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Junio 2020 | Arándanos

Ismael Fernández, asesor, especialista en arándanos

El chileno pionero en el desarrollo del arándano en Perú

Tras su paso por Chile y México, Ismael Fernández recaló en Perú, tras ser contactado por el Grupo Rocío en 2010. Visitó zonas de la sierra, descartando producir allí por las deficiencias en infraestructura y logística. Cuando estaba a punto de dejar el país, los ejecutivos de dicha empresa le mostraron los campos de Chavimochic. “Esta es la zona ideal”, dijo, iniciando así un trabajo que duraría seis años. Ha sido testigo y partícipe del desarrollo del arándano en Perú, y hoy está embarcado en una nueva aventura en Olmos, asesorando a Agrícola El Alaya en la instalación de 100 ha de arándanos.

Rodrigo Pizarro Yáñez

Cuando finalizaba la primera década del nuevo siglo, un puñado de agricultores del norte y del sur del Perú veían con buenos ojos a un fruto pequeño y de color azul que estaba despuntando en varias zonas productoras de Chile: el arándano. Como suele ocurrir, comenzaron los primeros ensayos en el país, y muchos fueron tachados de ‘locos’. Si bien algunos terminaron dejando a un lado esas intenciones, otros prosperaron, convirtiéndose en los precursores de un negocio que ha posicionado al Perú hoy como el principal proveedor de este berry a nivel global.

El arándano llegó a Chavimochic (en el Departamento de La Libertad) casi por azar. Y el gestor de que así ocurriese fue el ingeniero agrónomo, Ismael Fernández, quién tras haber trabajado en el desarrollo de este fruto en Chile y México, a fines del 2010 recibe el llamado de Ulises Quevedo, quien le cuenta del interés del Grupo Rocío por introducir arándanos dentro de su portafolio de productos, que hasta ese entonces incluía paltas y espárragos.

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“Me preguntó si yo estaba dispuesto a realizar un recorrido por los campos de la empresa, con el fin de diagnosticar la factibilidad de desarrollar una plantación de arándanos en el Perú”, recuerda Ismael. Fue así como semanas más tarde inició un viaje a Cajamarca, en plena sierra de Huancayo, donde lo esperaban ejecutivos de la empresa, que tenían la misión de visitar una serie de campos. En este breve recorrido, Fernández pudo apreciar de que, si bien las características de los suelos y el clima, hacían factible desarrollar un proyecto de arándanos allí, había otros factores que impedían el desarrollo de una plantación de gran envergadura: una subdesarrollada infraestructura, sobre todo vial, y una deficiente logística.

PRECURSOR. Ismael Fernández es uno de los pioneros del desarrollo del arándano en Perú. Como asesor del Grupo Rocío, trabajó seis años en Chavimochic.

Pero el viaje no concluyó allí. Tras tomar vuelo rumbo a Trujillo y antes de que Fernández volviese a Santiago, lo invitan a conocer otros campos de la empresa que estaban en plena costa trujillana, en Chavimochic. El propio Rafael Quevedo Flores contaba a Redagrícola: “Cuando regresaron a La Libertad e Ismael se iba a despedir de nosotros, les dije ¿quieren ver arándanos?. Ellos andaban un tanto desanimados, pues no habían encontrado nada. Entonces los llevé a un vivero que tenía plantas de arándanos. Yo las había visto pero no me parecieron tan bonitas, a pesar de que estaban ya con frutos y flores”.  Ese fue el comienzo de la historia del arándano en esta zona. “Les dije que ahí sí se podía realizar un proyecto de arándanos perfectamente, pero ocupando otra genética. Aquí no se darían los arándanos ‘Northen-highbush’, sino que era perfecta para los ‘Southern highbush’”, continúa.  

La realidad a la que se enfrentaba Fernández era completamente diferente a lo que había trabajado hasta ahora. En Chile, como agrónomo zonal de Vitalberry Marketing, atendía técnica y logísticamente al grupo de productores que proveía de fruta a esa exportadora. “De eso, han pasado más de dos décadas y esos años el arándano era incipiente, mucho más desarrolladas estaban la frambuesa y la mora”, cuenta. En México, a través de VBM-Giumarra la situación era parecida, porque el arándano recién aparecía en tercer puesto, tras la mora y la frambuesa. “Eso años, a principios de los 2000, los arándanos estaban recién haciendo su aparición en ese país”, apunta. Hoy esa historia ha cambiado, tanto en México como en Perú.

