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Nutrición

21 de marzo de 2017

Chile y Perú como principales mercados de exportación: Desarrollo de las micorrizas en España y el mundo

Hasta no hace mucho los agricultores españoles desconfiaban de la eficacia de las micorrizas pero todo cambió cuando las empresas del sector invirtieron en el desarrollo de nuevos productos y explicaron a los productores cómo manejarlas correctamente. En este artículo publicado en la revista New Ag International los expertos explican que la herramienta funciona mejor ante estrés, que hoy se pueden aplicar vía riego y que deben ser específicas para cada zona y cultivo. Es así que,por ejemplo, ya se están desarrollando para arándanos en Chile.  

Por Rodrigo Pizarro Yáñez

La agricultura del futuro se puede resumir en un tuit. Y si ese tuit proviene del que hoy ha vuelto a ser el hombre más rico del planeta, Bill Gates, su repercusión puede ser insospechada. Eso ocurrió el 17 de junio de 2014 cuando Gates tuiteó en su cuenta personal “puede que no suene apetitoso, pero este hongo podría ayudar a alimentar a los hambrientos”. Y lo acompañó de una fotografía de un hongo micorrícico colonizando la punta de una raíz. Desde entonces, cada vez más se habla del poder de estos hongos, más aún cuando los científicos han demostrado que pueden ayudar a los frutales, hortalizas, cereales y viñedos a aumentar sus rendimientos productivos. Un tema que interesa, sobre todo porque recientes investigaciones han demostrado que los rendimientos globales de las cosechas bajarían un 2% por década durante el próximo siglo.

El poder de los hongos micorrícicos es tal que en centros de investigación de EE UU, España, Suiza, Australia, Colombia, México o Chile se están realizando trabajos en diferentes ámbitos. Todos con la intención de que los agricultores ya no se lleven las manos a la cabeza cuando escuchen la palabra hongo, porque también los hay beneficiosos, como son los micorrícicos, que viven en simbiosis con más del 95% de los cultivos agrícolas, en una relación que no es nueva, sino que se viene desarrollando hace más de 400 millones de años, y que ha sido duradera porque estos hongos no pueden vivir sin las plantas y la mayoría de éstas no puede prosperar sin este tipo de hongos.

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Es precisamente esa simbiosis la que hoy que conoce con el nombre de micorriza y, ya sea por criterios morfológicos o taxonómicos, se pueden distinguir hasta siete tipos diferentes, pero los dos más importantes, por su distribución, diversidad y aplicabilidad son las endomicorrizas o micorrizas arbusculares y las ectomicorrizas.

En el caso de la producción hortifrutícola se han usado hongos como Glomus caledonium o Glomus mosseae, pero el más utilizado, porque es el que más esporula y más propágulos produce cuando es multiplicado, es Rhizophagus irregularis, antes llamado Glomus intraradices. “En definitiva, es el más ‘rentable’, pero a su vez requiere de mucho carbono de la planta y en los primeros estadíos se ve un tira y afloja hasta que se llega a un equilibrio”, explica Asunción Morte, investigadora de la Universidad de Murcia.

Los agricultores no lo sabían, pero desde hace siglos llevan manipulando la relación entre los microorganismos y las plantas, ya sea realizando una rotación de cultivos o elaborando compost. Más recientemente, la ciencia ha hecho su trabajo. En Suiza, el investigador de la Universidad de Lausana, Ian Sanders, tiene claro que las micorrizas pueden ayudar a aumentar la producción mundial de alimentos, y junto con investigadores de la Universidad Nacional de Colombia trabaja para incrementar el rendimiento en la producción de yuca.

Pero ese no es el único beneficio de las micorrizas. A través de una correcta aplicación se puede obtener un crecimiento más equilibrado de la planta, un sistema radicular más sano y denso, una mayor resistencia a la sequía, una estabilización de la superficie, una protección sobre algunas plagas y enfermedades, una disminución del estrés durante el trasplante y una reducción tanto de la fertilización como del riego.

