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04 de julio de 2022
Panel de CEO en Conferencia Ica 2022:

El nuevo ciclo productivo de la uva peruana en la voz de sus protagonistas

El nuevo ciclo productivo de la uva peruana en la voz de sus protagonistas

Cinco de los principales referentes de la producción uvera de Ica se reunieron para conversar sobre los desafíos locales y globales que enfrenta la industria en medio del fuerte crecimiento conseguido en los últimos años.

Felipe Aldunate M.

Es probable que muchos fuera de Perú aún no sepan ubicar a Ica en un mapa. No obstante, este pequeño y desértico departamento al sur de Lima se ha transformado en una capital global de la uva de mesa. Con apenas 850.000 habitantes, en Ica se produjo la mitad de los 65 millones de cajas de uva que Perú envió en la campaña 2021-2022 y que tiene al país empinándose como el mayor exportador de uva de mesa del mundo. Y es en Ica donde la producción peruana más crece: mientras la exportación total del país subió 13% en la última campaña, los envíos que salieron de Ica se empinaron en 17%, superando a zonas más nuevas como Piura, Lambayeque y La Libertad.

No obstante, la exitosa campaña 2021-2022 de Ica se realizó en medio de un contexto que se ha estado haciendo más desafiante para los productores y que podría terminar con muchos fuera del mercado. Así lo señalaron cinco de los principales ejecutivos de productoras de uva de mesa de Ica, en un panel de conversación en la Conferencia Ica 2022 que realizó Redagrícola a mediados de junio y en una convocatoria apoyada por Provid.

En el panel participaron Augusto Baertl, CEO de Agrícola Chapi; Benjamín Cillóniz, gerente general de Exportadora Safco; Darío Núñez, gerente general de Uvica; y Manuel Yzaga, gerente general de Vanguard Perú y quien es además presidente de Provid, la asociación empresarial que los reúne. A ellos se les sumó Arturo Hoffmann, gerente comercial de Agrícola Don Ricardo.

“Parecen las siete plagas”, dice Augusto Baertl, de Agrícola Chapi, al enumerarse las presiones que enfrenta la industria: alza de costos laborales y de insumos; una congestión en el sistema naviero internacional que retrasa y da incertidumbre a los envíos de fruta fresca, y una desaceleración global que se siente en los supermercados del planeta. “Es un entorno complejo, pero desde el cual vamos a salir con soluciones creativas: nuevas tecnologías en el proceso productivo, mejores sistemas de gestión y una adecuada renovación varietal marcarán la diferencia”, dice Baertl.

LA CONGESTIÓN MARÍTIMA

Para Manuel Yzaga, de Vanguard Perú, “esto ha sido como uno de esos caramelos que son dulces y ácidos: ha sido dulce porque el producto ha ido saliendo, pero ácido porque ha sido súper complejo”. Explica que, con el tema marítimo, algunos envíos de fruta tardan más de 70 días en desembarcar, lo que ha complicado todo. “Hemos terminado pagando fletes de US$ 12.000 por contenedor. Hemos tenido que bajar contenedores con uva de Paita (puerto al norte de Perú) a Ica (en el sur) y volverlo a llevar a Paita para que se vaya a Filadelfia, porque la costa oeste estaba atorada”, dice. “Y por camión son US$ 8.000 más para que la fruta no se malogre y se venda a un valor que, menos los gastos, ojalá deje algo”.

En este sentido, agrega que la escala ayuda para negociar los espacios y para organizar mejor. “Es más fácil cumplir cuando tienes un buen volumen, los errores se compensan”, dice.

Benjamín Cillóniz, de Safco: “Mucha fruta se pierde y lamentablemente antes se las pedías al seguro, pero ahora el seguro te hace un saludo y ‘chao’. Por eso es que el negocio se está apretando tanto este año”.

Se trata, no obstante, de un escenario logístico inédito. “Nunca una naviera me había dicho «oye, si me demoro 90 días no es culpa mía». Pero ¿cómo no va a ser culpa tuya si tú estás demorando? ‘Bueno, si quieres cargas, si no, no’. ¡Caramba!”, relata Núñez, de Uvica.

El tiempo de tránsito ha aumentado las mermas y ha disminuido la disposición a hacer las coberturas financieras. “Mucha fruta se pierde y lamentablemente antes se las pedías al seguro, pero ahora el seguro te hace un saludo y ‘chao’”, dice Benjamín Cillóniz, de Safco. “Por eso es que el negocio se está apretando tanto este año”.