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-En una conversación anterior me dijiste que, tras haber visto arándanos en Chile y México, cuando llegaste a Perú todo fue completamente diferente, ¿con qué realidad te encontraste y qué debiste aprender sobre la marcha?

– Así es, me encontré con una agricultura del desierto peruano, muy distinta a todo lo que había visto en mi vida profesional. Era una agricultura muy desarrollada técnicamente, especialmente en temas de irrigación y fertirrigación, como también en cuanto a los protocolos fitosanitarios, que eran más bien flexibles y no rígidos, administraciones prediales en base a programas propios y hechos a la medida, etc. Es decir, eran empresas agroexportadoras totalmente verticalizadas, con grandes extensiones de tierras en plena producción. Obviamente, fue una excelente oportunidad de poder aprender de la agricultura del desierto y pertenecer al equipo local fue un gran orgullo también.

– Técnicamente, ¿lo que hiciste en Perú, es muy distinto a lo que hiciste en Chile y México?

– ¡Asolutamente! La mayoría de las labores culturales del arándano ‘evergreen’ no coinciden en las técnicas agronómicas, ni en los tiempos de los manejos culturales con el arándano del norte. Es otro producto, muy diferente, agronómicamente hablando. Por ejemplo, los ‘Southern-highbush’, no requieren, o requieren muy poca acumulación de horas frío para iniciar su proceso reproductivo. A diferencia de las ‘Northern-highbush’, las ‘Southern’ no entran en estado de latencia invernal, por lo que permanecen siempre verdes y eso las hace no ser tan rígidas en épocas de producción. Así, tú puedes programar sus cosechas de acuerdo a un calendario de ventas que más acomode.

– Te encontraste con profesionales que quizás no conocían lo que era un arándano, ¿cómo fue el proceso de capacitar y trabajar con ellos en esa primera etapa?

– ¡Así es! En aquellos años, el personal técnico de la empresa estaba muy relacionado, y con un gran ‘expertise’, en otras especies de exportación, como son el espárrago (tanto blanco como verde), que obviamente no tienen nada de relación con el arándano, ni en términos de manejos culturales, ni tampoco en labores de logística de cosecha y poscosecha. Así es que, como en toda empresa que se está iniciando con un nuevo producto, además del ‘staff’ de soporte agrícola de planta, rápidamente se incorporaron profesionales jóvenes con muchas ganas de aprender y ser partícipes de un nuevo proyecto de inversión. Al poco tiempo, todo caminó muy bien y, en gran parte, fue gracias a la calidad profesional del personal de la empresa. 

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– ¿Cuáles crees que son las fortalezas del Perú como productor de arándanos?

– Son varias, pero a mi juicio, el clima es uno de los factores que, sin duda, le dan una gran fortaleza. El poder producir arándanos prácticamente todo el año, sin tener que invertir importantes sumas de dinero en protección del cultivo contra heladas o lluvias, es un gran alivio. Es un nicho de producción que pareciera estar hecho a la medida para la genética de baja o nula necesidad de acumulación de horas fríos. Eso, es una gran fortaleza. 

EN OLMOS. Ismael junto a José Lira, gerente general de Agrícola Alaya, recorriendo los primeros campos que hoy están plantados en Olmos.

– ¿Y las debilidades?

– También son varias, pero técnicamente hablando, quizás la fitosanitaria es un factor que puede afectar gravemente al cultivo y causar importantes daños económicos. El hecho de que el clima es muy favorable para el cultivo, también lo es para el desarrollo de las plagas y enfermedades que, si no se tienen los protocolos de prevención y seguimiento adecuados, pueden provocar importantes pérdidas económicas.  

– Cuando se inició el cultivo del arándano en Perú había muy poco acceso a la genética, ¿qué problemas generó eso?

