Agrícola y comercial Vegus Ltda. La mayor productora de hortalizas orgánicas del país

 

Comenzó hace algo más de diez años y hoy es el principal productor orgánico de hortalizas en el país. Con una amplia paleta, de más de 20 productos, abastece a importantes supermercados y restaurantes. Sin embargo, confiesan que el mercado ha crecido más lento de lo esperado. Un aspecto clave es la falta de insumos certificados necesarios para lograr una producción segura y rentable.
Por Jorge Velasco Cruz
Fue en 2005 cuando Agrícola y Comercial Vegus Ltda. decidió apostar por las hortalizas orgánicas. La empresa nació por una iniciativa de los supermercados, Líder en un comienzo y Jumbo después. “Nos pidieron que hiciéramos un proyecto de hortalizas orgánicas. Había muy pocos productores y los que estaban, trabajaban para las ferias, un mercado diferente. Nos metimos en este negocio, pensando que iba a ser más atractivo del que vemos hoy en día. Aparte, siempre hemos sido agricultores: tenemos lechería y ganadería. Por eso, sabemos las bombas de químicos que le ponen a las hortalizas y queríamos producir alimentos más sanos. En consecuencia, se mezcló la petición de los supermercados y nuestra visión sobre las hortalizas”, resume Felipe Guzmán, socio y gerente general de Vegus. 
Desde su fundación, la evolución del mercado orgánico ha sido paulatina. “Al principio, costó que penetrara en la conciencia de las personas. Había una confusión entre lo orgánico y lo hidropónico, se desconocía el tratamiento que requiere una planta orgánica a diferencia de una convencional”, recapitula Guzmán. 
Pero en conjunto con sus clientes –los supermercados- fueron educando a los consumidores para que valoraran las propiedades de este tipo de productos, aunque en algunos casos sus calibres fueran inferiores a los convencionales. Hoy venden hortalizas orgánicas a supermercados Jumbo, Unimarc, Wallmart y restaurantes, con una logística propia: con camiones despacha en forma centralizada a centros de distribución, desde donde salen las hortalizas al resto del país, y también de manera directa, especialmente al sector oriente de Santiago, donde se ubica mayoritariamente el público objetivo al que van los productos orgánicos.
En la actualidad, Vegus es la mayor empresa de hortalizas orgánicas del país. “Hay muy pocos productores, porque como es una agricultura de nicho, el volumen es chico y no da para crecer fuerte. En las cadenas de supermercados hay entre tres y cuatro marcas. Es un trabajo lento y que ha costado mucho”, confiesa el gerente general de Vegus. Hoy la empresa dispone de un total de 100 hectáreas: 25 en Quilicura (el único terreno arrendado) y 55 en Lampa, Región Metropolitana, y otras 20 en Villarrica, Región de la Araucanía, que están vinculadas a un proyecto ganadero que tiene una compañía asociada. 
Vegus tiene estos predios y su planta de envasado y proceso certificados por IMO Chile, bajo la ley chilena N°20.089 de 2007, que rige la producción y comercialización de productos orgánicos en el país, y que no permite el uso de material genéticamente modificado, como tampoco una amplia gama de plaguicidas y pesticidas, lodos y otros residuos de tratamientos de aguas servidas.  
A su vez, desde hace tres años la empresa está certificada por Rainforest Alliance, una entidad internacional que promueve la conservación de la biodiversidad y la sostenibilidad a través de buenas prácticas laborales, de uso de suelo, productivo y de comportamiento de los consumidores. Vegus es, de hecho, la única productora de hortalizas validada por esta entidad en Chile. “Estamos cumpliendo estándares bastante exigentes, lo que nos da de cierta manera una posición diferente en el mercado”, dice Felipe Guzmán.
En la compañía miran con mucha atención lo que ocurre en el extranjero con el mercado orgánico. Por eso, este año trajeron dos expertos alemanes para que evaluaran la producción, determinaran sus deficiencias y les recomendaran cómo es posible mejorar. Posteriormente, los ejecutivos de Vegus viajaron a Alemania para conocer la realidad del sector en ese país. “Todo lo relacionado con la agricultura orgánica viene trabajándose hace 40 años, con respaldo del Estado, que entrega un cierto aporte por hectárea. Además, les compra sus producciones para lugares como hospitales o colegios públicos. Por otra parte, como el volumen es mayor, los agricultores pueden mecanizarse”, comenta el ejecutivo.
25 PRODUCTOS DIFERENTES POR TEMPORADA
Los diversos predios que tiene Vegus permiten completar una amplia paleta con cerca de 25 productos diferentes al año, lo que los convierte en el productor orgánico con mayor surtido del país, gracias a la variabilidad geográfica y climática que les permite la operación en la zona centro y sur de Chile. 