RESGUARDO DE FERTILIZANTES

La crisis global de los fertilizantes no la han sentido de manera tan fuerte. “El alza de fertilizantes ya viene, yo diría hace 12 meses o más, por lo que nosotros ya nos veníamos preparando. Muchos negociaron antes sus cotizaciones para las siguientes campañas. Algunos han hecho compras adelantadas, estoqueándose. Han ampliado o contratado almacenes”, dice Cillóniz. “Creo que la oferta no está amenazada, pero cuando se elevan los costos y alguien no tiene acceso a los financiamientos, sí se puede complicar. Y puede sonar a consuelo de tontos, pero en uva de mesa el ítem ‘fertilizante’ no es tan relevante. El último año, los fertilizantes representaron el 6,1%. Lo que hemos presupuestado para la siguiente temporada, si bien aumenta en 44% lo gastado el año pasado, representa el 6,8% de los costos totales”.

El tema de los fertilizantes golpea más fuertemente a los cultivos complementarios, como las paltas aclara Darío Núñez de Uvica. “Yo también soy paltero y cuando ves el costo de fertilizantes me digo ‘mejor no siembro una hectárea más de palto’”, dice Núñez. Para el CEO de Uvica,el negocio uvero ha cambiado totalmente en los dos últimos años por los mayores costos de producción lo que obliga a los productores a buscar mecanismos para reducir el costo por kilo, aumentando la producción así como bajando los gastos del proceso.

EL RETO DE LA PRODUCTIVIDAD

De hecho, el CEO y dueño de Uvica señala que se da poca relevancia a los costos de producción. “En mis resultados vi que el costo de mano de obra por jornal ya no era los 40 o 50 soles que pensaba, sino que eran 71 soles. Cuando me salta ese número digo ‘Caramba, ¿hacia dónde tengo que apuntar?’ Entonces, me digo, ‘tengo que tener nuevas variedades que produzcan cajas o kilos’”, dice Núñez. “Por ahí va el camino, el de escoger nosotros qué plantar y qué dejar de sembrar o matar para, para que el negocio sigue en flote”.

El tema del costo laboral se refleja muy claramente en la poda, según Núñez. “En 2021, yo pensaba que había pagado un sol diez la poda y me creía ‘el mejor de todos’. Bueno, cuando analicé mis costos me di cuenta que había costado dos soles porque la gente no llegaba al mínimo que tenía que hacer, pese a lo cual esa gente ganaba el sueldo básico. Cuando dividía el sueldo básico por las plantas que habían hecho, tenía plantas que costaban hasta cuatro soles y cincuenta. Con cuatro soles cincuenta estoy quebrado. Esa es la realidad”.

El alza de los costos laborales es un tema que preocupa en una región cuya oferta de mano de obra ha quedado estrecha ante el desarrollo agrícola. “Es una estrechez cada vez más notoria y que nos lleva a ser cada vez más creativos para lograr atraer al personal mejor calificado y combatir ese costo”, dice Baertl, de Chapi. “El foco debe estar en cómo ser cada vez más atractivos: eso incluye desde el salario, bonificaciones, regalos y premios, hasta seguridad, en salud, clima laboral”.

Augusto Baertl, de Chapi: “La estrechez del mercado laboral es cada vez más notoria y que nos lleva a ser cada vez más creativos para lograr atraer al personal mejor calificado y combatir ese costo”.

En esta presión de costos, hay matices. “Da gusto contratar gente para traer progreso, significa estar haciéndolo bien”, dice Yzaga, de Vanguard Perú. “Si alguien puede ofrecer el ingreso diario que estamos haciendo nosotros como sector, bienvenido, que lo haga. Pero queremos verlo. Pero nos la ponen cuesta arriba y nos siguen apretando y no hay nadie que haga lo mismo que nosotros”. Con ello se refiere a los impuestos y cargos adicionales que desde el Gobierno han venido imponiendo al sector agrícola peruano. Una idea que apoya Cillóniz: “Yo estaré feliz de ir a la quiebra si es porque la plata que se lleva un trabajador al bolsillo me vuelve inviable; lo que no debe pasar es que seamos inviables porque le tenemos que pagar más al Estado”, dice.

En este sentido, un objetivo transversal es la simplificación de los procesos. “Hay algo con lo que nos inflamos el pecho y es por la calidad de la uva peruana: si es que nosotros hubiéramos podido ponerle una banda sinfónica a nuestras uvas para que le canten, lo hubiéramos hecho, pero ahora ya no podemos”, dice Núñez. “Tenemos que empezar a soltar. En acomodo de racimos me tiraba 60 jornales por hectárea/año. Bueno, en EE.UU. no se gasta ni uno y en Chile serán dos o uno. Tenemos que ver nuestros competidores del lado y ver qué hacen ellos para subsistir”.

