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Agosto 2021 | Viñas

Viña Concha y Toro

A la vanguardia de la sustentabilidad en viñedos

En 2019, Viña Concha y Toro se convirtió en la primera empresa de América Latina en establecer objetivos específicos para reducir su huella de carbono y así ayudar a controlar el calentamiento global. De esta forma, la compañía asumió el compromiso de disminuir sus emisiones absolutas en un 55% al año 2030 con respecto al 2017.

Jorge Velasco Cruz

Ser una empresa global implica también asumir desafíos globales. Esa es una de las premisas que la Viña Concha y Toro, la mayor exportadora de vinos de Chile, con cerca de 267 millones de litros enviados a 130 países, lleva asumiendo como un imperativo hace más de una década. En este sentido, uno de los grandes retos de los mercados internacionales y una exigencia creciente en el ‘retail’, es la mejora en los estándares de sustentabilidad y, en específico, la reducción de la huella de carbono de sus proveedores.

En ello está trabajando Concha y Toro en las más de 10.200 hectáreas de viñedos, 13 bodegas y tres plantas productivas que tiene en Chile. La viña ha establecido una Estrategia de Sustentabilidad que implica acciones de corto, mediano y largo plazo en seis ejes: clientes, productos, personas, sociedad, cadena de abastecimiento y medioambiente. En este último destaca la implementación de una serie de medidas para reducir la huella de carbono hasta llegar a las cero emisiones en el año 2050.

Valentina Lira, gerente de sustentabilidad de Viña Concha y Toro.

Es un camino en el que la empresa ha sido pionera. Comenzó en 2007 con la primera medición de la huella de carbono, debido a la solicitud de uno de sus clientes, la cadena de supermercados Tesco del Reino Unido. En esa época contaba con escasos conocimientos de cómo había que realizar este proceso, debido a que fue una de las primeras viñas en Chile en cuantificar sus emisiones.

“Lo que hace la medición de la huella de carbono es transformar todas nuestras operaciones y llevarlas al contexto de emisiones de CO2. Todos los procesos productivos necesitan de energía para poder elaborarse o de insumos que requieren energía. El usar energía genera emisiones de CO2, que se acumulan en la capa atmosférica y producen el efecto invernadero”, explica Valentina Lira, gerente de sustentabilidad de Viña Concha y Toro. Esta cuantificación, aclara la ejecutiva, no es carbono neutralidad. No se trata de comprar bonos para neutralizar emisiones, sino que lo que se busca es reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).

EMISIONES DIRECTAS E INDIRECTAS

Para el año 2011 Concha y Toro había logrado analizar la huella de todos sus procesos productivos, de acuerdo al Estándar Corporativo de Contabilidad y Reporte del Protocolo de GEI (GHG Protocol), cuya aplicación es certificada por empresas de auditoría internacionales como Deloitte, PwC, KPMG y Ernst & Young.

Este protocolo mide las emisiones directas e indirectas, separando el análisis de los procesos según el ámbito de gestión. Las emisiones directas provienen principalmente del uso de combustibles, suelo y gases refrigerantes. En tanto, las indirectas resultan de actividades no controladas por la empresa, como transporte de insumos, distribución de productos y viajes de negocios.

De esta manera, se establecen tres alcances. El Alcance 1 se vincula con las emisiones propias de la gestión de la empresa o en las que esta tiene una influencia directa (por ejemplo, una flota de vehículos propia). El Alcance 2 se refiere a la energía utilizada y el Alcance 3 se relaciona a las emisiones indirectas, lo que tiene que ver principalmente con los insumos y la cadena de abastecimiento (embalajes, botellas, vehículos externos, transporte marítimo, entre otras fuentes).

Con el tiempo, Concha y Toro logró establecer que la incidencia de estos tres alcances en su huella de carbono es de un 15%, 3% y 82%, respectivamente, y logró configurar una completa imagen de cuáles son los procesos que más emiten CO2 para así llevar a cabo acciones correctivas. “Medir por medir la huella de carbono no tiene ningún sentido, si no vamos a ocupar eso como una herramienta de gestión”, afirma Valentina Lira.

ENERGÍA Y GESTIÓN DE BODEGAS

El mismo año 2011, Concha y Toro realizó la primera versión de su Estrategia de Sustentabilidad, en la cual el cambio climático y la reducción de emisiones desempeñan un rol central. A partir de esta estrategia se determinaron diversas líneas de acción para los tres alcances hasta el año 2020. Se propuso reducir, en ese período, en un 30% las emisiones directas y las vinculadas a energía (base 2014) y en un 15% (base 2011) las del Alcance 3.

Para los alcances 1 y 2 la empresa se enfocó en dos grandes áreas: las fuentes energéticas y la gestión de plantas y bodegas. “En nuestra política energética tenemos la meta de convertirnos en una empresa que trabaje 100% con energía renovable”, dice Valentina Lira.

Primero la viña buscó mejorar le eficiencia en el consumo. Sin embargo, los cambios que se realizaron a través de los años siguientes a la legislación ambiental, permitieron la suscripción de contratos libres con generadores para el abastecimiento directo de energía. Fue ahí cuando Concha y Toro tomó la decisión de adquirir energías renovables para el suministro de sus grandes instalaciones. Para las pequeñas, en tanto, comenzó a implementar pequeñas plantas solares. En la actualidad hay 11 instaladas y otras cinco en construcción, lo que le permitirá contar con un abastecimiento solar en el 97% (4 MW de potencia instalada) de la electricidad consumida en este tipo de predios. De esta manera, en la actualidad casi la totalidad del suministro eléctrico corresponde a fuentes no contaminantes y espera alcanzar pronto el 100% comprometido.