Vegus ofrece una paleta de más de 25 productos, que abastece de manera segura durante el año a los supermercados.
Entre ellos, los principales son rúcula, espinaca, cebollín, lechuga por unidad y procesada de cuarta gama para ensaladas. A ellos se suman productos de estación, como zapallo italiano y de guarda y melón en verano, repollo, coliflor y brócoli en invierno. En el sur las plantaciones (zapallo butternut, zanahoria, betarraga, papa y espinaca) se llevan a cabo entre finales de septiembre y comienzos de octubre, para producir hasta abril. “El producto más fuerte en Villarrica es la papa. Hoy tenemos cuatro hectáreas, pero comenzamos con siete. Tuvimos graves problemas productivos. Detuvimos el programa y ahora, con la asesoría de los alemanes, esperamos volver a crecer”, dice Guzmán. 
Una de sus principales cultivos corresponde a lechuga, a las que destinan entre 15 y 17 hectáreas al año. Cultivan tres variedades -butterhead, canasta y achicoria- que representan una oferta distinta a la tradicional compuesta por costina y escarola. “No trabajamos esos formatos (los tradicionales), dado que no hemos tenido buenos resultados. Si bien la costina y la escarola son las que mueven el mercado, tenemos aquí una desventaja. Como el calibre orgánico es muy pequeño, en la góndola siempre es una lechuga muy castigada. El consumidor busca volumen: pagar lo menos posible por algo que le rinda lo más que se pueda”, comenta el socio de Vegus. 
Sus volúmenes alcanzan a 35.000 unidades promedio de cada tipo de lechuga al mes, dándole dos a tres rotaciones al cultivo al año. “Manejamos variedades bastante rápidas en el verano: en 45 días están listas y en invierno suben a 100 días hacia arriba”, afirma Felipe Guzmán. 
Entre las otras especies, Vegus le destina 10 ha anuales a la espinaca, entre siete y ocho a cebollín, ocho a rúcula y sectores más pequeños de media hectárea a tomates cherry (los que se venden en clamshell y en las ensaladas) y zapallos, entre otros. 
RENDIMIENTO PROMEDIO 30% MÁS BAJO PERO MÁS RENTABILIDAD
Una de las consideraciones que se tienen al momento de hablar de agricultura orgánica, es que, por lo general, los volúmenes de producción son menores a los tradicionales, tanto por el tamaño de las hortalizas como por la cantidad de unidades, cuyo rendimiento es un 30% más bajo en promedio. Por eso, uno de los aspectos claves está en producir los cultivos más rentables. 
Dedica anualmente entre 7 y 8 hectáreas al cultivo del cebollín.
-¿De qué forma deciden cuáles son los productos a sembrar?
-El pool de productos nace de nuestra trayectoria, de los que sabemos que somos buenos en producir durante todo el año, donde vamos a tener las menores enfermedades posibles y el clima es más favorable. Sobre esa base conversamos con nuestros clientes y les mostramos la paleta anual de productos que les podemos ofrecer, sin mayores quiebres. Porque el problema que tenemos como productores orgánicos es que si hay un quiebre por algún motivo, no tenemos dónde salir a comprar y reemplazárselo a los clientes: por ejemplo, en la variedad de cebollín (bunching performer) que yo hago, soy el único en Chile que lo cultiva de forma orgánica. Ésa es una gran desventaja que tiene el rubro, porque en este caso el convencional sale a comprar, repone y no pierde esa venta. 
-¿Por qué no dedicarse sólo a uno o dos productos más rentables en vez de a una canasta de 20 ó 25?
-Porque el consumidor orgánico quiere una paleta variada. La persona que es íntegramente orgánica, pide que ojalá todo lo que coma lo sea: legumbres, espaguetis, hortalizas. Sin embargo, hoy encuentra sólo algunos productos de este tipo y nosotros le tratamos de dar la posibilidad de que pueda comer, en lo fresco, la mayor cantidad y variedad posible. Por otra parte, al supermercado no le gusta tener una góndola orgánica reducida, donde la mitad sea lechuga y la otra sólo espinaca. 
-Son productos bien especiales, tanto porque son orgánicos como por el tipo: rúcula, cebollín, etc…
-Todo esto es un nicho en el cual, si te enfrentas a una góndola en un supermercado, lo orgánico es la mínima expresión. Hay un público muy pequeño que está dispuesto a comprarlos, que ha ido creciendo pero no de una manera brutal que nos permita hacer economías de escala. El alza ha sido bien errática, no ha sido constante. Creció al comienzo y después se mantuvo un tiempo. Más tarde volvió a crecer, se mantuvo e incluso tuvo un pequeño retroceso. En los últimos dos años ha tendido a crecer sobre el 10%. Pero nosotros esperábamos en un principio que este rubro creciera mucho más fuerte. 
