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Julio 2020 | Viñas

Alto retorno económico

El regreso del Carignan al secano costero de Chile

Presenta solo 850 hectáreas plantadas y se ubica como la 26ª cepa de exportación de nuestro país. Sin embargo, el Carignan comienza a ofrecer una alternativa productiva para el secano costero de la zona centro-sur. Incluso, ya tiene una asociación gremial que la representa: Vigno.

En las décadas del cincuenta y del sesenta el Carignan era una potencia europea. En los años ochenta, incluso, llegó a ser la cepa vitivinícola más cultivada de Francia. Sin embargo, en los últimos 30 años fue reemplazada por otros tipos de uva de acuerdo a las tendencias de consumo. Si bien en la actualidad apenas hay 52.000 hectáreas de Carignan plantadas en todo el mundo, está volviendo a ser valorada en importantes mercados, como el chino. Así mismo, en Chile, donde arribó en la primera parte del siglo XX, también comienza a despuntar poco a poco.

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Los ampelógrafos estiman que el Carignan tiene su origen en el mediterráneo occidental, en Aragón, España, donde esta cepa fue bautizada con el nombre del pueblo de Cariñena, en la provincia de Zaragoza. En Cataluña también tiene cierto renombre –es llamada Samsó– y en La Rioja es conocida como Mazuelo. Algunos ampelógrafos tienen la teoría de que esta uva viene del pueblo de Mazuela, en la provincia de Burgos, al noroeste de España.

Figura 1. Francia concentra 60% de la superficie mundial de Carignan.

Figura 2. Hectáreas de Carignan en Chile. Catastro SAG 2017.

Esta cepa arribó a Francia en el siglo XII y a Italia en el siglo XIV, cuando la isla de Cerdeña estaba bajo la influencia española de la Corona de Aragón. “Con el tiempo, también llegó a Argelia, en África, donde se convirtió en una variedad de alto rendimiento que se exportaba a Francia para agregar color y cuerpo a las mezclas de vinos franceses”, explica el consultor en vinos Fernando Almeda.

Tras la epidemia de la filoxera que afectó a mediados del siglo XIX a Estados Unidos y Europa, las plantaciones de Carignan crecieron en popularidad en Francia. Este proceso se acentuó especialmente tras la escasez de vino que hubo después de la Segunda Guerra Mundial y con la independencia de Argelia en 1962, que limitaba su transporte hacia las tierras galas continentales. Entonces, se plantó ampliamente en la región de Languedoc-Rosellón, en la costa sur de Francia, donde se obtuvieron volúmenes de producción por sobre los 200 hectolitros por hectárea.

Se estima que de las 120.000 hectáreas que había plantadas en el mundo entre fines de la década de 1950 y comienzos de la de 1960, Francia tenía 74.000. En 1988 era la variedad de vino más plantada en ese país con 167.000 hectáreas. Pero las autoridades locales comenzaron a implementar una serie de subsidios para reconvertir los viñedos y el Carignan empezó a perder fuerza. Entre los años 2000 y 2010, más de 11.000 productores reemplazaron el Carignan por otros cultivos y otras cepas como Syrah, Mourvedre y Bordeaux Trio. En 2015 había solo 32.000 hectáreas plantadas con Carignan en el país galo.

EL PANORAMA MUNDIAL

En la actualidad, las plantaciones de Carignan están distribuidas principalmente en 15 países, pero con Francia acaparando el 60%. Además de los productores tradicionales vitivinícolas europeos (Francia, Italia, España, Portugal) y los principales exponentes del Nuevo Mundo (Estados Unidos, Argentina, Chile, Sudáfrica), México, Marruecos, Grecia, Chipre, Croacia y Argelia cultivan esta vid.

España, que alberga el 10% de la superficie mundial de Carignan, también ha visto caer su producción. En Aragón, la uva Cariñena comenzó a ser reemplazada por la Garnacha, mientras que en Cataluña la Samsó solo se usa en mezclas con Garnacha y en porcentajes minoritarios con variedades francesas. En La Rioja también se utiliza como un componente menor con Garnacha y Tempranillo.

En Italia, que tiene el 3% de la plantación mundial, la situación es similar. Cerdeña, el mayor exponente de Carignan en ese país, tuvo un proceso de reducción de la superficie plantada de viñas viníferas –disminuyendo en un 70%– hasta llegar a las 19.000 hectáreas en 2010, 1.600 de las cuales eran de Carignano.

En California, Estados Unidos, donde el Carignan arribó a finales del siglo XIX, esta alternativa llegó a alcanzar una gran popularidad: a mediados del siglo XX era la tercera más plantada en ese país. Tras ser reemplazada por cepas francesas en la década del 80, hoy Estados Unidos alberga el 2% de la superficie mundial de Carignan, principalmente en los condados de Sonoma, Mendocino, Santa Bárbara y San Diego, para ser usada en vinos varietales y mezclas.

 

Características del Carignan

Ampelográficas

  • Sarmientos erguidos.
  • Zarcillos cortos.
  • Hoja pentagonal de gran tamaño. Senos laterales pronunciados. Haz de de la hoja de color verde claro y envés arañoso.
  • Racimo de tamaño medio a grande, uniforme, compacto, con forma cónica, pedúnculo grueso y mediano. Va pegado al tronco.
  • Bayas de tamaño medio, forma esférica, color negro azulado y piel gruesa.
  • Semilla corta.

