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Julio 2019 | Frambuesa

Y cómo recuperarla

La pérdida de competitividad de la frambuesa en Chile

El elevado valor de la mano de obra y los bajos rendimientos por hectárea están llevando permanentemente a la baja la producción nacional de frambuesa. Es así que Chile pasó de ser un actor relevante a uno secundario a nivel mundial en solo una década. ¿Cómo retomar el sitial perdido? Mecanizando la cosecha, bajando los costos productivos y renovando el material genético para volver a la productividad de antaño. Pero no es fácil: la atomización de la producción dificulta las inversiones necesarias para lograrlo.

El mercado global de la frambuesa ha ido cambiando en los últimos diez años y, con ello, el rol que Chile desempeña en relación a este berry: nuestro país ha ido perdiendo protagonismo con la misma vertiginosidad con la que los mercados han aumentado su consumo.

Es así que la producción mundial casi se duplicó en una década, al pasar desde 310.000 toneladas en 2008 a 590.000 en 2017, pero al mismo tiempo la nacional se contrajo fuertemente. Si en 2010 Chile cosechó 59.331 toneladas (según la Asociación de Empresas de Alimentos de Chile o Chilealimentos AG), que correspondió en ese momento al 16% de la producción mundial, para 2017 esta cifra había bajado a 38.340 toneladas, equivalentes al 6,4% de las frambuesas que se comercializaron aquel año. En ese contexto, si bien la frambuesa congelada se ha mantenido como el principal producto de exportación nacional en este ámbito, ha ido perdiendo peso. En 2014 tenía un 86% de participación, mientras que en 2017 llegaba a 76%. En tanto, en ese mismo lapso aquella destinada para pulpas y jugos pasó de 6% a 14% y el consumo local subió de 7% a 9%.

En 2018 los volúmenes locales continuaron bajando. “En nuestro país se estima una producción entre 33.000 y 35.000 toneladas de frambuesa”, afirma Antonio Domínguez, director de Chilealimentos y presidente de la International Raspberry Organization (IRO), que agrupa a representantes de 14 países de la industria de la frambuesa, equivalentes al 93% de la producción mundial. De ella, según el Boletín de Frutas y Hortalizas Procesadas publicado por Odepa en marzo de este año, en 2018 se exportaron 26.078 toneladas y para este año las cifras seguían en descenso: el mismo documento señala que entre enero y febrero de 2019 la baja en volumen fue de 21,7% en relación al mismo período del año anterior.

El descenso permanente en la cantidad de frambuesa producida en nuestro país está marcado por un mercado cada vez menos atractivo y por la pérdida de competitividad de los agricultores locales.

NUEVOS JUGADORES EN UN NUEVO ESCENARIO

Durante las últimas décadas, el volumen de venta de frambuesa en fresco –que gatilló el inicio de esta industria hace 30 años- prácticamente desapareció. Si en 2001 Chile vendió 4.100 toneladas en este formato, en 2017 solo comercializó 90. Junto con ello, el principal destino de las frambuesas chilenas –Estados Unidos– intensificó su producción local: solo entre 2015 y 2017 pasó de cosechar 46.745 toneladas a 50.748, mientras que sus importaciones descendieron desde las 30.000 a las 22.500 toneladas. A su vez, nuevos actores –México, Bulgaria, Bosnia, Kosovo y Ucrania– ingresaron a competir, algunos especialmente en nichos y mercados en los cuales opera Chile.

“Estos países empezaron con un fuerte apoyo de los gobiernos locales. Eso marca una gran diferencia con lo que ocurre en Chile, donde hay pocos subsidios a la agricultura. En estos otros lugares le dan alta importancia a la agricultura, por lo cual el apoyo del Estado es fuerte. Ayuda en costos de plantación y frigoríficos. Además, son países que históricamente han tenido mano de obra barata. Todo esto es una realidad: nos encontramos con 150.000 toneladas más de frambuesas a costos muy bajos”, explica Antonio Domínguez.

