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Noviembre 2016 | Riego

Riego en achicoria mayoritariamente por pivote: Planta procesadora y agricultores se unen para avanzar en tecnificación

El manejo del agua es un punto crítico en el éxito de la achicoria, desde la germinación de sus pequeñas semillas, pasando por el crecimiento siempre amenazado del riesgo de pudriciones, hasta la humedad del suelo para una buena cosecha. Orafti invitó a un grupo de agricultores a participar en un PDP con el apoyo de Corfo para perfeccionar este aspecto con el uso de tecnologías de agricultura de precisión y monitoreo de riego. En promedio aumentaron 15% sus rendimientos. Hoy proponen a todos los achicoreros sumarse a esta innovación.

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Las 2.400 ha de achicoria que se cultivan en el país proveen a la planta de Beneo-Orafti, en la VIII Región (ver recuadro). Peter Guhl, es jefe de producción de materia prima de la empresa. Divide el riego de la achicoria en tres fases: emergencia, crecimiento y cosecha, además de una aplicación previa para preparación de suelos muy arcillosos. Esta última práctica se realiza antes de pasar la rotofresadora, con el propósito de lograr una cama de semillas mejor mullida. “La rotofresadora no es el tipo de implemento que deseamos, pero en este tipo de suelos no hay otra opción”, aclara el entrevistado. La semilla de achicoria es muy pequeña, con el pelletizado alcanza el tamaño de una semilla de raps, de manera que no dispone de mucha energía almacenada y por tanto se requiere de una siembra muy superficial, de 3 a 5 mm de profundidad, de ahí la alta exigencia para la cama de semillas.

Las primaveras en la VIII Región pueden ser secas y con mucho viento, lo cual acarrea el riesgo de secarse para la pequeña semilla sembrada a solo milímetros de la superficie. Por lo tanto el objetivo del riego de emergencia es tener un horizonte húmedo de 2 a 3 cm. “Estamos hablando de riegos de 5 a 8 mm, con una frecuencia de 2 a 3 días”, señala Peter Guhl.

Luego, viene la fase de crecimiento de la raíz, en la que, como todos los cultivos, la achicoria requiere de agua para desarrollarse, y que incide fuertemente en su rendimiento. La forma eficiente de llevar adelante esta fase constituye un tema de preocupación especial para Orafti. Ahondaremos acerca de ello más adelante.

peter-guhlLa etapa final de riego se realiza con el fin de facilitar la cosecha mecánica:

–Como nosotros partimos temprano la cosecha –explica el jefe de producción–, a mediados de marzo, la condición de suelo en la zona en general es muy seca. Puesto que penetramos hasta 20 cm, cuesta “meter los fierros” y hay un mayor gasto energético. Cuando no somos capaces de llegar a esa profundidad se pierde rendimiento porque la raíz se quiebra y una parte queda en el suelo.

RIEGO: UN DELICADO EQUILIBRIO ENTRE LA DEFICIENCIA Y EL EXCESO

El entrevistado señala que en la zona el agua disponible por el deshielo de las nieves cordilleranas en general resulta suficiente hasta diciembre. Los cultivos que se riegan cerca de esa fecha, como el trigo, rara vez tienen dificultades. En cambio aquellos que pasan al año siguiente, como remolacha, achicoria o maíz, con crecimiento en enero y febrero, precisan de suplemento hídrico en un momento de escasez, de modo que exigen usar el recurso con exactitud.

Por otra parte, la achicoria es particularmente sensible a las pudriciones causadas por exceso de humedad. Así es que tampoco el agua en abundancia es garantía de éxito.

El jefe de producción de materia prima calcula la que la superficie es regada por parte de los productores proveedores de la planta Orafti en un 60% con pivotes, un 20% con cobertura y el resto con carretes o cañones.

Para determinar el riego, indica Peter Guhl, decidieron dejar de lado las apreciaciones personales:

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–El tacto no funciona. Fui con varios consultores y me lo mostraron. Hicimos el ejercicio de estimar cuánta humedad había, y después medimos lo efectivo. No había correlación.

También descartaron basarse en la evapotranspiración, “porque el agua está en el suelo, donde se producen movimientos subterráneos, con napas que suben o bajan y con percolaciones laterales, lo que puede llevar a errores en las decisiones de riego”. La opción elegida fueron sondas telemétricas, que miden la humedad de manera constante y envían la información a un servidor donde se puede ver los datos “en vivo y en directo”. Esta información llega al agricultor y también a los técnicos de Orafti, quienes gracias a ello pueden hacer las recomendaciones que correspondan.

