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Marzo 2017 | Cultivos

La nueva apuesta de La Ronciere

El viñedo Idahue, en la comuna de Licantén, posee características de suelo y clima que podrían potenciar un nuevo terroir para el vino chileno. Viña La Ronciere realizó ahí las primeras plantaciones de tintos y está empezando a cosechar el resultado.

Por Jorge Velasco Cruz

Si algo no es habitual en la comuna de Licantén, en la Región del Maule, es ver viñedos. Pero eso está cambiando. En 2012 Viña La Ronciere comenzó con las primeras plantaciones de parras en el fundo Idahue, un predio de 200 hectáreas que se ubica junto al río Mataquito, a 25 kilómetros del mar y a unos 90 kilómetros de Curicó hacia la costa. Hasta allí llegó la familia Orueta (encabezada por los hermanos Alejandro, Andrés y José Antonio), buscando un nuevo terroir para diversificar y ampliar la producción vinífera de La Ronciere.

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Oriunda del Valle de Colchagua y con bodegas en Graneros, Región de O’Higgins, la viña fue fundada en 1949 y resurgió activamente en 1997, de la mano de enólogos franceses. Actualmente, produce vinos boutique como el ícono Solares, el premium Quirón, el reserva Moussai, el selecto Cantoalba y el varietal Chaku, además de un espumante Brut Nature.

Fue en 2011 cuando los Orueta arribaron al fundo Idahue. Su casa patronal, que data de 1876, y otras construcciones habían sido arrasadas por el terremoto del 27-F. Iban en busca de un terreno para plantar cerezos y se encontraron con una sorpresa. “Estábamos acá y nos pescó una brisa en la tarde, que nos indicó que el campo se podía usar para otros fines. El viento fresco enfría el racimo, lo que ayuda a engrosar el cuero de la uva. Y eso es importante, porque las características del vino están en el cuero. Y, además, en conjunto con el enólogo, vimos que el lugar reunía condiciones de radiación y grados día adecuados, además de no tener vaguada costera”, resume José Antonio Orueta, gerente agrícola de La Ronciere. 

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Los hermanos se pasean entre pequeñas parras, ubicadas sobre un suave lomaje. El otoño de un caluroso 2015 está comenzando, pero el calor apenas se siente. En Idahue el clima es templado seco, con temperaturas máximas de 27ºC y mínimas de 12ºC en el verano. Los vientos son de orientación sur y sur oeste, y alcanzan entre 11 y 14 kilómetros por hora. Es la brisa que destaca José Antonio Orueta.

VINOS DE ALTA DENSIDAD

El terreno, que tiene 140 hectáreas plantadas, cuenta con lomajes que permiten diferentes orientaciones de las hileras de los viñedos y está compuesto por tres formaciones de suelo: triásico superior (200 millones de años, aproximadamente), enriquecido por diversas formaciones fósiles; depósitos cuaternarios (1,5 millones de años), que aporta cenizas volcánicas que ayudan a retener humedad; y basamento metamórfico, constituido por piedra pizarra, filita, esquisto y metarenitas, que otorgan un carácter mineral.

Estas características hicieron que la empresa hiciera un estudio de exposición de sol y otro de suelo, para el cual se realizaron calicatas cada mil metros totalizando más de 400. De esta manera se establecieron 140 cuarteles entre 0,02 y 2 hectáreas, con los cepajes tintos y clones más adecuados para cada uno: carménère, cabernet franc, cabernet sauvignon, merlot, malbec, syrah, pinot noir, petit verdot y carignan. Todos fueron plantados en alta densidad, con un promedio de 8.333 plantas por hectárea y sistema de poda guyot doble para todas las variedades, a excepción de carménère, para el que se estableció guyot simple.

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El objetivo de establecer cuarteles pequeños, radica en tener un control de alta precisión para que cada cepa se exprese de la mejor manera. Se riega por goteo y este se programa de acuerdo a las necesidades específicas de cada variedad. “No tenemos conectado el equipo de riego a sensores, pero tenemos la asesoría de una empresa que establece hidrómetros y nos va dando los reportes de humedad. Esos reportes los generan quincenalmente y en base a ellos, se van programando los riegos”, explica Andrés Orueta, gerente de finanzas.

El proceso de plantación demoró tres años, dada la dificultad para encontrar los cerca de 15 clones varietales que se iban a utilizar. Por eso, se plantó en etapas de acuerdo a la capacidad de entrega de los viveros. Además, se hizo un subsolado del suelo a un metro de profundidad, y se le realizaron correcciones para asegurar uniformidad en el pH, aportándole micro y macro nutrientes para estandarizar sus condiciones. 

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La determinación de variedades fue un proceso de ensayo y error. “Fuimos probando distintas variedades en diversos tipos de suelo, para ver cómo se comportaban. Las variedades naturalmente más vigorosas, las colocábamos en suelos más pobres para controlar más el vigor. Tenemos suelo franco arcilloso en casi todo el campo y que expresan un tipo de mineralidad que no es fácil de encontrar. Todo esto es demasiado nuevo y lo estamos evaluando”, comenta el enólogo jefe, Juan Aurelio Muñoz.

La alta densidad de plantación busca asegurar una baja cantidad de kilos por planta (seis racimos y entre 1 y 1,5 kilos), consiguiendo una alta concentración en la pulpa y complejidad en la piel del fruto. “La idea es que ojalá el viñedo se encuentre en condiciones bien ajustadas, para que se concentre la energía. De esa manera, se logra un racimo con más concentración de azúcar y aroma, y se logra una uva con la piel  más firme”, apunta Andrés Orueta.

La primera cosecha se realizó en 2014 y si bien fue testimonial, permitió elaborar los primeros vinos a modo de experimento. Este año comenzará la producción del primer tercio de la viña. Entrará en plena producción en 2017. En La Ronciere están conscientes de que esto es una apuesta. Pero en base a las primeras catas, hoy tienen excelentes perspectivas y casi la seguridad de haber encontrado un nuevo terroir para los vinos chilenos en la cuenca del río Mataquito. 

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