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Mayo 2021 | Cerezos

La determinante labor de las abejas

Claves de la polinización en un huerto de cerezos

Una buena polinización es decisiva y determina el éxito o fracaso de una temporada frutícola, más en un cultivo como el cerezo que sigue dando buenas rentabilidades a los productores. Este trabajo silencioso que realizan cientos de miles de pequeños insectos repercute indiscutiblemente en una mayor producción y una mejor calidad de la fruta. Sin embargo, la popularidad del negocio de la cereza ha significado también caer en algunos errores que los especialistas intentan zanjar.

Miguel Patiño

La temporada de un cultivo como la cereza se decide por varios factores, pero se empieza a construir casi silenciosamente con el vuelo y zumbido de las abejas, que desde las primeras horas de luz salen a hacer el delicado trabajo de ir recogiendo polen y polinizando las millones de flores que puede haber en un huerto. De este trabajo dependerá el resultado final que se expresará en una fruta del tamaño y forma que requiere el mercado.

Pero, ¿qué diferencia a una cereza que fue polinizada de una que no lo fue? “El tamaño”, afirma Ernesto Caamaño, apicultor con más de 30 años de experiencia, fundador de Colve, empresa que presta servicios de polinización a huertos frutales. “También en cuánto cargó el árbol. Además, si no hay una buena polinización en variedades como Kordia o Regina, estas se caen. Eso es típico de las variedades que no son autofértiles”, subraya.

Esta temporada Lapins tuvo problemas: precios bajos y algunos contenedores que ni siquiera se compraron de la variedad más plantada en Chile. Así, aquellos que no pueden cambiar, deberán producir Lapins de alta calidad, olvidándose de los calibres 24, 26 y 28, para concentrase en calibres ‘jumbo’ y ‘súper jumbo’, es decir, con producciones que no superen las 15 t/ha. “Con productores hemos sacado fruta de esas características, con rendimientos de 12 t/ha”, cuenta y señala que hay productores que están en esa sintonía, de privilegiar la calidad por sobre la cantidad.

Gamalier Lemus, investigador y líder del grupo de especialidad de frutales del INIA.

COLMENAS POR HECTÁREA, UN TEMA DE CANTIDAD, PERO TAMBIÉN DE CALIDAD

“El número de colmenas por hectárea que se deben colocar es crítico”, sostiene Gamalier Lemus, investigador del INIA. Hace más de tres décadas atrás, los expertos decían que con 6 colmenas/ha era suficiente, pero eso ya no es así.  “Con el tiempo, se estipuló que se necesitaban 20 colmenas/ha”, subraya. “Lo más importante es que hay que tener un gran número de abejas jóvenes, que salgan en búsqueda de las flores y el néctar y lo ideal es que tomen varias flores. Hoy son mucho mejor 20 colmenas /ha que seis”.

Ernesto Caamaño sostiene que el número ideal de colmenas por hectáreas dependerá de la variedad. “Para Lapins recomiendo, como mínimo, 10 colmenas/ha, aunque hay gente que dice que con 5 colmenas/ha basta”, sostiene. “Con Kordia y Regina, el mínimo serían 25 colmenas/ha. El beneficio que producirá el tener esas colmenas en una hectárea es enorme. Además, el costo de tener colmenas es mínimo si se compara con otros costos de producción durante la temporada”, afirma y critica el hecho de querer dividir las colmenas en una misma superficie.

No menos importante que el número de colmenas es la posición de estas. “Básicamente, la piquera debe estar mirando al sol de la mañana, ya que así la entrada de la colmena se calentará más rápido. Como la abeja es muy sensible a la temperatura, saldrán a ‘trabajar’ temprano”, remarca Lemus y añade que es mejor ponerlas dentro del huerto. “Cuando estamos en presencia de huertos emboscados, las abejas trabajarán en la periferia de estos y no se meterán hacia adentro. En cambio, si las colmenas ya están dentro del huerto, habrá mayores posibilidades de que ellas se distribuyan mejor entre los árboles”.

Para Caamaño, dentro de un huerto de cerezos siempre hay espacios vacíos, por ejemplo, en las puntas de las hileras. “En lotes de 20 o 25 colmenas siempre las dejamos organizadas de tal forma, que las abejas tengan ‘chipe libre’. El flujo de abejas es impresionante cuando se les da libertad de acción. La separación debe ser básica entre una colmena y otra, nada más, así podemos alimentarlas en la mañana y eso es un beneficio para el agricultor”, sostiene.

