Seminario internacional en Quillota

Nuevas tecnologías en el cultivo del tomate bajo plástico

El cultivo de tomate bajo plástico, cuya superficie en Chile se estima en cerca de 2.300 ha, en base a un consolidado soporte técnico y empresarial hoy se encuentra encendido y claramente orientado a superar retos tecnológicos tales como cultivar prescindiendo del bromuro de metilo o a cumplir con los máximos estándares de inocuidad.

Es la realidad que se evidenció en el exitoso seminario internacional desarrollado en Quillota, al que acudieron más de 300 personas vinculadas a la producción intensiva de tomate, los que no solo vinieron de lejanas zonas productoras de Chile, como Azapa, sino que también de países tales como Argentina, Perú y Brasil. En este reporte las impresiones de varios destacados asistentes e información sobre alternativas al bromuro de metilo, de la presentación de Alejandro Duimovic y estrategias MIP para el control de plagas, de lo expuesto por Patricia Estay.

La nueva dinámica comercial de las hortalizas está obligando a nuestro país y a quienes viven del sector a ponerse a la altura de los países más avanzados en la producción de este tipo de alimentos. Hoy en Chile no sólo existen las condiciones productivas, sino que incluso hay gran capacidad empresarial, lo que se refleja en los más de 300 asistentes al seminario de actualización “Avances tecnológicos en el cultivo forzado del tomate”, que tuvo lugar en el Regimiento de Caballería Blindada N°1 Granaderos en Quillota. En el seminario participaron expositores expertos en ámbitos como técnicas modernas de propagación e injertación, control integrado de plagas y enfermedades, estrategias de reemplazo del bromuro de metilo, nutrición, cultivo en sustratos y tendencias de los mercados.

Pese a que la horticultura está lejos de convertirse en un pilar económico importante, como es el caso de la fruticultura, hoy presenta un dinamismo comercial que obliga a quienes se desempeñan en el área a mantenerse al día con la aparición de nuevas tecnologías, conocimientos y nuevas formas de entender el negocio.

La inocuidad alimentaria, uso de portainjertos, manejo del suelo, uso de sustratos, problemas fitosanitarios provocados por hongos, bacterias y nematodos, fueron los aspectos preponderantes en la industria del tomate que planteó un connotado grupo de especialistas nacionales e internacionales en ámbitos como técnicas modernas de propagación e injertación, control integrado de plagas y enfermedades, estrategias de reemplazo del bromuro de metilo, nutrición, cultivo en sustratos y tendencias de los mercados. El seminario de actualización, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, se desarrolló en dos días de intenso intercambio de información, y contó con el decidido apoyo de la empresa privada. La comisión organizadora estuvo integrada por los ingenieros agrónomos Humberto Mendoza, Alejandro Diumovich y Alejandro Zuleta, todos docentes de la PUCV que además hacen ejercicio libre de la profesión.

Los requerimientos de inocuidad alimentaria hoy están obligando a este sector a nivelarse con la agricultura que busca ser sustentable desde el punto de vista económico y social, pero también medioambiental. Las nuevas tecnologías están cambiando no sólo la forma de cultivar, sino que incluso el paisaje chileno. Basta con ver en la provincia de Quillota miles de invernaderos que enfrentan el desafío de producir sano, limpio e inocuo o ver lo que ocurre en la Región de Arica y Parinacota con un modelo productivo que emula a los huertos de Almería en España.

Los cambios empezaron hace ya algún tiempo, entre ellos algunos de los más importantes corresponden a la incorporación de portainjertos, la solarización, el manejo de los residuos vegetales, la disminución de uso de agroquímicos, el uso de controladores biológicos, el control de los nematodos, etcétera. Hoy es posible observar enjambres de abejorros para polinización natural, trampas de captura, aplicaciones de hormonas, tecnificación del riego, cultivos hidropónicos y cultivos sin suelo.

Durante el seminario se estableció que lo importante no es el producto sino que el consumidor, el que hoy está dispuesto a pagar más por mejores vegetales. De hecho, en los supermercados este tipo de productos va acompañados de certificaciones, no sólo de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), sino también de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM). “A los consumidores les preocupa saber de dónde viene la fruta u hortaliza que consume, cómo fue producida y que venga libre de residuos químicos”, aseguró el decano de la Facultad de Agronomía de la PUCV José Antonio Olaeta, en el discurso inaugural.

