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Febrero 2017 | Fitosanidad

Cambios en la industria de los productos biológicos

Análisis del mercado de los bioinsumos

Las compañías multinacionales de agroquímicos quisieron abrirse un espacio en el sector de los productos biológicos e iniciaron una seguidilla de compras de empresas del sector a nivel internacional. En Chile, así como en otras partes del mundo, de pronto la industria del biocontrol se pobló de grandes actores. Pero este no ha sido el único gran cambio. El otro tiene que ver con la orientación de productos, los que si bien en un principio se enfocaban en solucionar problemas de residuos en la fruta, hoy se orientan a corregir enfermedades de la madera y del suelo. 

El año 1998 quedará marcado como aquel en que se hicieron los primeros ensayos con insumos biológicos en Chile. Se realizaron en la Universidad de Talca y cuatro años más tarde nacía Bio Insumos Nativa, ‘spinoff’ pionero en el desarrollo de este tipo de productos en el país. “Nos preguntamos qué podríamos solucionar, porque muchas de las investigaciones, en ese momento, se centraban en matar al patógeno, pero ese no es el objetivo final del agricultor, sino que su objetivo es la rentabilidad, produciendo lo más que se pueda al menor costo posible. Entonces ahí nos dimos cuenta que las estrategias de manejo se basan más allá de simplemente matar al patógeno”, explica Eduardo Donoso, director de Bio Insumos Nativa (doctor).

Cuando la compañía daba sus primeros pasos en 2002 había muchas empresas pequeñas, pero hoy en poco más de una década, el negocio ha cambiado bastante. Hoy Bio Insumos Nativa tiene el 50% del mercado chileno, pero está inserta en un escenario bien diferente, donde han irrumpido empresas multinacionales como Bayer CropScience, BASF, Syngenta o Arysta buscando ganar un espacio en un sector que cada temporada crece en adeptos.

Cambian los actores porque las compañías multinacionales han ido comprando empresas en diferentes países, con el objetivo de estar dentro de un negocio del que nunca antes habían participado. Así, esta tecnología ha pasado de ser ‘alternativa’ a ‘principal’, y para las próximas temporadas se esperan incrementos a tasas del 23%, mientras que los agroquímicos sólo crecen a tasas del 8% anual.

Chile es un mercado interesante, no por volumen sino por el nivel de exigencia que se le hace a este tipo de productos. “Somos un buen país para testear los productos. Pero en Chile tenemos una dicotomía entre lo que se usa para la exportación y para el mercado interno, que es importante porque exportamos productos sanos y seguros, pero los que comemos nosotros no lo son tanto”, analiza Donoso. 

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EXTRACTOS VEGETALES, LOS MÁS VENDIDOS

Lo que más se vende en el país son productos a bases de extractos vegetales y, siguiendo la tendencia mundial, aquellos que se fabrican en base a microorganismos están a la baja. Según Donoso, los productos biológicos se deben desarrollar en campo y no sólo en los laboratorios. Hay una serie de factores que indican al productor cómo usarlos y cómo aplicarlos y, en muchos casos, se logra una perfecta complementariedad con los productos químicos. “A eso le hemos llamado la teoría de ‘el alcohol y el parche curita’, donde el producto químico es el alcohol que desinfecta y el biológico es el parche curita, que genera un efecto quizás no tan violento, pero que a largo plazo evita la entrada de patógenos a las plantas, permitiendo estrategias de control más consistentes en el tiempo”, explica Donoso.

Un aspecto interesante es que en sus estudios han podido cubrir una raíz con un trichoderma y desarrollar una especie de coraza, generando una barrera física, estable, para proteger al sistema radicular de la planta. “Eso lo hemos enfocado en hongos del suelo, pero no para controlarlos, sino para cubrir las raíces. A mí no me interesa matar el fusarium que ataca a los tomates, sino que quiero que el tomate no se enferme”, afirma el socio de Bio Insumos Nativa.

Para el desarrollo de productos, Donoso y su equipo buscan materias primas en distintos tipos de ambientes dentro del país, incluso han llegado hasta Campos de Hielo en un proyecto financiado por FIA. “Un aspecto importante es lograr generar interacción con centros de investigación de Chile y el exterior. También es importante la relación que se establece con los distribuidores, porque son ellos los que están en contacto con el agricultor y si no tienen claro qué es el producto, ni cómo traspasarlo al agricultor, finalmente el producto muere”, analiza Donoso.

TRICHODERMAS CONTRA BOTRYTIS

Contra Botrytis, en algún momento se planteó que los trichodermas mataban el esclerocio. No pasó mucho tiempo para que en Bio Insumos Nativa plantearan un ensayo para resolver las dudas. “El problema pasaba por ver si eso era relevante a nivel de campo”, apunta. En una de las fases iniciales fueron a terreno y antes de ver si los trichodermas mataban los esclerocios comprobaron si estos eran relevantes para el daño en uva. Se dieron cuenta de que un 30% del daño de Botrytis en espaldera era explicado por los esclerocios en el suelo. Entonces, sabiendo que era relevante realizaron las primeras pruebas. Midieron las aplicaciones de tricodermas al suelo, la variación en el porcentaje de esclerocios y el daño a nivel de fruta, y gracias a los trichodermas lograron reducir los niveles de daños en un 30%.