A su vez, para la gestión de plantas y bodegas ha realizado un importante trabajo para reducir las emisiones asociadas a fuentes fijas (calderas y equipos) y móviles (flotas de vehículos). En el primer caso, ha reemplazado el uso de gases refrigerantes por otros menos nocivos, mientras que en el segundo ha potenciado el cambio de camiones que funcionan con diésel por unidades que lo hacen con gas natural.

El trabajo con los proveedores ha implicado un camino más complejo. El 2011 estos eran responsables del 90% de la huella de carbono de Concha y Toro. Por eso, al año siguiente la viña comenzó una labor conjunta con ellos, principalmente con los de insumos secos (como cartones, vidrios, etiquetas, corchos, cápsulas, entre otros elementos), para medir y reducir su huella de carbono. Gracias a ello se superaron las expectativas: la reducción de emisiones llegó al 22% el 2018 en vez del 15% propuesto para 2020.

Gracias a este trabajo, de las 329.000 toneladas de CO2e (CO2 equivalente) que emitía directamente Concha y Toro el año 2011, llegó a poco más de 238.000 el 2019, representando una reducción del 27%, muy cerca del 30% propuesto para el 2020.

SEIS EJES. La estrategia de sustentabilidad de Concha y Toro involucra acciones de corto, mediano y largo plazo en seis ejes: clientes, productos, personas, sociedad, cadena de abastecimiento y medioambiente.

DESAFÍOS GLOBALES

A partir del año 2018, Concha y Toro incorporó en su trabajo para la reducción de CO2, la metodología Science Based Targets (Metas Basadas en la Ciencia) –que permite medir y gestionar la huella de carbono e identificar iniciativas de reducción de impacto– y se comprometió con la iniciativa ‘Business Ambition for 1,5 ºC – Our Only Future’ de las Naciones Unidas.

La Science Based Targets Initiative es una asociación entre Carbon Disclosure Project (CDP), Pacto Global de Naciones Unidas, World Resources Institute (WRI) y World Wide Fund for Nature (WWF) que entrega asesoría y metodologías para que las empresas reduzcan sus emisiones a la mitad el 2030 y a cero el 2050, con miras a que la temperatura del planeta no crezca más allá de 1,5ºC en relación a la era preindustrial, según lo determinado el 2018 por el el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y en concordancia con el llamado realizado por Business Ambition.

UNA EMPRESA B

Tras dos años y medio de un proceso de evaluación realizado por la organización global Sistema B, en el mes de abril Viña Concha y Toro recibió la certificación como Empresa B, que reconoce internacionalmente a aquellas compañías que cumplen con altos estándares de gestión ambiental, gobernanza y desempeño social.

Las filiales productivas que forman parte del Grupo –Concha y Toro (Chile), Viña Cono Sur (Chile) y Bodega Trivento (Argentina)– también recibieron la certificación tras alcanzar los requisitos. Ellas se suman a Fetzer Vineyards (Estados Unidos), que ya contaba con este sello desde 2015. De esta forma, Concha y Toro se convierte en la empresa vitivinícola más grande del mundo en sumarse a este movimiento global, que reúne cerca de 4.000 empresas en más de 150 industrias y 70 países de todo el planeta.

En la última década, la compañía ha puesto especial foco en dos grandes desafíos globales: agua y cambio climático. En relación al primero, cuenta con sistemas de riego tecnificado y por goteo en el 100% de sus operaciones. Además, fue la primera viña en iniciar hace 10 años la medición de su huella de agua, lo que le ha servido para que hoy esta sea un 50% menor al promedio de la industria vitivinícola global. En cuanto al cambio climático, desde 2018 la empresa cuenta con metas de reducción de emisiones basadas en la ciencia climática y que tienen el propósito de frenar el incremento de la temperatura del planeta por sobre los 1,5°C.

De esta manera, la empresa se propuso reducir las emisiones en un 55% al año 2030 (sobre la base de 2017) y lograr las cero emisiones al año 2050. Al mismo tiempo, está renovando su Estrategia de Sostenibilidad con miras al 2025. “Debemos tener una mirada y una proyección para generar contribuciones significativas e ir alcanzando el objetivo global de detener los efectos del cambio climático, tanto en el entorno ambiental como social”, dice Valentina Lira.

En el mediano plazo, Concha y Toro trabajará para mejorar la eficiencia energética de sus procesos productivos y en convertir sus equipos para utilizar fuentes de abastecimiento más limpias. Sin embargo, lo más complejo tiene que ver con el trabajo con sus proveedores. “En el packaging está nuestro mayor desafío y donde vemos que podemos generar cambios significativos de corto plazo”, afirma la gerente de Sutentabilidad de Concha y Toro. También, confiesa, se hace complejo reducir las emisiones del transporte externo, especialmente el vinculado al marítimo, que todavía es altamente dependiente de los combustibles fósiles.

Con todo, su trabajo está marcando pauta. Al ser la primera viña del mundo y la primera empresa latinoamericana en establecer su meta de reducción de emisiones de CO2, Viña Concha y Toro se ha posicionado como un líder en la industria vitivinícola en esta materia. A partir de su experiencia, el 2020 el Consorcio I+D Vinos de Chile comenzó un proyecto para impulsar en otras viñas la medición de la huella de carbono y comprometerse con su reducción a través del sistema Science Based Targets, al cual ya se han sumado casi 20 empresas vitícolas. “Esta iniciativa nace con la idea de convocar a distintas viñas para que todas puedan ir aplicando esta metodología y generar sus metas de reducción basadas en la ciencia –y no porque suenen bien– para que tengan sentido y realmente aporten a frenar el cambio climático”, concluye Valentina Lira.