– En realidad, cuando iniciamos el primer proyecto de plantación solo había acceso a variedades abiertas de arándanos. Por tal motivo, se iniciaron las gestiones con el gobierno de turno, para poder incluir al Peru en el acuerdo de protección de la propiedad intelectual, en este caso, la de la nueva genética. Al poco tiempo todo avanzó muy rápido y el gobierno peruano firmó el tratado respectivo, dando lugar a la entrada de material vegetal con protección intelectual. 

– Si hubiese habido acceso a una genética privada (variedades licenciadas) desde un primer momento, ¿crees que la historia hubiese sido distinta?

– En realidad, toda esa etapa fue muy rápida. No dio lugar a vivir una historia muy distinta. El desarrollo a gran escala del cultivo del arándanos en Perú, vino de la mano con la entrada de variedades licenciadas. Ahí estuvo uno de los grandes pasos realizado por el país, el hecho de que, el desarrollo del cultivo partiera prácticamente de la mano de la genética de avanzada, salvo esos primeros años que trabajamos con variedades abiertas. Eso, a la fecha, sigue en aumento, incluso con el desarrollo de algunos programas genéticos que se adaptan a las necesidades locales.

– Pero, la aventura peruana del arándano empezó ligada a una variedad como Biloxi, que hoy ha ido perdiendo peso frente a variedades licenciadas.

– Es verdad, Biloxi fue la variedad abierta que se plantó y dio muy buenos resultados en un inicio y, dicho sea de paso, también le abrió los ojos al Perú en lo que podría llegar a ser, en un corto plazo, con este cultivo. Es importante destacar la participación de la variedad Biloxi en todo este proceso, dado el hecho que fue y es aún la variedad que permite aprender de este cultivo en todo sentido. Es como un ‘desde’.

– Según tu experiencia, ¿sigue habiendo un nicho para Biloxi en los mercados?

– Biloxi es una variedad muy noble, y de paso, bastante rústica. Me atrevería a decir que, con mejores y nuevos manejos culturales, aún le debe quedar a Biloxi por expresarse más plenamente. Es una buena variedad, que como en muchas cosas, hay que saber llevarla. Realmente, al principio se le hizo una mala fama a Biloxi, sobre todo por su sabor, marcadamente agridulce, por no decir un tanto acida. Eso, se le hizo cuesta arriba a esta variedad cuando llegaba al mercado junto a otras variedades de mejor sabor. Pero también su firmeza, y lo parejo de su calibre le abrieron muchas puertas.

– A medida que una variedad, por ejemplo, Biloxi, va quemando sus últimos cartuchos, ¿eres partidario de invertir solo en una variedad nueva o en varias?

– Estoy convencido que en estos tiempos, donde todo va mucho más rápido, ya casi no puedes alcanzar a conocer muy bien una variedad, cuando ya ¡te golpea el hombro una nueva! Es decir, lo que tienes ya plantado, es reemplazable por una nueva variedad. Así es el mercado, extremadamente dinámico, ya que si aparece algo mejor, debes estar con ello, si no, te vas quedando atrás. Esa dinámica de recambio lo pueden hacer regiones productivas como Perú, donde el cambio prácticamente no toma tiempo. Respondiendo directamente tu pregunta, si conoces bien una variedad o más de una, entonces debes considerarlas en un proyecto de plantación.  

– ¿Cuán determinante es la genética para obtener fruta de calidad?

– La búsqueda de la perfección no se detiene. Uno pudiera pensar que lo que ya hay es lo que debiéramos consumir nosotros, nuestros hijos, luego los nietos y así sucesivamente. ¡Pero no! Los programas genéticos que una vez estuvieron en manos de universidades, hoy están, en gran medida, en manos de privados, que no descansarán hasta seguir liberando más y mejores variedades en beneficio de la productividad, del sabor y condiciones de la fruta. 

– ¿Y cuán determinante es la situación o locación donde está el campo?

– Esta es una pregunta muy abierta, pero prácticamente en lo que ha arándanos se refiere, es deseable que la unidad productiva esté ubicada cerca de un importante abastecimiento de mano de obra y cerca de los puntos de embarque al exterior, con excelentes vías de tránsito. 

