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Nutrición

24 de marzo de 2017
Las “4C” de las Buenas Prácticas Agrícolas en el uso de fertilizantes:

La dosis correcta, en el tiempo correcto, en el lugar correcto y de la fuente correcta

El uso adecuado de los fertilizantes se enmarca dentro de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) con el fin de asegurar la sustentabilidad y sostenibilidad de los sistemas agrícolas en el corto y largo plazo. El mal uso de los fertilizantes se traduce en pérdidas económicas para el agricultor, afecta la salud del suelo y de todo el ecosistema (incluyendo la salud humana), al alcanzar las fuentes de agua.

Francisco Albornoz G., Ing. Agrónomo, Ph.D.

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Para cumplir con las BPA al momento de diseñar el plan de fertilización, es necesario considerar la demanda del cultivo y la fertilidad del suelo. Sin embargo, otros factores como la disponibilidad de nutrientes y el método de aplicación también deben ser considerados con el fin de maximizar la eficiencia en el uso de los fertilizantes. Estos parámetros se incluyen dentro del concepto de las “4C”, el cual se refiere al uso “correcto” de los fertilizantes en cuatro facetas: aplicación de la dosis “correcta”, en el tiempo “correcto”, en el lugar “correcto” y utilizando la fuente “correcta”.

Aplicación de la dosis “correcta” de fertilizantes

La dosis correcta de fertilizantes aplicada al cultivo maximiza el rendimiento manteniendo una alta eficiencia en el uso de los recursos. Dosis más bajas de las requeridas se traducen en deficiencias y disminución de los rendimientos, mientras que dosis más altas son ineficientes ya que no aumentan el rendimiento convirtiéndose en un desaprovechamiento del recurso (Figura 1). Dosis excesivamente altas pueden incluso producir pérdidas en la producción debido al aumento en la salinidad del suelo, toxicidad por iones específicos y/o pérdida de la calidad en la producción.

La determinación de la dosis adecuada de fertilización requiere del conocimiento de los nutrientes disponibles en el suelo y de los aportes realizados a través del agua de riego. Para esto se deben realizar análisis químicos, tanto de suelo como de agua, para determinar los aportes al cultivo. Una vez conocida esta información, la dosis de fertilizantes debe responder a la demanda esperada por el cultivo. Por su parte, la demanda por nutrientes depende del potencial de rendimiento de cada cultivo analizado en cada situación, ya que diferencias en los factores edafoclimáticos determinarán el potencial productivo de cada variedad. Por ejemplo, no se pueden esperar los mismos rendimientos de una variedad cultivada en una zona con alta luminosidad y temperaturas adecuadas versus la producción en zonas con menor disponibilidad de luz y temperaturas sub-óptimas.

Una forma eficiente de estimar la demanda por nutrientes es a través del cálculo de la extracción de cada nutriente por tonelada de cosecha. Utilizando la información de la Tabla 1, se puede estimar la demanda de un cultivo de ajo. Suponiendo que se obtendrá un rendimiento de 10 ton ha-1, entonces la demanda por nitrógeno (N) será de 142 kg ha-1.

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Dentro de los cálculos de la dosis de fertilización se deben considerar las pérdidas estimadas del sistema. Se consideran pérdidas aquellos procesos que reducen la disponibilidad de los nutrientes en el suelo para las raíces. Las pérdidas más comunes son por lixiviación profunda o escorrentía superficial, pero bajo ciertas condiciones, la volatilización de N como óxido nitroso (bajo condiciones de exceso de humedad en el suelo, anegamiento) y la fijación microbiana pueden tomar especial importancia. Para reducir las pérdidas, se debe considerar el momento y método “correctos” de aplicación.

Aplicación de los fertilizantes en el momento “correcto”

Los requerimientos nutricionales de los cultivos van cambiando con las distintas etapas fenológicas. Esto es principalmente importante en la producción de hortalizas como tomate y pimentón, así como en la producción de fruta, ya sea en especies perennes como aquellas caducas. En estas especies se distinguen dos etapas fenológicas con requerimientos nutricionales bien definidos: los requerimientos durante la etapa vegetativa y los requerimientos durante la etapa reproductiva. Durante el crecimiento vegetativo de las plantas, tanto la parte aérea como las raíces utilizan los nutrientes de forma balanceada, pero cuando comienza la etapa reproductiva, las flores y frutos se convierten en fuertes sumideros para la captación de nutrientes. Un claro ejemplo de esto es el aumento en la demanda de N, potasio (K) y calcio (Ca) en la producción de tomate una vez que el primer racimo ha cuajado. En especies frutales, se pueden observar marcados episodios de crecimiento de los distintos órganos, donde el crecimiento de las raíces es principalmente importante al momento de considerar la aplicación de fertilizantes. Las raíces mayormente activas en la absorción de nutrientes son las raíces finas (nuevas). Estas presentan una menor tasa de crecimiento durante el llenado de los frutos y en esa instancia, la remobilización de nutrientes desde otros órganos cumple una función relevante (Figura 2).

