Gramos que valen por toneladas

Empresa multiplicadora de semillas Maraseed

Rodrigo Marambio es ingeniero agrónomo de la Universidad Austral y comenzó su vida profesional en la Empresa Nacional de Semillas, ENS. En 1975 entró a la filial de la empresa norteamericana Petoseed que empezaba a operar en Chile. Trabajó allí hasta 1992, ocupando el cargo de gerente de producción los últimos 13 años. En esa fecha se retiró para fundar Maraseed, dedicada a la multiplicación de semillas de hortalizas. Hoy cuenta con producción en Curacaví, en Quillota-Limache y en el valle de Azapa. Por su instalación pionera en esta última zona, recibió el Premio Nacional de la Innovación Agraria, otorgado por FIA, en la Categoría Diversificación.

El 100% de lo que produce se exporta, aproximadamente el 85% a Holanda y el resto a Francia y EE.UU., proveyendo de cinco a seis distintas empresas.

 

Rodrigo Marambio revisa personalmente cada detalle del proceso.

- ¿Ellas entregan los materiales parentales?

- Nosotros lo que hacemos es multiplicar las variedades que ellos nos piden. Recibimos los parentales, pues casi toda la semilla corresponde a híbridos, la mayor parte de ellos anuales.

- ¿Qué especies manejan?

Principalmente tomate; después pimentón, pepino, melón, dentro de los híbridos, y entre las especies que no son híbridas, pero sí también de alto valor, lechuga libre de virus y endivia.

Garantía de sanidad

- ¿Cuánto influye en el negocio la capacidad de asegurar la sanidad?

- La sanidad de la semilla es básica. Uno de los aspectos más importantes es que el multiplicador tenga la capacidad de garantizarla, porque hay muchísimas enfermedades que se transmiten por semilla.

- ¿Es muy distinta la tecnología de producción de semillas de hortalizas a la de semillas de cultivos?

- Es muy distinta. El de las hortalizas es un mundo muy especial, con una enorme diversidad de especies. Se trata de semillas de alto valor pero pequeños volúmenes. Así como un kilo de maíz puede valer un dólar cincuenta, un kilo de pimentón vale 1.500 dólares. No hay proporción. Nosotros trabajamos en una especie de laboratorio, donde hay protocolos muy estrictos relacionados con el orden y la forma de ejecutar los procesos.

- ¿Cuál protocolo aplican, por ejemplo?

- Estamos implementando un protocolo internacional que se llama GSPP, destinado a prevenir enfermedades. Hoy día las empresas venden semillas certificando su sanidad a través de laboratorios. Pero al efectuar los test algunos patógenos pueden quedar enmascarados por otros organismos, de manera que han aparecido enfermedades en semillas comerciales a pesar de venir certificadas. El protocolo busca implementar un nivel de control que evite toda posibilidad de ingreso de enfermedades al sistema de producción. De todas maneras la semilla va a ser llevada a análisis, pero más que el certificado del laboratorio vale la garantía de haber seguido un proceso meticuloso.

Se requiere gente con mística

- ¿Estos métodos requieren mucha capacidad del personal?

- Se necesita capacitación permanente. Como toda tecnología, evoluciona a diario. Hay que mantenerse al tanto y estar formando no solo a los profesionales, sino también a la gente que opera, a los trabajadores. Deben tener conciencia de lo que están haciendo, porque al final son ellos los que hacen la pega. Si no le dan importancia a sus tareas, o no les gustan, es muy difícil obtener un buen resultado. Se requiere gente con mística. No es fácil, hay que hacer un montón de cosas para que tengan ganas.

- ¿Cuántas personas trabajan aquí?

- Desde noviembre a febrero tenemos 300 personas.

- ¿Todas capacitadas?

- Toda la gente pasa primero por una capacitación. Y durante el cultivo se realizan puestas al día, de lo contrario rápidamente se cae en la rutina. Ahí está el riesgo.

- ¿Cuántos profesionales y técnicos hay dentro de la empresa?

-Tenemos cinco agrónomos, de siete a diez técnicos agrícolas. Todo el resto corresponde a personal formado acá, porque la producción de semillas de hortalizas no es un rubro en que se salga especializado de una carrera.

- ¿De dónde se nutren de tecnología?

- En buena medida de los proveedores de semilla. También con viajes para visitar a los clientes, instituciones, Internet. Asimismo tenemos bastante contacto con universidades, especialmente la Católica de Valparaíso.

- ¿La producción es muy requirente de pesticidas y fertilizantes?

- Toda la fertilización se hace a través del riego. Respecto a los pesticidas, los utilizamos para el control de plagas y enfermedades, en general en forma preventiva. Tratamos de usar los productos menos dañinos, especialmente para la gente que los aplica y quienes trabajan después en los cultivos.

Pureza genética

- Aparte del aspecto sanitario, ¿qué puntos críticos necesitan atención?

- Junto a la sanidad, la otra variable relevante es la pureza genética: que las semillas sean exactamente el resultado de la cruza del parental a con el b, y que no haya la intromisión de un polen externo o de una autopolinización. Al final ambos aspectos se traducen en una palabra: exportar calidad. En Chile tú puedes lograrlo, lo que no ocurre en todas partes del mundo. Los precios que obtenemos son comparativamente altos respecto de otros países. Las empresas han ido a lugares donde la mano de obra es más barata que la nuestra, pero no han obtenido la misma calidad. Aquí hay muchos años de experiencia, tenemos profesionales y mano de obra calificados, hay empresas serias, contamos con el SAG, también, que cumple un rol fundamental en la sanidad y en la seriedad del negocio. Eso es un capital nacional.