 

BIO

Ismael Fernández es ingeniero agrónomo de la Universidad de Concepción. Especialista en el arándano, ha desarrollado su carrera profesional durante más de dos décadas trabajando con productores y desarrollando proyectos en Chile (Vitalberry Marketing), México (VBM-Giumarra) y Perú (Grupo Rocío). Actualmente está asesorando a Agrícola Alaya en el establecimiento de una plantación de 100 ha en Olmos.

Paralelamente, junto a su esposa, Soledad Simeone, y sus hijos, ha implementado un proyecto de avellano europeo 100% orgánico en Vilches (Región del Maule, Chile), una de las primeras experiencias de este tipo que se desarrollan en Chile y el hemisferio sur.

– Ventura es la variedad con la que se ha ido reemplazando la superficie de Biloxi en Perú. De acuerdo a tu experiencia, y sabiendo que es una variedad que tiene un mayor potencial, ¿cuál sería el rendimiento óptimo por hectárea que se debiera manejar, para ser sostenibles y teniendo en cuenta de que es una fruta que podría viajar hasta 40 días a los mercados más lejanos, sin perder las condiciones de calidad?

– Es difícil hablar de rendimientos óptimos para Perú, y más aún específicamente para una variedad en particular. Al caso, he tenido conocimiento de volúmenes consistentes con esta variedad, cercanos a  las 20 toneladas por hectárea (t/ha), así como también ha habido gratas sorpresas productivas en algunos campos, con rendimientos que han llegado a las 30 t/ha.

– A fines de 2020 habría unas 14,800 ha en Perú y en 2021 se dice que se acercará a las 19,000. ¿Qué impacto puede tener ese aumento de superficie en las ventas?

– Es evidente que los significativos aumentos de volúmenes de exportación, tenderán a provocar ajustes de precios en los mercados de destino, sobre todo en aquellas fechas donde se formen las sobre ofertas. También es evidente que el mercado será drástico en la condición y calidad de la fruta. Es ahí donde vienen a cobrar importancia la variedad, los rendimientos, las zonas productivas y las semanas de participación de mercado. Hay que prepararse.

– Perú se ha ganado un espacio en el mercado global de los arándanos, ¿qué debiera hacer para no perderlo?

– Es difícil decir qué debiera hacer o qué no debiera hacer para no perder su actual posición. Pero, desde mi punto de vista, Perú debiera mirar a sus competidores y estudiar bien y poder analizar qué es lo que les pasó y por qué perdieron, en parte, ese lugar. Es muy probable que el no recambio varietal o tardío recambio, el no avanzar en tecnologías de irrigación y fertirrigacion, el quedarse atrás con programas fitosanitarios obsoletos, en perder o no acudir a la innovación…. comprometerán el permanecer en ese espacio.  

– Hay quienes dicen que el gran ‘pero’ del arándano peruano es el sabor, ¿compartes eso? Si es así, ¿cómo se supera eso?

– Ya hablamos de eso, la variedad Biloxi dio el pie para establecer ese ‘dicho’ y, en general, seguirá siendo así hasta que los productores vayan aprendiendo cómo se debe manejar agronómicamente mejor a cada una de las variedades. Las arenas son naturalmente inertes, y eso da lugar a que las plantas crezcan en ambientes prácticamente sin materia orgánica. Por ejemplo, un tema que será clave es que se deberán ir cambiando de metodologías de nutrición en los campos peruanos.

– Tras haber trabajado en Chavimochic y hoy en Olmos, y aunque en Olmos, el proyecto recién está comenzando, ¿Cuál de ellas y por qué es mejor zona para la producción de arándanos?

– Como tú dices, es muy temprano para aseverar una o tal cosa. Lo que, si he experimentado en Olmos, a diferencia de la zona de Chavimochic, es que en Olmos no hay bruma o niebla temprana y eso, puede marcar una diferencia. El que no haya eventos de bruma o niebla en las mañanas es una gran ventaja, dado que las cosechas pueden ser iniciadas desde muy temprano cada día, lo que asegura un ‘timing’ de cosecha ideal. Asimismo, la fruta adquiere una mejor condición de vida de poscosecha, al no haber estado expuesta a la humedad directa.

– ¿Ves alguna nueva zona de producción en Perú?

– ¡Claro! Piura.