Un caso que le impacta directamente a Chile es el de México. Pasó de producir 11.500 a 112.700 toneladas en diez años y prácticamente triplicó sus ventas a Estados Unidos entre 2011 y 2017. Esto ha significado un golpe importante para la industria frambuesera nacional, toda vez que las exportaciones chilenas no están muy diversificadas: el 38% del volumen se destina a Estados Unidos, el 18% a Canadá, otro 7% a Francia y Australia, respectivamente, y un 4% a Bélgica. Brasil, Nueva Zelanda, Holanda y Dinamarca los siguen con un 3% de las ventas cada uno.

“Mayoritariamente, las frambuesas mexicanas están dirigidas al mercado en fresco. El problema es que no todo lo que produce en fresco lo puede exportar, por un tema de calidades. Alrededor del 10% al 15% queda localmente para hacer otros subproductos: jugo, pulpa o congelado. Hay a lo menos unas 10.000 toneladas que se industrializan, se congelan y se mandan desde México a Estados Unidos a un costo muy bajo”, comenta el presidente de IRO.

EL NUEVO ESCENARIO EXIGE BAJAR COSTOS

El mercado actual de la frambuesa, por lo tanto, está basado en un producto de más bajo valor –el congelado- que el de los inicios de esta industria en Chile –el fresco- con un alza en la oferta que, de alguna manera, compensa el aumento de la demanda y mantiene los precios en niveles relativamente bajos. 

Atrás parecen haber quedado aquellos valores que rondaron los US$/FOB de 4,0 el kilo en 2014 y 2015. En 2017 el precio llegó a US$/FOB 2,58 y en 2018 tuvo un alza hasta alcanzar a US$3,0. Según Chilealimentos, esto llevó a que los valores a productor se pagaran en un rango de US$1,25 – US$1,5 para la frambuesa de la variedad Heritage y US$1,6 – US$1,7 para Meeker. Si se calcula que el dólar en 2018 tuvo puntas de $ 596 (febrero) y $ 681 (diciembre), para el caso del valor más bajo pagado esto implica ingresos entre $745 y $851 por kilo al agricultor.

“El 60% a 70% del costo de producción y cosecha de la frambuesa corresponde a mano de obra. Lo que antes costaba cosechar cerca de $200 el kilo, hoy vale mínimo entre $450 y $500. Además, las exigencias en términos de inocuidad y leyes laborales han subido mucho y eso se traduce en alza de costos. Si el precio por la materia prima va entre $700 y $800 por kilo, aproximadamente, les quedan como $200 a $300 a los productores para todo lo que corresponde al manejo del resto de las variables productivas”, comenta Antonio Domínguez.

“Es una fruta muy demandada. Los problemas no vienen por la venta, sino que es un cultivo intensivo en mano de obra y hoy se compite con países productores de gran eficiencia y mecanizados, con bajos costos. La gran desventaja de la frambuesa es la intensidad de mano de obra”, agrega Juan Sebastián Moreno, dueño de la empresa Valle Frío S.A. Esta compañía cuenta con 800 hectáreas -120 destinadas a frambuesa- en Curicó, Talca y Angol, tres plantas de congelados y canales de comercialización propios. De las 9.000 toneladas de berries congelados que exporta anualmente (el 40% son producidas en sus instalaciones), 800 son de frambuesa. En promedio, sus costos de producción manual llegaron este año a $692 el kilo, mientras que la venta del kilo puesto en la planta de congelado alcanzó $800.

Antonio Domínguez, director de Chilealimentos y presidente de la International Raspberry Organization (IRO).

Son cifras desafiantes para el negocio. Por ejemplo, David Salinas posee un predio ubicado 15 kilómetros al oriente de San Carlos, en la Región de Ñuble, donde tenía ocho hectáreas de frambuesas, entre Heritage y Meeker. Decidió arrancarlas. “O me mantenía o cambiaba de variedad, porque aparecieron algunas más productivas”, dice. Decidió reemplazarlas por arándanos. Hoy tiene plantadas 14 hectáreas de estos berries y otras 20 de espárragos.

