La polinización de frutales en Chile: Una actividad clave que debe ser profesionalizada

La polinización es un factor importante en la producción frutícola e impacta tanto en el rendimiento como en la calidad de la fruta. Algunos frutales que requieren de insectos polinizadores son almendro, duraznero, cerezo, ciruelo, manzano, peral, palto, kiwi (etc.), y el principal insecto polinizador de frutales es la abeja.

En Chile el servicio de polinización es un negocio marginal para los apicultores y una pequeña variación en el precio de la miel (18%) puede desincentivar la oferta de colmenas. Como veremos, en otros países productores de frutas la polinización es una actividad altamente profesional y representa el principal ingreso de la apicultura. En Chile ya se entiende que la polinización es una variable productiva y hoy se trabaja en normas de calidad y en generar estándares para las colmenas.

De acuerdo a Daniel Barrera, de ODEPA, el panorama de la apicultura de Chile se caracteriza por una alta concentración de colmenas entre las regiones de Valparaíso y del Maule. No obstante, los apicultores se concentran en el Biobío y la Araucanía, lo que indica que en el sur se trata de explotaciones más pequeñas.

Por sus condiciones y recursos, nuestro país podría llegar a contar con 800.000 colmenas en estado óptimo, casi duplicando el número actual de colmenas. Como referencia, el investigador Fernando Rodríguez de INIA La Cruz, calcula que en la región de Valparaíso hay sólo 55.000 colmenas. En teoría, con un requerimiento de 10 colmenas por hectárea en paltos y considerando que hay 22.000 ha de dicho frutal en la zona, el profesional estima un déficit de 165.000 colmenas para la región.

Un 81% de los apicultores acceden a las especies de bosque nativo para recolectar, y un 70% a especies frutales (un porcentaje a las dos fuentes de recursos) (INE-ODEPA). Esto significa que durante el período en que la colmena está ávida de polen y con abejas pecoreadoras, los apicultores requieren de distintos recursos vegetacionales para sustentar su crianza. “Pecorear” es la acción que realizan las abejas cuando salen a buscar polen, néctar y agua para abastecer a la colmena. Se estima que a dicha actividad le debemos el 85% de la polinización de los cultivos (entomófilos).

Según Daniel Barrera, la visión predominante en el país considera a la polinización como una “externalidad positiva” de la apicultura de la que se beneficia al agro. Para el especialista de ODEPA es necesario cambiar tal paradigma y comenzar a apreciar los servicios de polinización como una variable productiva. Los agricultores en lugar de ver como un favor el dejar entrar las colmenas al predio, deben manejar este factor igual que la tierra, la maquinaria o los insumos.

De hecho, en el mundo el servicio de polinización ha ido desplazando a la obtención de productos como principal negocio de la apicultura. Una de las razones ha sido la declinación de la acción polinizadora de las abejas en algunas áreas del planeta (síndrome de colapso de las colmenas o CCD por sus siglas en inglés). Diego Santa Cruz, de la Corporación Centro Nacional de Desarrollo Apícola, afirma que el principal responsable es el ser humano. La expansión humana ha provocado la pérdida de territorio disponible para estos insectos benéficos, a lo cual se suma que el impacto sobre el clima ha desincronizado y desequilibrado sus procesos esenciales. Por si fuera poco, la contaminación también ha influido de manera grave, principalmente por el abuso y el manejo inadecuado de los productos fitosanitarios.

Daniel Barrera, de ODEPA, mostró una fotografía de polinización manual en China, donde los remanentes de la aplicación de agroquímicos impiden la existencia de abejas en extensas zonas frutícolas y los productores deben contratar personas para “pecorear” huertos productivos.

   

En Chile no se ha llegado (¿todavía?) a situaciones como la descrita. Los productores de polen siguen contando con los servicios de las abejas (ver recuadro sobre los “fabricantes de polen”), pero el negocio de la polinización está lejos del desarrollo alcanzado en otras latitudes. Veamos cuáles son las razones.