Complicaciones las hay, como en todo orden de cosas. Para Caamaño, lo más complicado son algunos productores que aún trabajan ‘a la antigua’. “Hay quienes contratan 600 colmenas y las quieren poner en medio de las hileras. A mis clientes les he demostrado que eso no funciona, sino que se necesita tener entre dos y cinco centros operativos, dependiendo de la superficie, donde se puedan supervisar y darles alimento en el huerto con el objetivo de seguir estimulando la polinización”, explica.

Grupos de colmenas organizadas a través de un huerto de cerezos, en la región de O’Higgins. Gentileza: E. Caamaño.

Lo que el apilcultor postula es hacer lotes de 25 a 50 colmenas distribuidas en el huerto. “Eso genera una competencia entre las abejas y buscarán polen en diferentes zonas”, sostiene y añade que es un error situar las colmenas en medio de las hileras. “Los huertos de cerezos son cubiertos con plástico y si ponemos una colmena en medio de la hilera, las abejas chocarán con los techos, se alborotarán y terminarán desorientándose. Mi experiencia es que ellas irán a todos los puntos cuando están en un lugar despejado, donde llega el sol a primera hora del día. Además, las sombras de los árboles sobre las colmenas hacen que las abejas salgan más tarde porque no ven la luz”, advierte el apicultor.

LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA COMIDA Y BEBIDA

Pero no basta solo con el número de colmenas y la posición de estas. “Es importante que los días en que esté empezando la floración, estén naciendo abejas ávidas que vayan a la búsqueda de flores y polen”, dice Lemus. Asimismo, tan importante como el alimento (el polen) es la bebida (el agua) y las abejas necesitan de una buena cantidad de agua, idealmente dentro del propio huerto. “De esa forma, no estamos distrayendo a la abeja. Es decir, no tendrá que ir a buscar agua lejos de la colmena. Debemos buscar métodos para que las abejas no pierdan tiempo buscando agua fresca”, explica Lemus. Como alternativas, hay quienes usan recipientes a los que se añaden flotadores o palos de helado para facilitarles la tarea de beber agua.

Ernesto Caamaño pone acento en la nutrición ante la posibilidad de inviernos críticos. “Hoy tenemos las herramientas para permitir que nuestras abejas salgan con un potencial alto”, afirma y lo grafica con un ejemplo de Canadá: “Allí hay inviernos de -40°C y están usando colmenas con esas temperaturas, las que alimentan de forma artificial, con jarabes y proteínas, permitiendo que el vigor de esas abejas sea el óptimo para polinizar bajo esas condiciones. Si hiciésemos un catastro de todo lo que polinizan, los apicultores cruzamos los dedos para que el día siguiente no amanezca nublado y las abejas no tengan el problema de que podrían morir de hambre. Entonces, la cantidad de alimento dentro de la colmena es fundamental también. Independiente de las condiciones climáticas, la reina despierta entre el 12 y 15 de julio, y es ahí cuando comenzamos a alimentar artificialmente la colmena, para que cuando llegue la primavera tengamos colmenas saludables. La idea es que, si hay días nublados, las abejas tengan el mismo ritmo de trabajo”.

Traslado de colmenas paletizadas de la empresa Colve para huertos de la región de O’higgins. Gentileza: E. Caamaño.

CLIMA, EL FACTOR DETERMINANTE

Lo que sí está claro es que habrá diferencias geográficas para hacer una correcta polinización, sin embargo, más que una zona en particular u otra, lo que marcará la diferencia es el clima, que se expresará en los diversos microclimas de las distintas zonas productoras. Así, y tomando en cuenta que una abeja trabaja mejor a partir de los 15°C, se podría dar el caso de que en una determinada zona la mínima fuese 4°C y que, para llegar a los 15°C, recién sean a las 11 de la mañana, lo que impactaría en su productividad. Además, hay  que tener en cuenta que las abejas trabajan bien hasta los 28°C. “Entonces, el rango de día que tiene esa abeja en Quillota, por ejemplo, no es el mismo que tiene en Rancagua”, precisa Lemus y remarca: “La condición más importante es la temperatura”. Hay otras, por ejemplo, el viento, donde les costará más volar con un viento de rachas fuertes que con una brisa calma.