Darío Núñez, de Uvica: “Hay algo con lo que nos inflamos el pecho y es por la calidad de la uva peruana: si es que nosotros hubiéramos podido ponerle una banda sinfónica a nuestras uvas para que le canten, lo hubiéramos hecho, pero ahora ya no podemos”

“Es importante hacer la pauta lo más simple posible”, dice Cillóniz. “Antes podábamos a 16 cargadores, con el cargador tablado de tal, de tal número de yemas, el cargador redondo de tal número de yemas; con cuatro pitones por cada lado, etcétera, etcétera, etcétera. Hoy en día la pauta es ‘al alambre, corres’”.

MENSAJES A LOS BREEDERS

En este contexto, la selección de nuevas variedades sigue siendo una decisión estratégica clave tanto por lo que sucede con los consumidores, así como su desempeño en el campo. “Hoy estamos podando y las uvas patentadas las pagamos entre un sol 30 y un sol 60. Bueno, el día lunes escuchaba a alguien que podaba Red Globe en dos soles 20”, dice Núñez, cuestionando la rentabilidad en torno a esta variedad tradicional.

Ante la pregunta si es que alguno planifica mantener variedades tradicionales en sus campos –según Provid, dos tercios de lo plantado hoy en Perú son variedades nuevas y solo un tercio va quedando con tradicionales– la respuesta fue mayoritaria hacia las nuevas genéticas. “Más bien podría decir que en los próximos dos años no van a haber tradicionales”, dice Núñez. “No porque los mercados no los consuman, sino que por los mismos costos de producción”.

En el tema de variedades, Hoffmann, de Don Ricardo, dice que hoy hace sentido enfocarse en menos variedades que en los últimos años. “Entrar con muchísimas variedades a nivel comercial no es el camino; tiene un efecto negativo en términos operativo súper importante”, dice. “Cuando estás cosechando 40 mil o 50 mil javas al día, a veces en Navidad, en Año Nuevo, te dices ‘ojalá no tuviera 18 variedades, ojalá fueran tres o cuatro’. Por lo tanto, hay que hay que buscar consolidación, pero también creo que no hay que dejar de probar”. Para Hoffman, las apuesta en nuevas variedades son las que han permitido que Perú supere los 64 millones en cajas de exportación anuales y que les permite estar en un negocio que sigue siendo rentable pese a todo. “Acá somos grandes, pero en los anaqueles de los supermercados somos chicos: competimos con berries y con otros productos que hoy son una maravilla”, dice.

Arturo Hoffmann, de Don Ricardo: “Ninguno de nosotros es capaz de innovar en genética como empresa particular; los breeders son nuestros partners en el futuro para mantener un factor de diferenciación”.

En este contexto, los productores señalaron que es clave mantener la relación con los breeders en el largo plazo. “Ninguno de nosotros es capaz de innovar en genética como empresa particular”, dice Hoffman, de Don Ricardo. “Los breeders son nuestros partners en el futuro para mantener un factor de diferenciación”.

De todos modos, los productores les mandaron un par de mensajes. “El próximo año debe ser el primero en la vida de la uva de mesa peruana en que la Red Glove no sea la principal variedad exportada. Y en el caso de la Flame le que quedan unas 300 hectáreas. Con ello, el negocio de las patentadas se va a convertir en un negocio de US$ 1.000 millones de exportación FOB, lo cual les generará una facturación a los genetistas de US$ 50 millones al año”, dice Cillóniz. “Es una industria de muchísima plata. En su momento corrieron riesgos enormes. De hecho, la oferta de los breeders originalmente fue que iba a ser un club muy cerrado y algunos apostaron por esa exclusividad y esa exclusividad hoy día se perdió por completo. Entonces ahora hay que ver bien qué es lo que van a manejar los breeders”.

Sobre eso, los panelistas mencionaron la fusión entre la casa genetista californiana IFG y la española SNFL, por sus posibles efectos competitivos en Perú.

Núñez, de Uvica, reconoció que los breeders han dinamizado la industria, pero les pidió un favor: “No nos conviertan en industria del iPhone en que todos los años tenemos que tener el 13 o el X Plus. Por favor, déjennos entender las variedades, conocerlas y no saquen la Sweet Globe Killer o el Autumn Crisp Killer, porque todavía estoy aprendiendo en la Sweet Globe y en la Autumn Crisp”, dice. “Necesitamos que todos los aportantes de esta industria estemos de la mano, que no estemos algunos en una carrera de mil metros y otros en otra de 2.400 metros”.

LA ACELERADA RENOVACIÓN VARIETAL

Esto, en un contexto en que la renovación varietal se acelera. “Las variedades de uva no deberían durar más de ocho años”, dice Baertl, de Chapi. “Los consumidores y los genetistas están en constante búsqueda de factores que diferencie. Esto requiere estar sumamente alerta a cambios en el mercado y tomar decisiones muchas veces difíciles”.