De la mano de estos cambios en la actualidad se está produciendo una renovación tecnológica, cubiertas de estructuras y plásticos más acordes a cada sistema productivo y más durables, donde las mallas antiáfidos -sostenidas por las estructuras- impiden que insectos indeseables invadan los cultivos.

La profesionalización de la agricultura del plástico adquiere hoy un peso importante en el contexto nacional. Levantar estas estructuras tiene un costo importante por hectárea pero tanto los agricultores ariqueños como los de la zona central y del sur tienen confianza en las condiciones de su zona.

La gran asistencia de destacados agricultores ‘tomateros’ de las principales zonas productivas nacionales, pero también de zonas productivas de otros países, como por ejemplo Argentina, nos permitió establecer algunas claves de estos nuevos tiempos y conocer el punto de vista de los agricultores; algunos vinculados a proyectos nuevos otros con muchos años de experiencia. Por ejemplo, con la integración de tecnologías como las de Almería en Andalucía, España (producción en ambiente hermético, fertirriego y riego computarizado) en la región de Arica y Parinacota, primero en el valle de Azapa y ahora también en el de Lluta. Según la Secretaría Regional Ministerial de Agricultura actualmente de esa región de Chile, la Provincia de Arica hoy recibe ingresos anuales por $2 mil millones gracias a la producción de 60 mil toneladas de tomates al año.

Alejandro Zuleta, presidente comité organizador PUCV

“Chile presenta una oferta tecnológica importante en horticultura”

“El seminario se enmarcó en los 50 años de la escuela de agronomía de la PUCV y nos dimos cuenta que llevábamos más de 50 años sin hacer una actividad formal en tomate. En los últimos años el cultivo ha tenido excelentes resultados, hay mucho conocimiento acumulado y muchos errores que deben ser corregidos. Teníamos claro cuáles son los principales problemas productivos y seleccionamos en el concierto nacional e internacional a los especialistas más importantes en esos problemas, para orientar las decisiones de los agricultores y empresarios quisimos consolidar este conocimiento existente sobre las nuevas técnicas que se han acumulado en los últimos 20 años para el cultivo forzado del tomate y que hoy constituyen un aporte al desarrollo de la horticultura chilena”.

En Chile hay 2 mil 300 hectáreas de invernaderos dedicadas al cultivo del tomate. Chile presenta hortícolamente hablando una oferta tecnológica importante y somos observados desde otros países. En este evento tuvimos asesores y empresarios de Argentina, Perú, Brasil, Argentina que vinieron a aprender lo que nosotros hacemos. Quedaron tareas abiertas, lo que el mercado quiere es un producto garantizadamente sano y limpio. No solo necesitamos  producir tomate sino que producirlo de manera que nuestros consumidores tengan en su mesa productos, sanos e inocuos”.

Gian Franco Lombardi Fiora Del Fabro, empresas Lombardi. Valle Azapa, Región de Arica y Parinacota.

“En las últimas 3 décadas el valle de Azapa multiplicó por 20 la productividad de sus 3.000 ha”

La familia Lombardi, oriunda de la región del Piamonte italiano es una de las mayores productoras de tomate del país en el Valle de Azapa y produce la mayor cantidad de tomate de larga vida de Chile, los que llegan a los supermercados con la marca "Rocky”.

Gian Franco Lombardi Fiora Del Fabro forma parte de este clan ariqueño y coincide con que hay que tender a la de producción de alimentos más saludable y con tecnologías amigables con el medioambiente.

Los valles de Azapa y Lluta han seguido un camino similar a Almería, uno de las zonas productoras de tomate más rico del lado norte de Europa. “Sin barreras arancelarias, Almería revolucionó su manera de emprender y entender su producción y pasó a convertirse en el huerto de Europa”.

