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Gabino Reginato, docente de la Universidad de Chile

Avances y novedades en raleo de manzano

¿Cómo será el mundo del raleo químico cuando entren en vigencia las restricciones al carbaril? Una gran duda que se planteaba el sector productivo de este frutal hace cinco años. Conversamos con el especialista Gabino Reginato, docente de la Universidad de Chile, para evaluar lo ocurrido y saber hacia dónde ha evolucionado esta práctica en los últimos años, en un contexto de rentabilidad ajustada para el rubro. Por una parte, el “raleo de precisión” ha puesto de relieve la importancia vital de la poda como base del proceso. Por otra, las distintas opciones de productos han permitido responder adecuadamente a las condiciones de las distintas variedades. Adicionalmente, se ha acrecentado el valor de afinar bien las estrategias para que el raleo manual no deba competir con la demanda de mano de obra en cosecha de otros frutales de alto valor, como cerezo y arándano.

Gabino Reginato.

La regulación de carga frutal para obtener la mejor relación rendimiento/tamaño del fruto en manzanos se apoya en el raleo químico, principalmente con el objetivo de abaratar los costos del raleo manual y evitar la competencia por mano de obra en momentos de cosecha de frutales de alto retorno, como son el cerezo y el arándano. Así contextualizaba el tema Gabino Reginato en una charla dictada en 2014 en un seminario de Pomanova, que se publicó en Redagrícola. Un lustro después conversamos con el ingeniero agrónomo, Mg.Sc., profesor de la Universidad de Chile, especialista en frutales de hoja caduca, para consultarle lo ocurrido al cabo de ese periodo.

–¿Qué hay de distinto y dramáticamente distinto? –responde– El hecho de que hace dos o tres años se detectó carbaril en algunas muestras en Europa. Entonces las empresas se pusieron como meta limitar este compuesto a solo una aplicación por temporada. Así, otras herramientas, como la benciladenina por ejemplo, han ganado espacio en variedades donde antes no se usaban y se incorporan en más de una aplicación. También empezó a hacerse más masiva la mezcla de carbaril con ácido naftalenacético (NAA) y se expandió el empleo de metamitrón.

–¿Qué criterios se usan para optar por uno u otro producto?

–En 2014 yo no había observado efectos significativos de la benciladenina sobre el tamaño del fruto, pero al juntar los resultados de muchos ensayos, aunque sin valor estadístico, siempre vemos un aumento del orden de 4 a 6%. En Gala funciona bien en un par de aplicaciones, con NAA e incluso con adición de dosis bajas de aceite. En una Fuji puedes usar metamitrón, aun en dosis más altas que las recomendadas, porque esta variedad es “dura” de ralear. En Fuji, como tienes el riesgo de que el NAA genere pigmeos, la opción podría ser carbaril con benciladenina, pero está el problema de los residuos de carbaril… Ahora, si estás yendo a un mercado donde este compuesto no es restrictivo, no habría problema.

LA EXPERIENCIA INDICA QUE SE DEBE AFINAR LA PODA DE INVIERNO

–¿Cuál es la razón para estas diferencias entre Gala y Fuji?

–Gala es una manzana más pequeña y, por más hojas que tenga el árbol, no va a seguir creciendo por sobre lo que permite su genética. Fuji en cambio es más grande, tiene amplio espacio para “llenarse” con los recursos que provienen de las hojas. La benciladenina te permite agrandar el potencial de Gala, lo que no necesitas en Fuji, donde con metamitrón logras una efectividad mayor en el raleo. Pensando en Fuji, también, el año pasado evaluamos la mezcla de ácido abscísico con benciladenina con buenos resultados.

–¿Qué avances se han logrado en las investigaciones sobre “raleo de precisión”?