Varios panelistas reconocieron estar sacando variedades ante escenarios futuros y la necesidad de simplificar su catálogo. “Acabamos de matar variedades que daban márgenes positivos en torno a US$ 10.000, pero creemos que en dos años van a desaparecer”, dice Cillóniz. “Básicamente variedades candies de baja productividad y de bajo calibre. Si bien hoy tienen demanda, creemos que a futuro pueden ser rápidamente desplazadas. Hay que tratar de adelantarse”.


Más de 500 participantes vieron en directo el panel de CEO en Conferencia Redagrícola Ica  2022

Baertl confirma que han debido matar algunas variedades en pro de la simplificación. “Muchas de las empresas tienen un portafolio de variedades a veces enorme y muy difíciles de gestionar”, dice. “Pero los genetistas definitivamente son nuestros aliados y les estamos esperando para que nos hagan la variedad de 8.000 cajas por hectárea”.

Manuel Yzaga ejemplifica el efecto del ciclo de variedades. “Si comenzaste en 2016 o 2017 con un recambio agresivo, apostaste por las variedades que estaban disponibles en ese momento, como la Sweet Celebration y otras nuevas que se debían probar. Había entonces unas uvas negras lindas pero que de pronto no te caminaban pero ya habías invertido”, dice. “Entonces en ese momento no había tantas verdes, como sí hay hoy verdes seedless. Pero de pronto en cinco años estaremos matando verdes. Porque todo el mundo, sembró verde, ganó y regresaremos a las rojas. Esto es bien dinámico y hay que ser muy cauto”.

De hecho, Hoffmann advierte que puede haber un “efecto látigo” con las uvas verdes que se han plantado masivamente en Perú. “Estamos en un negocio que juega contra la temporalidad: de todo lo que hagamos hoy, veremos sus frutos en tres o cuatro años”, dice. “Pero hoy Perú ya no es un jugador de ventana, es un jugador de un gran período en la oferta del Hemisferio Sur. Ha desplazado otros orígenes y hoy tiene la responsabilidad de ser sostenible tanto en los mercados como en lo social, en lo ambiental: debemos reflexionar sobre cómo queremos afrontar este futuro, pues todos los efectos los veremos en un tiempo y no sabemos cómo va a ser”.

LA CRISIS DEL AGUA Y LA PURGA

En ello, el tema del agua surgió como clave, especialmente en relación al uso desregulado e informal que muchos productores están haciendo de agua por medio de pozos no registrados, pese a las restricciones. “Estamos en veda y se ven fronteras agrícolas que van creciendo; hoy hay siembra donde no había un pozo antes”, dice Yzaga, de Vanguard Perú y presidente de Provid. “Me da vergüenza y me gustaría que comience a darle vergüenza a todos aquellos que hacen lo mismo para que lo dejen de hacer”.

Manuel Yzaga, de Vanguard Perú: “Estamos en veda y se ven fronteras agrícolas que van creciendo; hoy hay siembra donde no había un pozo antes. Me da vergüenza y me gustaría que comience a darle vergüenza a todos aquellos que hacen lo mismo para que lo dejen de hacer”.

 

Para Cillóniz, si bien “es una frustración competir contra alguien que no es formal y que perfora pozos donde le da la gana”, agrega que “es una vergüenza que no se aproveche de mejor manera el agua que termina llegando al mar: perdemos millones y millones de metros cúbicos que pasan de largo”.

Esta crisis de procesos, variedades y costos, de todos modos, lo ven como una oportunidad para que salgan del juego productores que además de ineficientes, dependen mucho de la informalidad para llevare a cabo su producción. “Las cosas pasan por algo y esta crisis, este incremento de costo, va a hacer que algunos salgan del fuego y de repente así se va a regular el estrés hídrico a raíz de los pozos ilegales e informales o bombeos ilegales”, dice Yzaga.

“Va a ser un año de purga”, dice Cillóniz. “Ya hemos visto a algunas empresas que han quebrado y otras tantas que están decidiendo no podar, pero no sé muy bien que están esperando, porque no podar es simplemente prolongar la muerte”.

“Yo acabo de estar en Europa y compradores de palta que decían que consumían 500 contenedores semanales, bueno, ahora están consumiendo 320 contenedores semanales, entonces se está notando que no hay dinero para comprar lo que estamos produciendo”, dice Núñez.

No obstante, los grandes productores tienen fe en que esto sigue. “Con todos estos desafíos estamos saliendo adelante”, dice Baertl. “Seguimos en la lucha”

“Aprovechemos la bendición que es Ica”, dice Cillóniz. “El Villacuri, Ica e incluso las pampas que están hacia Nazca deben ser el mejor sitio del mundo para la agricultura. Es realmente una bendición”.

Los cinco panelistas junto al moderador Felipe Aldunate (izquierda) al cierre de la conversación.

 

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