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Abril 2021 | Noticias

Seminario abordó la necesidad de nuevas alternativas en Chile

Desalinización para la agricultura: las oportunidades que entrega la experiencia israelí, líder mundial en gestión de recursos hídricos

En una de las peores crisis hídricas de su historia, el país de medio oriente construyó un modelo de concesiones para desarrollar plantas desalinizadoras que producen el 80% del agua que se consume hoy en el país, de las cuales el 87% se recicla para ser utilizado en riego, esto sumado a una fuerte campaña educacional para la concientización y ahorro de agua. Hoy la sequía y el avance de la desertificación llevan a Chile a buscar nuevas alternativas para satisfacer su demanda de agua, sobre todo en zonas agrícolas que se han visto afectadas, sobre todo en la zona central.   

Chile lleva más de una década enfrentando duras sequías, lo que ha impactado fuertemente en la agricultura del país, en un contexto donde la desertificación avanza a paso acelerado. De hecho, se estima que cerca del 22% del territorio continental de nuestro país se encuentra afectado por la desertificación, según cifras de la Corporación Nacional Forestal (Conaf).  

En ese sentido, para abordar los desafíos que presenta la escasez hídrica en Chile el pasado martes 27 de abril se realizó el seminario web “Desalinización y reúso de agua en la agricultura”, organizado por la Misión Económica de Israel en Chile, junto al Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) La Cruz y Fruticultura Sustentable de la Región de Valparaíso.  

En la instancia, donde se abordaron posibles innovaciones para proveer de nuevas estrategias de riego al país aprovechando sus miles de kilómetros de costa, participó también Federico Errázuriz Tagle, Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Riego, quien señaló al inicio del seminario que “a pesar de que la geografía y los marcos jurídicos de Chile e Israel son muy distintos, hemos visto que hay mucho que los chilenos podemos aprender en gestión y en soluciones a los problemas de agua que estamos viviendo”. Cabe destacar que Chile ya cuenta con plantas desaladoras para la minería y, en casos muy puntuales, para consumo humano, pero aún no se han ampliado sus posibilidades en el país. 

Patricio Fuenzalida, director regional de INIA La Cruz, una de las regiones que más ha sufrido por la sequía, señaló en su presentación que la escasez hídrica por falta de lluvia “no es un problema solo de la agricultura, es un problema país”, apuntando a que, según estudios del INIA, un 62% de los suelos del país cuenta con algún tipo de degradación, una de las cifras más altas de la región sudamericana, “y eso terminará en una desertificación”, destacando la reciente creación de la Subsecretaría de Recursos Hídricos para abordar este problema y encontrar soluciones. 

EXPERIENCIA DE ISRAEL

En cuanto a la experiencia israelí, Miriam Brusilovsky, representante de la empresa IDE Technologies, una de las principales compañías en tecnología desalinizadora del mundo, con representación en 40 países, entre ellos Israel, EE.UU., Australia, China, India y Chile, donde cuenta con el proyecto Planta desalinizadora Aconcagua (bahía de Quintero), comentó sobre la experiencia del país en su paso desde la peor sequía de la zona de Medio Oriente en 900 años, y cómo Israel pasó a ser el principal referente en gestión de agua a nivel mundial. 

El cambio se debió a que, en los años 90, se vivió en la zona la peor sequía en 900 años, que luego pudo revertir gracias a un enfoque holístico para la gestión del agua a nivel nacional, con implementación de un plan de producción de agua desalinizada a lo largo de toda la costa del país, así como también un fuerte foco en educación pública para concientizar sobre el ahorro de agua, reutilización y reciclaje del elemento. 

Gracias al sistema de osmosis inversa, Israel produce 600 millones de metros cúbicos de agua desalinizada por año, que corresponde al 80% del consumo nacional de agua. Además, el 87% del agua en el país es reciclada, y se usa fundamentalmente para riego. “Es un país tan pequeño que se puede centralizar el reciclaje del agua y se puede tener control sobre su calidad, todo esto utilizando menos del 2% del consumo energético del país”, señala Brusilovsky. 

Del modelo de gestión, destaca la colaboración público-privada en el modelo, con concesiones generalmente desde el aparato gubernamental, de entre 20 y 30 años a empresas para construir y operar las centrales, para recuperar su inversión y luego ser transferidas al finalizar el periodo de concesión.