En las últimas 3 décadas, el valle de Azapa, en la provincia de Arica, multiplicó por 20 la productividad de cada una de sus 3 mil hectáreas y se convirtió en el abastecedor invernal de tomates y hortalizas del centro de nuestro país. Sin duda, su potencialidad climática que permite producir 365 días al año es una ventaja que no todas las áreas geográficas pueden gozar. Su condición de clima privilegiado permite abastecer de todo tipo de verduras y hortalizas a las regiones de la zona sur y central cuando estamos en invierno.

Gian Franco Lombardi lleva años basando su modelo productivo en lo desarrollado en Almería. “Nos da una pauta y siempre es interesante escuchar lo que está ocurriendo allá en temas de estructuras de invernadero con mallas antiáfido (40% está con malla antivirus) hasta la selección de las variedades”, afirmó refiriéndose a las conferencias ofrecidas por los expertos españoles.

Comentó su experiencia en el control biológico y lo avala como un manejo necesario en hortalizas. “Hace unos años financiamos el envío y liberación semanal de  varios centenares de Encarsia Inaron y clitostethus (material de INIA y otras empresas) para controlar la mosquita blanca del fresno en olivos de Azapa y otros valles en el marco de un proyecto de control biológico. A partir de esa experiencia aprendimos a criar nuestros propios insectos benéficos. Hasta hace un tiempo teníamos en nuestra planta crianzas de Trichogramma las que finalmente perdimos pero ahora, con el apoyo de INIA Ururi, queremos retomar esa producción”.

Jorge Riveros, presidente GTT hortícola Ñuble, VIII Región

“Hoy es necesario asegurar mejores condiciones de inocuidad al consumidor”

 “Siempre nos mantenemos al tanto de las mejoras productivas, en ese sentido del seminario destaco el comentario del español Ruben Vergani en el sentido que se viene fuerte todo lo relativo a inocuidad. Son pocas las empresas que están certificadas con las BPA en nuestro país y mucho menos las que están certificadas con las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM). Pocos están trabajando en trazabilidad en Chile. Hoy es necesario asegurar mejores condiciones de inocuidad al consumidor y para ello existen instituciones gubernamentales que están apoyando inversiones en este ámbito”.

Respecto a las alternativas que como productores van a seguir una vez que el Bromuro de Metilo desaparezca afirmó que puede ser la biofumigación y que evaluarán nuevos agroquímicos. Pero, dijo, “principalmente hay que trabajar ofreciendo inocuidad, trazabilidad, uso de controladores biológicos. El mundo de la horticultura tiende hacia una producción más limpia y con un menor uso de plaguicidas”.

Riveros como presidente de un GTT hortícola contó su experiencia de trabajo colaborativo con las cadenas de supermercado. “Cada vez que lanzamos un producto nuevo nos están exigiendo análisis de multiresiduos y análisis microbiológico del producto terminado. En el caso del tomate hay que tener  certificación sanitaria del agua de riego, idealmente que la modalidad de producción sea en espaldera para que no esté en contacto con el suelo.

A juicio del gremialista existen señales de que “están pasando cosas con el sector hortícola -tanto en el mundo como en nuestro país- y como productores tenemos que estar atentos tanto a la parte productiva como a la comercial”.

Cristóbal Morandé, Agrícola Santa Verónica, VIII Región

“El tomate es una alternativa para que nuestra región no sea tan dependiente”

 “En la VIII Región solo el 7% de las hortalizas provienen de allí y el gran porcentaje proviene de la zona central”. Esta es una de las razones que llevó a este empresario iniciar una importante inversión en tecnología de invernadero para producción de tomate. “Creo que las regiones tienen que ser más autosustentables y encontré que en el tomate había un nicho interesante y una alternativa nueva para que nuestra región no sea tan dependiente de la zona central”.

Afirmó que uno de los desafíos es aprender del cultivo, contar con mano de obra calificada, tecnificar y optimizar el riego. Reconoce que son varias las limitaciones climáticas que se deben considerar para cultivar tomate en la zona sur. Por esto, junto a su asesor, se encuentran evaluando el comportamiento de distintas variedades de tomate, buscando las que se adapten mejor a la zona.

Respecto al uso de  Bromuro de Metilo dijo no tener los mismos problemas de suelo que presentan los productores de la zona central. Sin embargo, “es un aspecto que tenemos que considerar y aquí los expertos nos han abierto los ojos a problemas que vamos a tener más adelante si no hacemos los cambios tecnológicos ahora”.

