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Abril 2020 | Viñas

Enóloga Sofía Araya

«Estamos enfocados en el viñedo y en el suelo, donde el vino se hace en la viña y no tanto en la bodega»

Hace diez años que trabaja junto a Viñedos Veramonte, donde se ha centrado en la producción de uva orgánica y la vinificación, un proceso que toma como convicción filosófica y una forma de aportar a las nuevas generaciones. Redagrícola conversó con ella acerca del cambio de paradigma, los referentes internacionales y los desafíos de la industria.

Agustina Martínez

¿Cuál es el valor de la tendencia en vinos orgánicos: es un cambio de paradigma y de filosofía del trabajo?

Sí, hay que cambiar muchos paradigmas para poder atreverte y confiar en el sistema. Paradigmas que hoy impiden que haya gente que se atreva a hacer el cambio por temor, y por creencias que no necesariamente son reales. Y nosotros hemos podido ir demostrando lo contrario. Es una filosofía de trabajo distinta, enfocada en el viñedo y en el suelo, donde el vino se hace en la viña y no tanto en la bodega. Por lo tanto es un cambio de mentalidad y de cultura, con una filosofía detrás que ya no es solo una filosofía de trabajo, sino parte del ADN de la empresa.

 ¿Quiénes son sus referentes a nivel internacional y con quién puede compararse hoy el mercado chileno?

Cada mercado es diferente y hay diferentes actores relevantes y referentes de mercado en cada uno de ellos. Ahora bien, otra cosa son nuestros referentes personales, en términos de quiénes han definido nuestra línea de trabajo. Por ejemplo una referencia para mí es lo que está haciendo hoy día Oregon, tanto en vino, como en filosofía, desarrollo vitivinícola y turismo. Es una propuesta interesante que está agarrando mucha fuerza, un referente a donde mirar. En el viejo mundo también lo que se puede ver en España, que estaba un poco se capa caída, y han sabido reinventarse buscando un desarrollo desde dentro. Tienen hoy una identidad muy trabajada en cuanto a sus apelaciones y sus variedades, y una tecnología muy desarrollada, que les permite ser muy competitivo en los precios.

 ¿En qué cambian los procesos de producción? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de esos cambios?

El proceso de producción no se ve alterado en su estructura en forma dramática, salvo en una limitación (a nuestros ojos positiva) de la cantidad de productos que se pueden usar. El campo es el que ve los mayores cambios. Ventajas hay muchas, que se van viendo en el mediano y largo plazo: a medida que el viñedos se va asentando, hay menos trabajo en el campo. Hay una recuperación de los suelos, viñedos más sanos y fruta de mayor calidad. También hay una ventaja competitiva vs el viñedos convencional en términos de que es una uva más cara, más exclusiva, que se puede vender mejor. Las desventajas, que es más trabajoso al principio, requiere mayor inversión de tiempo, y es un poco más caro de producir.

¿Cuáles son los principales desafíos que atraviesan en esta industria?

Desafío climático sin duda. Implica en nuestro caso ser mucho más conscientes del estado de las viñas, y anticiparnos a los posibles problemas. Ahora bien, la filosofía orgánica nos invita precisamente a tener medidas más preventivas que reactivas, lo que nos permite anteponernos a problemas y enfrentar mejor el cambio climático, teniendo plantas sanas y fuertes que reaccionan mejor ante los desafíos de clima o posibles enfermedades.

 ¿Cuáles son las proyecciones a mediano y largo plazo?

En el corto plazo esperamos terminar con el proceso de certificación biodinámica y otras certificaciones de calidad (ISO). También se implementarán nuevas tecnologías en el campo y la bodega, tanto en cosecha y manejos culturales, como en vinificación. Por otra parte, tenemos planificado crecer en superficie con algunas variedades, e indagar en variedades nuevas, tal vez variedades mediterráneas.