Estudio de los fitopatólogos Bernardo A. Latorre y Gonzalo A. Díaz

Cancrosis de la madera en vides y efectividad de control

Una amplia prospección realizada entre 2009-2012 permitió recolectar sobre 700 muestras de vides, en parrones y viñas entre Atacama y la Araucanía, determinando las especies de hongos más frecuentes asociadas a cancrosis de la madera de la vid, que provocan un envejecimiento prematuro de las parras. Además compararon la efectividad de controlar la enfermedad con pasta fungicidas versus fungicidas líquidos.

El profesor de fitopatología de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dr. Bernardo A. Latorre y el doctorando de la misma facultad, ingeniero agrónomo Mg.Cs. Gonzalo A. Díaz realizaron un trabajo de prospección -desde Atacama hasta casi Temuco- de las especies de hongos más frecuentes que se encuentran asociados a las enfermedades de cancrosis de la madera en vides (uva de mesa y vino).

“Luego de años visitando viñedos comprendimos que este es un problema extendido”, señala Díaz, quien realizó el trabajo en terreno. “Muchos agricultores y viñas grandes, conscientes del problema en sus campos, han estado demandado información, por lo que nos dimos cuenta de la necesidad de generar esa información”, complementa Latorre.

Las enfermedades de la madera en vides se caracterizan por producir daños en la madera como tal, pudiendo generar distintos tipos de pudriciones y necrosis en troncos y brazos, es decir un cancro. Los síntomas aéreos que se pueden observar son entrenudos cortos, hojas de menor tamaño, deformación de la lamina foliar (depende del cultivar) y clorosis marginal, así como la presencia de pitones y brazos muertos. Por tal motivo un nombre más adecuado y preciso de las enfermedades de la madera -enfermedad de Petri, brazo muerto o enrollamiento clorótico- es cancrosis de la madera de la vid.

“La cancrosis del tronco de la vid se conocen desde hace mucho tiempo en Chile y en el mundo, continúa Latorre, pero los agentes causales se han venido dilucidando recién desde hace cerca de 10 años a nivel mundial y en Chile estamos recién en fase de estudio”. Explican los científicos que estas son enfermedades muy importantes, que envejecen parrones y viñas, y que finalmente pueden determinar arrancar el parrón (o la viña) mucho antes de lo previsto. “Cuando existe una alta prevalencia a los 12 ó 15 años la productividad baja de tal manera que el agricultor se ve obligado a reemplazarlo. Son problemas muy frecuentes y de gran importancia”, apuntan.

Agregan los fitopatólogos que han conocido muchos casos en que las enfermedades de la madera son la causa de que los agricultores hayan tenido que arrancar un parrón antes de tiempo. “Normalmente después del año 7-8 se acentúa el problema. En Nancagua conocimos un parrón que presentaba un 80% de prevalencia y que por lo tanto era muy poco productivo”, ejemplifica Latorre.

Estas enfermedades que producen cancros de la madera inicialmente tienen efectos localizados pero poco a poco van comprometiendo a toda la planta. Según los investigadores son enfermedades de lento desarrollo, que en algunos casos pueden comenzar el primer año de formación de la planta, pero cuyos síntomas se pueden evidenciar luego de 10 años. “Estimamos, dice Díaz, que los síntomas se pueden observar desde el 7º u 8º año en adelante. Lo que no excluye que puedan aparecer antes”.

“Desde hace tres años que en el laboratorio de patología frutal de la facultad nos hemos dedicado de manera más sistemática a estudiar este problema. Así mismo, desde hace algunos años que el panorama mundial se ha ido clarificando. Muchos investigadores que han trabajado en esto han descrito nuevas especies de hongos e incluso géneros antes totalmente desconocidos para la ciencia (Drs. Ramón Úrbez-Torres, Mark Sosnowski, Doug Gubler y Francois Hallen, entre otros). Eso fue dando luces de cuáles eran los agentes causales de estas enfermedades”, afirma Latorre.

Así mismo explican que estas enfermedades pueden afectar tanto la producción o rendimiento de un parrón o viña como la calidad del producto. “La uva producida en madera afectada muy posiblemente no logre los niveles de azúcares y otras características esperadas del cultivar, lo que afecta la calidad del vino que se produce o la calidad de poscosecha de la uva de exportación”.

SON VARIAS LAS ESPECIES DE HONGOS INVOLUCRADAS

-Entonces, ¿los agentes causales serían globales más que locales?

Latorre: -En Chile nos faltaría solamente uno, puesto que a pesar de todos los estudios y muestreos de Gonzalo Díaz, no hemos podido encontrar. El hongo ascomicete Eutypa lata, descrito en California en los años 70’, cuyos síntomas son muy parecidos a los que vemos acá. Sin embargo nunca se ha encontrado en Chile. Más allá de ese caso, todas las demás especies se encuentran en todas las zonas productoras de vid del mundo.

