace un balance hídrico, lo peor es regar todo mal, entonces es mejor regar bien una fracción de tu unidad, que usar el agua en todo y que todo quede deficitario”, señala Álvarez.

En este huerto hay tres variedades: Oro Grande, Oronules y Clemenules. Todas para sacar una cosecha temprana y ‘ultra temprana’, en una zona que se ha centrado en producir mandarinas de estas características. “Todos los manejos van orientados a eso, aunque por los volúmenes disponibles de agua, tenemos la necesidad de ajustar la carga frutal. Dependemos del caudal que traiga el río, por eso el trabajo aquí está orientado a evitar la sobreproducción en estas condiciones, y disminuir los riesgos de problemas en piel, que son condiciones que se dan en contextos de estrechez hídrica”, describe el experto.

A diferencia de aquellas variedades tardías que se cosechan con su característico color naranjo, estas son susceptibles de ser desverdizadas, por lo que se cosechan con la piel verde hasta someterlas a un proceso de curado, donde la fruta se deja estacionada algunas horas antes de ser movilizada para que las glándulas oleíferas del flavedo no sean tan prominentes, ya que se pueden romper pudiendo liberar aceites que pueden dañar la piel (oleocelosis).

Las condiciones agroclimáticas de Monte Patria hacen que la madurez interna ocurra antes que la madurez externa. Es decir, se tiene una fruta con los grados Brix óptimos y una acidez razonable, pero al mismo tiempo el color de la piel sigue siendo verde. “Así, la definición del momento de cosecha tiene que ver con una evaluación de la madurez externa y la madurez interna, donde debemos hacer varias revisiones”, subraya y añade que deben ser muy cuidadosos en la manipulación de la fruta para evitar ciertos desórdenes que podrían ocurrir.

Además, los productores deben tomar precauciones ante la posibilidad de que ocurran ciertos eventos climáticos antes de la cosecha, que podrían afectar la cosmética de la fruta. Esta es una zona donde la cosecha ocurre entre abril y mayo, meses en los cuales la temperatura comienza a bajar. “Ese cambio de temperaturas podría podría provocar lesiones que desencadenarían una posterior enfermedad. Asimismo, si hay lluvias cercanas al invierno, ese día no se puede cosechar. Lo mismo cuando hay una lluvia grande, donde además tenemos que hacer ciertas aplicaciones que tienen el objetivo de evitar lesiones que podrían dar paso a enfermedades de postcosecha”, precisa.

Uso de mallas

Cada vez es más común ver el manejo de mallas en los huertos de mandarinas del valle de Limarí. Su utilización es para evitar la polinización cruzada entre diferentes variedades, asegurando así que no salgan frutos con semillas, algo que impacta directamente en los precios y en la posibilidad de exportar esta fruta. Esto se debe a que muchas de estas variedades de cítricos son compatibles y susceptibles a la polinización cruzada, por lo que gracias a la acción de abejas y otros insectos, pueden ser fecundadas por polen proveniente de plantas de otras variedades o especies de cítricos con semillas ubicadas a una distancia cercana.

Asimismo, se les da un segundo uso a estas mallas, como ‘mulch’, ya que se emplean para evitar la pérdida de agua por evaporación directa desde la parte más alta y caliente del camellón, reteniendo así la humedad del suelo y favoreciendo la filtración del agua del riego, algo más que necesario dado el contexto de estrechez hídrica de la zona.

AZOTE DE LA PANDEMIA

Una de las consecuencias que ha traído la pandemia del Covid-19 para el sector citrícola es que ha habido una limitación de la mano de obra en el valle. “En cítricos y paltos, la máxima demanda de mano de obra ocurre en la la cosecha, en una época distinta al ‘peak’ de trabajadores que necesita la uva de mesa.  Sin embargo, lo que hemos visto es que ha habido una menor disponibilidad de trabajadores que conocen el cultivo”, comenta Álvarez y añade que la incorporación de extranjeros ha resuelto, de alguna forma, la disponibilidad de trabajadores, “aunque ha significado también hacer nuevos esfuerzos de capacitación, sobre todo en trabajos más especializados que necesitan una comprensión mayor del árbol”, subraya.

Debido a la disminución de producción que se proyecta para este año debido al mayor racionamiento del uso de agua por parte de las agrícolas, se proyecta que habría una mayor disponibilidad de trabajadores, aunque remarca que aún es temprano para  aventurarse en esa hipótesis. “Ha sido difícil el tema de la mano de obra. Es algo que las agrícolas tienen que seguir trabajando, y probablemente eso va a significar disponer de más recursos para atraer a gente que esté dispuesta”, complementa, aunque comenta que también hay que poner el foco no solo en pagar más, sino que que en la productividad, “con encontrar gente que nos ayude a ser competitivos”, finaliza.

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