–Estuve en Nueva York trabajando el tema con Terence Robinson. En el fondo la experiencia ha llevado a concluir que se debe afinar la poda de invierno. ¿Por qué? Porque en definitiva la unidad de medida para evaluar la efectividad del raleo se relaciona con el número de frutos que persisten por cada dardo que dejaste. Nuestras cuajas normales son del orden de 2 a 2,5 frutos por dardo, lo que significa que tienes muchos dardos cuádruples, triples y dobles. En la medida que aplicas los raleadores, van deshaciéndose esos frutos múltiples y quedan cada vez más frutos solitarios y dobles hasta cuando llegas a entre 0,8 y 1,1 frutos por centro frutal, en promedio, lo que con un buen raleo químico se logra incluso en árboles muy cargados. Yo he visto muy pocas veces que se baje de 0,8, pero sí he observado que si no haces buenos tratamientos te subes a 1,5-1,8 frutos por dardo. Ahora, si yo quiero 300 manzanas por árbol y sé que con los productos voy a llegar a una relación en torno a 1,0, tengo que partir con alrededor de 300 dardos. Si dejas 600 dardos, vas a tener 600 frutos.

–Totalmente pasado.

–Exactamente. Y eso es lo que detectaron en Nueva York cuando empezaron a introducir el raleo de precisión: el desafío comienza en la poda.

La regulación de carga frutal apunta a obtener la mejor relación rendimiento/tamaño del fruto en manzanos.

EL DILEMA DE APLICAR CUANDO TODAVÍA NO SE CONOCE EL CUAJE

–Pero si se empieza a contar 300 dardos árbol por árbol la faena se demoraría demasiado.

–Lo que debe hacerse es generar criterios de poda rápidos: saque una rama grande, simplifique aquí, déjeme tres de estas ramillas… de manera que te acerques a esa cifra en promedio.

–¿O sea que los raleos químicos después son prácticamente estándar?

–Hay que hacerlos con confianza, tendría que haber un accidente muy grande para que quede poca fruta. A mi parecer, conviene hacer una aplicación en flor, una en caída de pétalos y una en fruto de 11 milímetros. En flor puedes usar raleadores cáusticos u hormonales (ATS o NAA); probablemente no ayuda mucho pero te aporta del orden de un 10%. En caída de pétalos ya tienes que ir con todo: o la benciladenina con el NAA, o el carbaril con la benciladenina, o el aceite con la benciladenina, o el metamitrón. En el fondo, tienes que hacerlo a ciegas, porque en ese momento todavía no sabes cómo va el cuaje. Luego cuentas con tiempo para evaluar cómo estás cuando los frutos alcanzan los 11 mm. En ese momento puedes tomar decisiones de volver a aplicar o, por ejemplo, solamente hacerlo a la parte superior de los árboles, cambiar el producto, subir la dosis, incluso no aplicar si el efecto deseado ya se obtuvo.

EN CAÍDA DE PÉTALOS ES EL MOMENTO DE APLICAR SIN MIEDO

–De acuerdo a lo que ves en los campos, ¿puedes llegar a cero raleo manual si logras un nivel 0,8 a 1,1 frutos por dardo con el raleo químico?

–No. Significa no más de 15 jornadas por hectárea.

El desafío del raleo de precisión empieza en la poda.

–¿Y si te ubicas en 1,5?

–Ya te subes fácilmente por sobre las 30 jornadas/hectárea. Ahora… ahí hay un problema difícil. En la zona de Curicó, el efecto del raleador químico recién se aprecia hacia el 15-20 de noviembre, cuando están iniciándose las cosechas de cereza. Entonces, algunos productores empiezan a temer que si no adelantan el raleo manual a los primeros días de noviembre después ya no van a contar con gente para hacerlo. En mi opinión esta es una mayor razón para hacer la aplicación de raleadores “con todo”, de manera de poder repasar en diciembre, después de la cereza.

–¿Diciembre no es demasiado tarde?

–Para eso partes con una buena poda y haces un raleo químico bien intenso, sin temor, con el fin de que quede poco por ralear. Si te dio miedo y no hiciste una aplicación firme, bueno, empieza a ralear el primero de noviembre. Pero si lo hiciste adecuadamente no caigas en el error de creer que el producto no ha tenido efecto por lo que estás viendo en esa fecha. Muchas veces me han dicho: no me funcionó el raleador, me gasté 30 jornadas. ¡Pero es que se metieron a hacer repases manuales a fines de octubre o comienzos de noviembre, cuando todavía la acción del raleador no se había completado! Lo hacen porque cuentan con la gente en ese momento y no saben si habrá disponibilidad de mano de obra después.

–Pero en el fondo están sacando fruta que iba a caer sola después, ¿es eso?