Díaz: -Es interesante hacer notar que de las 700 muestras analizadas hasta la fecha, recolectadas en los tres últimos años, mayormente en parrones, predomina la especie de hongo Phaeomoniella chlamydospora, lo que posiblemente difiere de lo que ocurre en otros países. Si bien P. chlamydospora forma parte del complejo en el resto del mundo, no es tan predominante o tan importante como se presenta en Chile.

Explican los fitopatólogos que estas enfermedades son provocadas por un complejo de patógenos, en el que participan especies de hongos de mayor o menor predominancia. Es decir, no es una especie de hongo sola o aislada la que provoca el problema. “Tranquilamente pueden haber 9 especies de hongos asociadas. Sin embargo, los más frecuentes y agresivos, y que hemos descrito en varios trabajos, son tres: Phaeomoniella chlamydospora, Inocutis sp. (hongo basidiomicete) y Diplodia seriata”, dice Díaz.

Sobre si estas especies de hongos se pueden encontrar solas o aislada de otras, los entrevistados señalan que se asume que en los primeros estados se presenta solo una especie de hongo y que a medida en que pasa el tiempo se van incorporando otros hongos al complejo. “Estos últimos activan su fase patogénica cuando la planta está debilitada o bajo estrés, lo que está muy asociado a los manejos que se hacen en el huerto”, agregan.

Las especies y combinaciones de especies de hongos que enferman la madera de las vides en Chile, según el estudio, no cambian mayormente entre Atacama y Temuco. “Lo que suelen cambiar son los hongos menos frecuentes. Pero los más frecuentes y mayoritarios son siempre los mismos. Al principio pensábamos que habría diferencias pero -por ejemplo- Phaeomoniella no cambia y está presente en todos los predios”, afirma Díaz.

MECANISMOS DE CONTAGIO Y DISPERSIÓN

-¿En la dispersión de estos hongos puede que participen elementos tales como, por ejemplo, tijeras para podar?

Latorre: -Nosotros postulamos que el vehículo más importante es el viento y la lluvia con su arrastre superficial y el salpicado que provoca. Probablemente, cuando hablamos de contagio desde una planta enferma (o restos de poda contaminado) a una planta sana, no es otra cosa que la combinación de viento y lluvia.

Díaz: -Sobre el contagio a través de herramientas hay publicaciones que han demostrado que es posible pero creemos que la probabilidad es muy baja. Aunque obviamente es un riesgo.

-¿Puede ser que algunas de estas especies de patógenos ya estén presentes en las plantas del vivero?

Latorre: -Eventualmente. También puede ser que la enfermedad esté en el patrón y no en el injerto. Estas enfermedades no solamente afectan a las plantas en producción sino que también al material de propagación, ya sean estacas o plantas nuevas. Un buen trabajo de vivero puede minimizar el riesgo de aparición de estas enfermedades en una plantación nueva pero si se tienen otras especies de hospederos u otras vides cercanas, que estén enfermas, existe la posibilidad de que las plantas del huerto se enfermen. Es muy difícil que, cualquiera sea la medida, se erradiquen totalmente los patógenos. Siempre subsisten en alguna parte.

Díaz: -Por esa razón es tan importantes realizar estudios epidemiológicos, para dilucidar dónde se encuentran estos hongos o dónde, a parte de la vid, pueden estar. Estamos comenzando estudios que ya señalan información que nos va a permitir resolver cómo se comportan estos patógenos. Pero son estudios preliminares y se requiere profundizar más en esos aspectos.

Así mismo señalan que los agricultores suelen propagar sus propias plantas, desconociendo que el material con que trabajan está enfermo, puesto que al momento de la propagación las plantas no mostraban síntomas o estos eran muy poco notorios. “Esa podría ser la causa de que ahora se haya incrementado tanto el problema”, dicen.

PASTAS FUNGICIDAS VS ASPERSIÓN PARA PROTEGER CORTES DE PODA

Los manejos de poda, debido a las heridas que se provoca en las plantas y a la época en que se realizan, son labores en que existe una alta probabilidad de contagio o de infección. En esas circunstancias las alternativas de control son meramente preventivos, aplicar fungicidas químicos incorporados en pastas de poda o aplicados como fungicidas líquidos con máquina pulverizadora. Por esta razón los investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica también estudiaron la efectividad del control preventivo de cortes de poda realizado en base a estas dos técnicas, las que presentan costos y velocidades de cubrimiento muy diferentes; siendo la aspersión de fungicida mediante maquinaria el método más rápido y barato. “Lo que hace muy interesante desarrollar y mejorar la efectividad de las aspersiones de fungicidas, dice Latorre. Es algo muy interesante que se debería estudiar”.

En el caso de los ensayos del estudio (ver resumen de ensayos realizados en cv. Cabernet Sauvignon), las aplicaciones de fungicidas líquidos, en remplazo de las aspersiones, se hicieron manualmente. “Este no es un aspecto agotado. Hay que seguir investigando y es posible que si se corrigen las dosis, el tipo de maquinaria, etc., se pueda mejorar la efectividad de las aplicaciones comerciales. Sin embargo hay que recordar que las pastas no solo contienen el o los ingredientes activos sino que además anteponen una barrera física que seguramente cumple un rol protector per se y además ayuda a la retención del producto”, precisa Bernardo Latorre.