APLICAR EL AGUA CUANDO SE NECESITA, NO CUANDO ESTÁ DISPONIBLE

Es así como han impulsado un Programa de Desarrollo de Proveedores, PDP:

–Mediante el PDP –describe Guhl– hemos podido caracterizar la física de los suelos de nuestros proveedores, (textura, compactación e hidráulica) y mostrarles cómo estos factores afectan el riego en términos de la lámina de agua a aplicar, la frecuencia y localización en un área determinada. La información también ha sido muy útil para definir dónde colocar las estaciones de monitoreo de humedad de suelo, en función de su capacidad de almacenamiento de agua, con el fin de entregar datos más precisos de cuándo y dónde regar. Esta tecnología de monitoreo de suelo, se está implementando desde hace dos años en una superficie de 500 hectáreas pertenecientes a 15 agricultores. El área de achicoria era bien diferente entre ellos, desde quienes tenían 5 hectáreas (ha) hasta los que alcanzaban las 30-40 ha. Al cabo de las dos temporadas el grupo subió su rendimiento en un 15%, sin ocupar más agua.

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Un aspecto interesante es que el sistema permite pronosticar las necesidades hídricas con unos tres días de anticipación, información que puede resultar vital para quienes acceden a sus derechos de agua por turnos. Naturalmente una solución más segura sería contar con tranques de acumulación. “La idea es aplicar el agua cuando se necesita, y no cuando está disponible”, sentencia el profesional de Orafti.

–¿Cuál el volumen anual de agua que requiere la achicoria?

–Esa pregunta no es válida; o, digamos, no se puede responder. ¿Cómo defino la necesidad hídrica de un cultivo? Nosotros estamos desde San Carlos hasta Angol, donde hay diferentes condiciones climáticas y de suelo, entre otras. Tenemos un área donde no regamos, por ejemplo, en Los Ángeles, de El Huertón hacia arriba. Allá hay una napa freática sumamente buena, que no es tan alta pero se mueve siempre en horizontes donde por capilaridad mantiene la humedad del suelo. Sin embargo, en la cordillera se encuentran trumaos profundos donde las aguas percolan libremente y pueden ser necesarios 800 mm/año… Entonces si me preguntas cuál es la necesidad de agua, puedo decirte que son 950 mm sumando lluvias, agua subterránea, riego… Pero nadie puede manejar algo con ese valor. Creo que si tomamos el promedio de riego aplicado por los agricultores, estamos alrededor de los 250 mm, y pudo haber llegado a 280-290 mm en los dos últimos años, con tanto calor. Pero no le puedo decir a un productor que esa es la recomendación: la necesidad hídrica no depende del promedio, sino de la realidad del potrero.

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UN SENSOR CUBRE LAS ESPECIFICACIONES PARA EL ÁREA DE UN PIVOTE

Los pivotes no requieren ninguna adaptación especial para trabajar con la información el sistema de sensores y telemetría. Hoy día los accesorios y productos genéricos disponibles permiten que la nueva tecnología se adapte a la estructura ya disponible.

No obstante en el caso de cobertura probablemente se requiera modificar la disposición de las matrices, y eventualmente el punto de succión, cuando existen sectores diferentes de suelo dentro del potrero.

Un aspecto evaluado fue la amplitud del sector que podía abarcar un sensor. Actualmente se ha llegado a un desarrollo donde uno de estos determinadores de humedad cubre las especificaciones para un pivote completo, cuando se cuenta con información complementaria.

–Si tengo un sensor y ningún otro dato, la superficie abarcada por el instrumento va a ser muy pequeña. Si complemento con mapas tridimensionales de textura y condiciones de suelo de los potreros, puedo determinar su capacidad de retención de agua, aplicar un factor y programar el pivote para manejar el riego diferenciado. Combinamos estos antecedentes con imágenes satelitales cada 10 días, con el fin de determinar la saturación de agua y por tanto la tasa de evaporación de esa área. Corregimos nuestros supuestos sobre esa base, lo cual nos da la posibilidad no solo de avisar cuándo se acabó el agua para las plantas, sino predecir en cuántos días más se va a acabar. La plataforma nos manda una luz de alerta: verde, está en buenas condiciones; amarillo, se te va a acabar; rojo, se te acabó.

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SI LLEVAS TU AUTO A MANTENIMIENTO, ¿POR QUÉ NO EL PIVOTE?

Más allá de las innovaciones tecnológicas, un aspecto que resulta anterior y vital para un buen riego de achicoria es asegurar que la lámina sea pareja. La distribución es un gran tema, donde lamentablemente estamos al debe, puntualiza Guhl:

–No hay nadie en Chile que haga metódicamente una revisión de pivotes. Nosotros en los últimos dos años hemos revisado unos 100 pivotes. Hacemos dos líneas de revisión con un pluviómetro cada 5 metros y después calculamos la desviación de la media de cada uno de los puntos. Eso nos da una curva y el promedio de la curva arroja un estándar de desviación del pivote. El factor se debiera ubicar sobre 90 y estimo que no más del 5% de los pivotes lo logra. Hemos detectado bajo 60.