–Claro. Algunos productores utilizan otra estrategia que sí es interesante, consiste en dejar sectores del predio solo con las dos primeras aplicaciones, la de flor y la de caída de pétalos, de manera que cuando llegan al 1º de noviembre es poco probable un gran efecto de raleo natural. Así contratan personal que ralee esos sectores, captándolo con anticipación para seguir después con la cosecha de sus cerezos.

EVITAR LA PODA DE “PICOTEO” QUE VIGORIZA DE MÁS A LAS PLANTAS

Gabino Reginato advierte que, si bien la poda es la práctica fundamental para una adecuada regulación de carga, se debe hacer sin caer en el error muy común de vigorizar el árbol.

–No hay que “picotear”; en general es mejor hacer podas largas, sin tanto despunte. Esto también ocurre en otras especies, como cerezo. Cuando los árboles tienen mucho vigor se cae en la necesidad de aplicar productos como la prohexadiona de calcio para frenar el desarrollo vegetativo, se requiere efectuar poda de verano y aun de ese modo terminas con manzanas poco iluminadas, probablemente con menos color. Como el negocio está muy ajustado, hay quienes están recomendando las podas mecánicas, las cuales en el mundo hace décadas se dejaron de realizar en invierno, por lo que se usan en primavera. Hay que mantener árboles calmados, con el objetivo de no generar labores adicionales y disminuir la probabilidad de problemas de color y bitter pit.

UNA NECESARIA REVISIÓN DE LOS FUNDAMENTOS

Los fundamentos de este tema han sido descritos por Reginato en el documento “Influencia de factores climáticos sobre la productividad y calidad en frutos de clima temperado”. Allí señala que en el caso de los frutales el potencial de producción por unidad de superficie está determinado por la capacidad del conjunto de árboles, que corresponde a su tamaño multiplicado por el número de plantas en un área determinada (densidad de plantación). De lo anterior depende la cobertura que alcanza un huerto, lo que se expresa técnicamente como la fracción de interceptación de radiación del mismo (PAR, del inglés photosynthetically active radiation). Numerosos autores han indicado que la producción por unidad de superficie (t/ha) es una función lineal de la PAR interceptada: a mayor interceptación, mayor producción. Los sistemas de plantación y conducción cambian la interceptación, modificando la producción. En los sistemas de copa discontinua donde se requiere el tránsito de maquinarias, como en los huertos frutales, se considera que una interceptación cercana al 75% maximiza la producción, o sea que el suelo queda cubierto por sombra en un 75%, como promedio del día. Hay excepciones de sistemas, como algunos de copa dividida o en pérgola, capaces de interceptar el 100% de la radiación incidente, los cuales alcanzan aun mayores producciones.

 

TAMAÑO DE FRUTO EN ‘GALA’ Y ZONA DE PRODUCCIÓN

La influencia de prácticas de manejo como poda, anillado, raleo químico y manual sobre el tamaño y rendimiento de manzanas es bien conocida. Sin embargo, existe escasa información disponible acerca de la incidencia de factores ambientales. Este año el European Journal of Horticultural Science publicó un artículo de G. Reginato, K. Mesa y C. Riquelme (Universidad de Chile y Universidad de O’Higgins) donde se aborda el tema bajo el título “El tamaño del fruto y eficiencia productiva de manzana ‘Gala’ en Chile depende de las temperaturas de invierno y la duración de la temporada”.

Aunque al comparar diferentes zonas de producción en el mundo, como Vacaría en Brasil y Ohio en EE.UU. (Francescatto, 2014) se sospechaba el efecto de las temperaturas de invierno en el potencial de tamaño de los frutos de ‘Gala’, este efecto no había sido documentado.

Los resultados de los investigadores chilenos en 6 localidades ubicadas desde Quinta de Tilcoco a Angol, obtenidos entre 2012 y 2016, mostraron que, luego de remover el efecto de la carga frutal, el tamaño de la fruta de manzanas ‘Gala’ en la zona central de Chile se encuentra asociada a factores ambientales. Encontraron que el promedio de temperatura máxima durante los meses de invierno (desde junio hasta prefloración temprana) es el elemento clave asociado al tamaño potencial del fruto en una localidad en particular. En síntesis, mientras más bajo es el promedio de las temperaturas máximas en los meses de invierno, mayor será el potencial de tamaño de frutos y rendimiento. Secundariamente incide también una mayor duración de la temporada (floración a cosecha). Las áreas más frías presentaron los mejores resultados, de modo que la elección de la zona de cultivo para estos cultivares debe ser decidida solo luego de un análisis de sus características climáticas, especialmente las temperaturas máximas promedio de invierno, como se indicó.