“El gran mensaje de casi todos los expertos es que necesariamente tenemos que tender hacia una disminución del uso de agroquímicos tanto plaguicidas como fertilizantes. Hacia allá se dirige la agricultura y nosotros responsablemente debemos reforzar este tendencia y contribuir adoptando prácticas y manejos sostenibles desde el punto de vida económico, ambiental y social”.

Pablo Acuña Bulnes, Empresa Mario Acuña, VIII Región

“Tenemos 7.500 m2 de invernadero y un 50% hidropónico”

 “En el corto plazo hay que reforzar los aspectos sanitarios. Para mí lo más rescatable fue la exposición sobre hidroponía. Un 50% de mis invernaderos van a ir a cultivo hidropónico porque, como vimos, el suelo se va contaminando, además tenemos suelos muy compactados y por lo tanto hay que buscar otras alternativas. Además no quiero llegar al uso de Bromuro de Metilo. Tengo claro que ese es mi destino y el charlista me ratificó que vamos por el camino correcto. Actualmente, tenemos 7 mil 500 metros cuadrados de invernadero de lo cual un 50% es con cultivo hidropónico”.

Ing. Agr. Alfonso Thomé,  Proplanta Vivero Hortícola. Argentina

“Vemos a los portainjertos como un factor que potencia la actividad”

Proplanta es el primer vivero comercial de Sudamérica con  40 mil metros cuadrados de superficie de cultivo orientado a la generación y transferencia de tecnología en tomate para la industria. La empresa cuenta con un programa del tomate desde el año 2000.

En la zona este de Argentina, en cultivos bajo plástico se trabaja en el uso de portainjertos lo que “vemos como una herramienta más junto a muchos otros factores que potencian la actividad”. Declara que “falta armonizar las herramientas que brinda el portainjerto con la realidad productiva”.

“Nosotros en algún momento comenzamos a mirar la producción de Chile ampliando la oferta a Argentina y las condiciones de competencia eran favorables. Hoy, la realidad es distinta, la provincia de Quillota se ha profesionalizado y crecido en este rubro. El tomate en Argentina se consume en fresco todo el año, nuestros costos han subido de manera significativa, ha habido un aumento de los cultivos protegidos principalmente bajo invernadero. Este seminario nos hizo tomar conocimiento de las realidades de Europa, actualizar conceptos sobre el Manejo Integrado de Plagas y la forma de evitar resistencia de plaguicidas”.

Respecto al modelo productivo de Almería no hay grandes diferencias, coincidimos en el mercado. Eso sí, “son lugares de muy alto poder adquisitivo, en cambio nuestra oferta está destinado 100% al mercado local. En términos de la infraestructura, las tecnologías son comunes”.

Asesor Santiago Brest, Plantinera Brest&Brest, Argentina

“El portainjerto implica cambio de variedades y de estructuras”

“En Argentina estamos partiendo en el uso de portainjertos, pero el paso al injerto no es solamente un cambio de una variedad por otra, va a significar modificar estructuras, demanda mucho tiempo y con todos los problemas que implica su manejo. Tenemos alrededor de unas  8 o 10 mil hectáreas en producción y unas 2 mil 500 ha con estructuras plásticas. En el vivero producimos alrededor 700 mil plantas injertadas por año entre tomate y pimiento”.

¿Cuál es el camino que van a seguir después que se termine el bromuro de metilo? “Estamos avanzando en el manejo integrado del cultivo y en manejo del compostaje. Estamos desarrollando diferentes hongos tales como trichodermas y micorrizas, los que están dando resultados muy alentadores”. Explicó además que su zona es privilegiada porque producen desde febrero/marzo a noviembre/diciembre y “nos quedan los meses de verano que son los de mayor luminosidad”.

Hace muchos años que no son dependientes del Bromuro de Metilo. “Un 80% es con solarización, lo que nos cuesta la cuarta parte del costo de bromurar, y también hacemos pasteurización del suelo.

Alejandro Zuleta
Alfonso Thomé
Cristóbal Morandé
Gian Franco Lombardi
Jorge Riveros
Pablo Acuña
Santiago Brest