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Agosto 2017 | Noticias

Se abre una nueva vía para mejorar el proceso de poscosecha de esta fruta

Identifican un gen que retrasa la maduración de las frutillas

retrasar la maduración de las frutillas

Científicos del grupo de investigación ‘Mejora y Biotecnología de Especies Hortofrutícolas’ de la Universidad de Málaga, en España, han aplicado técnicas biotecnológicas para retrasar la maduración de las frutillas y han conseguido cultivar plantas cuyos frutos presentan una textura más duradera en la poscosecha.

En concreto, los expertos han logrado que este fruto delicado y perecedero tenga una vida más prolongada después de su recolecta. Para ello, han empleado ensayos in vitro basados en la modificación del genoma de la planta y han identificado el gen asociado a la pérdida de firmeza de la pared de las células del fruto, denominado FaPG1.Tras su localización, lo han ‘silenciado’ para retrasar la maduración de las frutillas, sin afectar al tamaño, color y sabor del fruto, así como tampoco a los contenidos en azúcares o la acidez.

Los resultados suponen una nueva vía para mejorar el proceso de maduración de la futilla. En esta línea, los científicos han observado que durante la maduración de la frutilla, ésta se debilita y sufre un rápido reblandecimiento hasta adquirir una textura semilíquida al final del desarrollo. Esta pérdida de firmeza de la frutilla es consecuencia principalmente de cambios en la composición de las paredes celulares.

GENES ‘APAGADOS’, PLANTAS MÁS RESISTENTES

Con el fin de retrasar la maduración de las frutillas y así prolongar su conservación, los investigadores han realizado ensayos a escala nanométrica en el laboratorio para analizar la estructura de las pectinas y han empleado además técnicas de cultivo in vitro con las variedades ‘Chandler’ y ‘Camarosa’. En colaboración con el grupo del investigador Juan Muñoz de la Universidad de Córdoba, realizaron en primer lugar análisis genómicos para identificar los genes que se expresan en la fase donde ocurren los cambios de textura. Allí comprobaron que las variaciones de firmeza en la frutilla dependen de genes que rompen la pared celular. Ellos ordenan impactar sobre la textura del fruto, de modo que concluyeron que si silenciaban esos genes, obtendrían que la vida poscosecha sería más prolongada.

Para ello, testaron varios genes y comprobaron que la función de degradación de las pectinas durante la maduración la ejecuta el gen FaPG1. Una vez localizado, emplearon técnicas moleculares para aislar dicho gen y reintroducirlo de nuevo en el genoma de la planta. “Para inhibir la función de cualquier gen, primero se extrae y seguidamente se coloca de nuevo en la secuencia genómica al revés. De esta forma, el gen se apaga y no se expresa más. En este caso concreto, deja de enviar la orden de romper la pared celular y esto conlleva que la fresa dure más”, detalla José Ángel Mercado, responsable del estudio.

La reintroducción del gen se realiza mediante la aplicación de una bacteria denominada Agrobacterium. Este patógeno lo integra en el genoma de la planta y una vez se ha fijado el cambio genético, se elimina con antibióticos. “Este proceso requiere de un medio estéril y a pequeña escala, para lo cual empleamos tarros de cultivo similares a los tarros de mermelada que llevan un medio especial con sales minerales y fuentes de carbono. A partir de ahí, regeneramos la planta y obtenemos frutos más resistentes”, pormenoriza Mercado.