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Ante la imposibilidad de que las producciones hortofrutícolas de la Unión Europea, EE UU y otros países lleguen a Rusia, se abre una oportunidad para que naciones de América Latina y el resto del mundo arriben a un mercado que ha aumentado en un 30% su consumo de frutas durante la última década, un destino que busca calidad pero que paga bajos precios.
El negocio de la uva de mesa está cambiando a nivel global. Hay nuevos países que están mostrando interés en producir, se presume que las variedades patentadas seguirán ganando presencia e incluso los supermercados se están aventurando a producir sus propias uvas.
La venta de fruta al exterior sin intermediarios ya no es palanca exclusiva de los grandes productores. A través de la asociatividad, las pequeñas y medianas empresas también logran incorporarse a la actividad y obtener ganancias que pueden ser un 20% mayores a aquellas percibidas por el sistema tradicional de exportación mediante una empresa exportadora.
Rusia, entre otras importaciones, prohibió el ingreso de productos agrícolas de Estados Unidos, la Unión Europea y de otros países. Sin embargo, como importa el 44% de su canasta alimenticia desde los países sancionados, hoy busca alternativas en otros proveedores. Chile es uno de ellos. Sin embargo, la clave para los productores locales no está en buscar la realización de un único y gran negocio, sino en la de incorporar un nuevo mercado para el largo plazo.
Si bien es cierto que Fruit Logistica es una feria más dedicada al comercio hortofrutícola, todos los años sorprende con productos innovadores y tecnología de punta.
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