Más al sur, en la comuna de Los Lagos, Región de Los Ríos, la comunidad mapuche de Pillan Mapu tiene plantadas solo 1,2 hectáreas en un terreno de 280. El resto las destina al ganado, la madera y una quesería. Aun así, pretende reducir el frambuesal. Sus costos productivos con riego por gravedad, calculan sus miembros, son del orden de los $825 a $860, pero estiman que en la zona pueden variar entre los $750 y los $900. En tanto, los precios de venta para el canal industrial –el destino mayoritario de la producción– es de $950 + iva. El resto va dirigida al canal Horeca (hoteles, restaurantes y casinos) y repostería, donde puede llegar a valores de $1.500 + iva o hasta $3.000 para la fruta congelada en invierno. “Se gana muy poco, aunque si el huerto es bien manejado, puede quedar algo. Pero es un cultivo de alto riesgo por las heladas”, comenta su representante, Fredy Quilaqueo.

MECANIZAR Y MEJORAR PRODUCTIVIDAD

Como suele ocurrir en los distintos cultivos, la forma de mejorar los ingresos radica principalmente en dos variables: bajar los costos y mejorar la productividad. Pero en el caso de la frambuesa esto no es tan sencillo. La manera de estrechar costos está en reducir la mano de obra, reemplazándola por maquinaria. “El futuro es mecanizar, especialmente en la cosecha”, dice Juan Sebastián Moreno. En su experiencia, el kilo de frambuesa mecanizada alcanzó este año a $339, aproximadamente $360 menos que la cosecha manual.

Juan Sebastián Moreno, dueño de la empresa Valle Frío S.A.

El problema es que para implementar máquinas cosechadoras se necesitan superficies grandes que justifiquen la inversión y en Chile la frambuesa está en manos, principalmente, de la agricultura familiar campesina. Según cálculos de Odepa y confirmados por Chilealimentos, las 7.500 hectáreas que había plantadas en el país en 2017 eran trabajadas por 10.000 productores, lo que da un rango de 0,7 a 0,8 hectáreas por agricultor. Otras cifras, pero que apuntan en la misma dirección, las entregó el director Nacional de INDAP, Carlos Recondo, durante su participación en la Conferencia Berries 2018. Señaló que 5.310 pequeños productores se dedican a trabajar 3.200 hectáreas de frambuesa. Es decir, 0,6 hectárea por cada uno.

“El pequeño agricultor está obligado a cosechar a mano con un costo superior al mecanizado, además de todas las normas que exigen las leyes laborales. Pero el mediano de 15 hectáreas -unidad mínima para que se justifique una máquina- y el gran productor pueden mecanizar su cosecha, que es el gran costo en la frambuesa”, explica Moreno.

En tanto, para aumentar la productividad hay que repensar el trabajo de los huertos. “En un predio bien manejado debiéramos estar entre las 12 y 13 toneladas por hectárea. Pero depende de varios factores, como riego, manejo, fertilizantes y la calidad de la genética de la planta”, dice Fredy Quilaqueo de la comunidad Pillan Mapu.

¿Es posible? En la última reunión de IRO realizada en Bulgaria en mayo de 2018, Estados Unidos dio la respuesta: sí. Produjo sobre 132.000 toneladas en 8.000 hectáreas, tanto para fresco como para congelado, con un promedio de 16,5 toneladas por hectárea. Por el contrario, en nuestro país se calcula una productividad promedio de cinco a seis toneladas por hectárea.

Para lograr duplicar la producción, el fundador de Valle Frío apunta a trabajar cinco aspectos: utilizar material genético libre de virus, idealmente a partir de plantas formadas in vitro o en brote etiolado provenientes de plantas madres in vitro; realizar un muy buen control de insectos, especialmente de larvas del burrito de los frutales, que se alimentan de las raíces y provocan un descenso en la producción y en la vida útil de la planta; implementar riego tecnificado, con determinación de frecuencia y duración; contar con mano de obra oportuna y capacitada (o maquinaria) para realizar una buena cosecha; y desarrollar variedades nuevas para renovar las antiguas y que sean aptas para la cosecha mecanizada.

El primero y el último de estos factores han sido determinantes en la baja de la productividad de la frambuesa en Chile. “Tenemos huertos antiguos. Algunos tienen sobre 15 años y hay otros con 10 años, cuando debiera cambiarse el material genético cada ocho años”, apunta Quilaqueo. A eso se suma que, cuando se produjo, la renovación fue realizada –principalmente por los pequeños agricultores- de una manera artesanal. Reprodujeron el material entre ellos o bien lo obtuvieron de proveedores sin las certificaciones adecuadas y, en consecuencia, heredaron los virus y enfermedades de las plantas madres.