Además, las abejas no vuelan en días nublados. “Lo mismo sucederá cuando se sale de un invierno muy crudo. En esas condiciones, las abejas puede que se despierten muy tarde. Para ello, habrá que estimularlas artificialmente en el momento que se las requiera. Eso podría pasar en zonas del sur. En zonas costeras, por ejemplo, de las regiones de O’Higgins y el Maule podrían despertar un poco más temprano, porque las condiciones son más favorables que en la precordillera, cosa que no ocurre en Osorno, donde la colmena debe ser despertada y estimulada siempre”, explica Caamaño.

Ernesto Caamaño, apilcultor y fundador de Colmenares Las Vertientes, Colve.

ABEJAS SIEMPRE, PERO, ¿QUÉ SUCEDE CON LOS ABEJORROS?

En Chile, en la zona centro-sur se usan tres especies de abejas: la cárnica, la italiana y un híbrido acriollado que tiene muy buena adaptación en la Región de O’Higgins. “Con la italiana hay que tener cuidado con su alimentación. Requiere de muchos cuidados”, advierte Caamaño. Además, de estas tres, en la zona sur se usan abejas nativas.

Las abejas no son los únicos insectos capaz de polinizar el cerezo. También están los bombus. Pero, ¿son efectivos? Normalmente se usan en condiciones extremas, por ejemplo, bajo invernadero, donde resisten más que una abeja, que pueden no hacer bien su labor debido al intenso calor que hay bajo estas estructuras plásticas. “En el caso del cerezo, también se pueden usar y, si se complementan con las abejas, se tendrá una mejor polinización”, precisa Lemus, investigador del INIA.

Sin embargo, Caamaño es crítico con la utilización de abejorros. “Hay agricultores que optan por abejorros y pagan por una colmena de 50 insectos que nunca se verán en el huerto. Eso, versus una colmena de 20.000 abejas no tiene punto de comparación, la diferencia es mucha”, explica y precisa, al igual que Lemus, que el uso de abejorros es mejor para ciertas condiciones, en especial, bajo invernadero. “Trabajan bien en lugares estrechos, pero no al aire libre”, advierte.

Con días nublados y bajo el umbral de temperaturas, las abejas sencillamente no vuelan. Ante eso, ¿qué soluciones hay? “Mantener la planta equilibrada”, sostiene Lemus. “La preocupación en ese caso será mantener el árbol lo más tranquilo posible. Si hemos planificado que el árbol sea capaz de sostener una cierta cantidad de fruta, pero solo sostendrá un 20 o 30% de ella, puede que el árbol tenga un exceso de vigor u otros problemas, que necesitaremos atacar para mantenerlo equilibrado”, explica. Asimismo, habrá una fruta de mayor calibre, que será más firme. “El problema es que habrá menos kilos de lo que se planificó. Puede que la calidad sea mayor, pero la cantidad no será la que se había pronosticado”, sostiene

En caso contrario, podría darse una buena polinización, pero qué pasaría con condiciones malas, como por ejemplo, una helada. “El momento más crítico del cerezo, a diferencia de otras especies, es cuando se está hinchando la yema. Ante esto, al agricultor no le queda otra que poner a funcionar sistemas de control de heladas. Eso es clave”, sostiene Lemus.

Una vez instaladas las colmenas y si todas las condiciones están dadas para que se produzca una buena polinización, hay que controlar el trabajo de los insectos. Lo primero es ver si las abejas realmente están llegando a las flores.

SIEMPRE HAY QUE CONTROLAR EL TRABAJO DE LAS ABEJAS

Una vez instaladas las colmenas y si todas las condiciones están dadas para que se produzca una buena polinización, hay que controlar el trabajo de los insectos. Lo primero es ver si las abejas realmente están llegando a las flores. Para ello, hay que controlar las malezas, por ejemplo, el yuyo, ya que las abejas preferirán irse al yuyo antes que a la flor del cerezo. Además, hay que controlar la distribución de las abejas en el huerto. “Por ejemplo, contar cuántas abejas visitan un grupo de flores en particular entre las 10:30 y 11:30 de la mañana. Eso hay que hacerlo con un segundo, tercer y cuarto sector; a fin de ver dónde están más concentradas y dónde faltan. Así podremos reforzar su posición. Y un aspecto importante, es que no haya aplicación de agroquímicos en el momento en que hay abejas en el huerto”, explica Lemus.