- ¿Cuántas empresas como Maraseed existen en Chile?

- En ANPROS hay alrededor de 67 empresas inscritas, la mayor parte focalizada a las semillas grandes: cereales, forrajeras, etc. Dedicadas únicamente a hortalizas somos bastante pocas, máximo un 10%.

- ¿Hay competencia entre tan pocos?

- Siempre hay competencia, sin duda, pero la principal está afuera, sobre todo en países con mano de obra barata: Guatemala, México, China, India, por ejemplo. Como ellos han ido perfeccionándose, nosotros tenemos que mejorar cada vez. Debemos estar conscientes de que los precios nuestros son más altos y van a seguir incrementándose, de que el tipo de cambio resulta desfavorable para la exportación, de que hemos experimentado un desarrollo como país en los últimos años donde los sueldos aumentaron y debieran seguir al alza, como es lógico.

Productividad: donde más podemos mejorar

- ¿Cómo andaremos en productividad?

- Es el punto donde uno tiene más posibilidades de mejorar. Un trabajador nuestro logra un rendimiento inferior al de uno de un país desarrollado. En Holanda los operarios pueden ganar al día 100 euros fácilmente, algo incomparable con lo que pagamos nosotros. Y no es que los trabajadores sean holandeses, porque muchos son inmigrantes de países también subdesarrollados. La organización, la disciplina, la infraestructura lo hacen posible. En ese espacio podemos crecer muchísimo, porque la gente nuestra es tan inteligente como en cualquier parte del mundo. Dar la capacitación, organización, infraestructura es el requisito para alcanzar el nivel de eficiencia que nos permita competir.

- ¿Cómo ve usted las plantas de producción de semilla en Holanda?

- La diferencia va del cielo a la tierra. ¡Uf!, el nivel es absolutamente distinto. Desde luego, ellos tienen un clima muy adverso, por lo tanto lo manejan artificialmente. Son invernaderos de vidrio, con calefacción, luz, ventilación… Tienen un monitor dentro del invernadero para dar las condiciones ideales: temperatura, CO2, todo lo que la planta necesita.

- ¿Pero ese es nuestro futuro o apuntamos a ser una alternativa?

- Si nos referimos a Holanda, no es necesario alcanzar su infraestructura, justificada por el clima. En ese aspecto tenemos una condición más favorable. Mejorando un poco nuestra infraestructura, podemos dar un salto. No necesitamos invertir 2 millones de euros por hectárea, como hacen ellos.

Control del uso de productos: una selva

- ¿Qué relevancia tiene la condición sanitaria del país?

- Tenemos la ventaja de la aislación natural: la cordillera, el desierto, el mar. Somos una isla desde el punto de vista sanitario y el SAG hace un eficiente trabajo. Sin embargo tenemos la desventaja de que hay muy poco control en el uso de productos químicos. Cualquier agricultor va, pide un líquido para el gusano, le venden cualquier cosa y él vuelve a aplicarla al tomate, al poroto, a lo que sea, sin conocer la carencia, sin preocuparse del que se lo va a comer ni del medio ambiente. En ese aspecto el país es una selva todavía.

- ¿En qué los afecta eso a ustedes?

- Aunque yo quisiera tener control biológico, no saco nada si el vecino va a aplicar una bomba atómica para matar sus insectos. El cambio tiene que hacerse a través de las autoridades, de normas que debiera fijar el SAG. Sé que se han hecho estudios avanzados al respecto, pero llevarlos a cabo no es fácil y requiere voluntad política. Esto debiera llegar a ser como los medicamentos, que se venden con receta.

- ¿Cómo controla ese problema?

- Una de las razones para instalarnos en Curacaví fue el tratarse de un área comparativamente aislada. No hay otras empresas de semillas cerca ni es una zona importante de producción de hortalizas de mercado fresco. Por lo tanto no hay gran presión de plagas o enfermedades como, por ejemplo, en Quillota o Limache.

- ¿Quiere agregar algo que le parezca relevante?

- Debemos poner énfasis en la capacitación de la mano de obra, no solo los de planta, sino también los temporeros. Trabajamos con 300 personas, pero si quisiéramos 350, no las tendríamos o bajaríamos mucho la calidad. La gente tiene cada vez menos relación con la agricultura, es más urbana. También muy importante resulta la capacitación humana de las personas, bastante desamparadas desde el punto de vista de cómo manejar su diario vivir. Su eficiencia en el trabajo se ve muy afectada por los problemas personales, derivados de la pobreza, de la ignorancia, del medio en que viven. Eso influye en que no pueden desarrollar bien su trabajo, y también provoca un gran ausentismo. Nosotros trabajamos con muchas mujeres, que tienen un montón de responsabilidades. Es enorme la cantidad de inasistencias por problemas familiares, personales, de pareja, económicos, de salud, que no logran solucionar. Tienen problemas con los ancianos, dónde dejar a los niños, dificultades con los enfermos… Que hay que sacar el número… Que hay que hacer la cola…. La mujer, aparte de llevar la plata a la casa, tiene que lidiar con todos esos temas. A cada rato piden permiso. Los hombres en ese sentido son nulos, no saben ni dónde ir a hacer el trámite. Nosotros y las autoridades, evidentemente, tenemos que aportar a solucionar esos problemas.

 

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