Esta información tiene una importancia muy significativa, considerando el incremento de las temperaturas planetarias provocadas por el cambio climático.

El potencial del huerto se hace efectivo cuando dispone de un número suficiente de flores sin defectos, que logran cuajar. Sin embargo, el potencial productivo muchas veces resulta superior al requerido para una producción comercial. En tal caso se regula a través del raleo de frutos, con lo que se reduce el número de los mismos para que alcancen un mayor tamaño y aumentar su valor de venta.

LA FUENTE DE ASIMILADOS Y LOS SUMIDEROS DE LOS FRUTOS

El crecimiento de los frutos y su tamaño final, en la mayoría de las especies, está controlado por la fuente (source) de asimilados (fotosíntesis) y los sumideros (sink) de dichos frutos. Cualquier factor que afecte la capacidad de la fuente (falta de follaje, falta o atraso en la brotación, defoliación temprana, etc.) o el tamaño de los sumideros (exceso de cuaje, falta de raleo, raleo tardío, etc.) impactará en el tamaño de los frutos, positiva o negativamente, dependiendo del balance entre ambos. La regulación de la carga frutal es la práctica más importante que, precisamente, modifica el balance de manera favorable a los objetivos del productor.

El tamaño de la fuente corresponde básicamente el tamaño de la copa y el tamaño de los sumideros al número de frutos que resulta de la regulación de la carga mediante la poda y el raleo.

UN ASPECTO METODOLÓGICO PARA PODER HACER COMPARACIONES

Desde el punto de vista de comparar productivamente los árboles frutales, indica Gabino Reginato en el documento citado, la regulación de la carga genera una dificultad, porque modifica positivamente el tamaño del fruto, pero afecta de manera negativa la producción y productividad. Por lo tanto, una comparación objetiva debe considerar el tamaño de los árboles y la carga frutal. En otras palabras, debiéramos comparar árboles con el mismo tamaño y la misma cantidad de fruta para poder sacar conclusiones acerca de las diferencias causadas por manejos, patrones, zonas climáticas, etc.

Una forma de salvar este escollo y poder comparar árboles frutales bajo distintos manejos, como la poda y el raleo químico, es la unidad “m2 PARi”, que corresponde a la fracción de radiación interceptada por la planta pero ajustada al espacio asignado en la plantación, dado por la distancia a la que se encuentra plantada. Por ejemplo, si el árbol está a 5 x 2 m, con una superficie asignada de 10 m2, e intercepta un 50% de la PAR incidente, el tamaño de ese árbol se expresa como 5 m2 de PAR interceptado. Así se puede comparar árboles de diferente tamaño al expresar la eficiencia productiva en términos de kg/m2 de PAR interceptado. La carga frutal también puede expresarse en estos términos y hablar de frutos por m2 de PARi.

Otra dificultad es establecer a priori un nivel de carga frutal que sea uniforme entre los distintos árboles en evaluación. Esto es subsanable determinando la respuesta a un rango creciente de carga frutal, de manera de comparar las curvas de respuesta a la carga frutal de los tratamientos en prueba.

La expresión de la carga frutal en términos de PARi permite una transformación más fácil a las unidades usadas en fruticultura bajo condiciones de campo, como frutos por árbol o frutos/ha. Basta asignar un porcentaje de cobertura a la unidad que se quiere expresar y designarla en metros cuadrados. Por ejemplo, si la productividad de un árbol es de 4 kg/m2 PARi con una carga frutal de 20 frutos/m2 PARi, entonces un huerto de 1 ha que intercepte un 75% de radiación incidente tendría: 7.500 m2 PARi (75% de 10.000 m2); una producción de 30.000 kg/ha (7.500 m2 PARi * 4 kg/m2 PARi) y una densidad de 150.000 frutos/ha (7.500 m2 PARi * 20 frutos/m2 PARi).