Según Caamaño, la cantidad de vuelos es importante, pero no tan relevante, sugiriendo que los productores se deben dejar asesorar por expertos en polinización. “En EE.UU. se pagan entre US$100 y US$200 por una colmena que lleva hasta 23 paletas de crías. Una empresa externa supervisa eso, entonces el apicultor está seguro de que no está dejando en el campo nada fuera de lugar. Si no es así, no ingresan al campo. Bajo estas condiciones, el productor no tiene problemas de pagar hasta US$200 por colmena, básicamente porque se le está brindando un buen servicio”, explica sobre una realidad que está lejos de la chilena. “Aquí la gente se contenta con lograr el precio que quería, y ese precio es tan bajo que ni siquiera se interesan en saber si las colmenas están bien”, advierte el apicultor. Y eso cobra relavancia en un país donde la oferta de abejas aún es menor a los requerimientos de los productos.

Otra advertencia que hace el apicultor es que los productores colocan una baja cantidad de abejas en el huerto. “Si han contratado un servicio que no es bueno, para suplir los números dividen la colmena en dos o en tres. Eso es fatal, porque se necesita una gran cantidad de abejas para realizar una buena polinización”, sentencia y añade que un huerto rebosante de abejas será un huerto más productivo y con fruta de calidad. “Esa es mi experiencia”, subraya sobre la polinización de variedades autofértiles como Kordia, “que debe tener la mayor cantidad de abejas en el huerto para que se realice una buena cuaja. Mi sugerencia a los agrónomos es que se deben usar 25 colmenas/ha en una variedad como Kordia”, subraya el experto.

LA REALIDAD DE LOS POLINIZANTES

Para Lemus, la mejor forma de organizar los polinizantes en un huerto dependerá de la variedad. “Si tenemos una variedad que es económicamente interesante, por ejemplo, Regina, y la pusimos con Skeena, pero resulta que Skeena tiene el mismo precio que Regina, podría poner 50-50. Si el precio de Regina es un 50% más que el de Skeena, el mínimo recomendable es 1 de 9, es decir un 11%, distribuyéndola de la siguiente forma: cada tres hileras, la tercera planta”, explica el investigador del INIA y analiza lo que pasa con otras variedades:

“Lapins es una variedad que tiene muchas virtudes, pero ojo con lo que está pasando con los precios. Hay una oferta muy grande y en unos años se notará mucho la diferencia, donde se pagará menos por Lapins que por variedades ‘exóticas’. Pasó algo similar con Bing, con la diferencia que Lapins produce un 30% más sin la necesidad de polinizantes”.

Caamaño añade que si se cuenta con un huerto de Regina y Kordia, los polinizantes de estas variedades son Sylvia y Skeena, permitiendo que en el huerto siempre haya flores disponibles. “Si hay un solo árbol que tenga polen viable, le entregará ese polen a la variedad que lo necesite y en el momento adecuado. Por eso es que sigue siendo importante el número de abejas en el cajón, con un núcleo desarrollado y no una colmena partida. Es importante para la polinización que el proceso de floración de algunas variedades es más tardío que otras. Lo que hemos hecho es tratar de tener una homogeneización de la floración. Eso es importante y se produce con algunos productos para acelerar o retrasar la floración, permitiendo que las variedades ‘despierten’ parejas”, explica el apicultor.

NUEVAS ESTRATEGIAS DE POLINIZACIÓN

Uno de los esfuerzos que se está haciendo en los diferentes programas de mejoramiento genético es la creación de variedades autofértiles. “Así, se evitarán problemas que hay hoy en día con una variedad como Regina, por ejemplo”, sostiene Lemus y añade: “Creo que, como país, nos falta un mayor conocimiento respecto a la polinización y cuaja, en términos de carga ideal, cuál es el tipo de desarrollo que debe tener, el uso de colmenas, prevención de accidentes relacionados al uso de agroquímicos… La academia aún no tiene todas las respuestas, aún nos falta mucha investigación y desarrollo, de tal manera que cuando se salga a dar la instrucción o asesoría al agricultor, tengamos los elementos. Asimismo, que el traspaso de la información sea el adecuado, porque en este ámbito hay muchos mitos. Yo he visto productores que levantan sus colmenas, les toman el peso y son una pluma. Están pagando el arriendo como si esa colmena tuviese abejas. Ese tipo de control o revisión es necesaria y nos falta mucho en ese sentido también”.