Las cifras del negocio

Fancy Rojas, directora de CEAPIMAYOR indica que el 50% de las colmenas de la zona central en algún momento del año se involucran en servicios de polinización. Esto implica a sólo un 30% de los apicultores, de donde se deduce que son los más grandes quienes se dedican a este negocio. Mientras un apicultor polinizador de la región de Valparaíso tiene en promedio 407 colmenas y 317 el de la región de O`Higgins, un apicultor dedicado a producción de miel tiene en promedio 61 y 120 colmenas, respectivamente.

En general los prestadores del servicio suman esos ingresos a los de producción de miel, por lo que la polinización un ingreso secundario.

Incluso, dependiendo del precio, el servicio puede no ofrecerse en algunos años. En parte por las condiciones en que se efectúa, las que suelen tener un efecto negativo sobre la producción de miel. Una encuesta reveló que en la 5ª región quienes se dedican a la polinización ven reducido en un 38% el rendimiento de miel (16% en la 6ª región). Las razones se encuentran en factores de estrés, en la coincidencia con la floración de especies del bosque esclerófilo, y en la abundancia de paltos -que dan un bajo nivel de miel-, entre otras variables.

El promedio cancelado por colmena por temporada es de 8.500 pesos en O’Higgins y de $10.500 en Valparaíso, debiéndose la diferencia principalmente a la mayor superficie de paltos en esta última región. Sin embargo algunos apicultores declararon recibir sobre $16.000 más IVA por colmena en huertos de paltos.

Un ingreso estratégico para el apicultor

La polinización para muchos apicultores significa una fuente de capital de trabajo, especialmente al inicio de la temporada (agosto). La obtención de miel puede comenzar en diciembre y enero pero la cosecha fuerte es en febrero y marzo. Por lo tanto, aparte de cubrir los costos de las actividades de la invernada, hay varios meses en que se debe financiar la actividad sin obtener retornos. Entonces, los ingresos por concepto de polinización entre agosto y noviembre aportan capital de trabajo para cubrir costos variables.

Considerando los valores y rendimientos promedios de 2009, Fancy Rojas calcula que un apicultor dedicado solo a producir miel obtiene un ingreso bruto de $19.000 por colmena en la 5ª región y $25.000 en la 6ª. Por su parte, el apicultor que hace al menos una polinización recibiría $22.000 y $30.000, promedio por colmena en las zonas indicadas. Por lo tanto, sin considerar los costos, prestar este servicio aparece como una fuente adicional de recursos.

La comparación simple de las cifras arroja un resultado anual por colmena de $3.000 (Valparaíso) y $4.400 (O’Higgins) a favor de un manejo comercial que incluya los servicios de polinización. Sin embargo, la especialista de CEAPIMAYOR resalta que el “punto de indiferencia” se ubica entre un 17 y un 18%, respectivamente, para dichas zonas. En otras palabras, basta un aumento de 18% en el precio de la miel para que los apicultores prescindan de los ingresos por polinización.

Muchas de los apicultores declaran que aunque los servicios de polinización les significan un menor ingreso por la caída de los rendimientos de miel y un aumento de costos, lo que no sería compensado por el precio del servicio, igual realizan esta actividad para contar con una fuente de capital productivo al inicio de la temporada. La tendencia es más fuerte entre quienes se dedican exclusivamente a la apicultura, pues las personas con ingresos de otras fuentes los utilizan para financiarse en tanto se cosecha el producto.

La miel orgánica vale entre un 10 y un 20% más lo que la acerca al punto de indiferencia del apicultor. Fancy Rojas subraya que los principales polinizadores son los medianos productores o sea justamente quienes pueden asumir los costos de certificación requeridos por el mercado orgánico.

En resumen, para el apicultor las ventajas de polinizar frutales están en su aporte de capital de trabajo y que puede llegar a significar de un 50 a un 70% del total del negocio. Las desventajas apuntan a un aumento de costos; el involucrarse en un negocio distinto; el riesgo de perder calidad de colmenas por transporte, fumigaciones de huertos y falta de alimento; el potencial contagio de enfermedades desde otras colonias de abejas en el sector (infestación cruzada); posibles accidentes, entre otros.