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Dependiendo del método de aplicación de los fertilizantes, se deben considerar las características del suelo para decidir el mejor momento de aplicación. La capacidad de intercambio catiónico (CIC) es una medida de la habilidad del suelo para retener nutrientes en forma catiónica (NH4+, Ca2+, Mg2+) y está en directa relación con el contenido de arcillas y materia orgánica (MO) en el perfil (Tabla 2). Así, suelos más pesados y con alto contenido de MO tienen mayor capacidad de retención que aquellos pobres en MO y de texturas más arenosas. Suelos con baja CIC deben ser fertilizados con mayor frecuencia y en dosis bajas debido al lavado de los nutrientes desde el perfil con cada riego.

Aplicación de nutrientes en el lugar (método) “correcto”

Este concepto hace referencia a la ubicación del fertilizante dentro del perfil con el objetivo de maximizar la absorción y reducir lo más posible las pérdidas, ya sea por lixiviación, volatilización o escorrentía. En este sentido, se debe considerar la movilidad de los nutrientes en el suelo, el tamaño y la distribución de las raíces y el método de aplicación de los fertilizantes.

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El fósforo (P) presenta una movilidad limitada dentro del suelo. Esto es especialmente cierto en los suelos derivados de cenizas volcánicas en el sur de Chile, donde el P aplicado como fertilizante es fuertemente retenido por las partículas de suelo, forzando una aplicación más localizada con el fin de asegurar la absorción por las raíces. Otros nutrientes que presentan baja movilidad en el suelo son el N (como amonio), hierro (Fe), zinc (Zn) y molibdeno (Mo), mientras que la movilidad del resto de los nutrientes está sujeta a la disponibilidad de agua en el perfil. El movimiento de nutrientes en el suelo se reduce con bajos contenidos de humedad, razón por la cual la fertilización debe estar en sincronía con los riegos.

Otro factor que afecta la movilidad de los nutrientes es el pH del suelo, ya que influye sobre la precipitación de nutrientes en compuestos insolubles, difíciles de ser utilizados por las raíces. Tanto el Fe como el boro (B), cobre (Cu), manganeso (Mn) y Zn tienen baja solubilidad a pH altamente alcalinos (> 8.0 – 8.5), mientras que el P precipita como fosfato de Fe o Al con pH ácido (< 6.0).

Para maximizar la absorción de nutrientes, estos deben ser colocados cercanos a las raíces activas de la planta. Se ha demostrado en manzanos, cítricos y vides que la absorción es mayor en aquellas raíces jóvenes, menores a 20 días. Por esto, los fertilizantes deben ser aplicados en aquellas zonas del suelo donde se concentra el crecimiento radicular. Tanto en cultivos anuales como en frutales recién trasplantados, las raíces no se extienden muy alejadas del tallo, mientras que en frutales ya establecidos, se ha observado que las raíces se extienden el equivalente a la proyección de la copa del árbol, o más. También se debe considerar que las raíces se desarrollan en aquellas zonas del suelo con mayor disponibilidad de agua, razón por la cual el crecimiento de nuevas raíces en cultivos regados por goteo se concentra bajo el emisor, mientras que cultivos regados por aspersión presentan una distribución más uniforme de las raíces.

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Finalmente se debe considerar el método de aplicación, donde la elección se toma en base al cultivo, tipo de suelo, tipo de fertilizante y costo de la aplicación. El método más recomendado es a través del riego (fertirriego), sin embargo esto requiere de la disponibilidad de sistemas presurizados.

Uso de la fuente “correcta” de nutrientes

La elección del fertilizante a aplicar, se toma en gran medida por el costo de la unidad fertilizante. Sin embargo, se debe considerar el efecto a largo plazo que la fertilización pueda tener sobre la salud del suelo. Aplicaciones de urea o fertilizantes que contengan amonio, reducen el pH del suelo, lo cual puede ser favorable en suelos alcalinos o calcáreos, pero en aquellos suelos con pH neutro a ácido, esto puede generar un aumento en los requerimientos de encalado. También se debe considerar que los fertilizantes pueden aumentar sustancialmente la salinidad del suelo, lo que afecta aquellos cultivos sensibles a la salinidad. En condiciones de escasez hídrica, se debe tener en cuenta el índice de salinidad de los fertilizantes, el cual se define como la relación entre la disminución de la presión osmótica de la solución suelo, producida por un fertilizante, y la producida por la misma cantidad de nitrato de sodio (Tabla 3).

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Las aplicaciones de materia orgánica, ya sea como guano, compost o incorporando los residuos vegetales, son altamente recomendables, ya que, no sólo aportan nutrientes al suelo, sino que también mejoran la salud del suelo al incorporar carbono orgánico, lo que mantiene (o aumenta en ciertas condiciones) la diversidad biológica en la rizósfera.

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