“En la práctica, eso se tradujo en que la calidad de la fruta empezó a mermar: bajaron los rendimientos agrícolas, la frambuesa se comenzó a achicar y a perder dulzor. Si antes se producían 10.000 a 12.000 kilos por hectárea como algo normal, hoy día se llega a 6.000 o hasta 8.000 kilos. Como efecto, algunos agricultores comenzaron a perder el interés. Por otro lado, los clientes nos comenzaron a reprobar. Estados Unidos, por ejemplo, empezó a buscar otras alternativas”, explica Domínguez.

LA NECESARIA RENOVACIÓN DE PLANTAS

En la actualidad, las principales variedades en Chile son Heritage (81%), Meeker (14%) y Dolomia (2%). Nuestro país comenzó en el negocio de la frambuesa con Heritage, ya que partió vendiendo en fresco, por avión, a Estados Unidos. “Es una variedad de Oregon, firme y con una postcosecha bastante buena. También se comporta muy bien en el congelado. Nos hicimos famosos por esa variedad. También está la Meeker, que es más dulce y más grande. La consumen los japoneses y los franceses, a quienes les gustan las frambuesas con un par de grados brix más”, explica el director de Chilealimentos.

En los últimos años, Indap inició un Programa de Renovación de Plantas, que incluyó nuevo material genético de Heritage producido in vitro en Estados Unidos. A su vez, en 2015 se formó una Mesa de la Frambuesa, integrada por Indap, Odepa, la Asociación de Exportadores de Frutas de Chile AG (Asoex), Chilealiemtos, productores, procesadores y exportadores. Se reúne cuatro o cinco veces por año para trabajar coordinadamente en la solución de los problemas del sector, uno de los cuales es la plantación de nuevas plantas y especies.

La búsqueda de nuevas alternativas varietales llevó a la formación, en 2005, del Consorcio Tecnológico de la Fruta, integrado por Asoex, la Universidad Católica de Chile, productores y exportadores frutícolas para implementar cuatro programas de mejoramiento genético de frutales. Uno de ellos fue el Programa de Mejoramiento Genético del Frambueso (PMG del Frambueso), que tuvo como resultado la creación de tres nuevas variedades de frambuesas, conocidas como “Las Santas”: Santa Catalina, Santa Clara y Santa Teresa. Todas son más precoces que la Heritage, con rendimientos por planta que van entre los 758 y 832 gramos en el retoño del primer año, según la variedad. Mientras las dos primeras tienen frutos medios, con brix entre 10,10 y 10,13 y acidez de 1,2% a 1,4%, la tercera es grande y presenta 9,9º brix y acidez de 1,9%.

En 2016, el Consorcio firmó un convenio con la Empresa Masiá Ciscar S.A. como licenciataria para multiplicar, propagar y vender estas variedades en España y Portugal. Si bien ha sido positivamente recibida en el extranjero, en Chile todavía debe darse a conocer. “Hasta lo observado, las variedades ‘Santas’ no sirven para cosecha mecanizada. Por su tamaño para congelado me parecen buenas para el mercado fresco y cosecha manual para pequeños productores”, detalla Juan Sebastián Moreno. Entre las otras con las que está trabajando Valle Frío, Heritage no ha logrado buenos resultados con cosecha mecanizada (“bajos rendimientos y baja calidad”), mientras que Meeker sí ha obtenido buenas producciones con este sistema.

De todas formas, el llamado que hace Antonio Domínguez es a mirar la rentabilidad del negocio en el mediano plazo -cuatro a cinco años productivos- y buscar la diferenciación de la frambuesa chilena. “Destaquémonos para cumplir con los estándares mundiales de inocuidad. Debemos mejorar la calidad de la fruta: volver a la Heritage antigua, con una fruta más grande y más dulce”, dice.

¿El futuro? China. “Hasta la fecha, Chile puede exportar solo tres frutas congeladas a ese país: frutilla, mora y arándano. Hace dos años se empezaron las gestiones para abrir este mercado a otras frutas. En noviembre o diciembre de este año se firmaría un acuerdo en el que estaría incluida la frambuesa. En este contexto, China va a ser un mercado potencial importante”, finaliza el director de Chilealimentos.