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Octubre 2021 | Noticias

Opinión: Catalina Cuevas, jefa del Departamento de Sostenibilidad de ProChile

La oportunidad de transformarse en una potencia global de alimentos sostenibles

Chile se ha consolidado como un proveedor mundial de alimentos. El 31% de las empresas pertenece a ese sector generando el 23% de los empleos en el país. Sin embargo, ubicarse en los primeros lugares también plantea a la industria alimentaria el evaluar la manera en que debe gestionar los alimentos para garantizar la sostenibilidad de la industria y la competitividad del país a nivel global.

Esta es la idea que plantea Catalina Cuevas, jefa del Departamento de Sostenibilidad de ProChile, en una columna publicada en el Diario El Mercurio. Agrega que, para la industria agroalimentaria, el compromiso no es menor considerando su participación en el comercio internacional. En agosto de este año, el sector agropecuario exportó US$ 715 millones, un 10% más comparado con 2020. Además, se registraron envíos récords de frutillas congeladas, naranjas frescas, pulpa de uva, mermeladas de frutas y carne de ave, entre otros productos.

Arroz cultivado en ChileDESAFÍO GLOBAL, TRABAJO POR HACER

Más allá de las cifras, la profesional destaca que el país enfrenta el gran desafío global “que implica, entre otros temas, generar procesos sostenibles para lograr productos altamente nutritivos, pero de bajo impacto para contribuir a la adaptación y mitigación al cambio climático”.

Con ese objetivo, Cuevas menciona la importancia de la investigación, la innovación y las nuevas tecnologías para transformar las materias primas en alimentos con valor agregado. En especial, ante un escenario de variabilidad climática con efectos como escasez hídrica, sumado a la menor disponibilidad de suelos agrícolas, entre otros. Esto implica una mayor resiliencia de las empresas.

La profesional destaca que, pese a que se han adoptado medidas para resguardar los ecosistemas (en temas de carbono neutral y biodiversidad) hay trabajo por hacer. “Es necesario seguir mejorando en el manejo del agua y los suelos, apostando por la regeneración y disminuyendo o eliminando el uso de químicos en los procesos productivos”, precisa.

MITIGAR IMPACTOS, ELEVAR LA EFICICCIENCIA Y MIRADA MÁS AMPLIA

Para los productores, esos desafíos son una oportunidad para mejorar en diversos ámbitos. Por ejemplo, optimizar los sistemas de medición de emisiones y con ello, gestionar sus impactos negativos. También para ser eficientes en el uso de los recursos hídricos, así como proteger los ecosistemas, mediante “diseños circulares y regenerativos en todos los ciclos de vida de sus procesos”. De igual modo, incorporar energías limpias (solar, eólica e hidrógeno verde).

Al mismo tiempo, Catalina Cuevas plantea abordar la sostenibilidad con más amplitud, considerando el impacto de la cadena productiva en sus trabajadores y la comunidad. Lo denomina la “huella social”, e implica el sector sea un agente “para la generación de un empleo digno, diverso e inclusivo”.

De esta manera, la profesional concluye que “Chile tiene la oportunidad de transformarse en una potencia global de alimentos sostenibles”. Ello permitirá elevar las exportaciones con valor agregado, reducir los costos y mantener estándares de inocuidad y calidad. Menciona que ProChile trabaja en esa línea asumiendo la sostenibilidad como un compromiso y desafío.

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