Dr. Renato Ripa del CEA:

“Apuntamos a utilizar todas las herramientas en apoyo del agricultor”

El Manejo Integrado de Plagas (MIP) utiliza diferentes herramientas, entre otras el Control Biológico. El entomólogo Dr. Renato Ripa explica que un programa MIP debe costar -a lo más- igual a un programa tradicional y que las claves del éxito están en capacitar, monitorear y en tomar decisiones racionales de aplicación, ojala de productos químicos ‘más verdes’. Además advierte que la aplicación de agroquímicos es una de las labores que peor se realizan en Chile.

El Centro de Entomología Aplicada (CEA) nace producto de la sociedad del ingeniero agrónomo, doctor en entomología, Renato Ripa y la ingeniero agrónomo Pilar Larral. Ambos vinculados por años a INIA La Cruz. “Estamos trabajando con empresas del área privada en el registro y validación de productos, con productores y empresas exportadoras de frutas en, por ejemplo, la implementación de programas de Manejo Integrado de Plagas y también con empresas orientadas a la producción de enemigos naturales”, explica Ripa. El CEA es un centro experimental reconocido por el SAG “como tal, dice el entomólogo, podemos hacer todos los ensayos necesarios para el registro de productos, evaluar su efectividad, etc.”

Conceptualmente el CEA está decididamente orientado al Manejo Integrado de Plagas, es decir, a integrar diferentes herramientas, entre ellas Control Biológico, al manejo de especies de insectos que afectan a los cultivos agrícolas.  “La industria esto ya lo ha incorporado porque tiene claro lo limitante de las restricciones sobre los residuos de agroquímicos. Saben que se debe aplicar el mínimo de veces, lo más temprano posible y ojala con productos de registro amplio”, señala Ripa. 

Es decir, promueven el uso de productos de perfil ecológico o más verde. “Pero además buscamos que la aplicación de químicos sea lo más eficiente posible, de modo de reducir el número de aplicaciones por temporada. Por esto trabajamos en la capacitación de operarios y en la correcta calibración de la maquinaria de aplicación de agroquímicos ya que esa es una de las labores que peor se ejecuta en Chile. Si un producto se aplica mal queda la misma cantidad de residuo en la fruta que si se aplica bien pero si se aplica mal hay que repetir la aplicación. Entonces si se cambia de producto o incluso si se utiliza el mismo producto se incrementa la cantidad de residuo”, advierte el entrevistado.

 

 

 

 

 

 

 

 

Larva de Cryptolaemus monstrouzieri depredando un chanchito blanco.

Manejo Integrado de Plagas

-¿Como centro ustedes apuntan al MIP?

-Apuntamos a utilizar todas las herramientas en apoyo del agricultor. Si el agricultor tiene una orientación orgánica buscamos la tecnología orgánica de producción. Si el enfoque del agricultor es tradicional le proponemos todas las herramientas del MIP. Para implementarlo capacitamos a los trabajadores del predio para que reconozcan las plagas en sus diferentes estados y a sus enemigos naturales. Pero también los capacitamos en la correcta aplicación de plaguicidas y en la forma de evaluar si una aplicación fue bien realizada. Intentamos una aproximación holística al manejo fitosanitario. Por otro lado, gracias a que trabajamos ensayando productos, conocemos de cerca la efectividad de los productos disponibles para controlar plagas.

-¿Cuál es el costo un MIP en relación con los programas tradicionales y qué se puede esperar como resultado?

-El costo de un programa MIP vs el tradicional es un aspecto muy delicado. El MIP debe tener un costo igual o menor porque de otra forma no tiene sentido, dados los márgenes de rentabilidad de la fruta exportada. Se tiende a pensar que al incorporar monitoreo aumenta mucho el costo pero la verdad es que no. Por un lado se capacita a la misma gente del campo y, por otro, se debe hacer de manera muy eficiente, rápida y precisa. Si se hace bien es esperable una cosecha igual o mejor en cuanto al impacto de las plagas respecto al sistema tradicional. Lo fundamental es que la gente del campo aprenda para que continúen funcionando solos y que se tomen decisiones racionales en base al monitoreo que se realiza.

Plaguicidas de última generación

“El número de productos que ya no apuntan al sistema nervioso del insecto y funcionan de forma novedosa se está incrementando mucho. Algunos de esos productos provienen de la fermentación de bacterias, por ejemplo Spinosad y Abmectina. En general son moléculas muy novedosas que presentan una toxicidad muy baja, incluso cercana a la sal de mesa. Son de perfil muy amigable”, señala el entomólogo.

-Pero son químicos de acción mucho más específica por lo que se debe usar uno diferente para cada plaga, ¿qué pasa con, por ejemplo, el número de residuos?

