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Frutales

04 de abril de 2017
Agromávida

Nueva solución para cosechar fruta en laderas

El proyecto, cofinanciado por FIA, permitirá a las empresas frutícolas utilizar un sistema automatizado de andariveles para bajar la fruta cosechada desde los cerros. Podría comenzar a comercializarse este año.

No es novedad que los costos de mano de obra en la fruticultura son altos. Por eso, encontrar formas de bajarlos o de mecanizar la agricultura puede ser esencial para mejorar la rentabilidad del negocio, dado un contexto con altos valores de la energía, baja del precio del dólar y alta competitividad. Entonces, un proyecto como Agromávida es una buena noticia.

Según un estudio publicado en diciembre de 2012 por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) del Ministerio de Agricultura, las actividades de cosecha, raleo y desbrote tienen un requerimiento promedio de 19,3 jornadas hombre por hectárea (JH/Ha), 13,5 JH/Ha y 11,8 JH/Ha, respectivamente. Los salarios, describe este informe final de “Estimación y Caracterización de la Demanda de la Mano de Obra Asociada a la Fruticultura de Exportación”, aumentan de sur a norte: mientras en la Araucanía alcanzan los $ 8.122 líquidos por hora, en la Región de Atacama llegan a $ 20.886.

¿Las razones? “Los resultados sugieren que la demanda de trabajadores de la fruticultura no sería el factor central en la determinación de los salarios pagados en el sector, sino la escasez relativa de la mano de obra regional (que incorpora a todas las actividades económicas)”, dice el estudio.

Los déficits no son iguales en todas las zonas y cultivos, y se acentúan en aquellos lugares con mayor demanda de trabajadores y que, en especial, deben desempeñarse en una geografía difícil. La uva de mesa es uno de los dos mayores cultivos que demanda mano de obra en el país, con un requerimiento de 540 jornadas hombre al año por hectárea: de ellas, cerca de la mitad se ocupa en sectores planos y el resto se utiliza en laderas, donde es un 40 % más cara, especialmente en el periodo de cosecha.

En Chile, los cerros –especialmente en el centro y norte del país- se han ido plantando, por su menor costo en relación a los planos, porque son zonas libres de heladas y por la ampliación de los radios urbanos en desmedro de las zonas agrícolas. Lo habitual es que en estos lugares los temporeros “transportistas” bajan la fruta sobre sus espaldas. A un ritmo de 50 kilos por carga, pueden acarrear unas 240 toneladas de uva en 30 hectáreas de laderas: un proceso lento, poco seguro y caro.

Fue por ello que surgió la idea de Agromávida, un sistema electromecánico para el transporte vertical de las cosechas agrícolas, móvil, adaptable y que, además, puede generar energía eléctrica a partir de la energía potencial gravitacional del traslado de los frutos.

LA SOLUCIÓN ESTÁ EN MECANIZAR EL TRANSPORTE DE LA FRUTA

La idea nació cuando el ingeniero Roberto González estaba asesorando a la Viña San Esteban, como parte del proyecto Región Innovadora –impulsado por el Gobierno Regional de Valparaíso y con el apoyo económico de la Unión Europea-, que otorga soporte profesional calificado para la innovación en empresas pequeñas y medianas.

Ubicada en el Valle de Aconcagua, la viña se dedica a producir vinos y uva de mesa de exportación. Entre sus 120 hectáreas de viñedos, 30 se ubican en laderas. Ahí estaba el problema: esa zona presenta altos costos de cosecha, una menor productividad que la planicie y una tasa mayor de accidentes. En este contexto, la mecanización del transporte de la fruta en los cerros apareció como una solución. Fue así como presentaron a la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) el proyecto “Agromávida: Transporte Mecanizado de Cosecha Agrícola en Laderas”.

Su objetivo consiste en diseñar y construir, entre 2012 y 2015, cuatro prototipos y al menos un modelo comercializable que transporte la fruta producida en los cerros. Para ello unieron fuerzas la Viña San Esteban, la empresa ProGloria –compañía ejecutora del proyecto, formada por Roberto González para el desarrollo de ingeniería y desarrollo de maquinaria agroindustrial-, la Universidad Técnica Federico Santa María (con laboratorios para desarrollar piezas y partes, y construir los equipos) y Asad Consultores (que vela por los temas administrativos).

UN PROTOTIPO ENERGÉTICAMENTE AUTOSUFICIENTE

Entre los prototipos, el plan contempla la construcción de uno energéticamente autosuficiente y que no requiera conectarse a fuentes externas, otro que pueda adaptarse a múltiples condiciones de terreno, un tercero que sea capaz de transportar la cosecha en ascenso y uno final que incorpore todas las tecnologías de los prototipos anteriores.

Básicamente, explica Roberto González, Agromávida es un sistema cerrado de transporte tipo andarivel, que se coloca entre medio de las hileras que van entre las parras o árboles, que permite al mismo tiempo bajar recipientes con frutas y subir otros vacíos para ser cargados.

La máquina es removible (se puede transportar en camioneta), de manera que se traslade de una ladera a otra. El sistema está compuesto por un riel aéreo de acero, policarbonato, fibra de carbono, fibra de vidrio y cables. El primer prototipo tiene una correa de sesenta metros de largo, que puede transportar 300 kilos. El sistema genera energía, a raíz del descenso de la fruta, lo que permite instalar las unidades en zonas aisladas o de difícil acceso. Se le han conectado sistemas de iluminación y radio transmisores.

Agromávida sirve para responder a cualquier tipo de demanda. “Desarrollamos una matriz para adecuarnos al tipo de fruta y de terreno. Es un traje a la medida”, dice González. El sistema, explica, es innovador. Al viajar por España y Alemania, encontró aparatos para movilizar fruta, pero que no eran mecanizados. “Ninguno de ellos produce electricidad y todos tienen un alto consumo”.

La ejecutiva de innovación de FIA y supervisora de la iniciativa, Paulina Erdmann, indicó que herramientas como Agromávida “pueden generar impactos positivos en plantaciones en suelos con altas pendientes y hacerlo, además, bajo una modalidad de uso de energía renovable, que tiene uso en varias especies frutales que actualmente se plantan comercialmente en laderas de cerros, tales como paltos y cítricos”.

Los beneficios que podría traer Agromávida para la agricultura en ladera son diversos. Desde la perspectiva del capital humano, podría disminuir la necesidad de mano de obra: reemplazaría a varios “transportistas” por un técnico que opere la máquina. Facilitaría, además, la posibilidad de cosechar a tiempo (muchas veces no hay gente para cosechar cuando corresponde) y disminuiría la posibilidad de accidentes. Todo lo lograría con una rápida recuperación de la inversión, que no demoraría más de dos a tres vendimias para máquinas con costos de $ 1,5 millones a $ 2 millones (dependiendo del tipo de fruta,  terreno, pendiente y largo de la cinta) y una vida útil pronosticada de 8 a 10 años.

El primero de los prototipos se habrá utilizado en la vendimia 2013 de la Viña San Esteban. Ésa será su primera gran prueba. Mientras tanto, los impulsores del proyecto siguen trabajando en los otros prototipos y en lograr este año la comercialización del primer modelo de Agromávida.

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