Por su parte Gonzalo Díaz señala que “en la realidad comercial, uno de los problemas que se presenta con las pastas de poda -cuando la escala productiva es muy grande y se debe podar una gran superficie- es que se espera a que se pode hasta la última rama para comenzar a aplicar la pasta. Eso puede tardar semanas y, por ejemplo, una alternativa sería que en tanto se termina de podar un parrón o viñedo se realice una aspersión, de modo de ganar tiempo antes de la aplicación de la pasta de poda”. Esto ya que en la poda es muy importante cuánto tiempo se tarda en cubrir las heridas y así mismo es importante escapar de las lluvias para evitar la dispersión de los hongos.

LOS PRODUCTOS EVALUADOS EN EL ESTUDIO

Los investigadores probaron diferentes fungicidas de uso común en vides, pero normalmente registrados con otros propósitos. Por ejemplo para control de oidio o botritis.

Por lo general los ingredientes activos de los fungicidas incorporados en las pastas de poda no fueron desarrollados contra hongos de la madera. “Las pasta fungicidas contienen formulaciones orientadas a los hongos de la madera pero sus ingredientes activos fueron desarrollados para otros propósitos. Ocurre que con el tiempo se prueba la efectividad de un compuesto en usos diferentes al objetivo inicial. Muchos de estos productos las grandes compañías los desarrollan contra oidio o contra botritis porque son las enfermedades con efectos más inmediatos y severos. Nosotros probamos el comportamiento de algunos de esos compuestos como protectores de madera”, afirma Latorre.

Según Gonzalo Díaz, los productos analizados en el estudio “son la punta del iceberg ya que ensayamos un gran espectro de compuestos. Los que aparecen en el resumen solo son aquellos productos que mostraron el mejor comportamiento o mayor efectividad de control. Los productos que mostraron un nivel de control insuficiente y que no aparecen en el resumen, también eran fungicidas de uso común en viñedos y parronales”.

El Dr. Bernardo Latorre explica que como primera conclusión del estudio realizado se puede afirmar que no cualquier fungicida, de los que generalmente se aplican en las pastas, va a lograr un buen control. “En general es difícil lograr un buen control debido a la naturaleza misma de estos hongos y a cómo penetran. Ahí radica la importancia de seleccionar el fungicida o mezcla correcta y la mejor forma de aplicación”, señala el investigador.

Resumen de estudio presentado el pasado Congreso Nacional de Fitopatología:

“ASPERSIÓN Y PASTAS FUNGICIDAS EN LA PROTECCIÓN DE CORTES DE PODA EN VID”

Gonzalo A. Díaz y Bernardo Latorre

Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. (gadiaz@uc.cl)

La cancrosis de la madera (CM), asociada a Phaemoniella chlamidospora (Pc), Basidiomicetes (Ba) y Diplodia seriata (Ds), es una de las principales enfermedades de la vid (Vitis vinifera) en Chile. En cortes transversales de brazos y/o trancos enfermos es posible observar simultáneamente necrosis vascular (NV), pudrición dura parda oscura y blanda de coloración blanca amarillenta. En este trabajo se evaluó la efectividad de aspersiones y pastas fungicidas en la protección de los cortes de poda (CP) contra Pc, Ba y Ds. Una evaluación inicial en estacas cortadas de vid ‘Cabernet Sauvignon’ demostró que las aspersiones de benomil al 1,0%, metil tiofanato al 1,0%, tebuconazol al 0,5% y pyraclostrobin al 0,1% otorgaron una protección superior al 80%. En forma similar, fenhexamid 0,03%, fosetyl aluminio 0,2%, pyrimetanil 0,05%, tuvieron una efectividad de 61, 67 y 68%, respectivamente. En función de estos resultados se evaluó la efectividad de benomil, pyraclostrobin, tebuconazole y metil tiofabato, aplicados en aspersión y pasta en vid ‘Cabernet Sauvignon’ en Alto Jahuel y Nancagua. Los fungicidas se aplicaron en CP y luego de 24 hse inocularon con micelio de Pc, Ba y Ds. Las pastas fungicidas fueron más eficaces que la aspersión (p = 0,05), siendo Benomil, metil tiofanato, tebuconazole y pyraclostrobin los tratamientos más efectivos (75, 74, 68 y 67% respectivamente). En conclusión, las aplicaciones de pasta proporcionan mayor protección que las aspersiones. Es posible que la efectividad de las aspersiones pueda mejorar al incrementar la concentración de los fungicidas, lo cual debería ser sometido a evaluación en estudios posteriores.

Grafico del ensayo en C. Sauvignon en valle del Maipo. Comparación de la efectividad en el control de Phaeomoniella chlamydospora con tratamientos preventivos formulados como pasta versus líquidos