Los principales cultivos son la lechuga y la espinaca, con 17 y 10 hectáreas destinadas al año, respectivamente.
ASPECTOS PRODUCTIVOS Y CUIDADOS PRINCIPALES
-¿Cuál es la lógica de trabajar en la Región Metropolitana y en la Araucanía?
-Se complementan en que, por una parte, los costos de la mano de obra en el sur son un poco más bajos. A su vez, los niveles de sanidad de suelo son bastante beneficiosos para los cultivos que estamos haciendo. Pero el sur tiene el defecto del transporte: el flete representa un costo alto. Por eso pensamos en hacer producciones más masivas, como cebolla y papa, que permitan usar camiones y carros para optimizar el traslado. 
-¿Cómo se decide la rotación de cultivos?
-Por ejemplo, si colocamos lechuga en un sector, el próximo cultivo que entra tiene que ser de otra familia, como una brásica. Después entramos con zapallo italiano y volvemos con la lechuga. Nunca hacemos monocultivo. 
-¿Cuáles son las dificultades principales?
-Nuestro gran problema es el control de malezas, aunque en el sur hay menos presión. El sur está bastante más limpio en temas de enfermedades, pero allá tenemos la desventaja de la temperatura, que en las noches son bastante más bajas que las de la zona central en primavera-verano. Creemos que para ser exitoso en el sur hay que hacer un estudio acucioso y ver cuándo hacemos los programas de producción para evitar fenómenos climáticos como las heladas.
-¿Investigan qué otras especies se pueden incorporar a su oferta?
-Tenemos un sector en el campo donde estamos haciendo experimentos, vamos probando y desarrollando cosas nuevas. Queremos ir ampliándolo, ojalá muy vinculado a las universidades. 
TODAVÍA FALTAN MÁS Y MEJORES INSUMOS
Uno de las piedras de tope actuales en la agricultura orgánica nacional, tiene que ver con el abastecimiento de insumos. “El tema nutricional es muy limitado. El SAG ha hecho un trabajo importante en ir autorizando productos que puedan ingresar en la paleta que nos dejan utilizar; hasta hace cinco años había muy poca oferta y hoy día se han incluido más. Pero todavía falta. Lo que cuesta más introducir en el campo es nitrógeno, ya que los productos que están en el mercado son de baja entrega nitrogenada, por una norma de la agricultura orgánica. Yo creo que el desafío es tratar de traer más insumos desde el exterior o bien que sean producidos en Chile. Hay una posibilidad interesante ayudando a los agricultores a hacer buenas fertilizaciones para sus cultivos”, explica Felipe Guzmán.
-¿De qué manera suplementan el nitrógeno requerido?
-Es la barrera que tenemos, porque no hay disponibilidad de ese nitrógeno. Entonces, hay que batirse con la misma materia orgánica que hay en el campo. Tenemos que ir haciendo rotaciones también. Realizamos rotaciones en periodos largos con avena, que fija el nitrógeno a la tierra, pero económicamente no es muy viable dejar un terreno cinco o seis meses para capturar nitrógeno. Sólo lo hacemos cuando vemos que existe esa ventana de tiempo y no vamos a entrar con un cultivo. 
-¿Cuáles son las fortalezas y debilidades del mercado de los bioinsumos en Chile?
-Encuentro que el mercado de insumos orgánicos todavía es muy débil, hay poca oferta. Pero hace pocos años era mucho más débil todavía. Creo que hay una gran oportunidad para empresas de insumos para que se metan en los productos orgánicos, porque la tendencia va para allá. Me parece que falta un abanico más importante para que los agricultores podamos defendernos mejor contra las plagas, por ejemplo. Un área bastante débil es la de repelentes o plaguicidas para insectos. Si bien existen, no son 100% efectivos, sobre todo en primavera-verano, donde está la floración y vienen todos los insectos a reproducirse en forma bastante agresiva. Es el momento preciso donde hay que estar atentos con todos los manejos, porque si bien la hortaliza es diferente a los frutales, acá hay un pool de plantas muy juntas. Las diferentes enfermedades atacan a cultivos muy cercanos. Lo ideal es que no se crucen las plagas, pero eso no lo podemos evitar: como los volúmenes son tan pequeños, es muy difícil tener un campo destinado sólo a un cultivo. 
-¿Tienen, en ocasiones, que producir sus propios insumos?
-En algunos casos sí, como preparados de ají, que es similar a la biocapsicina, que funciona como repelente. Pero tiene la desventaja de que, mirándolo desde la perspectiva de negocios, no es económicamente viable. Lo hacen las personas del campo, que le dedican muchas horas a ello, pero no es el 'expertise' del negocio. Además, su efectividad no llega al 80%.