Claras ventajas para los fruticultores

En estudios internacionales se usa un índice conocido como “factor de dependencia de polinizadores”, o sea el porcentaje de frutos o semillas que se logra a través de la fecundación entomófila. Fancy Rojas precisa que estos valores son discutidos pero que sirven como referencia. Por ejemplo, en manzano el factor es 0,8: de cada 10 manzanas, 8 se explican por la intervención de un insecto, y 2 son resultado de otras fuentes de polinización. En Chile se requiere investigar para determinar cuáles son los factores de dependencia de los polinizadores en distintas especies y, como veremos, ya se está avanzando.

Según especifica la directora de CEAPIMAYOR, los beneficios de contratar la polinización radican en la tercerización de servicios (sin riesgo) y en la posibilidad de aumentar la producción hasta en un 30%. Además de mejorar la calidad de los frutos.

No obstante también hay desventajas: el ingreso de personas ajenas al predio, un incremento en el riesgo de accidentes por el movimiento de colmenas, y el costo de contratar el servicio no se ve reflejado en la inversión sino en la producción, mientras que en el caso de comprar las colmenas sí sería una inversión.

Algunos hortofruticultores han optado por una integración vertical, adquiriendo colmenas para prescindir de los servicios externos. Pero para tomar una determinación así se debe resolver cuál es el valor del producto marginal. O sea, hasta dónde esta dispuesto a pagar por el beneficio que le aporta el servicio.

Fany Rojas señala que el principal referente para saber cómo se está contestando la pregunta anterior es el precio. El promedio de pago por colmena en el sector hortofrutícola alcanza los $9.650, cifra que, recalca, no satisface al sector apicultor.

En el caso de los productores de palta, que son los que pagan más por colmena (alrededor de $16.000), el costo representa un 2% del ingreso por hectárea. Ése, indica la profesional, es el valor que se asigna al servicio de polinización en esta industria, lo que califica como “bajísimo”.

No obstante, precisa, hay que estar conscientes de las deficiencias en la calidad de los servicios, con un reducido conocimiento de las necesidades de la demanda, así como una escasa claridad de los productores sobre qué exigir de los polinizadores.

Un aspecto fundamental, concluye Rojas, es trabajar una alianza horizontal o encadenamiento productivo, para lo cual se precisa más investigación y extensión. De lograrse se podría promover la especialización de los apicultores en un negocio estable, lo que les permitiría la dedicación necesaria para un mejor servicio.

La investigación está en marcha

Patricia Estay, de INIA La Platina, explica que desde hace algunos años el INIA trabaja en las bases técnicas que fundamenten una normativa de polinización.

Hay especies -apunta la entomóloga- como kiwis, peras, cerezas o paltos, donde los rendimientos por hectárea son inferiores a los de países competidores. Es el caso, por ejemplo, de Nueva Zelanda, que ha hecho un intenso trabajo en polinización con abejas.

Por razones fisiológicas una parte de las especies hortofrutícolas requiere de agentes entomófilos para su polinización. De ellos la abeja (Apis melifera) es el más empleado en el mundo; en Chile se utiliza corrientemente en almendro, cerezo, ciruelo japonés y europeo, manzano, peral, palto, kiwi, arándano, frambueso, frutilla, melón, sandía y tomate, entre otras especies.

En la Región de O’Higgins, por ejemplo, las abejas pueden polinizar entre agosto y enero (figura 1).

                     Fuente: Patricia Estay

En términos climáticos, la principal dificultad se asocia con las polinizaciones más tempranas, debido al ambiente frío. En diversas zonas las temperaturas mínimas en agosto y septiembre están bajo los requerimientos de Apis melifera, pues necesita sobre 12ºC para realizar un trabajo efectivo.

En el país el uso de abejas en polinización tiene otros dos problemas de consideración, recalca la profesional del INIA; por un lado, el tema sanitario, igual que en todas partes del mundo; y además se requiere una mayor profesionalización en su manejo.