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MEJOR BAJO CONDICIONES DE ESTRÉS

Alberto Bago, como científico del CSIC de Granada, en España, ha investigado las micorrizas durante más de dos décadas, y entre sus ventajas señala que son un agente anti estrés. “Éstas expresan mejor sus cualidades benéficas cuando están en contacto, por ejemplo, con un suelo o una planta estresada”, explica. “Mientras que en un campo perfectamente regado y abonado, la micorriza puede hacer algo, su papel no será muy determinante”, continúa.

Mycosym es una empresa que nació en Suiza con el fin de desarrollar y comercializar micorrizas producidas en España. Su gerente, Tomás Lagunas, añade que los beneficios dependerán del tipo de cosecha que se quiere obtener, “pero es innegable que se obtienen mejores frutos y calibres más homogéneos; lo que redunda en un incremento de producción”, afirma.

Las micorrizas no son organismos modificados genéticamente, sino aislados naturales y que a diferencia de un fertilizante o de un pesticida, son parte funcional de la raíz de la planta, y la protegen de forma continua manteniendo esa simbiosis. La mayor parte de los productos que se comercializan son granos o sustratos que se depositan en pequeñas cantidades (unos pocos gramos) en agujeros de 10 a 20 cm de profundidad junto a la planta o a las magueras de riego.

LA REVOLUCIÓN DE LAS MICORRIZAS IN VITRO Y EN GEL

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Esa práctica sigue usándose, aunque con más fuerza están penetrando las micorrizas que pueden ser aplicadas vía riego. Esa es la primera revolución que hubo en este campo. Ésta comenzó a gestarse cuando Bago, durante una estadía en Canadá, encontró una tecnología novedosa: producirlas in vitro, en laboratorios. Entonces, los científicos canadienses lo hacían en una placa de Petri, donde colocaban esporas de los hongos micorrícicos a unas raíces sin parte aérea y, en ciertas condiciones, se acoplaban bien formando una micorriza. “Esto fue una revolución en el ámbito de la investigación porque de no entender nada de los procesos bioquímicos y microbiológicos, e incluso estructurales de la micorriza en el suelo, pasamos a tener una herramienta fantástica”, explica (ver entrevista a Bago en esta edición). 

La trabajos desarrollados en el CSIC de Granada permitieron avanzar en la obtención de una micorriza in vitro y en gel. Ese es el trabajo que desarrolló durante años el propio Bago y su colega, también investigadora del CSIC, Custodia Cano. Lo hicieron a través de una ‘spin-off’ que llamaron Mycovitro. Y después de años de trabajo lograron obtener la única micorriza in vitro y en gel que existe hoy en el mundo, que tiene dos ventajas: se puede aplicar vía riego y al ser in vitro se asegura la ausencia de agentes contaminantes.

La tecnología es novedosa, pero Mycovitro no tenía la capacidad de fabricación suficiente para abastecer a los mercados. La opción pasaba por vender la patente y eso fue lo que hicieron. Primero a la empresa estadounidense Reforestation Technologies International (RTI), que tiene la licencia para EE UU, México y Canadá. Y después al grupo español Kimitec, que vende el producto en el resto del mundo a través de su empresa Agrocode.

Los resultados demuestran que esta tecnología está funcionando, propiciando aumentos productivos y un adelanto de las cosechas. “Como la micorriza es un equilibrante, con ella se pueden gestionar mejor todos los elementos nutricionales. A raíz de esto hemos visto tomates más sabrosos en los invernaderos de Almería”, sostiene Bago.

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Otro aspecto positivo se encuentra en la poscosecha. Con intenciones de exportar a mercados más lejanos, ven con buenos ojos que las micorrizas ayuden a mejorar la vida de poscosecha de frutas y hortalizas. “Eso es sencillamente porque la planta está mejor equilibrada por lo que el fruto también lo estará”, precisa el investigador.