-Tomemos el caso de la vid. En algún momento hay que aplicar para Chanchito blanco y si contamos con un producto muy sintonizado y muy efectivo contra Chanchito blanco, usamos ese producto. Luego, en floración el único problema podría ser trips y hay productos muy sincronizados con el control de trips. Todo eso se puede complementar muy bien si se realiza un monitoreo adecuado y se determina la oportunidad de aplicar. Si no tengo trips en floración, no aplico. El mensaje es que no siempre es necesario aplicar. Por supuesto que no se puede evitar las aplicaciones para control de plagas cuarentenarias, por ejemplo contra Brevipalpus, ya que por Systems Approach se exige. Sin embargo, muchas veces podemos evitar aplicar contra otras plagas, por ejemplo contra otras arañitas, o se puede utilizar productos alternativos, como detergentes agrícolas o agua con humectante, opciones que no dejan residuos en la fruta. Alternativas más racionales, por ejemplo usar las nuevas moléculas junto al Control Biológico.

-¿Estas nuevas moléculas son más amigables con los insectos benéficos?

-En general ese es el caso. Los productos antiguos, por ejemplo los organofosforados, son de un espectro tan amplio que incluso matan al ser humano. Ese tipo de químicos son muy dañinos para los enemigos naturales porque no hay mucha diferencia entre el enemigo natural y el insecto plaga. Los nuevos químicos funcionan, por ejemplo, solo contra lepidópteros (polillas) o solo contra ‘chupadores’, por lo que no afectan a los insectos benéficos. Esa es una tremenda ventaja.

Según Renato Ripa el macroagente de biocontrol más vendido en Chile es el insecto Criptolemus monstruozieri (‘chinita’ depredadora de chanchitos blancos). El que “obviamente se vende porque funciona”, dice el entomólogo. “Me parece, continúa, que el siguiente más comercializado se distancia bastante y podría ser Escarsia formosa, que se vendió para control de mosquita blanca en tomate. Después, en menor volumen, crisopas, tripobios (Thripobius semiluteus), acerophagus, también contra chanchito blanco, tricogramas (Trichogramma sp.), etc.

Según Renato Ripa los cultivos en que más se utiliza Control Biológico en Chile son –primero- cítricos y segundo paltos. La razón, estima, es que al ser cultivos de hoja permanente los enemigos naturales tienden a permanecer activos todo el año, a diferencia de lo que pasa en los frutales que sí pierden las hojas.

 

Renato Ripa Schaul tiene una gran trayectoria en el área de la entomología aplicada. Destaca la introducción de más de 23 especies de enemigos naturales para control de diferentes plagas agrícolas. Es un pionero en Chile en el desarrollo de tecnologías de Control Biológico que posteriormente derivó al manejo integrado de plagas (MIP). Sus trabajos han contribuido a mejorar las técnicas de monitoreo de plagas y a desarrollar protocolos de crianza de enemigos naturales. Ha ideado soluciones muy efectivas para el control de plagas, por ejemplo contra burrito de la vid, plaga cuarentenaria para la uva de mesa de exportación. Es el creador de la denominada Banda INIA 82.4.

Amigos Naturales:

Módulos de producción de organismos benéficos


La empresa Amigos Naturales inventó un módulo que permite criar chinitas y chanchitos blancos en ambiente automáticamente controlado y baja inversión. El CEA asesora a Amigos Naturales y realiza informes técnicos sobre la crianza de chinitas (depredador) y chanchitos blancos (plaga de la que se alimentan), y estudia la forma de producir otros controladores biológicos.

Los módulos están compuestos por cuatro cajas de trovicel de 10 mm, en medidas estándar de 60 x 30 cm. Se colocan en forma vertical, de manera que el piso de una es el techo de la otra. Allí se crían chanchitos blancos o chinitas (básicamente Cryptolaemus monstrouzieri). En el primer caso se inoculan zapallos con la plaga para que se reproduzca. En el segundo, una vez que el zapallo está bien cubierto con chanchito blanco (75 %), se introduce las chinitas para que se alimenten.

De esta forma se puede obtener por cada ciclo de dos meses unas 1.500 chinitas por caja y 6.000 por módulo. El potencial, sobre la base de cuatro ciclos anuales (aunque pueden ser seis) llega a las 24 mil chinitas benéficas al año. Una larva de Cryptolaemus monstrouzieri es capaz de depredar hasta 250 chanchitos blancos durante su vida, por lo que se necesitan diez chinitas para terminar con la plaga de un árbol (un árbol de cítrico puede tener 2.500 chanchitos blancos móviles).

Amigos Naturales recomienda contar con dos módulos para asegurar una producción continua de chinitas benéficas: uno dedicado únicamente a reproducir el alimento (chanchitos blancos), y el segundo para multiplicar los controladores biológicos. Con su implementación, el costo de una chinita podría bajar a los $70,8 para un periodo de un año, y hasta los $24 por unidad si se considera la inversión en tres periodos.