En este último punto, los aspectos por resolver en Chile apuntan al tipo de colmenas más convenientes de usar, al número de abejas necesarias por hectárea de acuerdo a la especie hortofrutícola, a la secuencia de liberación de acuerdo a la floración, a las necesidades de alimentación suplementaria de invernada para llegar con colmenas adecuadas a la floración objetivo, a la distribución de las colmenas en el huerto, y al sistema de evaluación del material en terreno, o sea, cómo el productor frutícola verifica su calidad.

Otros aspectos importantes se relacionan con la ausencia de contratos de polinización en la mayoría de los casos y al ya comentado bajo precio del servicio.

Como se dijo, muchos fruticultores han decidido tener sus propias colmenas ya que, en buena parte por la ausencia de contratos, muchas veces se producen incumplimientos en las fechas en que las abejas son contratadas. Por ejemplo, carozos y pomáceas tienen períodos muy cortos de floración, de 5 a 7 días, por lo que basta un pequeño atraso para sufrir serias consecuencias.

Se requiere estandarizar las colmenas

Las condiciones de las colmenas, el número de ellas, la distribución, también suelen presentar falencias. Asimismo, el manejo de plaguicidas puede traer efectos graves para Apis melifera, de manera que se precisa la colaboración y preocupación del agricultor, quien, como se observa, tiene deberes que cumplir.

Otras variables a considerar son la disponibilidad de agua para los insectos, las distancias máximas de trabajo y los suplementos alimenticios.

Precisamente para dar solución tecnológica a esos factores se inició el proyecto INNOVA de CORFO “Polen apícola: producción, diferenciación y caracterización del polen” a cargo de Patricia Estay. Se busca definir los estándares de optimización del manejo y llegar a establecer una norma chilena de servicios de polinización. Se evalúan frutales como cerezo, ciruelo, manzano, peral, kiwi y palto. Aunque existe abundante bibliografía extranjera, se requiere de información local.

Mediante un ensayo en que se aislaron algunas yemas de la actividad de agentes polinizadores, en tanto otras se dejaron libres para la acción de los insectos, se buscó cuantificar el impacto del trabajo de las abejas en distintas especies. Por ejemplo en el caso de manzanos se demostró que sin la acción apícola no se produce cuaja y por lo tanto su aporte es fundamental en este frutal. En cerezos la misma prueba reveló la existencia de un porcentaje, aunque menor al 10%, de autopolinización en algunos huertos, dependiendo de la variedad.

Se probó por tanto la importancia de las abejas en la polinización de la mayoría de los rubros abordados por el proyecto.

Para establecer la relevancia de la calidad de las colmenas, se caracterizaron de acuerdo a una estandarización internacional (neocelandesa) como buena o estándar, regular y mala (cuadro 1).

Cuadro 1. Caracterización de colmenas de abejas para polinización.

            Fuente: Patricia Estay.

La población de abejas adultas es relevante pues las que salen a pecorear son aquellas que han cumplido 23 días de vida, en tanto las de menor edad permanecen en la colmena. Las que salen seleccionan el polen dependiendo de su calidad nutritiva y disponibilidad en las flores.

La cantidad de crías afecta el potencial polinizador de las abejas ya que si la colmena no tiene crías, la necesidad de ir a buscar polen va a ser mínima.

Los apicultores que prestan servicios de polinización deben establecer un sistema de preparación de sus colmenas para ofrecer un material de calidad. Pero, asimismo, mientras las abejas están el predio los agricultores deben adoptar medidas para colaborar en su eficiencia y mantenimiento. Algunas consideraciones reseñadas por Fernando Rodríguez:

  • Control de malezas en el huerto para evitar competencia.
  • Manejos para evitar enjambrazón (sin afectar polinización).
  • Control permanente de hormigas.
  • Mantención de caballetes libres de maleza.
  • Precaución con sistemas de riego.
  • Mantener fuentes de agua en lugares secos.
  • Monitoreo de enfermedades.

Enormes diferencias entre colmenas

Un análisis efectuado en un huerto de ciruelos mostró que al inicio de la polinización un 40% de colmenas calificaban como de calidad buena. Pero al término del proceso ese porcentaje había bajado al 10%. Está por determinarse qué ocurre durante ese período que genera un perjuicio tan evidente. También cabe preguntarse si está dispuesto el agricultor a pagar el costo del deterioro.

