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Uva de Mesa

02 de agosto de 2022
Para enfrentar una temporada exitosa

Afinando la puesta a punto de la uva de mesa

Afinando la puesta a punto de la uva de mesa

Con la lección aprendida de lo que ha ocurrido en la pasada temporada, hoy más que nunca se tiene claro que el éxito de la uva de mesa dependerá de cada uno de los manejos que se realizan en campo y que tienen la finalidad de llegar con una fruta de la mejor calidad y condición posible. Eso lo tiene claro el asesor César Espinosa Lagunas, quien en las siguientes páginas explica qué hacer, cómo y cuándo para tener una fruta que cumpla con dichos requerimientos.

Por Rodrigo Pizarro Yáñez

La imagen del pasado 19 de abril era elocuente. Atochamientos y retrasos en el puerto de Shanghái hacían imposible que los barcos pudieran descargar y cargar contenedores. Y, si bien la temporada fuerte de envíos a China ya había concluido, la situación no era muy diferente en puertos europeos o de EE UU, generando mayores tiempos de tránsito que complicaron el arribo de la fruta, entre ella, la uva de mesa, a destino.

Aunque nadie tiene una bola de cristal para predecir cómo vendrá la próxima campaña, lo cierto es que los productores deben estar preparados para enfrentarla de la mejor manera posible, y eso implica un arduo trabajo en campo, que permitirá que la fruta llegue con una sólida calidad, para enfrentar (ojalá) de la mejor forma algún contratiempo logístico que podría ocurrir.

César Espinosa Lagunas, asesor.

Pero, ¿de qué dependerá que una uva de mesa aguante largos viajes hasta llegar al mercado de destino? “Eso dependerá de cómo se ha manejado la uva en campo, de que la uva tenga la materia seca adecuada en su pulpa, la crocancia deseada y que no se deshidrate el escobajo”, responde César Espinosa Lagunas, asesor, especialista en uva de mesa que lleva dos décadas ligado a un cultivo que conoce en distintas realidades productivas: Chile, Perú, México y, más recientemente, en España, en las zonas de Alicante y Murcia.

Tiene claro que con la deshidratación del escobajo no se juega y que, una vez que la fruta ha sido cosechada, comienza una carrera contra el tiempo. “Si se pudiera, soy de los que cree que la fruta hay que enfriarla tras cortarla de la planta. Los productores tienen que ser muy rápidos en todos los procesos una vez cortada la fruta. Es decir, se deben intensificar los esfuerzos de toda la cadena productiva para enfriar la fruta lo antes posible, con aquellos trabajos que son ‘sencillos’ y que ayudan a tener una mejor vida de poscosecha”, sostiene, sobre una labor que en la práctica no es lo rápida que se hubiera deseado, sino todo lo contrario. Tampoco la uva tendrá la poscosecha deseada si es que la baya es acuosa (no tiene la materia seca adecuada) y si tampoco cumple con los grados Brix necesarios para cada variedad. Sin embargo, eso se puede manejar en campo”, precisa el asesor.

UNA CUESTIÓN VARIETAL

Cuando se inició el recambio varietal en el país, las primeras variedades que se testearon fueron las rojas y la renovación en los huertos empezó con ellas, incluso hubo desarrollos locales que vieron la luz y se plantaron en distintas zonas productoras. “Cuando ocurrió ese recambio, se promovió a esas nuevas variedades como aquellas que no había que hacerles nada, sobre todo en términos de raleo”, recuerda Espinosa. “Sin embargo, con el tiempo esto se ha desmentido tajantemente, en mi opinión, si ese racimo, que podría ser muy bueno para ralear varietalmente, no tiene las condiciones adecuadas durante la floración: altas temperaturas y baja humedad relativa, lo más probable es que ese raleo cueste mucho más que se realice de forma natural o con ayuda del regulador de crecimiento (GA3) o fertilización foliar a base de nitrógeno”, continúa.

Pero si existe en el periodo de floración una alta temperatura, baja humedad relativa y buen vigor de la planta, las condiciones serían las óptimas para favorecer un buen raleo en los racimos, incluso podría hasta sobre ralear en casos extremos. “No podría decir que una variedad nueva que he visto en diferentes paralelos en el mundo, ralea bien en toda condición productiva”, advierte el asesor. Durante sus visitas a España ha podido comprobar que variedades como Ivory, Timpson, Sweet Globe, Swett Celebration, la familia de las Arra y de las Itum, entre otras, ralean muy bien cuando las condiciones ambientales son las adecuadas para ello. “En Alicante cuando ocurrió la floración de Ivory, por dar un ejemplo de variedad esta campaña, teníamos una temperatura entre 36°C y 38°C y una baja humedad relativa. Eso fue determinante para que tuviésemos un raleo óptimo”, cuenta.

Sin embargo, hay variedades más tempranas que tuvieron una situación bastante diferente. “En abril, cuando una variedad como Starlight estaba floreciendo, cayeron lloviznas y lluvias que duraron aproximadamente 15 días, que ni los más antiguos productores habían visto en su vida para esta época del año. Las condiciones fueron muy diferentes y no ralearon de forma natural. Es porque floreció en una mala época. Es muy importante la época de floración”, sostiene.

Manejos realizados, uva lista para cosechar que, una vez cortada de la planta, debiera ir a frío de inmediato. “Si se pudiera, soy de los que cree que la fruta hay que enfriarla tras cortarla de la planta. Los productores tienen que ser muy rápidos en todos los procesos una vez cortada la fruta”, sostiene César Espinosa.

EL DESAFÍO DE ENGROSAR EL ESCOBAJO

Un tema importante para Espinosa es el grosor del escobajo, que cree que debe abordarse desde su base, que es el mismo racimo. Entonces, mientras más grueso sea el escobajo, resistirá más los largos viajes. “Ese es mi desafío”, afirma, sobre una cuestión que no es sencilla, porque todas las nuevas variedades son muy sensibles a los reguladores de crecimiento, por lo tanto, responden y dan respuesta a mucha menor concentración aplicada que las variedades tradicionales. Es decir, naturalmente tienden a tener, sin grandes esfuerzos, por ejemplo, un buen calibre de baya, pero eso va en desmedro del engrosamiento del escobajo.

“En aplicaciones de crecimiento de GA3 (ácido giberelico) estamos hablando entre 40 a 50 ppm para variedades seedless tradicionales, pero en las variedades nuevas se habla de 5 a 10 ppm. Cuando uno hace aplicaciones exógenas, hay que tener muy claro que estas van a la baya y al escobajo, por lo tanto, uno debe considerar ambos objetivos. Son decisiones delicadas en las recomendaciones en su momento para obtener los resultados propuestos, porque esas aplicaciones no solo afectan al escobajo, sino que afectarán también a las bayas”, explica.

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