En el año 2006 los productores decían que si aplicaban trichoderma no usarían ningún otro químico. “Basado en qué”, se pregunta Donoso. “Si no hay ningún producto que mate todo”, añade. Por tal motivo hicieron una serie de pruebas en tres hileras de un huerto Thompson Seedless cedido por Chiquita, mezclando productos químicos y biológicos. “A ese programa de aplicación (químico más biológico) le agregamos trichoderma y también reemplazamos un botricida por un oidicida. Lo interesante es que se podían mezclar los productos y lo segundo es que vimos que había efectos distintos. Por ejemplo, el trichoderma no tiene efectos en las conidias, pero sí en los restos florales y ahí empieza una complementariedad muy potente. Es decir, un químico que evita que las conidias germinen y un biológico que evita que se forme el micelio y, si es que hubiese, puede llegar a comerlo. Eso generó niveles de control altos”, explica Donoso.

Para el socio de Bio Insumos Nativa, es importante que estas formas de desarrollo estén enfocadas más en los procesos que en los productos, donde además se pueda encontrar puntos de complementariedad entre productos químicos y biológicos. “Hace tiempo se detectó que había diferencias en el cáncer bacterial de cerezos en el lado norte y sur de las plantas. En el norte se formaba más y lo correlacionábamos con temperatura interna de la yema. Había plantas que en el lado norte tenían hasta 40ºC y entraban abiertas al invierno. Comprobamos que un químico tiene muy pocas posibilidades de entrar, pero si un biológico pudiera colonizar se podría lograr una reducción importante de los daños”, explica Donoso.

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DE LOS LMR A LAS ENFERMEDADES DE LA MADERA

Otro ámbito de acción ha sido con los límites máximos de residuos (LMR). Hubo un momento en que los productos biológicos entraron en época de cosecha donde los problemas de residuos eran relevantes, pero con el tiempo eso ha sido menos determinante para el mercado y las enfermedades de la madera se convirtieron en el principal problema que se debía controlar. “Partimos viendo qué tan relevantes son en Chile esos problemas y en qué lugar de la planta están. Hicimos la prospección en el país, con un método de muestreo propio. Desarrollamos un algoritmo que nos permitía proyectar cuántas plantas sintomáticas teníamos y nos dimos cuenta de que, por ejemplo, gran parte de los problemas estaban asociados a los cortes de poda y estaban en el cuello del cargador”, cuenta el ingeniero agrónomo.

Es así que para tratar de controlar las enfermedades de la madera decidieron inyectar el tronco e hicieron aplicaciones al suelo con productos biológicos. “Al final, como efecto curativo, la mejor alternativa era tomar la motosierra y cortar”, recuerda Donoso. Los productos no tenían un efecto curativo, pero sí tenían un efecto preventivo, ya que se podía colonizar las heridas de poda. Para ello desarrollaron una serie de pastas, incluso con una de ella lograron efectos interesantes para el control de Psa en kiwi.

Sin embargo, después constataron que había un problema con las pastas. “Si tenemos 1.200 ha como las que tiene Ventisquero en Peralillo y 50 personas trabajando en el campo, es una labor inviable. Entonces pensamos que la pasta se debía transformar en un producto que se pudiese asperjar”, explica. Y es que en el desarrollo de un producto biológico no hay nada al azar, ya que todos los productos que ha desarrollado, por ejemplo, Bio Insumos Nativa ha pasado por 4 o 5 etapas de desarrollo previas a contar con el registro definitivo.

Asimismo, desarrollaron un nematicida. “Nos enfocamos en desarrollar un indicador de suelo para las comunidades de nematodos de modo de generar un índice de estructura comunitaria. Una vez que lo tuvimos lo tradujimos en una especie de semáforo ambiental que se correlaciona con el riesgo fitopatológico, la fertilidad, la importancia de la materia orgánica… De esta forma podemos ver que si tenemos un suelo estable en el aspecto ambiental, todo el resto estará bien. Por eso es importante que los indicadores tengan números, ya que si no los tienen no podemos hacer mediciones”, asevera Donoso.

Lamentablemente el cáncer bacterial seguirá siendo un dolor de cabeza para los agricultores, ya que no hay un producto biológico que dé una solución al problema. “Aquí funcionamos igual que con las personas, es decir, funcionan mejor los químicos, aunque en el suelo funcionan mejor los biológicos”, precisa. Así, este es un buen ambiente para continuar el desarrollo de este tipo de productos. Hoy, casi la mitad de los productos biológicos están enfocados en problemas del suelo. “Probablemente eso es lo que viene a futuro”, finaliza Donoso.