En ciruelos se trabaja en un período de temperaturas bajas, a fines de agosto y comienzos de septiembre (figura 1). La figura 2 muestra el efecto de la temperatura sobre la actividad de las abejas y, en espacial, la diferencia de rendimiento de una colmena estándar comparada con una colmena mala. Patricia Estay tiene datos en cerezo similares a lo observado en ciruelo.

Figura 2. Comparación de actividad pecoreadota en ciruelo. Número de abejas por minuto que ingresan con polen a la colmena.

El cuadro 2 muestra valores internacionales de requerimientos de actividad de las abejas para una buena polinización.

Cuadro 2. Requerimientos de actividad para una polinización adecuada en distintas especies.

                     *1.000 flores hembras abiertas.

Evaluaciones en diferentes predios y con diversas especies dieron resultados muy variables. Mientras en unos casos se sobrepasaban ampliamente las necesidades definidas a nivel internacional para los períodos de floración, en otros la actividad de las abejas resultaba muy inferior a la requerida.

En cuanto a la distancia de las colmenas respecto de los árboles, la bibliografía señala que una abeja es capaz de trabajar hasta 300 m de separación de la colmena. En un predio de kiwis se midió la cuaja, producción y calidad de frutos en plantas ubicadas a 4, 64 y 124 m de la colmena. No se hallaron diferencias significativas en el porcentaje de cuaja, pero sí las hubo en el peso de los frutos.

En cerezos se evaluó plantas a 3, 39 y 81 m de la colmena. Se encontró que, aunque había actividad a 81 m, sólo a 3 y 39 m se lograba el número de abejas por árbol recomendado internacionalmente. Esto se vio reflejado en el porcentaje de cuaja: 20,2% a 3 m; 11,3% a 39 m y 5,3% a 81 m. En número de frutos y peso, los resultados a 3 m superaron en forma amplia a los obtenidos en plantas ubicadas a 81 m de la colmena.

Asimismo, se evaluó la actividad de las abejas de acuerdo a la carga floral en paltos. Patricia Estay señala que la floración en los huertos es poco homogénea. Árboles con carga alta (sobre 60 panículas) presentaban la mayor cantidad de abejas, mientras los de carga baja (bajo 40 panículas) tenían el menor número: a 10 m de la colmena se contabilizaron 200 abejas por árbol en el primer caso contra 5 en el segundo.

Otro aspecto importante es la competencia entre especies vegetales. Hay colmenas que tienen mayor fidelidad hacia una especie que otras colmenas. Esta variable es estudiada por especialistas de la Pontificia Universidad Católica, a cargo de determinar el origen botánico de las muestras de polen recolectadas en terreno.

Por ejemplo, es conocido que la flor de palto presenta un bajo atractivo para las abejas. De acuerdo a Fernando Rodríguez, de INIA La Cruz, ello se debe a que es profunda, descolorida, tiene un leve sabor amargo, y su inflorescencia es esparcida. En presencia de otras flores las abejas prefieren a estas últimas. Respecto a la posibilidad de inducir una especialización de las abejas en un cultivo, Patricia Estay indicó la existencia de estudios italianos en kiwi que indican que la alimentación previa de la colmena con mezcla de néctar y polen de dicho frutal puede aumentar la atracción de las abejas.

De acuerdo a lo informado por la entomóloga, ya se cuenta con una acumulación significativa de los antecedentes, de manera que el INIA y la PUC, en conjunto con el Instituto de Normalización, trabajan en propuestas para ser presentadas a representantes de todos los sectores: apicultores, fruticultores, Estado, científicos, consumidores y otros. Mediante una metodología participativa se apunta a recogen sus puntos de vistas en reuniones de discusión o por Internet. En el mismo sentido se firmó un acuerdo entre Fedefruta y el Centro Nacional Apícola.    

*En parte la información para este artículo se obtuvo en el seminario “Polinización, un elemento clave para transformar a Chile en una potencia agroalimentaria” del último Fruittrade, y de una charla técnica de INIA como parte de un proyecto INNOVA.