Vitícolas

  • Brotación tardía.
  • Madurez fisiológica tardía. Mejor adaptación al clima mediterráneo seco con otoños calurosos y poco húmedos.
  • Conducción en cabeza, sin sistema de conducción. Habito de crecimiento vertical, fácil cultivo sin sistema de conducción.
  • Sensible a enfermedades.
  • Cosecha manual.
  • Vigor alto. Productividad variable, entre 1 y 9 kilos por planta. La producción puede llegar a 20 toneladas por hectárea.
  • Puede producir uvas de calidad con bajos rendimientos. Esto se puede dar con parras viejas, suelos pobres, buena exposición solar y buen drenaje.
  • En El Maule tiene un 95% de autenticidad en promedio.
  • Se produce principalmente en suelos pobres, con bajos en contenido de materia orgánica (-1%), fósforo y nutrientes, con baja relación de potasio con magnesio.
  • En zonas como el secano interio de la Región del Maule, se cosecha a mediados de marzo.

Enológicas

  • Color oscuro.
  • Intensidad aromática neutra.
  • Niveles de alcoholes superiores. 
  • Nivel de tanino alto.
  • Acidez media a alta / pH bajo.

UNA APUESTA DE VALOR PARA EL MAULE

Se cree que el Carignan arribó a nuestro país en 1928 como parte de una importación de estacas injertadas sobre vitis americana desde California. En todo caso, el verdadero impulso llegó luego del terremoto de Chillán de 1939. Como parte de una estrategia de fomento productivo, el Departamento de Enología del Ministerio de Agricultura decidió importar estacas francesas de Carignan para mejorar las características de los vinos de la zona del Maule y agregar valor a la actividad agrícola.

“Aparentemente, las autoridades locales de la época vieron en esa cepa un aporte para las mezclas con la variedad País, por lo que apoyaron su importación y difusión, especialmente en Maule. El Carignan aportaría color, cuerpo y, sobre todo, frescura a las tradicionales mezclas tintas maulinas. Así comenzó su cultivo, emulando las viñas anteriores; es decir, plantadas en cuadrado, conducidas en cabeza y cultivadas en el secano”, explican desde Vigno, la Asociación de “Vignadores” de Carignan, que agrupa a 16 viñas y dos personas naturales del secano maulino.

“Cuando comenzó en Chile, se hizo para apoyar a la cepa País, que es más liviana y de menos color. El Carignan le daba estructura. Pero con el tiempo se ha ido independizando. El Carignan es una cepa de alta acidez, muy fresca y elegante. Se adapta muy bien a las condiciones de sequía. No se riega. Sin embargo, hay que estar encima del proceso productivo para evitar enfermedades de la uva”, agrega Julio Bouchon, director ejecutivo de la Viña Bouchon y presidente de Vigno.

Hasta finales de la década del 90, esta uva se transaba a precios muy bajos, lo que inhibía su desarrollo. Pero su valor comenzó a ser redescubierto por el enólogo Pablo Morandé hace casi 20 años, seguido por otras empresas vitivinícolas que decidieron formar la asociación gremial Vigno en 2011. Los Carignan del Maule –con un vino compuesto en un 85% por esta cepa y el restante 15% por otras variedades, y con dos años de guarda como mínimo– comenzaron a ser reconocidos rápidamente. En su ranking de 2014, la publicación Wine Advocate eligió a un vino Carignan como el mejor de Chile con un máximo de 95 puntos. “La acidez alta es un elemento distintivo del Carignan chileno, por los tipos de suelos y la cercanía al mar, sin temperaturas altas extremas”, apunta Julio Bouchón.

Pablo Morandé, enólogo.

Hoy el Carignan tiene 851 hectáreas distribuidas entre las regiones de Coquimbo y del Biobío. Con 707 hectáreas y poco más de 100 productores, la Región del Maule es la mayor productora en Chile. Su elaboración radica en parras de al menos 30 años de antigüedad, ubicadas en el secano entre Constitución, San Javier, Melozal y Cauquenes.

Con el tiempo, su exportación ha ido creciendo: pasó de 17.000 cajas de 9 litros en 2017 a 22.000 cajas en 2018 (de las cuales 5.000 corresponden a Vigno). Según el informe Bottled Wine Chilean Exports 2018, es la variedad número 26 en volumen de las 42 que se producen en Chile. Sin embargo, es la que tiene un mayor precio promedio de las que exporta nuestro país actualmente. En 2018 la caja de 9 litros se vendió a US$ 73,5, mientras que la de Cabernet Sauvignon llegó a US$ 29, aproximadamente. Sus destinos principales son Brasil, China y el Reino Unido.

Dados los buenos resultados productivos y comerciales, algunas viñas como Bouchon han intensificado su apuesta por esta uva. A las 4 hectáreas de Carignan que tenía, en 2019 le sumó una nueva plantación en el secano interior de la Región del Maule, en un predio con suelo granítico ubicado a 30 kilómetros del Océano Pacífico, lo que le otorga mayor elegancia y una acidez más alta a los vinos. Se trata de 4 hectáreas adicionales de Carignan y otras 2 de País. Es una plantación en cabeza, sin uso de alambres, con plantas formadas con material vegetal de la zona y de parras antiguas, sin utilización de riego.

“A diferencia del común de las plantaciones, que son clones o selecciones masales de otras partes del mundo, nosotros buscamos estacas de nuestro mejor productor de cada variedad y que tuviese similares condiciones de suelo que nuestro campo de Mingre, donde se realizó la plantación. Con esto hicimos nuestras propias plantas”, asegura el enólogo jefe de Viña Bouchon, Christian Sepúlveda. Las nuevas parras estarían produciendo vinos de alta calidad a finales de esta década.