Son estos resultados y los de otras compañías los que han elevado la confianza en las micorrizas y han contribuido a dar un nuevo aire a un sector que estaba bastante alicaído. Concretamente en España “se habían usado sin mayor trascendencia, porque los manejos que se hacían eran incorrectos”, afirma Morte. Si bien los agricultores conocían esta tecnología, “no confiaban en ella por su escasa eficacia”, dice Jesús Juárez, CEO de Symborg, una empresa que ha desarrollado una tecnología única a base del hongo Glomus iranicum var. Teniuihypharum, descubierto por investigadores de la compañía en suelos altamente salinos y que entre sus ventajas desarrolla abundante micelio fuera de la raíz, aumentando la eficiencia en la absorción de agua y nutrientes. Además, no esporula dentro de la raíz, lo que le permite ahorrar energía a la planta y hacer más eficiente la incorporación de nutrientes y agua. 

EN ESPAÑA SE USAN PRINCIPALMENTE EN FRUTALES Y VIÑAS

Hoy en día el negocio en España se lo reparten un número reducido de compañías que fabrican “productos que son muy diferentes a los que había antes y que son un real aporte para la agricultura”, subraya Juárez. Estos nuevos desarrollos han posibilitado la expansión de las micorrizas en el mercado doméstico. Se trata de un sector compuesto por no más de diez empresas, algunas de ellas como Symborg, Mycovitro o Mycosym que basan el 100% de su negocio en las micorrizas, pero el resto las incluye como un producto más de sus respectivos portafolios.

“Es un mercado pequeño, pero que crece todas las temporadas”, afirma Abel Zaragoza, responsable de marketing de Química Massó, empresa que comercializa un producto fabricado por la canadiense Lalleman. “Los agricultores demandan las micorrizas a medida que las van aplicando y comprobando que sus efectos son positivos”, añade Francisco Soriano, gerente de Biológicas Canarias.  Y, como pasa a menudo en el sector agrícola, si al vecino le funciona, son otros los que se van sumando a esta tecnología.

En España se utilizan sobre todo en frutales y en viñedos, aunque cada vez son más demandadas por los productores de hortalizas, tanto al aire libre como bajo invernadero. Para Cinta Calvet, investigadora del IRTA de Cataluña, es difícil dar un orden de importancia, “depende claramente del área geográfica. En el sur se utilizan principalmente en cultivos protegidos de hortalizas, en cítricos y en cereales; mientras que en el centro y en el norte se aplican en cultivos leñosos como la vid”, precisa.

Almería es una zona donde ha crecido su uso, específicamente de la micorriza desarrollada por el CSIC. “En un año hemos inoculado el 10% de la superficie almeriense, es decir, unas 3.000 ha y con reales posibilidades de seguir creciendo”, confirma Antonio Leiva, de Agrocode, compañía que además trabaja con la casa de semillas Pioneer para aplicar micorrizas directamente en semilleros de girasol, un proyecto que ayudará a asegurar aún más la calidad de las semillas.

Otro sector que podría despegar en breve en España es el de los viveros. En Francia e Italia ya se venden plantas de vid micorrizadas, algo que en España aún no ocurre y todo apunta a la poca decisión de los viveristas de entrar en un nuevo negocio. “Es una opción real”, apunta Zaragoza. Las micorrizas garantizan una menor mortalidad de las cepas en condiciones de secano. “En cuanto los viveristas apuesten por esta tecnología, el mercado seguirá expandiéndose”, predice.

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CHILE Y PERÚ SERÁN LOS PRINCIPALES DESTINOS

Y si en España se cierran todas las puertas, la opción de las empresas del sector será volcarse en un 100% a la exportación, un mercado que para muchas firmas representa hoy entre el 40 y 45% de sus ventas y, donde las perspectivas de crecimiento son altas, sobre todo en América Latina. “Es un mercado interesante”, afirma Juárez. “En muchos países la agricultura está altamente desarrollada, basada en la exportación y estos productos vienen a llenar un vacío, lo que está siendo bien recibido por los productores”, agrega Lagunas.