El problema parte desde la instalación. El especialista recomienda verificar el índice de distribución y también asegurarse de que la tabla que entregó el fabricante es lo que da el equipo, para que, por ejemplo, una lámina establecida en 20 mm no esté entregando 15 mm en terreno. Esto es válido también para los carretes, indica. Apunta, sin embargo, que hay condiciones que pueden modificar los valores del equipo respecto de la tabla. Si está alimentado de un pozo profundo, es posible que en primavera la napa esté más alta y en verano más baja. La bomba (normalmente de presión) necesita más energía para levantar un tramo mayor y por lo tanto el caudal baja.

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–La solución más fina es con un flujómetro o presostato calcular la diferencia y con un variador de velocidad de la bomba ajustar las revoluciones de manera de mantener el caudal.

Otro aspecto es vigilar el desgaste de los componentes. A menudo se cambia un elemento cuando se aprecia visualmente que alguna de las bajadas bota poca o demasiada agua. Para Guhl, una falla se observa a simple vista cuando ha llegado a una situación extrema. Las puntos críticos corresponden a los elementos más sujetos a desgaste del pivote: los emisores y los compensadores de presión. También hay que estar atentos a la bomba, pues a veces la presión no llega bien hasta los últimos puntos del pivote.

Lo anterior sin considerar el factor humano. En los campos se ven cosas insólitas, por ejemplo si se rompe un aspersor, lo cambian, pero nadie se preocupa de que sea del mismo número. Después se observa con sorpresa que la última torre no riega casi nada y al centro cae mucha más agua, cuando debiera ser al revés.

–Si tú llevas tu auto a mantención –pregunta el entrevistado– ¿por qué no el pivote?

–¿Probaron el uso de fertilizantes y plaguicidas inyectados a través del riego en el PDP?

– La verdad que esta etapa del PDP no lo hemos abordado, ya que por el momento nuestra mayor preocupación estaba centrada en el uso racional del agua para riego. Podemos decir que la achicoria es una planta bastante eficiente en el uso de los nutrientes del suelo y nosotros solo nos preocupamos de reponer lo que extrae la achicoria durante la temporada para no perjudicar el siguiente cultivo: 50 unidades de nitrógeno, 100 de fósforo y 250 de potasio.

–¿Usan fertilizantes foliares?

–Solamente zinc y boro.

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LA PLANTA COMPRA TONELADAS DE ACHICORIA, NO HECTÁREAS

Aunque inicialmente los equipos fueron adquiridos por Orafti para facilitar a los agricultores el conocimiento de cómo debían funcionar, el PDP ha tenido éxito en crear una necesidad. Varios agricultores ya compraron sondas con sus propios medios, porque no sirven solo para achicoria, sino para todos los cultivos.

–¿Evaluaron el costo/beneficio de estos sistemas?

–Claramente depende de la superficie, porque la inversión va a ser la misma. El sensor y el tablero tienen un costo de alrededor de 2 millones de pesos. Una tonelada de achicoria vale del orden de 39.000 pesos, de manera que el costo equivale a 51 toneladas. El promedio de rendimiento es de 54 t/ha, por tanto el sistema se paga con 1 hectárea.

Para un pivote de 60 ha bastaría un aumento de rendimiento de 1,7% gracias a este sistema para pagarlo en un año. Una superficie de 5 ha, en cambio requeriría un aumento de rendimiento de alrededor de un 20% para pagar la inversión en el mismo plazo.

–¿Cuáles van a ser los siguientes pasos para difundir el sistema?

–Este año es la fase de expansión, llegar a la máxima superficie posible. Se ha planteado desde el inicio que no es un sistema específico para achicoria, creemos que en otros cultivos puede tener incluso efectos más significativos. Nuestros equipos de apoyo a los productores les van mostrar sus beneficios. Seguramente en un mediano futuro vamos a exigir esto para dar un buen soporte, porque la calidad de nuestra asesoría está dada por la información, los datos duros que nosotros tengamos.

El objetivo final de toda esta innovación es lograr un rédito para la empresa, como es lógico, pero donde ganen también sus proveedores. El tema se asocia a concentrar el producto para disminuir los desplazamientos:

–Nosotros compramos toneladas de achicoria, no hectáreas –fundamenta Peter Guhl–. Proyectamos pasar de 120.000 a 150.000 toneladas. Depende de nosotros necesitar 2.400 o 3.000 ha para eso, porque se podría tener un paquete tecnológico que subiera el promedio de las 54 t/ha actuales a 65. A mayor rendimiento/ha, más atractivo puede ser el precio para el agricultor y para nosotros también. Existe un límite logístico de 80 km alrededor de la planta, con la sola excepción de Angol, donde tampoco queremos crecer. Además Orafti cosecha, carga y asume el flete. Para nosotros es un costo variable dependiendo de la distancia.