Chile y Perú asoman como los principales destinos señalados por los entrevistados, aunque las micorrizas se están expandiendo en México, Colombia, Ecuador y Guatemala. Por cultivos, su uso se incrementa en frutales, aunque últimamente ha habido un crecimiento en cultivos hortícolas. Un caso particular es el de Agrocode, cuyo producto está siendo testeado en campos brasileños de soja, una industria gigantesca que sólo en ese país representa más de 36 millones de hectáreas. No es la única porque con Embrapa realizan ensayos en banana y maíz, preparando su ingreso a ambos sectores. 

MICORRIZA ESPECÍFICA PARA LOS ARÁNDANOS EN CHILE

Mientras tanto los investigadores siguen demostrando que mientras más específica es una micorriza, mejor es para el desarrollo de las plantas, desmontando la vieja teoría de que las micorrizas tienen un amplio espectro de actuación y que servirían para todo tipo de cultivos. “En parte es cierto, pero nosotros paralelamente teníamos la idea de que un mismo hongo no se desempeña igual en diferentes condiciones, porque no tiene sentido que en Chile, donde hay una situación medioambiental particular, funcione bien un hongo que puede venir de España, y lo mismo puede pasar dentro de un mismo país”, explica Bago.

Por ello es que al mismo tiempo que desarrollaron la tecnología, los investigadores del CSIC aislaron hongos de varios países para formar un banco de micorrizas de diferentes ecosistemas y realizaron pruebas para encontrar si había diferencias o no. “Sí las había, por eso es que es importante segregar los hongos por zonas biocompatibles”, afirma el investigador.

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Recientemente Agrocode inició un trabajo con Hortifrut Chile para desarrollar una micorriza específica para los arándanos, que es una de las pocas plantas que no es no se puede micorrizar con endomicorrizas. “Chile es un gran productor de arándanos y es uno de los tres principales mercados para la compañía. Es un trabajo relativamente rápido, que estamos realizando con Mycovitro y en 2016 esperamos tener las primeras cepas de arándanos locales, exclusivas para Chile y para desarrollar el negocio ecológico”, pronostica Leiva.

LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN NO TARDARÁ EN LLEGAR

Los expertos señalan que el futuro es promisorio, sobre todo porque los agricultores buscan soluciones biológicas para dejar de utilizar agroquímicos. En el ámbito de la investigación el reto es importante ya que no es fácil estudiar una interacción entre dos organismos. “Afortunadamente se están desarrollando metodologías moleculares para detectar los hongos que nos ayudarán a entender mejor sus ciclos de vida y ajustar el manejo de la producción para favorecer el establecimiento de la simbiosis”, explica Calvet. “Aunque aún se está lejos de ‘domesticar’ al hongo, cada vez se sabe mucho más de su funcionamiento”, añade. Hace pocos años era un tema muy desconocido no sólo para el gran público, sino también en entornos académicos, pero hoy se observa un mayor conocimiento sobre las propiedades de los hongos micorrícicos.

Para el CSIC, la principal ventaja de haber desarrollado una tecnología única, es que ahora se abre una nueva línea de trabajo: el desarrollo de inoculantes de consorcios microbianos. “Eso significa que si añadimos un microorganismo, es ese y ningún otro. Es decir, no aparecerá ningún otro contaminante. Ese es el problema que tienen los inoculantes sólidos o al menos aquellos que no son in vitro. Incluso podríamos diseñar inoculantes que no sólo estén en la micorriza”, explica Bago.

Ian Sanders también lo tiene claro ya que sus próximos trabajos están encaminados a obtener líneas de hongos genéticamente distintos para luego asignarlos a diferentes cultivos y ecosistemas. “Lo cierto es que dentro de los próximos cinco años asistiremos a una auténtica revolución en el mundo de los inoculantes biológicos”, afirma Bago. “Y eso lo digo poniendo un plazo largo, porque esta tecnología avanza rápidamente”, finaliza.

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